Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

12 enero 2011

Motril :"El día de los terremotos".



   Así es conocida la fiesta marcada en rojo en el calendario laboral de la ciudad de Motril que se viene celebrando cada 13 de Enero. Se rememora el voto de acción de gracias realizado por los vecinos de esta ciudad a Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Cabeza, por su intercesión durante sendas oleadas de terremotos que sacudieron a esta población durante el siglo XIX. Se toma la fecha el 13 de Enero, que se corresponde con el inicio de las sacudidas que tuvieron lugar durante el año de 1804. Este voto con el tiempo se iría relajando, pero como consecuencia de una nueva y destructiva oleada durante los meses de Diciembre y Enero de 1884 y 1885 respectivamente, se renovaría con más fuerza.

   En la actualidad, la fiesta en si, se limita a un acto de carácter religioso rematado con el desfile procesional de las sagradas imágenes, conocido popularmente como “la procesión de los terremotos”.



   Su carácter de día no laborable, propicia un éxodo masivo de población a ciudades como Granada o Málaga aprovechando la temporada de rebajas. De ahí, que también sea conocida entre el vulgo como “el día de las rebajas”.

   Fue reinstaurada hace algunos años por voluntad expresa de coalición gubernamental de centro derecha que rige los destinos de esta población, después de haber sido relegada por anteriores corporaciones.

   Hecha esta pequeña introducción sobre el origen y esencia de este día, intentaré aportar algunos datos históricos sobre aquellos fenómenos naturales y sus repercusiones sobre la ciudad.

Motril Enero de 1804

   “El día 13 de este mes a las 5 y 53 minutos de la tarde, hallándose el viento al S.O. bonancible, el cielo toldado, y despidiendo las nubes una ligera llovizna, señalando 15 grados el termómetro de Reaumur, se sintió en esta ciudad un fuerte temblor de tierra, cuya dirección era de E. a O. El movimiento fue al principio perpendicular, y a los 14 o 16 segundos se observó de trepidación, lo que duró otros 4 o 5 segundos; y empezando un fuerte movimiento de undulación, continuó por más de 20 segundos, siendo la total duración de 40 a 42 segundos, con ruido subterráneo, al principio violento, y después sordo. Los vecinos abandonaron sus casas, y salieron a la plaza mayor pidiendo misericordia. A las 9 y 5 minutos de la misma noche repitió el temblor con bastante fuerza y algún ruido por espacio de 4 segundos. Iguales repeticiones hubo a las 12 y 15 minutos y a las 3 y 20 minutos de la noche; y a las 6 y 8 minutos de la mañana del día siguiente, como también a las 9 y 14 minutos; a las 12 y 3 minutos, a las 4 y 6 minutos, a las 7, a las 11, a las 12 y 5 minutos, a las 3 de la madrugada del otro día, y a las 6 y 15 minutos; las cuales fueron de 4 segundos de duración cada una, siempre con ruido subterráneo mas o menos confuso, notándose la particularidad de guardar un periodo de 3 horas. La ciudad ha quedado, por decirlo así, asolada; pues no hay una casa que no se halla quarteado, y muchas enteramente arruinadas, en términos de poderse habitar; por lo que la primera noche tuvieron todos que pasarla a la inclemencia, y ahora hay y se van haciendo barracas donde acogerse en la estación más rigurosa. Los templos han quedado arruinados; y en las personas no ha habido mas desgracias que una mujer y un hombre que quedaron sepultados en las ruinas. El Gobernador tomó inmediatamente todas las providencias oportunas para el alivio de aquel vecindario, y se halla alojado en una barraca de palos y eneas situada en la plaza del centro de la población para poder desde allí dar las providencias convenientes”.

(Gaceta de Madrid nº 8 de 27 de Enero de 1804)




Motril 6 de Febrero de 1804

   "En esta ciudad han continuado los terremotos, sintiéndose cada día uno o dos de ellos, acompañados de ruido sordo, subterráneo con movimiento perpendicular, el que no causa nuevos estragos, y de duración de 2 o 3 segundos. A la una de la noche pasada, se sintió otro terremoto al que precedió mayor ruido que en los anteriores; pero fue menor el movimiento; y luego repitió con más fuerza a los 2 o 3 minutos, y duró de 10 a 12 segundos, con movimiento perpendicular. Tampoco cesan los golpes subterráneos que se oyen a bastante distancia, los que se perciben con mayor fuerza en la playa, aunque en el mar no se advierte novedad alguna. Los patrones de los barcos que han llegado estos días aseguran haber sentido en el mar los terremotos. Estos parece que vienen de la parte de O hacia el E, y se cree que sea de hacia el estrecho o en esta dirección desde África".

(Gaceta de Madrid nº 15 de 21 de Febrero de 1804)


   Aquel terremoto de 1804 se saldó con la destrucción parcial de la ciudad y con sólo dos víctimas. Tuvo una intensidad de 6.7 grados. Su epicentro estuvo localizado en el Mediterráneo en las proximidades del Estrecho, resultando afectadas poblaciones importantes del norte de Áfica como Fez, donde también ocasionó importantes daños.
   Se sintió en la corte, y en dirección sur en poblaciones como la Carolina (Jaén) y en Granada donde los vaivenes fueron ya de más rigor. Aunque con consecuencias destructivas importantes en Málaga y especialmente Motril.
   La comarca de la Alpujarra también sufrió su virulencia.
   Durante el mes de Agosto un nuevo terremoto afectaría a poblaciones de la costa almeriense como la propia capital, Adra y Roquetas.

   La Corona y el Gobierno, para paliar los daños y aliviar en lo posible la difícil situación de aquellas poblaciones mas afectadas, adoptaron algunas medidas: perdón de los impuestos, distribución gratuita de granos procedentes de las tercias reales, disposición de los diezmos y novenos pertenecientes a la corona, así como de los caudales procedentes del sobrante de Propios y Arbitrios en la extensión de sus respectivos partidos.



   La segunda oleada de temblores de tierra que vamos a referir es la conocida como “El Terremoto de Andalucía” que se inicia con una fuerte sacudida en la noche del 25 de Diciembre de 1884, con réplicas de diferente intensidad que se prolongan hasta mediados de febrero de 1885. Resultaron afectados unos cien núcleos urbanos de las provincias de Granada y Málaga. Especialmente trágico en localidades granadinas como Alhama y Albuñuelas.

 Alhama de Granada

   La ciudad de Motril, no fue tan castigada, pero sufrió importantes daños en sus edificios. La angustia y el pánico cundieron entre sus ciudadanos.

   Transcribo literalmente el primer telegrama emitido por el Alcalde de la ciudad dirigido al Gobernador Civil de la provincia:

   “A las nueve menos cuarto de la noche se ha sentido en esta población un temblor y horroroso terremoto cuya duración se calcula de 18 a 20 segundos. La mayoría de las casas están resentidas y la población entera consternada, toda en la calle por si se repitiera. Hasta ahora solo tengo noticia de la muerte de un anciano, producida por el pavor. Se tienen noticias de haber muchos heridos leves”.

   La ciudad quedó incomunicada con la capital, ya que el puente de Tablate a la altura de Durcal, resultó cuarteado.

 Puente de Tablate: carretera de Motril a Granada
Fotografía de José Martínez Sánchez. 1867

   Muchos edificios, incluidos los de nueva construcción, se resquebrajaron y agrietaron como consecuencia de esta primera trepidación. Motril entero se lanzó fuera de sus casas.

   El primer recurso, para mitigar el miedo, fue de carácter espiritual y religioso:

   “Instintivamente este religioso pueblo pedía a grandes voces que salieran en procesión sus queridos patronos, Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Cabeza. No había pasado media hora, cuando ya en andas apareció en el cancel de la Iglesia Parroquial, situada en la plaza de la Constitución, la imagen venerada de Jesús Nazareno. La inmensa plaza estaba llena de gente de todas las edades, sexos y condiciones, y en el momento un grito inmenso de dolor y de confianza, seguido de otras aclamaciones se perdieron en el espacio.
   Organizada tan sublime procesión y rezando todos con verdadera devoción el Santo Rosario, fuimos por nuestra patrona que estaba en su santuario, extramuros de la ciudad, en una pequeña elevación. Cuando la sacaron a la puerta, desde la que se domina perfectamente una planicie capaz de contener a todo este pueblo y algo mas, otros gritos de dolor y alegría salieron también de los corazones.


    La noche estaba fresca, no obstante, todos (inclusos algunos de la cáscara amarga, que por desgracia también los hay) permanecieron acompañando a nuestros Patronos queridos con la cabeza descubierta, hasta las cuatro de la mañana, recorriendo todo el pueblo, rezando el Santo Rosario, el Trisagio y otros cánticos religiosos. En esta memorable noche hubo hasta ocho terremotos más, aunque ni con mucho de la intensidad del primero, pero a cada repetición un grito de angustia indefinible salía de todos los corazones”.

   Durante el día 26 se siguieron produciendo pequeñas réplicas y a la noche se desencadenó una fuerte tormenta, acompañada de aguas torrenciales, relámpagos y truenos que duró hasta el amanecer del día 27.

   A otras advocaciones religiosas, como la Divina Pastora, también se acudió para que intercediera por su pueblo, siendo sacada en procesión en la tarde del día 27.
   La iniciativa partió de un grupo de vecinos de etnia gitana, que se dedicaron a pedir durante toda la mañana. De dos en dos céntimos, recogieron más de 100 pesetas con las que mandaron decir una solemne misa: “durante la procesión llamaban la atención los gitanos, por su compostura y por la fe de sus infinitos vivas a la Divina Pastora”.

   Aquellos primeros días se saldaron con algunos heridos leves por desprendimiento de tejas y el desplome de algunas paredes. Al anciano fallecido por espanto durante la primera noche, habría que sumar en los días siguientes la muerte del Secretario del Ayuntamiento don Joaquín Sánchez Galiano, de resultas de una pulmonía fulminante, ocasionada por aquellas noches de frío e intemperie. Fueron numerosos los vecinos afectados por esta enfermedad.
   Entre los días 27 y 30 hubo pequeñas oscilaciones que apenas si se notaron. Cuando los ánimos iban recobrando la confianza, y había ya algunos dispuestos a volver a dormir a sus casas, otro bien sensible terremoto en la tarde del 30 les hizo desistir.
   Desde entonces la gente optaría por improvisar habitáculos (barracas de madera cubiertas con enea y chozos) fuera de la ciudad. El día 31 no se encontraba un carpintero por menos de 40 reales de jornal. Esa misma noche casi nadie durmió ya en la ciudad. Quienes no pudieron conseguir maderas o carpinteros que fabricaran esas barracas, pasaron la noche en las cuadras que las azucareras disponían para encerrar a las infinitas bestias que albergaban durante la recolección de la caña: “Damas muy escopetadas se creyeron dichosas con poder dormir en un pesebre”.


   Pasaron los días sin novedad y cuando nuevamente algunos pensaban ya en abandonar las incomodidades del campo, el día 5 de Enero a las seis y cuarto de la noche otro nuevo terremoto volvía a sembrar el pánico y la aflicción.
   Muchos de los edificios quebrantados por anteriores terremotos se hundieron y otros amenazaban ruina. Mas de cincuenta casas quedaron inutilizadas por completo e innumerables las que se tuvieron que apuntalar: “todos los operarios no se ocupan de otra cosa, dejando para mejores días la reparación de los numerosos daños sufridos, que se calculan en muchos miles de duros”.
   Resultarían seriamente afectados los edificios del Hospital, Cárcel, Casas Capitulares, Casa de Correos y Telégrafos, Iglesia Parroquial, Convento de las Madres Nazarenas, otras iglesias y la casa del Registro de la Propiedad.


   Los enfermos del Hospital fueron alojados en unas barracas que el alcalde mandó construir en el campo de Capuchinos; los presos en el convento de este mismo nombre; Correos en una barraca improvisada en e la plaza de la Constitución; las dependencias del Ayuntamiento en los bajos del edificio, a pesar de que éste también amenazaba ruina; y la Monjas Nazarenas en una barraca en el huerto de su convento.
   Por estar resentida la parroquia y demás iglesias, el culto religioso se tendría que celebrar al aire libre.

 Iglesia de campaña (Jatar)

   La ciudad terminaría por paralizarse casi por completo. El comercio tuvo que cerrar, y solo se expendían los artículos más indispensables, con sólo dos o tres horas de apertura por la mañana, marchándose después al campo, en donde se encontraba diseminado todo el vecindario alojado en casas de madera y chozas: “Puede asegurarse que en la ciudad no quedan a dormir mas de 40 se sus habitantes”, incluidos el Alcalde, la Guardia Civil y los serenos.
   Circunstancia agravante fueron las inusuales bajas temperaturas de aquel invierno en la costa. Como consecuencia de un rescoldo de fuego, se prendieron varias cabañas de las ubicadas en la Esparraguera, perdiendo sus ocupantes las camas, las prendas de vestir y el escaso ajuar del que disponían. Se reclamaron tiendas de campaña para albergar al inmenso gentío que no se atrevía a internarse en la ciudad.
   Se tienen noticias de un accidente que había permanecido ignorado desde el 25. Cinco marineros, procedentes de Albuñol, que tripulaban una barcaza llena de vino, se vieron sorprendidos al pasar cerca de Almunecar por el terremoto, que hizo zozobrar la embarcación pereciendo ahogados los cinco tripulantes.

   Poco a poco iría normalizándose la situación y la población se reencontraría con sus viviendas semidestruidas. Fueron más de 900 las que fueron finalmente denunciadas como ruinosas por el arquitecto municipal. Todavía en febrero, se producirían algunas leves oscilaciones y algún derrumbe que otro de aquellos edificios más afectados.

   La climatología adversa traería aparejada también una importante crisis de trabajo. Las heladas habían afectado considerablemente a cultivos, como la vid y la caña, con un peso específico importante para la economía de la comarca.

   Leemos en la Crónica Meridional de Andalucía:

   “De Motril nos escriben lamentándose de la miseria que hay en la comarca, efecto de los terremotos y de los hielos espantosos que ha habido en el presente año no conocidos desde hace ya mucho tiempo. Se solicitan medidas para aliviar el pauperismo. Se propone la continuación de las obras de Almería a Málaga, en cuyo trabajo se ocuparían muchos braceros, pudiendo así llevar el sustento a su hogar domestico”.


   Estas demandas no debieron ser atendidas, pues la prensa sigue recogiendo informaciones sobre la delicada situación que viven los jornaleros:

Crisis motrileña:

   “La situación en Motril es tristísima e insostenible. La clase jornalera carece de trabajo y los labradores no pueden atender a los muchos gastos que sobre ellos pesan. Urge que los fabricantes de azúcar empiecen la campaña, abriendo las fábricas, pues en ellas encontraran trabajo los que de él carecen y los productores de caña empezaran a recibir medios y recursos para atender a sus múltiples necesidades. Este es el único remedio para resolver la crisis motrileña, en beneficio no solo de los productores, sino de los fabricantes y jornaleros”.



   “Sin caminos, destruidos los viñedos y heladas todas las cañas de azúcar de su costa, desde Adra hasta Motril, sólo falta a esta desdichada zona el cólera y la langosta”.

   Para elaborar esta especie de crónica sobre sendas angustiosas oleadas de terremotos que sufrió la ciudad de Motril durante el siglo XIX, me he valido exclusivamente de las informaciones recogidas en las colecciones de prensa, tanto provincial como nacional, alojadas en las hemerotecas digitales.

   Quiero aprovechar la ocasión, para hacer público mi reconocimiento al Ministerio de Cultura (Hemeroteca Digital de la BNE, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica) y a la Consejería del ramo de la Junta de Andalucía (Biblioteca Virtual de Andalucía) por favorecer con estas iniciativas, a quienes, como el que suscribe, sentimos la curiosidad y la necesidad de adentrarnos en el pasado.

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