Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

10 octubre 2011

FUERZAS OCUPANTES

Fotografía Serrano

    Quienes se nos muestran en esta fotografía, recogida en portada por diario ABC, son los jefes y oficiales de la Policía Montada de Sevilla, después de participar en la ocupación de Porcuna el primero de Enero del año 1937.
    Esta pintoresca unidad del “Ejercito Salvador” tiene su origen en cuadrillas de caballistas integradas y financiadas por el gran capitalismo latifundista andaluz, que se ponen inmediatamente al servicio de “su causa” en aquellas provincias andaluzas, casos de Sevilla, Córdoba o Huelva, en las que prosperó la militarada desde su inicio.
    Francisco Moreno Gómez nos suministra algunos detalles sobre su composición en Córdoba:

    "Caballistas de la capital, capataces y aperadores de las grandes fincas, señoritos acostumbrados a recorrer sus cortijos a caballo, aficionados a la equitación y mozos de las ganaderías bravas, que se agruparon bajo el mando del conocido rejoneador Antonio Cañero".

Antonio Cañero


    Su valiente actuación, en un principio, consistió en recorrer el territorio ocupado practicando razias entre los jornaleros “marxistas” escondidos por los campos. Famosa fue por sus hazañas, además del escuadrón Cañero, ya mencionado, la cuadrilla encabezada por el falangista y torero de tronío, Pepe García “El Algabeño”.
    La prensa y propaganda progubernamental recoge alguna noticia sobre el proceder de estas peculiares unidades paramilitares:

    “Cuando una partida de señoritos andaluces, de las que al mando de Algabeño, Cañero y otros tales, merodean por campiñas y playas, serranías o pueblecillos, cogen a un bracero, a un pegujalero, a un colono, a un hombre, en sumo, de los que trabajan la tierra de verdad, lo fusilan sin más explicaciones. A eso le llaman “aplicarle la ley de Reforma Agraria”.
     “Por las tardes, en el Casino de Labradores de Córdoba, y en los cafés y círculos de la calle Sierpes de Sevilla, los señoritos narran sus proezas entre chato y chato. Salieron a media noche. Llegaron a un caserío. Sorprendieron a unos campesinos. Los empujaron contra una tapia sin hacer caso de sus lamentos ni de la desesperación de sus familias. Viejos, hombres en la fuerza de su edad, mozalbetes, niños, todos cayeron en un montón de carne palpitante bajo las balas de sus rifles. Fueron seis, ocho, diez, doce, veinte… No se acordaban del número exacto… y tras la explicación detallada del crimen, el chiste macabro. “Querían la Reforma Agraria. Ya la tienen”.

(La Voz 3 de septiembre de 1936)


     La propia prensa nacionalista cordobesa se hace eco de la valerosa contribución del “Escuadrón Cañero” durante aquellos primeros compases del conflicto. Un famoso periodista tránsfuga recurre al romance para ensalzar el patriotismo del famoso rejoneador:

Guión (28 de julio de 1936)


 El cineasta  Edmundo Barbero pone en boca de Algabeño las siguientes palabras que, de ser ciertas, nos sirven para hacernos una idea de la catadura moral e intelectual de este personaje, que ya se había destacado por sus ideas ultraderechistas durante el periodo republicano:

    “Nosotros somos España; ellos, la anti-España. Nosotros hemos fusilado a muchos, es verdad, pero confesándolos y comulgándolos, y ellos, no. Ya ven ustedes la diferencia”.

     Estas columnas de voluntarios solían llevar entre su séquito un cura capellán, encargado de ejecutar tan macabro, humanitario y cristiano objetivo.
     

     En los últimos días de diciembre de 1936, entre las fuerzas desplegadas por el ejército nacionalista para participar en la denominada “Campaña de la Aceituna”, estaba el famoso y valiente grupo de voluntarios de la Policía Montada de Sevilla, al que se le brinda la oportunidad de participar directamente en los combates, aunque reforzado para la ocasión por escuadrones moros de regulares a las órdenes del Comandante Sánchez Ocaña.
    La edición sevillana del diario ABC se hace eco de su “gloriosa y valiente” intervención en la Batalla de Lopera,  y de la propuesta para que le sea otorgada la Medalla Militar Colectiva.

Abc Sevilla 31 de enero de 1937
     Otra muestra gráfica de los hombres de la Policía Montada de Sevilla, con su característica escarapela en el sombrero, patrullando por las calles de Porcuna: 



   Precisamente fue en esta batalla donde resultaría herido de muerte José García Carranza “El Algabeño”, cuando realizaba funciones de enlace entre las tropas nacionalistas desplegadas y el cuartel General de Queipo de Llano. Trasladado al hospital militar de Córdoba, no sobrevivió a la operación que le fue practicada.


Romance
   Tras la caída de Lopera el siguiente objetivo del Ejercito del Sur era la escalada y toma de Porcuna.  La Policía Montada se ocupó en un principio en labores de hostigamiento contra posiciones enemigas:

   “El día 29, la Policía Montada, con Sánchez Ocaña y dos escuadrones de Regulares maniobraban sobre la carretera de Arjona, a sólo 2 km de Porcuna. Se entabló recio combate, y se retiraron hasta Lopera.”

    Participa igualmente en los combates definitivos de ocupación, aunque con un papel secundario en comparación con otras unidades que se “revistieron de gloria” durante la misma (columna Redondo):

    “Y el 31, último día del año, se repitió el ataque, cortando las comunicaciones entre Porcuna, Arjona y Jaén. Y el día 1, a las 4 de la tarde, eran asaltadas las defensas de Porcuna. Y al anochecer, entraban en el pueblo los Regulares a las órdenes del comandante de la Policía Montada, don Alfredo Erquicias. Estas brillantes y heroicas jornadas, costaron a los jinetes del comandante Erquicias, tres muertos y nueve heridos”.



     El comandante Alfredo Erquicia Aranda, emparentado con lo más granado de la elitista y aristocrática burguesía sevillana, era uno de esos muchos militares profesionales, quienes tras participar en la última fase de la guerra de África conseguía alcanzar el empleo de Comandante por méritos de guerra (1926), resultando afectada considerablemente su meteórica carrera en un postrero momento ( retiro-reserva), como consecuencia de la reforma militar emprendida por don Manuel Azaña, al frente del Ministerio de Defensa, durante los primeros compases de la II República.
    Como tantos otros, con el golpe de estado retoma las armas y el grado que tenía al retirarse.
    Es el que ocupa la posición central en la fotografía de su unidad, también conocida como “Los Pancho Villa”, por su peculiar indumentaria, a su paso por el pueblo de Azuaga (Badajoz). Detrás de él su inseparable asistente moro. 



4 comentarios:

  1. “Équites imperatoris: viri eminentisimi, viri perfectisimi et viri egregi” (Rufo Festo Caganatus) LA CONJURACIÓN DE LOS CATALINOS.

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  2. Anónimo comentarista no sé exactamente de donde sacas esa cita, el único Rufo Festo que conozco era poeta e historiador, pero no me suena que esos latinajos fuesen suyos. La cita se presta a la ambigüedad ya que cuesta interpretar si tu propósito es crítico o ensalzador para con el “milites équites” (no sé si está bien expresado, hace ya mucho que tengo aparcado e ilocalizable mi viejo diccionario de latín que contenía un anexo central con las declinaciones). Ahí queda.
    Como yo personalmente me identifico mas con la infantería, permíteme esta otra en castellano aunque sometida a un particular proceso de adulteración: “El Caballero nace, mientras que el Infanzón se hace”.
    Aclaratio:
    “La caballerosidad” hoy la sigue otorgado el dinero (heredado o robado con métodos más o menos legales) que deriva en un status social dominante (desde la altura), mientras que el “infanzón moderno” es aquel que desde la humildad consigue escalar hasta cimas intelectuales a las que el primero, por comodidad o arrogancia, está condenado a no llegar nunca.

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  3. Cuando Augusto se asentó como Emperador, procedió a regularizar el orden ecuestre.
    Los nobles senadores perdieron protagonismo, dejando a esta nueva clase las prefecturas y procuraduras; su alto ranngo crecio cada vez más hasta llegar a los grados honoríficos de la nobleza: Los caballeros fueron "viri eminentisimi", "viri perfectisimi" et "viri egregi".

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  4. el general erquicia fue un gran hombre temeroso de dios creia en españa en la familia en el deber y en la ley,le toco como militar que tera y ademas valiente "Del otro lado" y a veces asqueado de las villanias que algunos de los suyos empleaban, "a donde vas? le preguntaron a Izig, - no lo se preguntaselo a mi caballo" tuve el honor de cruzar algunas palabras con el, y tambien tuve el honor de llevarlo a hombros durante su ultimo viage.

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