Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

16 febrero 2011

"Los reos de Porcuna" III


Carrera de Jesús (Dibujo de Manuel Bueno Carpio)



   El 13 de julio de 1915, con la publicación del artículo “Por la vida de dos hombres” del abogado y periodista José Fernández Cancela, responsable de la sección de togas y tribunales del diario El Imparcial, se reactiva la campaña en pro del indulto de los “Hermanos Nereos”. En la primera entrada, ya utilizo parte de éste artículo-entrevista del que tomo la versión de los propios reos sobre como y cuando sucedieron los hechos, para contraponerla a las conclusiones de la sentencia. Es ahora cuando transcribo el resto:

Por la vida de dos hombres
(Los Hermanos Nereos vistos por sus carceleros)

   En el banquete que celebraron los miembros del cuerpo de prisiones hizo la casualidad que me correspondiese ocupar el lugar inmediato al jefe de la prisión de Jaén, persona afable y simpática, con quien entable conversación desde el principio de la cena. Entusiasta de su profesión y comprendedor de la alta misión educadora que le está encomendada, hablaba de los presos con el cariño de un buen maestro y mostraba por ellos una gran benevolencia y una gran misericordia.
   Relatando varios casos interesantes de los que había tenido ocasión de observar durante su carrera, hizo una mención especial y conmovedora de dos pobres muchachos recientemente condenados a muerte, y que ocupan en la actualidad aquella cárcel.
   De todos los presos que he vigilado, decía, no recuerdo haber conocido ninguno tan sinceramente bueno, como estos muchachos. Son cariñosos, humildes, trabajadores.
   Causa un hondo dolor pensar que se les arrebate la vida cuando apenas han comenzado a gozarla. Si yo me atreviese, en el momento de los brindis de este banquete, levantaría mi voz para pedir al ministro un poco de benevolencia para ellos…
   Sus palabras, llenas de sincera efusión, produjeron en mí una profunda amargura.
   Pero al final del banquete mi compañero de mesa no se atrevió a interpolar su petición entre los discursos de las altas personalidades que hicieron uso de la palabra, y cuando los comensales abandonaban el local, con la satisfacción que subsigue a una cena copiosa, nos estrechamos las manos conmovidos por un mismo pensamiento doloroso, muy semejante al remordimiento.
   El recuerdo de estos dos hermanos que esperan la ejecución de su horrible sentencia me torturó durante muchos días, y al fin, deseoso de poner de mi parte algo de obsequio de lo que creo humano, he hecho un viaje a Jaén para relataros, con sencillez, como son esos feroces criminales a quienes la justicia ha acordado extirpar de entre los vivos, arrebatándoles violentamente lo que solo Díos pudo darles.



En la cárcel de Jaén

   La prisión de Jaén es un caserón viejo, destartalado,  impropio para la misión a la que se le destina. Esta falta de condiciones da a la prisión un aspecto más terrible, porque las medidas de precaución se multiplican en un espacio pequeño; así encontráis a la entrada dos grandes puertas, sólidas, pesadas; después una reja de barrotes formidables; luego una puesta de hierro, más allá otra igual; inmediatamente un local espacioso y oscuro donde suelen estar los vigilantes; luego otras grandes puertas blindadas y al fin el patio donde los presos viven una promiscuidad contraria a todas las teorías penitenciarias modernas.
   Allí vi a los hermanos Nereos, y ciertamente que por su aspecto no hubiera supuesto que fueran ellos los designados para la última pena; porque entre aquellos 200 hombres, la mayoría de los cuales reflejaban en su rostro la miseria, la enfermedad o el crimen, los dos hermanos, con su aspecto apacible y resignado, parecían seres extraños en aquel ambiente.
   El mayor tiene veinticuatro años y veintidós el más joven. Son altos, fuertes, hablan con serenidad y miran frente a frente, sin humildosidad ni altivez, con una gran tristeza, como si toda su esperanza la hubieran puesto mas allá de los hombres.
   El maestro me dijo que el más joven de los dos era el más inteligente y el más estudioso de todos los presos.
   Uno de los jefes de la prisión expresó: “Tengo tanta confianza en su nobleza que si fuera preciso me atrevería a dejarles en libertad bajo su palabra, con la seguridad de que, renunciando a su propia vida, volverían a presentarse cuando se les ordenase, antes que ocasionarme un perjuicio”.
   Otro agregó: “Se sabe que uno de ellos solamente cometió los dos homicidios, y, sin embargo, relatan los hechos de forma que aparezcan los dos igualmente culpables, para no denunciarse el uno al otro; por eso han sido condenados los dos a la muerte y cumplirán juntos la pena”.
   Yo pensaba, sea cual fuere el delito que cometieron, ¿son estos hombres a quienes la sociedad debe extirpar de la vida, por considerar que serian inútiles todos los esfuerzos que se hiciesen para corregirlos?



Mi humilde petición

   Pocas horas después abandoné Jaén. Era aquel uno de esos días espléndidos en que la Naturaleza se brinda con toda su magnificencia, despertando en nosotros el gran amor a la vida; pero había en el fondo de mi alma una horrible angustia.
   Esos muchachos a los que acababa de hablar, y que acaso muy pronto caerán en la mano del verdugo, tenían un alto principio de bondad y de honradez.
   Sin duda la sentencia que los condenó es justa, pues que la dictaron jueces serenos e imparciales; pero las sentencias juzgan los hechos y no a los hombres, y los hombres son materia igualmente dispuesta para realizar una acto heroico o para ejecutar un crimen.
   Benvenuto Cellini cometió varios homicidios, Juan Jacobo Rousseau realizó varios robos, y, sin embargo, ¿puede alguien dudar de quien ejecuto el cristo de El Escorial era un espíritu grande, y el autor de “Emilio” y “Las confesiones” un hombre de alta conciencia?
   Si la pena, lejos de ser una venganza, ha de suponer medicina del espíritu y acción educadora, ¿debemos de privar de la vida a individuos a quienes Dios capacitó para el arrepentimiento y  la regeneración de su existencia?
   He aquí los pensamientos que me torturaban aquel día y que como una helada losa pesan aun sobre mi conciencia. Yo los expongo ante vosotros, lectores, y os pido, que si en ello estáis conformes me enviéis vuestras adhesiones a la petición de indulto, para con todas  ellas, como flores de un gran ramillete, ofrendar a quien pueda hacerlo, para que conceda la gracia de la vida a estos dos muchachos que apenas han vivido.
   Y dos viejos, viejos, que en el fondo de una pobre casuca sufren una tortura desgarradora, tendrán para nosotros una lágrima de agradecimiento.

FERNANDEZ-CANCELA

   Fernández Cancela consigue despertar inmediatamente el sentimiento humanitario de sus lectores. Diarios de tirada nacional (Universal, Heraldo, Liberal, A B C...), todos los de Jaén capital, El Defensor de Granada, El Noticiero Granadino, El Popular y La Unión Mercantil de Málaga, El Liberal de Bilbao, Liberal de Barcelona, Liberal de Murcia…publican íntegro, reproducen párrafos o incluyen reseñas del mismo.
   Las adhesiones de particulares, desde los más recónditos lugares del país, afluyen por millares hasta la redacción de El Imparcial, en forma de cartas, tarjetas postales, telegramas y grandes pliegos firmados, que el propio periódico excusa su publicación íntegra, ante la imposibilidad de incluirlas todas por falta de espacio.
  También se adhieren numerosos colegios profesionales (abogados,  procuradores, médicos), casinos, instituciones culturales (Círculo de Bellas Artes), oficinas, talleres, colegios de enseñanza, artistas, hombres de ciencia, intelectuales, familias enteras y especialmente mujeres, en las que aflora el sentimiento de madre.

  La escritora y periodista, pionera del feminismo en España, Carmen de Burgos “Colombine”, levanta su prestigiosa voz en nombre de las mujeres españolas con un valioso alegato a favor de los desdichados hermanos Nereos sobre los que pesa la terrible condena:

Colombine


La ley del perdón

   “Nada podría yo añadir a las consideraciones profundas y brillantes que como una súplica de perdón se elevan en la prensa; pero mi sensibilidad, mi corazón de mujer, me llevan a no permanecer inactiva, y que las mujeres españolas, las madres, pidan también el indulto de esos dos nobles reos, uno de los cuales, en lugar de culpable es mártir, puesto que consiente morir, antes que salvarse acusando a su hermano; heroica acción digna de salvar a los dos condenados.
   Las mujeres no entendemos jamás la razón de la pena de muerte; nosotras no conocemos mas ley justa que esa ley del perdón, pronta y generosa. El criminal capaz de hacer daño es un enfermo que hay que apartar de la sociedad, es indudable. ¿Pero son enfermos perjudiciales e incurables esos hermanos, jóvenes, buenos, sanos, amantes de su familia, que alegres y serenos paseaban el día del crimen por el campo, enamorados de las bellezas del suelo y del sol, antes de ser acometidos y provocados? No. La pena de muerte no puede existir bajo pretexto de una ejemplaridad de que carece, su último baluarte es la selección, y en este caso no está justificada.
   Cancela lo ha dicho: “los jueces juzgan hechos y no hombres”. Es ese espíritu seco, inmovilizado, de la ley el que mata en nombre de la Justicia; pero la Justicia es superior a los hombres.
   Las mujeres todas tendrían siempre el gesto admirable de la Reina Isabel, genuina representante de la mujer de nuestra raza, cuando en el primer año de su reinado, al presentársele la bandeja con las sentencias de los condenados a muerte durante la Adoración de la Cruz el día del Jueves Santo preguntó. “¿Qué es esto?” “Los paquetes que toquen la mano de su majestad al ponerla sobre la bandeja quedaran indultados”. Y la joven soberana con su noble impulso, los tomó todos entre sus dos manos, exclamando con alegría: “Pues para esto soy Reina”.
   ¿Hay concepto más alto del uso de la soberanía? Yo respetaré siempre la memoria de la mujer que lo tuvo, aun cuando hubiese cometido después los mayores desaciertos. Un espíritu de justicia guió sus manos de niña para no dejar que el azar jugase con la vida de los reos, y que perdonados unos, se castigase a los otros.
   El indulto es la ley del perdón, la ley altísima reservada al más alto representante del Estado como el atributo supremo de la soberanía. La expresión de la conciencia de los hombres, asustados por su terrible fallo, que buscan la manera que no se cumpla. Porque la ley manda en los que aplican, su rigidez perdura y se impone; pero en el fondo del corazón del hombre hay un temblor de duda al pensar si está capacitado para ir tan lejos y si él puede matar, contrariando así la voluntad creadora.
   No dudo que todas las mujeres españolas se unen a mí en esta súplica de perdón que ha de llegar hasta el pie del Trono a favor de los simpáticos e infelices hermanos Nereos.
   Para la mujer todo hombre es un hijo, un hijo posible, un hijo de otra mujer a la que se une la solidaridad maternal. Matar un hombre es atentar contra la maternidad de todas las mujeres.

COLOMBINE

(Publicado en El Heraldo de Madrid el 24 de julio de 1915)

   En consonancia con la carta anterior, incluyo la respuesta de adhesión pro indulto de los Nereos de las mujeres de Porcuna, que aparecen en una relación publicada por El Imparcial durante su campaña “Por la vida de dos hombres”. Por cuestiones de espacio, como ya he explicado anteriormente, no eran relacionadas en su totalidad. Imagino que el sentimiento sería unánime y generalizado. Ignoramos los criterios que utilizara el periódico para incluir o excluir. Muchas de las abuelas, bisabuelas y tatarabuelas de los actuales ciudadanos de Porcuna están aquí reflejadas:

El Imparcial 13 de agosto de 1915

(Continuará)

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