Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

10 abril 2012

Píldoras de Reclamo


     "No creo en la bondad integral de los humanos ni en la bondad integral de las Píldoras Pink. Los hombres somos unos bichos tan despreciables, que sería muy difícil crear otro bicho tan despreciable como nosotros…".

      La cita pertenece a E. Jardiel Poncela, y las susodichas “píldoras rosas”(trad.), cuya eficacia se cuestiona, trátanse, ni más ni menos, de uno de esos productos milagro, fórmula secreta, con el que socavar los bolsillos de los incautos creyentes de sus bondades.
      Se introducen por los Pirineos, como la Ilustración, hacía el año 1889, imagino que con el beneplácito y respaldo de las autoridades sanitarias españolas de la época (por aquello de los pingues beneficios que debieron reportar). Son anunciadas como regeneradoras de la sangre y como eficaz tónico para las enfermedades nerviosas, aunque con el tiempo se les irían incorporando nuevas indicaciones terapeúticas. 

También contra la "anemia ladrona"
  
     Sus laboratorios y almacenes centrales estaban ubicados, como no podía ser de otra manera, en la industriosa ciudad de Barcelona. Se comercializaban principalmente en farmacias, droguerías y abacerías. Su asidua presencia en la presa escrita, tanto de tirada nacional como provincial, resulta su principal aliada de cara a su exitosa y pronta aceptación.
      Desde un principio ponen en práctica un original y barato sistema de reclamo. Dentro del propio envase se invitaba a sus potenciales consumidores que redactaran y relataran por escrito sus particulares experiencias con las curas propuestas. El premio: ver el nombre del remitente impreso  en las páginas de un periódico, con vistoso acompañamiento fotográfico en un postrero momento.
      Imagino que la calidad en la redacción, la incidencia en la loa y originalidad, serian tenidas en cuenta a la hora de la selección.
      Sumergido en búsquedas relacionadas con mi raro apellido por línea paterna (Gay), originario de la pequeña localidad jiennense de Villardompardo, me he topado con un pariente redactor de de esos artículos sanitarios-publicitarios, de los que llegaron a obtener su merecido premio (tres estampaciones de nombre y apellidos en cuatro renglones). Presumo que el toque final de adorno sería obra del redactor jefe del cotarro comercial “píldora rosa”. Aunque tan sólo sea por meros lazos de presumible consanguineidad, demos por meritoria su publicación y congratulémonos por la pronta curación de su hija:

Avisos útiles

Cambio de postales



     El cambio de tarjetas postales tan extendido e interesante, da algunas veces resultados inesperados. Don M.J. Perea Gay, de Villardompardo, provincia de Jaén, cambiaba sus postales con varias personas del extranjero, una señora de París y dos señoritas de Múnich y de Moscú. Sin conocerse se preguntaban por la salud, lo que dio ocasión a que el Sr. Perea Gay escribiese a sus corresponsales de tarjetas, participándoles que su hija sufría mucho a causa de una enfermedad nerviosa.
     A correo seguido recibió tres respuestas, y, cosa singular de Moscú, de París y de Múnich, le daban el mismo consejo: “Que tome su hija las Píldoras Pink". Ante la coincidencia no vaciló un momento el Sr. Perea Gay. Su hija tomó las Píldoras Pink, y ved a continuación su certificado:

     “Puedo manifestarles que he obtenido un resultado colosal con el uso de las Píldoras Pink contra la enfermedad nerviosa que sufría mi hija de un año a esta parte. La pobre criatura tenía el baile de San Vito, y ha curado radicalmente. Cuantos lo han visto están maravillados”.

(Marzo de 1904)

     Barrunto, que toda esa legión de redactores que saltan hasta las páginas de los periódicos desde los más dispares y recónditos rincones de España, publicitando y contando las excelencias de de este milagroso producto, serían los propios vendedores de las respectivas localidades. De manera que habrá que buscar antepasados pertenecientes al gremio del comercio entre mis ancentros.


     De esa misma motivación comercial debió de participar el retratado y orlado que mostramos, cuyos apellidos ya denotan claramente su origen castreño (natural de Castro del Río). Al margen de la salutífera y gástrica loa, que transcribiremos a continuación, se entretiene en ser el "retrato fotográfico conocido más antiguo" de un natural de ésta, de los que llegaran a estamparse en prensa o revistas (1915).

     Felipe Bravo Mármol, habitante de Castro del Río (Córdoba), c/ Baño núm.18, padecía mucho del estómago. Desde que tomó las Píldoras Pink ha vuelto a ingerir muy bien. Así lo dice en esta carta:

     “A consecuencia de unas calenturas gástricas me quedé muy debilitado y muy mal del estómago. Casi no podía comer, pues no digería nada; sufría mucho y me sentía excesivamente debilitado. A las Pildoras Pink debo mi restablecimiento, me han vuelto a dar fuerza, de manera que ahora como con apetito y digiero perfectamente. Tenga usted la seguridad de que le estoy muy agradecido a estas píldoras”.

     En el año de 1915, al que pertenece el anuncio, se vendía la caja de píldoras a cuatro pesetas, y por veintiuna un lote-oferta compuesto por seis unidades, mientras que el jornal del campo en la campiña de Córdoba oscilaba entre los nueve y diez reales para el hombre, y de cinco a seis los de la mujer. La suma de los jornales de la pareja jornalera apenas si les daba para comprar medio kilo de esa otra medicina tan santa y natural que sale de las patas curadas de los marranos chatos.

     Ha pasado casi un siglo desde entonces, y como últimamente anda el personal un poquito con la mosca detrás de la oreja, ante posibles nuevos sobresaltos de índole reformista, abogo por que las fuerzas políticas andaluzas de centro-izquierda, expeditas para hacerse cargo de los destinos de la comunidad autónoma, tomen en consideración aquel viejo dicho popular de que “las mejores inyecciones son chorizos y jamones”, e implanten medidas sociales de copago alimentario, para que los trabajadores, de esta manera, podamos seguir disfrutando de tan preciadas, saludables y beneficiosas píldoras, dinamizando y desarrollando en paralelo el sector cárnico andaluz.

     ¿Apetecen unas onzitas?  ¡Me voy en su busca¡ ¡Que la anemia acecha!




01 abril 2012

De un Motril mártir y en desgracia: "El conflicto de los obreros portuarios (1935-1936)".


     En alguna que otra ocasión me he servido expresamente de hechos históricos para buscar parangón o equivalencias con situaciones del presente. Partiendo de la premisa, de que me ubico entre quienes cuestionan la absoluta objetividad de esta disciplina humanística, por aquello de que de alguna manera terminan aflorando las filias personales entre quienes se embarcan en su estudio, especialmente cuando se abordan cuestiones políticas y sociales de periodos históricos recientes, es por lo que recurro, una vez más, a dicha fórmula, asumiendo posibles criticas de subjetividad manipulativa.
     Un tópico muy difundido advierte que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”, aunque hay otro que dice que “cuando se repite lo hace una vez como tragedia y la segunda como farsa”.
      La tragedia que vamos a referir se encuentra de momento instalada en el pasado, aunque llamando a las puertas del presente, mientras que la farsa del pasado si tiene en este caso, desde mi punto de vista, un claro reflejo en el presente.

     El asunto de las  infraestructuras, como motor de desarrollo para la costa granadina, hasta hace relativamente poco tiempo, aparecía con machacona asiduidad en los más o menos independientes medios de comunicación locales y provinciales. Las inconclusas autovías o ese proyectado corredor férreo mediterráneo, que finalmente parece ser que no pasará por Motril, han sido esgrimidos y reclamados ferviente y legítimamente por plataformas ciudadanas respaldadas por los poderes públicos locales, frente a una administración central impotente ante la pérdida de liquidez ocasionada por la progresiva crisis económica instalada en el país .
    Tras producirse el relevo en el gobierno de la nación, esas voces, como por arte de magia, parecen haberse acallado. La resignación y la austeridad se imponen, y además no paran de emitirse mensajes sobre el deber ciudadano de arrimar el hombro o el tan cacareado apretón de cinturón para evitar que cualquier día nos quedemos con el culo al aire. 


      Expectativas y situaciones similares se exteriorizaron durante la década de los treinta del pasado siglo XX, en torno a la finalización de las obras del Puerto de Motril, en el que se venía trabajando, a tirones, desde los primeros años del siglo, y que por unos motivos o por otros, se vieron sometidas a frecuentes paralizaciones.
      Nos centraremos en el conflicto surgido en el mes de septiembre de 1935, a raíz de que la Compañía Hispano-Holandesa, adjudicataria del proyecto de construcción de nuevos diques y muelles, de manera unilateral adoptará la resolución de paralizarlas alegando tardanza en los libramientos por parte de la administración. 


     Desde las páginas de “El Noticiario Granadino” se reclamaba una urgente e inaplazable solución, esgrimiéndose razones de peso, muy similares a esas otras que hasta hace poco eran aireadas a los cuatro vientos:
     “Es de inaplazable y urgente necesidad acabar el puerto motrileño, por la vigorización que su pleno funcionamiento supondrá para la economía costeña… Se ha dicho multitud de veces que el puerto impondrá la construcción de un ferrocarril que acabe con la vergonzosa incomunicación ferroviaria de Granada con su costa, en la cual debiera terminar la vía ancha desde Madrid, ya que, por ser una recta, constituiría la más rápida línea de enlace con nuestro litoral del Rif. El tren acabaría en Motril, y allí, en el puerto, ya habilitado excelentemente para la navegación, se podría tomar el barco que en pocas horas atracase en Alhucemas o en Melilla.”
     “Es lástima que el porvenir de todo un litoral esplendido, como el nuestro, se vaya malogrando con la eternización de esos trabajos, que a este paso no llevan visos de acabar. ¡Como si no urgiera ello, como si no se tratase de algo decisivo para una costa magnífica de producción y tan bella como olvidada de quienes más debieran de ayudarla!”

(En El Sol 16 de octubre de 1935)






     De alguna manera,  se cuestiona la eficacia gubernativa de la coalición Radical-Cedista, instalada al frente de los destinos de la nación en el seno de aquella republica democrática de trabajadores de todas clases, cuyos partidarios tenían también a su cargo la administración local de la ciudad de Motril.
     Independientemente de que se vieran truncadas esas razonables expectativas de futuro, o de la inevitable utilización política del caso, los damnificados directos de tal situación serían los doscientos obreros despedidos y sus respectivas familias, lo que no vino sino a agravar la dura crisis de trabajo que ya se venía sufriendo desde atrás en la población.
     El tradicional recurso a la obra pública, por parte de los ayuntamientos para mitigar la crisis de trabajo, se hace inviable en aquel contexto, ante la penosa situación económica por la que atravesaban las arcas municipales, que para poder responder a una deuda contraída con el Banco de Crédito Local tiene que recurrir a los famosos e impopulares Repartos.
      La prensa, de determinada línea editorial (contraria al gobierno republicano de centro derecha), se hace eco de tales circunstancias y del malestar reinante entre la población, con titulares como “Motril Mártir” o “Motril en desgracia”, alegando la tardanza por parte del gobierno de soluciones rápidas y eficaces con las que atajar tan desesperada situación.
      El paro sufrido por los obreros portuarios habría que sumarle la agravante circunstancia de una deuda, por valor de 200.000 pesetas en jornales (100.000 para la prensa progubernamental), que tenía contraída la empresa con los trabajadores, cuyo pago efectivo se iría dilatando en el tiempo.



     De la evolución de este dramático conflicto, así como de la profunda y triste miseria a la que se vieron avocados estos trabajadores y sus respectivas familias, nos da cumplida información el periodista José Cirre Jiménez, en un reportaje publicado en la revista Mundo Gráfico, ilustrado con unas espectaculares y poco conocidas fotografías de los barracones instalados en la playa de poniente, donde tuvieron que alojarse tras ser desahuciados por sus caseros y en espera de una pronta solución.
     Aunque las fotografías hablan por sí solas, el texto que las acompaña, fruto de la observación directa del reportero, no se queda atrás en detalles descriptivos:

     Son varios meses ya de miseria y de hambre. En los primeros días los comerciantes modestos de Motril pudieron fiar. Después les fue ya imposible y los trabajadores no tuvieron donde acudir. La deuda de la Empresa a los obreros significaba el debito de estos hombres humildes al comercio de la ciudad.
     Y así, muchos comerciantes se vieron también en la ruina, al perder en el fiado las tres o cuatro mil pesetas de crédito que les permitía tener su modesto negocio.
     El que últimamente haya ido a Motril habrá podido ver por sus calles hombres extenuados de expresión famélica y dolorida. Son los obreros del puerto, que van de calle en calle y de puerta en puerta mendigando.
     No tienen ya nada que vender ni que empeñar. Sólo les queda ese dolor de tener que vivir de la limosna de los demás. Así han pasado días y días sin que llegase una solución…



     Se carece allí de lo más indispensable, de lo que es elemental para la vida, por simple y sencilla que ésta sea. Son doscientas chozas construidas en una zona pantanosa, germen de peligros y enfermedades. Las mujeres lavan las ropas en aguas pestilentes y estancadas. A veces, las familias tienen que levantarse bruscamente despertadas de su sueño por las inundaciones frecuentes, para salvar los escasos enseres de cada vivienda.
    Viven del escaso pescado que desde la playa pueden coger. En los chiquillos descalzos, en las mujeres desnutridas, en los hombres agotados, se reflejan la miseria y el hambre pasados estos meses últimos.
    Todo un cuadro de necesidad y de dolor, en chozas misérrimas, junto al mar, que tantas veces entra en las chozas de los pobres desvalidos.



     La compañía, en un principio, se limitará a dilatar la situación con falsas promesas de liquidación, alegando hallarse a la espera de una inmediata llegada de los libramientos por parte de la Jefatura de Obras Públicas, que no terminaban de hacerse efectivos. En vísperas de las navidades la empresa se compromete a pagar semanalmente 15.000 pesetas al objeto de quedar la deuda cancelada en su totalidad  a finales de Enero de 1936. Nuevo incumplimiento y unos ánimos cada vez más crispados.

Ideal 11 de Enero de 1936

     El recurso a la vía jurídica también se muestra ineficaz. El  Jurado Mixto de la construcción falló el embargo de material de la compañía: vagones, pequeños trenes, cojinetes, zapatas, ruedas, tornos, pontones…:
    “Pero con todo ello los trabajadores no podían remediar su miseria. Aun suponiendo que alguien quisiera comprar lo embargado, la cantidad en pago sería irrisoria en relación con la importancia de la deuda”.
     Ante tan acuciante situación, ya inmersos en aquella crucial campaña electoral para las elecciones a diputados a cortes de febrero de 1936, surgen los primeros rumores y temores ante posibles desordenes, en base a una especie de ultimátum lanzado por los trabajadores.

Ideal 5 de febrero de 1936
    Desde los poderes locales, aparte del envío de telegramas al ministro del ramo implorando una pronta solución, a lo más que se llega es a autorizar la apertura de una suscripción en favor de estas familias y la concesión de permisos para mendigar por las calles. Aquellos obreros más rebeldes y reivindicativos, que no se resignan a la fórmula de la mendicidad , se plantaron en el Ayuntamiento al objeto de que el señor Alcalde atendiera sus demandas para ser empleados en las obras de pavimentación de varias calles del municipio, emprendidas con una partida especial librada por el gobierno en vísperas de elecciones.
    Los rumores que corren sobre una fórmula de arreglo, de los que se hace eco el diario Ideal (pro Acción Popular - CEDA), tras ser llevado al asunto a las deliberaciones del Consejo de Ministros, parece guardar relación con las expectativas de la campaña electoral.
    Pese a la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, el problema seguiría aun latente durante algún tiempo. Cunde la impaciencia, y los obreros parecen mostrarse dispuestos a iniciar una marcha a pie sobre Madrid, “para hacer ver al poder público, de modo expresivo, la dramática realidad del problema”.

La mujer de un obrero del puerto
(Fotografías Moral)

    Se pospone la marcha y se opta por remitir al Ministro de Obras Públicas, un corto pero incisivo telegrama recordatorio:

   “Doscientos obreros del puerto de Motril llevamos ocho meses sin cobrar jornales ganados, que importan doscientas mil pesetas. Ni el Jurado Mixto ni las autoridades que hemos padecido consiguieron resolver el conflicto. Tan pronto tomó V.E. posesión del ministerio le informamos sobre el asunto y esperábamos que la solución fuera cuestión de varias horas, trascurren los días y ni obras Públicas ni Junta Nacional contra el paro autorizan una fórmula que permita acabar con este vergonzoso caso.
    Reiteramos nuestra petición y confiamos en que las auténticas autoridades republicanas amigas de los obreros resuelvan el conflicto sin más dilaciones, que no permite la miseria de nuestros hogares. Por los obreros del puerto, Fernando Pérez Domínguez e Ignacio López García. 

(Publicado en El Heraldo de Madrid el 2 de marzo de 1936)




    Presumo que detrás de la redacción de este agudo e incisivo telegrama debería estar el joven abogado y escritor motrileño Francisco Pérez García, implicado en la defensa de los obreros. La invocación a las “auténticas autoridades republicanas” surtió rápido efecto, y apenas unos días después llegaba hasta la ciudad de Motril, un telegrama remitido por Fernando de los Ríos notificando la resolución del conflicto. Se tuvo que recurrir al dinero que la Compañía había depositado en su día, en concepto de fianza, para que finalmente pudieran hacerse efectivos esos jornales adeudados.
     Sinceramente cuesta entender como dicha resolución no pudo ser adoptada ocho meses antes, habiéndose evitado todo ese cúmulo de penalidades.
    Aunque el reportaje de Mundo Gráfico (publicado el 15 de abril de 1936) responde claramente  a la necesidad de publicitar las políticas sociales del nuevo gobierno republicano, coincidiendo con la celebración del V aniversario de la proclamación de la Republica, la información que nos proporciona, no difiere en lo esencial  por la suministrada por el Diario Ideal (cercano a Acción Popular), de la que también hago uso comparativo.


26 marzo 2012

Sobre la larga mansión del talentoso carmelita Fr. Juan Félix Girón en la villa de Castro del Río (1663-1684).



Retrato de Fr. Juan Félix Girón
Escuela Sevillana
Colección pictórica del Ayuntamiento de Sevilla
Legado Duques de Montpensier

      Ya me ocupé, en su día, de este fraile carmelita de origen sevillano morador del Convento del Carmen de Castro del Río desde 1663 hasta su muerte acaecida en esta villa en el año de 1684.

      Con la reciente obtención del manuscrito De los Escritores naturales de Castro del Río de Fray Juan de Castro, donde se ocupa de él y da nuevas noticias sobre su vida y especial talento en diversas materias, principalmente lo relacionado con su etapa de residencia en Castro del Río, especulé con la tarea de reeditar y unificar todo en una sola entrada. Como el formato blog, mediante enlaces, permite ofrecer una visión de conjunto, me centraré pues en los nuevos aportes.
      Aunque Fray Juan en su manuscrito se ciñe mayormente a los nativos, le dedica unas páginas al R.P.M. Fr. Juan Félix Girón (pág. 242-247) “que aunque no fue natural de Castro se naturalizó por su larga mansión…, y se hizo acreedor de una recomendación particular por su vasta literatura y por sus escritos, muy honoríficos para esta villa y sus vecinos”.
      Ya informamos en entradas a anteriores sobre los motivos por  los que se le separó de las altas dignidades y empleos alcanzados durante su estancia en la corte (bibliotecario y predicador de de Su Majestad, Cronista General de los Reinos de Castilla, entre otras...), al ser objeto de persecución por solidarizarse con el P. José de Velasco, Prior de la Casa Grande de Sevilla, represaliado a instancias del cabildo catedralicio de Sevilla, por una polémica suscitada en torno a la interpretación de las palabras que pronunciara en un sermón durante el octavario celebrado en la catedral hispalense para festejar la publicación de la bula a favor de la Inmaculada.
       El padre Castro, bien por prudencia o desconocimiento real de las circunstancias que le sacaron de sus cómodos aposentos madrileños contiguos al Palacio y Real Biblioteca, dice al respecto:

       “De Madrid vino a morar a este convento de Castro. Qual fuese la causa de esta no esperada mudanza, es un secreto que no he podido descubrir. Lo cierto es que él le llamaba su peregrinación , como consta en la inscripción que puso de su puño y letra al pie de una cedula de profesión que puede verse en el libro 2º de profesiones, folio 28, y de ella se colige que moraba en Castro desde el año 1663. El de 1671 fue electo Prior de este convento y continuó todo el trienio”.

Convento del Carmen Calzado de Castro del Río
 Detalle de la acuarela de Pier María Baldi (1668)

      Estas anotaciones cuestionan la fecha de su llegada a Castro del Río, que otros autores sitúan en el año de 1667, otorgándosele un periodo total de residencia de 17 años, que de no haber errado en la transcripción se alargaría hasta los 21.
   
       Como de sus escritos y otras circunstancias ya nos ocupamos profusamente, nos centraremos en esas otras facetas de políglota, traductor  y dibujante en las que también se destacara, de las que el padre Castro nos proporciona detallada información.

       Dice sobre él: “Fue muy perito en las lenguas orientales, hebrea, griega y arábiga; las leía, las entendía y escribía con perfección”.




       Debería de encontrarse entre el reducido elenco de personas que en aquella Córdoba de la segunda mitad del siglo XVII atesorara dichos conocimientos. De ahí que, tal como nos refiere, Rafael Ramírez de Arellano en el artículo que le dedica en el vol. 2º de su Ensayo de un Catálogo Bibliográfico de Escritores de la Provincia y Diócesis de Córdoba (1916), en 1676 viviendo en Castro, sería reclamado para acompañar como intérprete al embajador de Turquía, Side Hamet el Gacel, durante su visita a la ciudad de Córdoba.

      Para ilustrarnos sobre la destreza e instrucción en estos idiomas, el padre Castro relaciona una serie de libros “de los que fueron de su uso y perseveran en la librería de este Convento”, en los que aparecen numerosas anotaciones al margen, de puño y letra del propio Fr. Juan Félix, que además nos ilustran sobre algunas ediciones de libros antiguos de las que estuvieron depositados en sus estanterías:

     “Un ejemplar griego de las obras de Plutarco, con un añadido de su pluma en la fachada Additionatas marginales et interpretationes M. Fr. J. Félix Girón. Por toda la obra son frequentes las notas manuscritas al margen y la interpretación de palabras griegas (escritas en sus propios caracteres) y explicadas en el idioma latino”.

    “Un ejemplar griego de los Himnos de Calimaco, Cyreneo, y sentencias de Filósofos, Poetas y Oradores; impreso en Basilea año de 1532”.



    “Un tomo en 4º impreso en Leida año de 1617, intitulado: Gramática Arábiga; está añadido de mano del M. Girón en los muy espaciosos márgenes de catorce folios, con caracteres arábigos y la interpretación latina”.


     Otra faceta en la que destacó notablemente fue la de dibujante e ilustrador, acreditando gran dominio de la técnica de la plumilla. De su producción pictórica solo se conoce el dibujo realizado al poeta sevillano  Francisco de Rioja (su tío), inserto en el Memorial Estrellado en siete idiomas (hebreo, siriaco, arábigo, griego, latino, italiano y español), dirigido al rey Felipe IV, que a la postre le serviría para que éste lo llamase a Madrid haciéndole su Cronista y Bibliotecario.


     Dice Fray Juan de Castro en relación a esta su destreza:

     “El más delicado pincel no merece ser comparado a su pluma, con la que demostrara tal limpieza que no es fácil se le iguale al mejor grabado de la imprenta; con ella dibujaba tan perfectamente que sus producciones han sido y serán el asombro y embeleso de los inteligentes. Muchas se han perdido; otras se guardan donde no he podido verlas, mas por prueba del singular merito de todas, bastará dar noticia de las que se conservan y se muestran con franqueza a cualquier hombre curioso”.

      En el libro 2º de profesiones del Convento del Carmen de Castro del Río, hoy en paradero desconocido, aparecían un total de veinte láminas salidas de su pluma con diferentes estilos: “Una representa un San Juan, otra un San Pedro, otra un Genio tocando una bocina y otras con otras ideas; en medio de un folio está escrita la profesión, y no es fácil discernir a que se debe dar la preferencia en la perfección respectiva, si a la letra, si a las figuras, si a los lineamientos”.

     También se menciona un autorretrato que durante muchos años estuvo colgado en la pared sobre la mesa del cillero o despensa del convento castreño: “Allí lo vi muchas veces y ya ha desaparecido”. La misma suerte corrió un Breviario del Padre Fr. Diego del Moral, sacristán del Carmen Casa Grande de Córdoba, ilustrado con motivos florales por Fr. Juan Félix “y que no he podido averiguar quién lo recogió después de su fallecimiento”.

      Entre esas otros dibujos de los “que se le mostraron con franqueza” por quienes accedieron a satisfacer su curiosidad, relaciona los que se hallaban en poder de Don Joaquín del Corral y Cuellar, Caballero Maestrante y Regidor de la Villa de Castro del Río, que conservaba en su gabinete dos papeles formados y dirigidos por Fr. Juan Félix a uno de sus antepasados, contemporáneo y amigo.
    Se trata de un retrato de medio cuerpo de Santa Teresa de Jesús, al que acompaña la siguiente inscripción en caracteres latinos:

Ilustración del siglo XVIII


     El otro papel, para el mismo destinatario, es una esquela escrita con “singular artificio” ilustrada en su centro con una bien figurada flor, y continúa a renglón formando las hojas y el tronco en que se remata. En su parte inferior aparece un retrato de medio cuerpo del P.M. Fr. Juan Félix.

    “En él se reconoce su destreza en el dibujo y en las palabras que le preceden se descubre la agudeza de su ingenio y el genio festivo que dejaba correr cuando comunicaba con sus amigos”:




     Mas noticias sobre otros dibujos, procedentes de Castro, salidos de su fina pluma, nos las vuelve a proporcionar Ramírez de Arellano en su "Ensayo Bibliográfico", que cuando lo escribe (1916) ya eran de su propiedad. Se trata de una Magdalena que dibujó para obsequiar a la “Muy noble señora Dª  Leonor María de la Cueva religiosa en el Convento de Santa Marta de Córdoba”, y otro en el que se representa a la Virgen de los Dolores. Ambos están fechados en Castro del Río el 18 de mayo de 1675. Deben de ser los “se guardaban y no pudo ver” que contrapone a aquellos otros propiedad de Don Joaquín del Corral y Cuellar “mostrados con franqueza a cualquier hombre curioso”.


     Tendré que adentrarme ligeramente en el peligroso terreno de la hipótesis y la conjetura para intentar explicar cómo esos dibujos y otros manuscritos relacionados con la historia de Castro del Río llegaron hasta manos de Ramírez Arellano y el porqué se privó a Fr. Juan de Castro su observación.
     Ramírez de Arellano se vale para confeccionar su Ensayo bibliográfico de un “Catálogo inédito de hijos de Castro” de su propiedad, del que es autor un tal Rodríguez Carretero, fraile carmelita hermano menor de sangre del también carmelita Fray Miguel Rodríguez Carretero, que presuponemos continuador de los trabajos inconclusos de éste y custodio de su “Borrador de noticias antiguas y modernas de la villa de Castro del Río, en tiempo de los romanos, Colonia Ituci, Virtus Julia, después Castro Leal, y finalmente Castro del Río”. Ambos debieron de tener acceso en su día y hacer anotaciones (consentidas o no) del manuscrito de Fray Juan de Castro, pues la mayoría de las noticias sobre autores castreños que relaciona y reseña Ramírez de Arellano parecen proceder de éste, algunas copiadas literalmente. Intuyo cierta competencia y disgusto entre estos eruditos castreños, coetáneos y hermanos de orden, que emprenden sus trabajos relacionados con la historia y personajes locales en los albores del siglo XIX. Esto explicaría la más absoluta omisión de Fray Miguel Rodríguez Carretero, entre las páginas del manuscrito del padre Castro.
      La intuición es también la que me lleva a pensar que esos dibujos de la Magdalena y de la Virgen de los Dolores, propiedad de R. de Arellano, fueran  los que menciona el padre Castro “que se hallaban guardados donde no pudo verlos” y que estuviesen originariamente en poder de los hermanos Rodríguez Carretero, vendidos o transferidos en postrero momento junto a los manuscritos citados.
      No conocemos cómo y cuándo el lote completo llegó a manos de Rafael Ramírez de Arellano o alguno de sus antepasados, aunque queda abierta la posibilidad de que pudieran ser localizados, indagando sobre el destino final de la biblioteca y papeles de este familia de eruditos cordobeses. Lo mismo ocurre con la Santa Teresa y el retrato de medio cuerpo Fray Juan Félix, en el hipotético caso de que fueran valorados y custodiados entre los descendientes del regidor don Joaquín del Corral y Cuellar, que era suegro del rico propietario y comandante del Cuerpo de Voluntarios Realistas de Castro del Río, Lorenzo Antonio Calderón y Espada. Las genealogías de las familias notables de Castro del Río, que como anexo aparecen en la tesis doctoral de Francisco López Villatoro, podrían resultar de gran ayuda en un rastreo en busca de la remota posibilidad de su preservación. El mismo grado de dificultad lo entraña el dar con los libros de profesión del Convento del Carmen (horneados ?). Habría que plantearse un esfuerzo indagatorio, del que quiero hacer partícipes a cuantos castreños, bien a título personal o colectivo, pudieran mostrarse interesados en su hallazgo.




     Durante los años que estuvo en la corte se granjeó la amistad de personalidades notables, que cuando por cualquier motivo viajaban a Andalucía “rodeaban algún tanto su ruta por gozar un breve rato de su erudita y amena conversación”. Es el caso del  marqués de Modéjar, Agrópoli y conde de Tendilla, figura destacada del reinado de Felipe IV, con el que compartió aficiones artísticas y literarias, que en varias ocasiones le rindió visita de pleitesía,  para poder así “refrescar su memoria recordando aquellas apacibles horas de la corte”.
     También cultivo la amistad del Cardenal Salazar, Obispo de Córdoba, que recurrió a  él para atender a aquella delegación diplomática turca que visitó Córdoba en 1676, al igual que intercediera en alguna ocasión ante el obispo en favor de las dominicas descalzas de la villa.
     En diciembre de 1668 vivió el paso por Castro del Río de la comitiva y sequito de Cosme deMédicis, heredero al gran ducado de Toscana, durante el viaje que realizara por España y Portugal. Les atendió y aportó a sus cronistas datos sobre la villa y su historia. Uno de ellos (A.R. de Serén) dejó por escrito unas letras en las que se ensalzan sus cualidades:

    “Allí estuvo su Alteza [Castro del Río] y encontró uno entre aquellos llamado Fray Juan José de Girón, oriundo de Sevilla, que poseía una inteligencia superior y un talento especial nada comunes en España, y mucho menos entre los frailes. Tenía algún acento de una lengua oriental, y había estudiado la buena filosofía, con una gran aversión a la atadura de no saberse separar en nada […] de la doctrina aristotélica”.

Castro del Río - Pier María Baldi (1668)
 
      Por su natural inclinación por el dibujo y la pintura, debió de ser testigo de excepción de la compostura de la acuarela que Pier María Baldi pintara de las murallas y caserío de la villa de Castro del Río, desde el otro lado del puente.
  
     Murió  a la edad de 71 años el año de 1684 en el convento de Castro (habiendo anunciado su muerte), recibiendo sepultura en el interior de la Iglesia del Carmen.
  

FUENTES UTILIZADAS

Fray Juan de Castro / “De los escritores naturales de Castro del Río que han dado a la imprenta alguna de sus obras, fragmentos históricos que para conservar su buena memoria recogió y escribió un Frayle del Carmen en el convento de la misma Villa”. Se comenzó el año de 1804. Manuscrito original M-90. Biblioteca de la Universidad de Oviedo.

Rafael Ramírez de Arellano / Catálogo bibliográfico de escritores de la provincia y diócesis de Córdoba con descripción de sus obras. II Tomos. Tipografía de la “Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos”. Madrid, 1916.

Viaje de Cosme de Médicis por España y Portugal. 1668-1669. Laminas, [di Pier Maria Baldi]. – Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, [1934?].

A.R. de Serén, miembro del séquito de Cosme de Médicis durante aquel viaje, recogió sus impresiones en un manuscrito. Tomado del libro de Patricio Hidalgo Nuchera / “Entre Castro del Río y México. Correspondencia privada de Diego de la Cueva…”. Universidad de Córdoba, 2006.


21 marzo 2012

"Porcuna bajo las Banderas de la Falange isleña" (Aires de Historia)


     Segismundo Díaz Bertrana, un joven canario, de apenas 17 años cuando se produce la sublevación militar de 1936, era hijo de José Díaz Hernández, prestigioso abogado de Las Palmas y padre de una numerosa familia.
     Tras cursar el bachillerato, donde ya destacó por sus aficiones literarias, durante el año académico 1935/36 principió la carrera de de Derecho en la Universidad de la Laguna, que compaginaba con la dirección de una revista cultural estudiantil.


     Imbuido por ese espíritu patriótico y redentor, tan extendido entre los partidarios de la sublevación, coincidiendo con que su padre era designado para presidir la gestora municipal, se enroló como voluntario en una de esas primeras expediciones organizadas por la Falange Canaria que se desplazaron hasta la península para combatir a “los enemigos de la religión y de la patria”.
     Las camisas azules de la Gran Canaria serian destinadas al frente de Andalucía y articuladas dentro de la columna comandada por el Tte. Coronel Redondo (integrada por fuerzas de diversa procedencia), que durante el mes de diciembre de 1936 operara en  la comúnmente conocida como “Campaña de la aceituna”, desarrollada justo en los límites de las provincias de Jaén y Córdoba, rematada con la definitiva  ocupación de Porcuna el primero de Enero de 1937.
     Los falangistas canarios entraron en Porcuna con el grueso de las tropas nacionales, aunque, por su escaso rodaje y experiencia, apenas si  tuvieron protagonismo, actuando mayormente en retaguardia en misiones de apoyo. Pese a ello, en Bujalance sufrieron numerosas bajas al ser alcanzada su unidad por una bomba lanzada por la aviación republicana.


     Por la importancia estratégica de la plaza conquistada y su proximidad a las líneas republicanas, varias unidades de regulares, tropas de infantería del 2º Batallón de Cádiz y las Milicias Canarias de Falange establecerán su Cuartel General en Porcuna para guarnecer la zona ante previsibles contraataques del ejercito republicano.
     Es justo en este momento cuando el joven falangista canario recibe el encargo de realizar tareas de corresponsal de guerra para el diario Falange, órgano de F.E de las J.O.N.S de las Palmas. 


     Fueron aproximadamente seis meses durante los que los falangistas canarios permanecieron en Porcuna. Sus crónicas, aparte de alojar numerosas muestras de la típica retórica falangista, suministran noticias y anécdotas relacionadas con su transcurrir diario en aquellas posiciones defensivas y detalles sobre alguna que otra operación hostil lanzada por el ejército republicano.


    Un extracto de esas crónicas lo dejaremos para mejor ocasión, centrándonos ahora en un extenso artículo, de componenda historicista, remitido bajo el título que encabeza la entrada.
     Presumo que su autor se serviría de alguna enciclopedia o del libro "La ciudad de Porcuna", de Eugenio Molina R. De Aguilera, editado por la Imprenta "El Sol" (Porcuna 1925) para documentarse sobre la historia de la localidad y ponerla, siguiendo directrices marcadas desde arriba, intencionadamente al servicio de la épica y de la gesta guerrera-conquistadora emprendida. No faltan tampoco en su discurso ideológico algunos tópicos relacionados con lo andaluz (vino, toros y bailarinas).


     Porcuna es un pueblo que por circunstancias de la historia está enclavado en lo alto de un cerro. Un típico pueblo de esta Andalucía de claras noches y cielo azul. De esta región de España en que la tierra está siempre cubierta por el verdor del olivo, en la que se bebe mucho vino Montilla, donde los novios se hablan cada tarde por una ventana enrejada y donde está el tesoro español de toreros y bailarinas.
     Porcuna ha tenido a través de la Historia de España una excepcional importancia como plaza y posición. En los tiempos históricos en que España fue provincia de la Roma Imperial. Porcuna tuvo, como hoy, valor de plaza estratégica. Nos dice Estrabón que cuando Cesar vino a España reclamado por sus partidarios para que retuviera el avance de los pompeyanos, se trasladó de Roma a Obulco, antiguo nombre de Porcuna. En esta ciudad Cesar estableció su cuartel general y partió desde aquí con su ejército organizado por su genio de Milite, hacia Munda, hoy Espejo, donde dio derrota definitiva a los hijos de Pompeyo quedando desde entonces como único jefe de los destinos del Imperio.
     Este nombre que hoy ostenta el pueblo – Porcuna – ha sido diferente a través de la erudición de la lengua. Francisco Javier Simonet dice que en la época romana la mencionan los historiadores con el nombre de Obulco. De Obulco paso a llamarse Obulcone, hablativo de Obulconis. Vinieron los árabes y al arabizar este nombre la llamaron Bolcuna, y últimamente nosotros, siendo más sencillo y claro pronunciar Porcuna que Borcuna, la llamamos Porcuna.
     Porcuna vuelve a tener importancia como posición en los tiempos de la Reconquista. En el año 1240 fue conquistada por los capitanes del Rey San Fernando con otros muchos castillos y plazas que se encontraban en poder de los moros. Hasta esta fecha Porcuna perteneció a la provincia de Córdoba, pero entregada después de su conquista a los caballeros de la Orden Militar de Calatrava, “para que se guarnecieran y poblasen de cristianos”, pasó a ser de la provincia de Jaén, sin duda alguna, por encontrarse en Martos el Comendador de la Orden.




     Queda en este pueblo la torre de un famoso castillo. Del castillo de la antigua Obulco que los Caballeros de Calatrava convirtieron en firme baluarte de los Reyes de Castilla, queda solamente este majestuoso torreón. La fecha y nombre de quien lo mandó a construir he podido deletrear en un cartel de piedra que está en la parte exterior de un muro y que dice:

     “Esta torre mando facer el muy estrenuo caballero Don Luis de Guzmán, por la divina Providencia Maestre de Calatrava, el año MCDXXXV”.


En Semanario Pintoresco Español (11 de junio de 1848)

      En los antecedentes históricos del Castillo figura el hecho de que fue prisión de Boabdil, el último rey de Granada. Dice la historia que cuando Boabdil salió de Granada para el cerco de Lucena sus huestes le suplicaron con lágrimas que dejara la empresa para ocasión más propicia, porque el destino se anunciaba en contra suya. Boabdil despreció las suplicas y los augurios de mala suerte y exclamó con varonil entereza: “Adelante caballeros, y a vencer a la desgracia”.
     Después de combate habido cayo el rey moro prisionero de los cristianos encarcelándolo en este torreón.
     Porcuna vuelve en el siglo XIX, a tener importancia como pueblo donde el General Castaños, en julio de 1808 acordó la jornada de Bailén, así como el ataque de Andújar, que era el cuartel de las tropas francesas que mandaba Dupont.




     Este pueblo que en el año 1240 cayó bajo las espadas de los Reyes de Castilla, hoy en el año 1937, ha caído, en esta nueva guerra de España, bajo los soldados del Caudillo y bajo las camisas azules de la Gran Canaria. En el año 1240 como en el de 1937 ha ondeado en el histórico torreón la rojigualda bandera española junto con la rojo y negra de la Falange que tiene el yugo y las flechas y que fue emblema de los castellanos.
     Frente a nosotros el Santuario, donde se vive la gesta de rosarios y fusiles.

     Este repaso por un glorioso pasado local y nacional lo cierra con unos obligados párrafos dedicados a la “actitud heroica” mantenida por los sitiados en el histórico santuario de la Virgen de la Cabeza, de la que venía siendo testigo:

    Frente a nosotros, mirando hacia el Norte, se ve, en los días despejados y claros, el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza recostado sólidamente en la garganta de una sierra. Desde el observatorio militar que aquí tenemos en la torre, se ve claramente el Santuario de la Gesta. En los días que hace sol nos comunicamos con él por medio del heliógrafo. Y ellos nos dicen lo que les hace falta, si víveres, si municiones o armamento. Después nuestros aviones vienen pesadamente y en una pirueta aérea dejan caer lo que llevan. Así han pasado todo lo que va de guerra. Han resistido y han rechazado con todo el valor de héroes las columnas rojas que han salido de Andújar para tomarlos. Han resistido bombardeos y bombardeos de la aviación contraria y también el fuego de los cañones enemigos. Y estos héroes, que son héroes de España, detrás de los muros de la fortaleza, firmes siempre, con firmeza de soldado español, disparando sin cesar sus fusiles.



     La Gesta del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza es una más de las que en esta guerra llegan a las nubes del más alto valor militar, guerrero y heroico. Es una gesta de fusiles y de rosarios. Mientras los defensores, cada uno en su sitio, tienen el arma enfilada al enemigo, dentro del Santuario, mujeres y niños entonan devotamente el Ave María y elevan sus oraciones al cielo. Y junto al fuego de los defensores se oyen las plegarias de las mujeres con ojos suplicantes, hincadas delante de la Virgen, dicen a Nuestra Señora.
      Pero pronto llegará la hora en que los fusiles dejen de disparar defendiéndose, para atacar. Llegará la hora, como sonó en el Alcázar de Toledo, y como sonó con sonido cantábrico y minero, cuando el cerco de Oviedo. Y entonces, por un momento, se soltaran los fusiles y una oración de gracias saldrá de nuestros labios.

                                                            Segismundo Díaz Bertrana

                                                              (Frente de Porcuna: febrero de 1937).

     La guerra civil terminaría marcando los derroteros por la vida de Segismundo Díaz, que opta por seguir la carrera de las armas. Durante su estancia en el frente de Porcuna seria propuesto y ascendido al empleo de Alférez Provisional. En posteriores campañas alcanza la graduación de Teniente del arma de Infantería. Ya en la posguerra, se enrola en la Legión donde alcanza las estrellas de capitán. Moriría accidentalmente en el año de 1952, al volcar el carro de combate que tripulaba durante unas maniobras celebradas en San Lorenzo del Escorial.