Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

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01 junio 2021

"Don Miguel el Ciego" (Miguel Aragüés Velasco): un maño y porcunense adoptivo singular".

La fotografía se corresponde con la escolanía de niños conformada en el seno del Colegio Nacional Francisco Franco de Porcuna (Jaén), que participó en el VI Concurso Nacional de Villancicos celebrado en Madrid en diciembre del año 1968, organizado por la Delegación Nacional de Juventudes con la colaboración de la Subdirección Nacional de Cultura y Espectáculos. Una primera fase clasificatoria en el Teatro del Parque Móvil y una gran final entre los días 18 y 20 en el Teatro Español.


Grupos Escolares (C.N. Francisco Franco)

No llegarán a la final. El primer premio fue para un coro mixto procedente de León. Eso sí, tuvieron la oportunidad de gozar de la experiencia de actuar en directo ante las cámaras de aquella emergente RTVE en sus estudios de Prado del Rey. Durante su estancia en la capital visitaron El Escorial y el Valle de los Caídos, donde, como procedía, se rezó un padre nuestro ante la tumba de José Antonio, fundador de la Falange.

A su regreso ofrecieron algunas actuaciones en la Iglesia Parroquial de Porcuna y en otras poblaciones limítrofes. Hasta fueron llevados a la capital del Santo Reino donde cantaron en presencia del señor Obispo de la Diócesis y otras autoridades provinciales. Entre sus integrantes se encontraban bastantes amigos de mi infancia. Su repertorio estaba condicionado por las especiales dotes para el canto de uno de sus componentes, Francisco Ramírez, que ha pasado a la historia de la música local con el sobrenombre de “Paquito El Solista”. Un porcentaje alto de la masa coral no utilizaba las cuerdas vocales, tocaban la pandereta, sonajas o carracas con una leve y casi sorda apertura de boca de postureo. El responsable de la su formación musical, dirección y acompañamiento al piano, un señor aragonés ciego que hacía poco se había hecho cargo de la delegación local de la ONCE en Porcuna, conocido popularmente como Don Miguel el Ciego.

Este señor, de quien conservo un grato recuerdo, se hizo muy amigo de mi padre. Era educado, de carácter afable y muy dado a la conversación. Asiduo de una especie de tertulia que se organizaba en la papelería del Cojo Botines, justo en frente de mi casa, a la que solía asistir mientras hurgaba en la famosa máquina de las bolicas de anís que existía en este emblemático establecimiento comercial. Otra de sus paradas habituales era la tienda de tejidos de Cayetano Ruiz con quién trabó una especial amistad. Hacían reuniones de amigos en su domicilio de la calle Cervantes para ver aquellos primeros partidos de futbol televisado. Entre los incondicionales El Mudo de Rojas y Don Miguel. Las oficinas de la Once estaban en un bajo de la calle Salas donde desarrollaba su trabajo asistido por Alfonso Cabeza en tareas administrativas, de reparto y cobro a los vendedores del cupón. Vivía en una fonda que existió en la calle Trafalgar, regentada por Carmen Millán “La Pregonera”. Las comidas las hacía en el restaurante de José María “El Vivi” donde se acopló como uno más de esa gran familia de propietarios, camareros y asiduos al restaurante-repostería de La Peña.


Debió de instalarse en Porcuna sobre 1967. Quizá tuviera in mente un traslado casi inmediato a Zaragoza para paliar las limitaciones de su ceguera al lado de su familia. Sólo conseguía alguna visión mirando por el rabillo del ojo, de ahí esa imagen que muchos recordamos viéndolo deambular con la cabeza girada. Entre los acuerdos adoptados por el Excmo. Ayuntamiento de la capital aragonesa en sesión de plenaria celebrada en septiembre de 1969 se le autoriza a ocupar una parcela de vía pública para la instalación de un quisco del modelo aprobado para la Once. Finalmente, ante la buena acogida que se le dispensó en Porcuna optó por permanecer entre nosotros desarrollando su actividad de delegado local hasta su muerte.

Don Miguel, tenía por costumbre tomar café y desayunar en el Bar de Malagón en la Carrera. Por cuestiones de salud prescindía del estuchado de azúcar, que en aquellos años se servía en terrones, que empleaba en su particular empeño de amaestrar a un gruñón perro pequinés que formaba parte de mi familia e inseparable de mi señor padre. Sostenía el ciego el premio a una distancia razonable para que el animal a dos patas pudiera olfatear el azúcar, pero sin llegar a alcanzarlo; lo mantenía el tiempo suficiente para que se fuera acostumbrando a la posición bípeda antes de soltarlo. Con el tiempo el número medio circense se hizo célebre y eran numerosos los curiosos que se daban cita para verlo.

Surgieron hasta imitadores de Don Miguel. Recuerdo un caso que casi llegó a tener consecuencias judiciales. Eran esas navidades en las que los niños con el bocado en la boca nos tirábamos a la calle buscando el solecico con el mantecado en el bolsillo (de esos surtidos que no solían faltar en casi ninguna casa para estas fechas). El perro no le hacía asco a este otro género dulce. Un niño inconsciente llegó a agotar su paciencia (no soltaba) y el animal sobre su dos patas saltó y mordió la mano del portador con retardo. Llegó denuncia hasta el jefe de la Policía Municipal, el famoso Ricardito, que era pariente del imprudente, que mi padre supo resolver con su especial dialéctica medio intimidatoria contra el de la gorra de plato, que además era vecino (existía cierta antipatía recíproca por antecedentes relacionados con sus respectivos menesteres).

Durante este último año de confinamiento domiciliario, primero obligatorio y después voluntario y preventivo, como alternativa de ocio muchos hemos hecho un uso abusivo de las redes sociales, desatándose por momentos una necesidad imperiosa de comunicación. Almacenaba recuerdos en mi memoria de que la ceguera de Don Miguel era fruto de heridas sufridas durante la guerra civil, sobre un drama familiar durante esos años convulsos y sobre su vida un tanto azarosa y aventurera. Compartí mis curiosidades en el instructivo muro de Facebook de “Amigos de la Historia de Porcuna". Inmediatamente afloraron recuerdos, anécdotas e informaciones sobre él. Una primera meta para poder indagar en su pasado era conocer sus apellidos, solicitud atendida por un amigo y antiguo vecino (Eduardo Cespedosa) que despejó contactando directamente con la Delegación de la Once en Jaén. A partir de ahí se trataba de rebuscar entre diferentes fuentes para trazar una pequeña semblanza biográfica sobre él. 

Miguel Aragüés Velasco (1913-1982) 

Nacido en Zaragoza el 5 de marzo de 1913 en el seno de una familia de clase media dedicada al comercio. El padre, Miguel Aragüés Bescós, natural de Aisa (Huesca), era un acreditado agente comercial, republicano convencido y admirador de Azaña; la madre, Lucía Josefa Velasco Sarasa, natural de Tafalla (Navarra), una ferviente católica practicante, que regentaba una mercería (“El Capricho de Aragón”) en el centro comercial de Zaragoza. Tuvieron cuatro hijos varones (Miguel, Francisco, José y Manuel) y una hembra (Elisa).



El apellido Aragüés parece mantener cierto vínculo con el mundo musical. Son varios los directores de bandas de música de pueblos de Aragón que llevan ese apellido. A la temprana edad de 13 años el niño Miguel, el primogénito, cursaba ya estudios de primero de piano en la Escuela Municipal de Música de Zaragoza que debió completar con éxito. Por las colecciones de prensa aragonesa alojadas en la red conocemos que a la altura del año 1930 lo mismo acompañaba a coros de capilla en actos de carácter religioso que formaba parte de orquestinas que amenizaban bailes en salones, fiestas de la capital y otras poblaciones de la provincia. 

Fiestas en la barriada rural de Monzalbarba

En 1932 junto al violinista Alfredo Virgos intervenía en conciertos musicales retrasmitidos en directo por la emisora de Radio Aragón. Esta variada y polivalente proyección musical le serviría para costearse los caprichos y gastos propios de un joven de su edad. Buscando estabilidad laboral prepara oposiciones a Auxiliar del Cuerpo General de la Administración de Hacienda Pública a las que concurre en la convocatoria del año 1934. No nos consta que llegara a alcanzar su meta. No volvemos a tener noticias suyas hasta iniciada la guerra civil que terminaría trastocando por completo la estabilidad de su familia.


El cabeza de familia tuvo que protegerse de aquellos que le señalaban como peligroso elemento desafecto. Fue visitado a domicilio por un grupo de falangistas con el propósito de darle un paseo. Gracias a un inspector de policía que vivía en el mismo portal pudo salvar la vida. A partir de ese día no volvió a salir de su casa y permaneció toda la guerra medio escondido en una alacena que cerraban cuando oían llegar a alguien. Para sus tres hijos mayores (Miguel, Francisco y José) aquel nuevo estado de cosas si arrastrará consecuencias bastante más negativas.

José (Pepe), nacido en 1916,  presunto militante o simpatizante del partido comunista, fue detenido junto a otros amigos y compañeros a los pocos días de triunfar el alzamiento. Conducido a la cárcel de Torrero, juzgado por un Consejo de Guerra en sumarísimo de urgencia es condenado a muerte. Su madre, de fuertes convicciones religiosas (un hermano llamado Demetrio, vistió el hábito de escolapio y actuó como sacerdote misionero en Argentina), valiéndose de amigos y conocidos pudo contactar con el cura de la cárcel, que le salvó la vida y consiguió su puesta en libertad. Le bajaron del camión que le conducía a las tapias del cementerio y el joven liberado tuvo que ser testigo de cómo en su lugar aupaban a uno de sus amigos. Una suculenta ración de aceite de ricino y para casa. A los pocos días se ordenaba su incorporación inmediata a primera línea del frente en las filas del ejército sublevado.

Sus hermanos mayores Francisco (n. en 1915 ) y Miguel (n. en 1913) desde un primer momento habían sido movilizados por el ejército rebelde. Adscritos al Regimiento de Artillería Ligera nº 9 casi de inmediato fueron destinados al frente. Miguel resultó gravemente herido en la Batalla de Teruel pasando la mayor parte de la guerra en el Hospital Militar de Zaragoza convaleciente, mientras que Francisco, herido y hecho prisionero por el ejército republicano, terminaría en el famoso Castillo de Montjuic de Barcelona. Cuando el 25 de enero de 1939 cae la ciudad en poder de los sublevados recupera la libertad, aunque no tardará en volver a presidio. Detenido a finales de 1940 se le recluye en la cárcel de Torrero de Zaragoza a la espera de un Consejo de Guerra. Se enfrenta a los típicos cargos de  “adhesión a la rebelión” (se le acusaba de haber confraternizado con sus carceleros republicanos y de colaborar con sus servicios de espionaje). El juicio se celebra el día de los Santos Inocentes del año 1940 siendo condenado a la pena de muerte. A doña Lucía Josefa le tocó de nuevo recorrer pasillos y despachos: “Llegó incluso a la antesala del despacho de Franco pidiendo clemencia para mi hermano, pero no le dejaron hablar con él”. El entrecomillado y el grueso de la información sobre los avatares de la familia proceden de testimonios orales aportados por Manuel (el menor de los hijos, así bautizado por su padre en honor de su admirado Manuel Azaña) insertos en un libro titulado “Las rojas y sus hijos, víctimas de la legislación franquista: El caso de la cárcel de Predicadores (1939-1945)”, del que es autora Rosa María Aragüés Estragués (hija de Manuel), profesora de Historia Contemporánea en la UNED.

La pena de muerte de Francisco sería finalmente conmutada por treinta años y un día de reclusión mayor. También el Tribunal de Responsabilidades Políticas se interesó por él mientras cumplía condena en diferentes establecimientos: cárcel de Torrero hasta 1943, batallones penitenciario de trabajo de Meridiana y Belchite. En abril de 1944 recupera la libertad fijando su residencia en Zaragoza al abrigo de la protección económica que le brinda su hermana Elisa y su cuñado.


Curiosamente el piano de la familia, con el que Miguel se inició en el mundo de la música, hallábase entre los pocos enseres en propiedad de la vivienda alquilada que los cobijaba. Para más detalles sobre el cúmulo de adversidades que tuvo que soportar esta familia les remito al libro referenciado en formato físico o ebook.
A principios de 1941 y en vista de cómo se estaba cebando la represión franquista con la familia, Miguel Aragüés Bescós, traslada su residencia a Barcelona donde su experiencia como comercial le serviría para encontrar un trabajo con el que sacar adelante a los suyos. Tanta contrariedad terminaría afectando a su salud y a la temprana edad de 65 años dejaba de existir a finales de abril del año 1943.

La Vanguardia de Barcelona 28 de abril de 1943

Con la pérdida del padre es cuando el joven músico Miguel Aragüés, tras permanecer un tiempo en Barcelona y al sentirse como perseguido, optó por el exilio voluntario, renunciando a los hipotéticos beneficios que le pudiera reportar la Medalla de Sufrimiento por la Patria (nos consta su solicitud) o por su condición de mutilado. Vivió de sus aptitudes para la música en París e integrado en diferentes formaciones. Hasta pudo realizar giras por el continente americano. A esta etapa pertenece la tarjeta de inmigración emitida por el consulado de Brasil en París, en la que podemos apreciar a un todavía apuesto, dinámico, moderno e independiente músico. 


A finales de la década de los años cincuenta, ante una progresiva pérdida de visión, sólo y desamparado, va a regresar junto a su familia a Zaragoza. Tuvo la suerte de ser reconocido como caballero mutilado, lo que le permitiría entrar a trabajar para la ONCE. Uno de sus primeros destinos, como ya hemos argumentado, fue el municipio jiennense de Porcuna, donde dejaría de existir sobre 1982 (no podemos certificar con exactitud). 

31 enero 2021

Rafael Garrido Bello (1909-1940). El famoso y valeroso "Capitán Maruca" de Castro del Río.

"Un día, después de un triple bombardeo de Andújar, mas intenso que de ordinario, los elementos provocadores consiguieron arrastrar a unas decenas de personas a protestar alborotadamente frente al Estado Mayor. Un grupito intentó incluso entrar en el edificio. Salí para tratar de calmar los ánimos, pues no quería emplear la guardia. En ese momento, un muchacho joven, buen mozo, se puso a mi lado, saco la pistola y dijo con voz fuerte que dejaría tendido allí mismo al provocador que profiriese un grito o diese un paso. Cambio inmediatamente la situación y el pequeño motín se disolvió, porque los primeros en escabullir el bulto fueron los provocadores. Era un muchacho un anarquista llamado Maruca, que se encontraba casualmente en Andújar, llegado del frente. Le felicité por su actitud y quise recompensarlo de algún modo. Pertenecía a un escuadrón de caballería. Le regalé parte del equipo de un oficial de dicha arma que se había pasado al enemigo - equipo que teníamos depositado en el Estado Mayor -  unas bolsas pistoleras relucientes, riendas, una silla de montar, unas grandes espuelas, un sable y una banderola. Desde entonces utilizó Maruca esas prendas, muy ufano y pinturero".

El entrecomillado pertenece a las memorias del militar profesional Antonio Cordón García (Tte. Coronel y Jefe de Estado Mayor del sector de Córdoba) publicadas bajo el titulo de Trayectoria. Memorias de un militar republicano, o una segunda edición más extensa Trayectoria. Recuerdos de un artillero

La fotografía de la cabecera procede de un reportaje realizado por Francisco Caramés desde Hinojosa del Pueblo (antes del Duque) para la revista gráfica Umbral (Valencia), nº 7 (21 de agosto de 1937).

Rafael Garrido Bello "Maruca" pertenece a esa importante hornada de jóvenes libertarios de Castro del Río, forjados en las luchas sociales y sindicales durante el periodo republicano, que cuando estalla la guerra, no tienen el menor reparo a la hora de empuñar un arma en defensa de sus intereses de clase. Primero como miliciano confederal en su propio pueblo, después como integrante de la Columna Andalucía-Extremadura, que a la postre terminaría convirtiéndose en  88ª Brigada Mixta del Ejercito Popular de la República.



“El crimen de razonar” (la forja de un rebelde)      

Esas ideas Maruca.

-         Son mías.

-        También la tierra que labras es mía.

-         Eso sería menester demostrarlo.

-         Con la ley en la mano, demostrado está.

-         No es difícil encontrar “leyes” que avalen esas tremendas injusticias. Las hambres y penalidades de tantos compañeros nuestros, agotados para hacer productivos los campos, le han permitido a usted, que nada trabaja, acumular todas esas riquezas que debieran ser nuestras. Por si ello fuera poco, el feroz tinglado capitalista les ha dado, a usted  y a otros como usted, esas “leyes” que, de momento, les ponen a cubierto de la auténtica justicia que nosotros representamos.

-        Eres un rebelde.

-       Y me enorgullece mucho serlo.

-       También a mí me da la gana de deciros que en lo mío mando yo.

-        ¿Y qué es el suyo, si en nada se ocupa más que en gastar?

-        He dicho que hago lo que me da la gana. Y lo que me da la gana ahora es que no sigas soliviantando en todos los momentos a los trabajadores de la finca.

-        Explicándoles el crimen que se comete con nosotros, querrá usted decir.

-        Lo que quiero decir es que en mi casa los humos se apagan al entrar, y aquí nada tiene que hacer la rebeldía.

-        Ni yo consentiré nunca que los ladrones, que me roban lo que es mío, quieran presentarse ante mis camaradas como hombres decentes.

-        ¿Qué dices?

-        Ya está dicho.

-        Mira lo que hablas.

-       Y usted lo que hace. Lo que yo digo es verdadero; lo que usted hace con tantos trabajadores martirizados por el hambre y la miseria, es un tremendo delito que algún día tendrá que pagar.

-        Los guardias te harán entrar en vereda.

-        Esa es la única razón que tienen ustedes, pero no me atemoriza. Ya estoy acostumbrado a esos procedimientos. Veremos por cuanto tiempo siguen dormidos los trabajadores que aguantan esta iniquidad.

-        ¡Largo de aquí!

-        ¡¡Despacio!! Saldré cuando me parezca.

Mucho de aderezo ideológico y propagandístico por parte del periodista a la hora de explicar y justificar las palabras y el temperamento rebelde de aquel joven jornalero de Castro del Río (simplistas en su expresión pero de una extraordinaria dimensión ideológica). No todos los labradores de Castro eran del tipo cavernícola descrito por Caramés, aunque sí, un considerable número de los principales propietarios fueron defensores acérrimos de su status de privilegiados; así como firmes y rigurosos en las negociaciones de las bases de trabajo entre la patronal agrícola y los delegados del centro obrero durante las huelgas.

”Unos señoritos privilegiados que venían al mundo a disfrutar, sin la menor molestia, de todas las ventajas, a pesar de aquella bonita e ineficaz frase de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, mientras que otros con menos fortuna no tenían pan suficiente, ni ropa, ni albergue, ni descanso, habían de contentarse con ayunar casi permanentemente y con guarnecerse en barracones inmundos, faltos de luz e higiene. Eran muy fervorosos católicos los que tal distribución hacían, pero no sudaban y comían hasta sobrarles; otros que no creían y no creen en nada que no esté sometido a rigurosas doctrinas científicas, sudaban por todos los poros de su cuerpo y se agostaban en las eras y en los talleres faltos de nutrición. Esa verdad primitiva, libre de complicaciones, encendía en cada mañana la tea de la rebeldía campesina. En algunas zonas, la protesta estaba más soterrada, no salía a la superficie. En otras zonas – la de Maruca por ejemplo- el descontento se manifestaba de manera violenta. Maruca es tan bravío y tan impulsivo como el más indomable de sus potros, y tan difícil de atraer como él, si no es por el convencimiento”.

UN DÍA

“Lo que nunca habían llegado a imaginar los enemigos del pueblo, alcanzó contornos de un inigualado heroísmo popular. Las injusticias cometidas en todo y en todos cuajaron en un importante bloque proletario que se opuso a los designios de los traidores ansiosos de aumentar sus irritantes privilegios a costa de acabar con las menguadas conquistas de la inmensa población trabajadora y constructiva. Los que derrochaban alegremente lo que debiera pertenecer a todos los productores vieron que iban a ser inexorablemente aplastados por la inevitable ley del progreso humano.

Unos campesinos de Castro del Río – “Maruca” entre los primeros – hicieron frente y vencieron totalmente a los fascistas que se habían hecho fuertes en algunos lugares estratégicos de la villa y pretendían facilitar el paso a los traidores que avanzarían desde Córdoba, Fernán Núñez, Montilla, Baena. Los futuros historiadores de la Revolución Española guardarán algunas de sus mejores páginas para los obreros de Castro del Río, los cuales, pese al escasísimo y deficiente armamento de que disponían, logran tener primero a raya y más tarde vencer a los enemigos”.

Rafael Garrido Bello "Maruca", durante mucho tiempo confundido con Rafael Moreno Herencia, integrado entre un selecto grupo de jóvenes y animosos escopeteros (armas de caza procedentes de la requisa), desde un primer momento participa en la defensa de la villa desde posiciones estratégicas (parapetos del Llano de la Fuente y de la Plaza de Abastos) para frenar el avance de un primer contingente de militares rebeldes, desplazados desde Córdoba durante los primeros días del alzamiento con la idea de tomar la plaza de Castro del Río, y liberar, de camino, a la guardia civil y a un grupo de caracterizados derechistas sitiados en el cuartel. Para el definitivo control fue decisivo el refuerzo de los dinamiteros de Linares y La Carolina, pertenecientes al Batallón de Milicias Populares de Jaén, que al mando de Ignacio Gallego Bezares (secretario provincial de las JSU), acudieron en apoyo de las milicias confederales desde Villa del Río. 

Jinete de habilidad excepcional, Maruca se preocupó, sobre la marcha, de conformar un escuadrón de caballería con el ganado incautado durante aquellos primeros compases de la experiencia colectivista. Una de sus primeras misiones fue la de patrullar por los cortijos del término haciendo acopio de alimentos con los que atender las necesidades de la población civil y refugiados, con destino a los comedores y economatos que se crearon. A finales de julio y principios de agosto ya participa con sus hombres en nuevas acciones guerreras en las localidades de Pedro Abad , El Carpio y Baena. Durante el frustrado intento de tomar Castro, entre los días 6 y 8 de agosto por parte de la Columna comandada por el General Varela, Rafael Garrido se destaca en su heroica defensa. Su valiente participación, a la postre, sería la responsable de una sordera que arrastrará para el resto de su vida:

"La fiebre nos consumía, las municiones iban acabándose por segunda vez. El camarada Rafael Garrido, a quien se le había terminado ya, saltó la trinchera, y a pecho descubierto avanzo con tres paquetes de cartuchos de dinamita, que fue lanzando uno a uno cuando se hallaba a trescientos metros del enemigo. Mientras, a su alrededor llovían furiosamente las balas, sin que él pudiera oírlas, pues el estruendo de las explosiones, terminaron por dejarle sordo". (De un artículo remitido por Antonio Elías Herencia al periódico CNT, órgano de la Confederación Nacional del Trabajo)

Tras la pérdida definitiva de Castro y Espejo (24 de septiembre de 1936) el escuadrón y las milicias confederales locales se establecen en el Cortijo de María Aparicio, muy cerca de Bujalance. Allí, bajo la dirección de Alfonso Nieves Núñez, se conforma la Columna Andalucía- Extremadura en la que despuntan los valerosos jinetes de Maruca. Participa, al mando de su escuadrilla de caballería, en el fracasado intento de recobrar Castro del Río (21 de octubre de 1936). 

Los efectivos de la columna tras la pérdida Bujalance, ante la inmensa superioridad táctica y de medios del ejercito rebelde, deambularon en retirada por los frentes de Cañete de las Torres, Villa del Río, Valenzuela, Albendín, Lopera y Porcuna (Campaña de la Aceituna). Quienes sobrevivieron, exhaustos y desmoralizados fueron concentrados en Andújar y enviados por ferrocarril a Manzanares (Ciudad Real), donde llegaron a finales de diciembre con objeto de reorganizarse y recuperarse. Unas siete centurias con unos mil hombres en total, divididas en dos batallones.

Cuerda de Presos. Porcuna (primero días de enero de 1937)

Ya como 88ª Brigada Mixta, en el mes de febrero de 1937, es destinada, primero a Villa del Río (Córdoba) y casi a renglón seguido por necesidades de la guerra a la zona norte de la provincia, entrando en acción en la defensa de las  posiciones de Villaharta y La Chimorra).  

Volvemos al periodista para terminar de trazar el perfil  físico y humano de nuestro protagonista (que lo más probable es que se parezca poco a lo argumentado por sus detractores en el sumario 36549, leg. 811, núm. ATMTS en el que le condenaron a muerte):

Rafael Garrido Bello, que este es el nombre de Maruca, aunque a él le agrada más verse nombrado por su apodo, tiene 28 años, mide un metro setenta y cuatro centímetros, sufre una pertinaz sordera y sería capaz de irse a la luna de un bote con su bravísima jaca, con tal de vencer a los fascistas. Actualmente es capitán del escuadrón de caballería, unidad acoplada a la Brigada Mixta, que antes era “Columna Andalucía y Extremadura”. Es un capitán que como buen anarquista, quiere más el cariño de los suyos que la sumisión por temor. Es el primero en los sacrificios y el último en el disfrute de los triunfos. Sus bolsillos están siempre vacíos, por atender a los que acuden a él. Luego dice que no sabe sumar lo que le deben ni recuerda a quien prestó. Con sus valientes jinetes está llevando a cabo una ordenada y eficaz labor guerrera, que podrá no ser del agrado de todos - ¿Cuál obra lo es? - , pero que alcanza imponderable clima de humanismo y defensa de la libertad”.




En la circular publicada en el Boletín Oficial del Ministerio de Defensa (3 de agosto de 1937) se puede apreciar como al mando de la 88ª BM lo comparten, justamente cuando se publica el reportaje, el castreño  Antonio Elías Herencia (Parraguilla) y Francisco Rodríguez Muñoz (Jubiles) de Bujalance. Entre la oficialidad del arma de caballería, además de Maruca, aparecen los nombres de otros castreños (los tenientes Bartolomé Muñoz Hidalgo y Diego Carpio). Entre los sargentos de caballería también son reconocibles los nombres y apellidos de más castreños, de los numerosos que se integraron en la 88 BM.

En Hinojosa del Pueblo (antes del Duque) la brigada disfrutó de una relativa calma durante un largo periodo. Maruca y sus hombres hasta se atrevían, camuflados de paisanos, a hacer incursiones nocturnas más allá de las líneas enemigas. En cierta ocasión llegaron hasta el mismísimo “Campo de la Verdad” en la capital cordobesa. Su objetivo  rescatar a compañeras y niños. Durante el trayecto de regreso  arrastraban con toda clase de ganado. Carne fresca para alegrar el condumio de la tropa y población civil.

Según la reseña biográfica que le dedica el historiador Francisco López Villatoro en su libro República y Guerra Civil. Las víctimas dela guerra y la represión en Castro del Río, utilizando como fuente principal su juicio sumarísimo, entre marzo y octubre de 1938 combate en el frente de Cataluña, fecha en que es trasladado a un batallón de retaguardia tras ser alcanzado por la metralla de un proyectil de aviación. Esas heridas a la larga le ocasionarían la pérdida total de la visión. Por su rebeldía innata no se conforma con su situación pasiva y a pesar de las heridas se reintegra  al servicio activo en el C.R.I.M. (Centro de reclutamiento, instrucción y movilización) núm. 17.



Por sus propias limitaciones físicas o la evolución negativa de sus secuelas, cuando apenas si había trascurrido un mes, el propio Antonio Cordón firma la circular que le devuelve al Batallón de Retaguardia nº 9, de guarnición en Jaén. Fueron un total de veintiséis meses de servicio en frentes activos.

De las memorias de Antonio Cordón sacamos una segunda anécdota relacionada con Maruca, que, según parece, conseguiría a la postre el ascenso al grado de Comandante:

“Otra visita que recibí, que fue mucho más grata: la de mi buen Maruca, de Andújar. Había participado en las últimas operaciones del Este y se había batido muy valientemente. Venía perfectamente vestido con el uniforme de capitán, pues no había pasado de ese grado. Un poco azorado al principio, pronto cobró confianza y me contó sus andanzas en su pintoresco lenguaje andaluz. Siempre en el frente y siempre en la Caballería. Ya puesto a sincerarse, me confesó que se sentía un poquillo amargao porque tos los que estaban a su alredeó habían ascendido y el no salía de capitán. Y terminó haciéndome esta graciosa petición: ¡Écheme usté pa comandante! Le explique que yo no podía echar a nadie a ningún empleo sin la propuesta bien informada de los jefes de la unidad a la que perteneciese el interesado. Quedó satisfecho con la explicación. Algún tiempo después recibí la propuesta de ascenso de Maruca y tuve la satisfacción de aprobarla."



En Jaén  le sorprende el final de la guerra, siendo detenido y encarcelado en la prisión de la capital hasta comienzos de marzo de 1940 que fue “pasaportado” al depósito municipal de Castro del Río. Unos cuantos meses en la prisión habilitada en el antiguo convento de dominicas (Scala Coelli), tras un Consejo de Guerra con los típicos cargos, resulta condenado a muerte y ejecutado en el cementerio municipal de Castro del Río al alba del día 7 de septiembre de 1940.

Vivió en la calle Cuchilleros. Dejo viuda y una hija de corta edad.

10 junio 2014

GENERAL MIGUEL NUÑEZ DE PRADO Y SUSBIELAS (Montilla 1882-Pamplona 1936).


    Como consecuencia de cierta propensión personal a citar y relacionar los nombres y apellidos de los diferentes protagonistas y secundarios que se cruzan en nuestro camino se establece una fluida comunicación con personas de diferentes ámbitos que, por cualquier motivo, muestran curiosidad o interés por alguno de ellos. Normalmente procuramos atender estas peticiones de ayuda.
    Un comentario de un amigo y compañero, inserto en una entrada antigua, sobre el apellido Núñez de Prado, originario de Montilla (Córdoba), que no tiene nada que ver con la prestigiosa almazara de aceite de oliva virgen extra de Baena (Córdoba), ha provocado una reciente y doble demanda en torno al general de división del arma de caballería don Miguel Núñez de Prado y Susbielas, natural de Montilla. Durante la indagatoria hemos conocido a un militar africanista de brillante hoja de servicios y trayectoria, cuya figura, creemos, ha quedado algo relegada al olvido entre los cordobeses, sus paisanos, como consecuencia de las circunstancias finales de su vida. Es precisamente su trágico final quien lo ha situado como objeto de nuestro especial interés, como podrán comprobar más adelante.
     Había nacido en Montilla en el año 1882. Era hijo del militar de carrera Miguel Núñez de Prado y Rodríguez y de Concepción Susbielas y Sanz, ambos pertenecientes y emparentados con las principales familias de la localidad (Cuesta, Rioboo, Salas, Portero…).
    Tras concluir brillantemente su  periodo de formación militar en la academia de caballería de Valladolid obtiene destino en el regimiento de lanceros de Sagunto de Córdoba, a cuyo mando estuvo su padre a partir de 1907. Con posterioridad pasa al prestigioso regimiento de húsares de Pavía en Madrid y poco después al escuadrón de la Escolta Real como primer teniente. Por necesidades de la guerra que se había desencadenado en Marruecos, en febrero de 1910, se le destina de plantilla al grupo de escuadrones de Melilla. En esta primera fase de la contienda africana  también participa su padre, el coronel Miguel Núñez de Prado y Rodríguez, al mando del regimiento de cazadores de Taxdirt. Fue precisamente él quien se puso en contacto con el Ayuntamiento de Porcuna (Jaén) para que se premiara y reconociera oficialmente la actitud heroica del cabo de su regimiento, el porcunense Cristino Molina (Laureados y mutilados).
    En 1913, Miguel Núñez de Prado y Susbielas, ya con el grado de capitán, tras una corta convalecencia por enfermedad en la península y participar en un curso práctico de aviación celebrado en Gudalajara, regresa nuevamente al frente encuadrado en las fuerzas Regulares Indígenas de Melilla a las que permanecerá ligado por espacio de diez años.
   Su pericia y bravura en combate le sirven para ser condecorado con la Cruz de María Cristina (1914) y conseguir el ascenso a Comandante (1915).    

   Promovido pronto a Teniente Coronel por méritos de guerra adquiridos en primera línea durante aquella prolongada campaña. Con tal grado y al mando del segundo grupo de fuerzas Regulares Indígenas participa en el desastre de Annual (1921) escapando milagrosamente de la muerte (herido).

Al frente de su grupo de regulares


    Reorganizado éste tras aquel descalabro se convierte en figura preeminente de la nueva fase de la guerra.
    En 1922 abandona por unos meses las operaciones y viaja a la península para jurar el cargo de gentilhombre de S.M. para el que había sido propuesto. Tuvo tiempo de visitar a su familia en Montilla antes de regresar nuevamente a su puesto de mando.



    En el mes de mayo de 1923, coincidiendo con la fiestas en honor del santo patrón de Montilla, San Francisco Solano, es homenajeado en su pueblo natal. Acababa de poner fin a su participación en las duras campañas de Marruecos  y regresaba repleto de condecoraciones y propuesto para el inmediato ascenso a Coronel. Por acuerdo unánime de la corporación municipal sería nombrado Hijo Predilecto de la ciudad  y obsequiado con un bastón de mando, costeado por suscripción popular entre sus vecinos, para cuando alcanzara el grado de General. Se le tributa el recibimiento de un héroe:






    Montilla, como madre cariñosa, siéntese orgullosa de la actuación gloriosa de este hijo que ahora reverdece los lauros del histórico y  célebre montillano,  Gonzalo Fernández de Córdoba “El Gran Capitán” (palabras finales del señor alcalde en protocolario discurso en su honor).

    En la fotografía además del homenajeado (nº 1) y el ya referido alcalde señalado con el nº 3, aparece el General Sanjurjo (nº 2), nombrado comandante general de Melilla con posterioridad al desastre de Annual y a cuyas órdenes había operado. Con el nº 4, portando un sombrero blanco entre sus manos, se nos muestra su orgulloso padre, el General Miguel Núñez de Prado y Rodríguez, que por estas fechas se hallaba ya en situación de retirado después de haber estado al frente de los Gobiernos Militares de Jerez y Valencia.
   En un banquete celebrado en la caseta de feria del elitista Círculo Montillano, el homenajeado y su ilustre huésped, el General Sanjurjo, pudieron degustar una selecta carta de los reputados vinos del terreno: “Sobresaliendo las marcas Buenavista de Ruiz Jiménez, Solera y Carta Fina de Cobos, Solano de García Toro y Néctar de Alvear”. 

    Ya con el grado de Coronel es destinado al primer regimiento de Aviación en Madrid, cuyo mando se le confiere. En 1925 se hace con el fajín de General y por fin puede hacer uso de aquel bastón que años atrás le regalaran en su pueblo intuyendo el progreso en su meteórica carrera.
     En 1926, como General de Brigada, es nombrado Gobernador Militar de los territorios españoles del Golfo de Guinea, en cuyo destino permanece hasta proclamada la II Republica.


    Durante los primeros años de la República, mandó la división VI de Burgos y la II de Sevilla, hasta que en 1934 pasa a la Inspección General del Ejército con sede en Madrid. Se hace acreedor de la confianza de las autoridades republicanas. El gobierno de Portella Valladares le nombra Director General de Aeronáutica en enero de 1936. El nuevo gobierno republicano salido de las elecciones de febrero, ganadas por el Frente Popular, le mantuvo en su puesto.
   Durante los agitados meses en los que tuvo la máxima responsabilidad en la materia se implicó de lleno en mantener a la aviación militar española dentro de la obediencia a la República.
    Al estallar la sublevación en Marruecos el 17 de julio, se puso a trabajar para abortarla, en abierto contraste con la parálisis del poder civil. Se ofreció para volar a Tetuán y tratar de evitarla. Suspendió el viaje y decidió volar al día siguiente a Zaragoza, ciudad que aún no se había sublevado formalmente. Su propósito era persuadir al general Cabanellas al mando de la V División Orgánica para que no se uniera a los sublevados.
   En la tarde del 18 de julio aterrizaba en el aeródromo Palomar de Zaragoza el aeroplano en el que viajaba Núñez de Prado. En un automóvil de la Comisaría de Vigilancia, se trasladó directamente al Gobierno Civil, acompañado de dos ayudantes y un secretario. Una vez allí conferenció extensamente con el señor Vera y después marchó a la División para entrevistarse con el general Cabanellas. Éste y sus jefes no sólo se negaron a escuchar sus requerimientos sino que le prohibieron que abandonara el edificio, en cuyas dependencias quedó detenido hasta que días más tarde fue trasladado a Pamplona y puesto a disposición del general Emilio Mola, que terminaría ordenando su fusilamiento.
    
    Aquí es donde entra en liza una primera solicitud de ayuda procedente de la Asociación de familiares fusilados de Navarra (AFFNA), que conocedores de su origen cordobés, nos escriben con la esperanza de poder localizar a sus descendientes. Creen tener localizado el lugar exacto que alberga sus restos mortales. Los ha conducido el testimonio de Ricardo Sola, nacido en 1923, que fue testigo directo, en solitario y oculto, del fusilamiento de dos personas en el cruce a Murugarren de la carretera Bearin a Abarzuza (Navarra):

    “Se metieron en la pieza, aquí, de estas flores, ocho metros para arriba, en este orillo y… a ver, quitaros los zapatos, las botas. Se quitaron las botas… ¡daros media vuelta! Pun, pun, al agujero… se cayó y todo. Aquí mismo, yo estaba aquí. Ahí había una pared”. 



    Ricardo Sola, en un ejercicio de memoria realizado sobre el terreno, recordaba  aquel fusilamiento que presenció cuando tenía sólo 13 años de edad. Identificaba claramente el lugar. Se refería continuamente a los dos fusilados como “los italianos” sin dar razones del porqué. Vestían ropa militar y gorras. Las botas que calzaban eran rojas, eran de buena calidad y los ejecutores, se las quedaron. Verdugos y fusilados llegaron en un coche. Los matones también vestían uniformes militares.
    Cotejando estas informaciones con otras referencias, están plenamente convencidos de que los ejecutados en aquel lugar el 10 de agosto de 1936 fueron el general Miguel Núñez de Prado y su ayudante, el comandante de caballería Francisco León López.
   AFFNA ha conseguido los apoyos y recursos necesarios para iniciar en cualquier momento los trabajos de exhumación. De ahí la importancia de entablar contacto con descendientes o familiares, que se mostrasen  dispuestos a someterse a la pruebas de ADN que permitieran la identificación definitiva.
    Hemos realizado algunas pesquisas de hemeroteca que nos podrían servir de ayuda para alcanzar tal objetivo:
    
    Miguel Núñez de Prado y Susbielas, como bizarro teniente del regimiento de húsares de Pavía, contraía matrimonio en 1908 con Aurora Bermejo y Fraile de Tejada, hija de Eugenio Bermejo, un cosechero de vinos de Valdepeñas (Ciudad Real) fallecido en 1904, y de Inocencia Fraile de Tejada.

Madrid 1926 (una de las dos situadas en el centro)


   De esta unión vinieron al mundo al menos cuatro hijos: Fernando, Concepción, Purificación y Aurora Núñez de Prado Bermejo. Todos fallecidos al día de hoy, pero con descendencia. Fernando, muy posiblemente sea el niño que aparece retratado en primera fila en la fotografía del homenaje de Montilla.



Abc - 1933

   Miguel Núñez de Prado fue uno de los primeros españoles que pudo acogerse a la ley de divorcio emanada de las primeras Cortes de la República. Su proceso no estuvo exento de dificultades. Una primera sentencia del Juzgado de primera instancia fue recurrida por su esposa y el asunto llegaría hasta el Tribunal Supremo. Las brillantes argumentaciones presentadas por su defensa, en manos de su primo Ramón Muñoz y Núñez de Prado, permitieron la disolución definitiva del vínculo matrimonial en diciembre de 1932.
   Al poco vuelve a contraer matrimonio con María Luisa Baux y López de la Cámara. De esta segunda unión no conocemos descendencia. Tras la dolorosa perdida de su compañero sentimental debió de optar por el exilio. Conocemos que en octubre de 1950, con 60 años de edad, se hallaba en  Napoles (Italia), desde donde se embarcaba en solitario en el Conte Biancamano con destino a USA- Washington D.C.



    La segunda petición de ayuda que hemos recibido y atendido procede precisamente de los descendientes de otro de sus primos, llamado Jesús Muñoz y Núñez de Prado, un jurista a quien el general dispensó especial protección, consideración  y miramiento. Fue su secretario particular durante los años que permaneció de Gobernador en los territorios de la Guinea Española. Era Juez de 1ª Instancia e Instrucción en Chinchón (Madrid) cuando estalla la guerra. Terminada ésta, tuvo que hacer frente a la típica acusación de los vencedores de “colaborar con el gobierno republicano” y de “haber mantenido una actitud pasiva ante los desmanes cometidos por la horda roja”. Se salvó de la pena máxima gracias a la oportuna intervención de su suegro, lo que no le impidió permanecer inhabilitado para el ejercicio de su profesión durante un tiempo. Su hermano Ramón, el abogado, fue fusilado, mientras que un tercer miembro de esta numerosa familia  logró exiliarse a Méjico. 
    Sus familiares recuerdan como sobre los años 50-60, ya rehabilitado Jesús y con destino en la Audiencia de Pamplona, alguien se puso en contacto con él para indicarle el lugar de la fosa que albergaba los restos mortales de su primo, ayuda que desestimó ante el temor de que pudiera verse comprometida su situación y la de su familia.
    Viene a coincidir con el testimonio recabado por AFFNA entre la familia del comandante Francisco León, la segunda persona cuyos restos mortales supuestamente contiene la fosa localizada: "En efecto era mi bisabuelo y puedo deciros que hace años un hombre llamó a nuestra casa afirmando ser del bando franquista y que conocía donde estaba enterrado nuestro bisabuelo, recuerdo que decía que su conciencia no le permitía ocultar más está atrocidad…”

    Por lo pronto hemos cruzado los correos de los interesados, aunque no debemos descartar la posibilidad de alcanzar la línea directa genética, y  que sean ellos quienes intervengan en el supuesto de que comulgaran con esos principios de justicia y reparación que se persiguen desde la Asociación de familiares de fusilados de Navarra (AFFNA).
    Una última vía nos la proporciona la posible descendencia de Jesusa, la única hermana de Miguel. No estamos seguros si permaneció soltera o si contrajo finalmente matrimonio con un señor apellidado Aguayo. En la crónica del funeral celebrado en Montilla por el eterno descanso de don Juan P. Susbielas Sanz en el mes de julio de 1934, se menciona entre los dolientes a sus sobrinos don Miguel Núñez de Prado, don Rafael Aguayo Susbielas y doña Jesusa Núñez de Prado de Aguayo.
    En pro de una causa que consideramos legítima y justa, invitamos a quienes se muestren dispuestos a colaborar en la búsqueda a que dejen sus comentarios o bien se pongan directamente en contacto con AFFNA-NAFSE 36 de Navarra.