Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

22 septiembre 2010

DE CASTRO ERO Y BAILAR SEPO

 
Triunfo de San Rafael (Castro del Río)

Chascarrillo: Anécdota ligera y picante, cuentecillo agudo o frase de sentido equívoco y gracioso (Diccionario RAE).

   Soy un gran amante del denominado chascarrillo popular, trasmitido oralmente de unas generaciones a otras, por el mensaje que encierran, a veces con un grado de profundidad y sabiduría que va mucho más allá de lo aparentemente anecdótico. Descontextualizados de su origen, del ámbito estrictamente localista, son difíciles de comprender. 



   Hace unos días, con motivo e mi última visita a Porcuna, mi pueblo natal, estimulado por el Montilla-Moriles y entre amigos de siempre, he tenido que gastar demasiada saliva explicando esa frase desconocida para ellos, y elegida para nominar mi blog DE CASTRO ERO Y BAILAR SEPO (que yo desvirtúo y personalizo con el NO, dadas mis pésimas aptitudes de bailarín, mas por vergonzoso que por patoso).
   Para zanjar el asunto definitivamente, y evitar una futura ingesta abusiva de los espirituosos caldos de pagos montillanos, he optado por explicar sus diferentes acepciones según en el contexto en que se utilicen:

  • La original, la jocosa, alegre y festiva, que ya explico en una entrada anterior, la que utilizaba el joven gañan o jornalero en sus descansos festivos para sacar a bailar a las mozas, y que cuando éstas accedían respondían con la también jocosa frase “pues, échate una bailotá”.
  • La satírico-burlesca, la hiriente, la utilizada por los vecinos de los pueblos de la comarca para referirse a los castreños, metiéndolos a todos en el mismo saco de garrulos, rústicos, mal hablados y poco instruidos (mala leche siempre ha existido). En una de las crónicas deportivas insertadas en la entrada sobre el fútbol castreño en los años 30, el corresponsal de Aguilar de la Frontera, agraviado por la derrota de su equipo en Castro, y alegando cierto comportamiento salvaje de los aficionados y jugadores de ésta, la utiliza como despedida.

  A mi en particular, lo que me resulto atractivo de ella es su trasfondo sociológico, de denuncia social (el pasado también es denunciable).
   Castro del Río, como otros muchos pueblos de campiña, se ha caracterizado históricamente por su fuerte desequilibrio en la distribución de la propiedad agrícola, generador de un ingente volumen de población jornalera. El oficio de jornalero se heredaba de padres a hijos, fundamentalmente por tener éstos vedado el acceso a la enseñanza. Digamos, que desde las instancias oficiales no se ponía demasiado empeño en atajar este analfabetismo, entre otras cosas, porque garantizaba la mano de obra necesaria para las explotaciones agrícolas.
   En Castro del Río, a partir de 1910, desde su Centro Instructivo de Obreros y su Escuela Racionalista se intenta mitigar esta carencia educativa, concienciando a sus socios de la importancia de la educación y dignificación se sus vástagos, así como la de ellos mismos, convirtiéndose esta entidad sindical en pionera en la alfabetización de adultos. Como consecuencia, con el andar de los tiempos, el trabajador agrícola de Castro del Río “el obrero consciente” se hace más reivindicativo y menos sumiso.
   De entre los parias, los que salen peor parados de estos desequilibrios, son los “acomodaos de los cortijos”, contratados a veces por años, iniciados a corta edad como cuidadores de ganado (paveros, porqueros, yunteros) hasta graduarse como gañanes, y  que viven permanentemente en la gañanía del cortijo, separados de su familia.

 Cortijo de Pradagna (Praena)

  “El gañan andaluz come mal, duerme muy mal y viste peor; no puede mantener a su familia, no puede vivir con ella, esta separado de su mujer e hijos y de la sociedad; tiene que abandonar a sus seres queridos; vive, come y duerme en comandita con los demás gañanes y criados del cortijo, y adquiere por fatalidad el embrutecimiento y la degradación del que trabaja para otro, sin esperanzas de redimirse y sin tener tiempo para recrearse y solazarse con los suyos, cultivando los mas nobles sentimientos del alma, que se reducen todos y se concentran por instinto, en la única preocupación de trabajar lo menos posible y con la absoluta carencia de entusiasmo. Sabe bien que cuanto mas trabaja mas pierde, y que su oficio es cumplir malamente por sostener la vida, para ir tirando y sosteniendo la violenta situación que existe ya, y que cada día será mas triste, entre el personal de los cortijos y los dueños o arrendatarios de ellos”.
Quevedo y García Lomas, J.  Memoria que obtuvo el accésit en el concurso…”El problema agrario en el Mediodía de España”, Madrid, Instituto del Reformas Sociales (IRS), 1904. Tomado de Antonio Mª Calero Amor/ Historia del movimiento obrero en Granada (1909-1923). Ed. Tecnos, Madrid 1973.



   Evidentemente, como podrán comprobar “no se le pueden pedir peras al olmo”, y para el portador del dicho DE CASTRO ERO Y BAILAR SEPO las palabras gramática, ortografía y sintaxis, y sus respectivas reglas,  serían un buen aderezo a depositar en el  fondo de la olla de garbanzos con tocino y morcilla (base de su monótona alimentación), ingerida placidamente al abrigo de la lumbre, mediante el democrático método de “cuchará y paso atrás”.

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