Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

18 febrero 2011

"Los reos de Porcuna" IV



  Para quienes estén siguiendo pacientemente las entradas que le vengo dedicando al caso del crimen u homicidio (me inclino claramente por lo segundo) por el que fueron condenados a muerte los Hermanos Nereos de Porcuna, advertirles de que no desesperen, que aunque pueda parecer el cuento mollete, vamos poco a poco aproximándonos a su final.
  
   Durante el mes de julio y buena parte del de agosto seguirán llegando hasta El Imparcial manifestaciones de simpatía con la petición del indulto:

   “Nombres excelsos y nombres desconocidos, políticos de gran altura, obreros, dependientes de comercio, altas damas y humildes mujerucas, que se experimentan unidas a aquella pobre vieja por el glorioso sentimiento de la maternidad, ancianos cuya mano temblorosa, apenas pueden trazar la solicitud de perdón, y niños cuyos débiles trazos denotan ingenuidad caligráfica, todos se confunden para solicitar a los Poderes Públicos el perdón de los Nereos”.


    
   No faltan las alusiones e invocaciones a la magnanimidad del Monarca, de quienes pretenden poner su granito de arena para conseguir el fin deseado: “La mano real, al firmar el indulto será guiada por Dios y por el bendecida la voluntad de quien para ser grande en todo lo es también en el perdón de las culpas, y los que delinquieron mas por inconvenientes que por malvados” o quienes confían en que el gobierno halle suficiente fundamento para aconsejar al Rey la utilización de la más elevada de sus prerrogativas.
    

   Entre las figuras relevantes de la vida pública y cultural que se sumaron a la petición, a título personal, podríamos citar entre otros, al dramaturgo y literato Jacinto Benavente, el periodista José Francos Rodríguez, el eminente hacendista Baldomero Argente, el insigne abogado Eduardo Doval, el arabista Francisco Guillén Robles, el novelista Eduardo López Bago, el poeta Emilio Carrere, el literato Eduardo Valbuena…
  También jefes, oficiales y soldados de los que exponen su vida a diario por España en África, cuyos nombres se omiten para evitar que se le exijan responsabilidades.

   Publicaciones periódicas, de periodicidad diferente a la diaria, también se ocuparon del caso, como la revista médica Sanidad Civil, el semanario militar Ejercito y Armada, la revista alicantina Juventud (órgano de la liga cervantista), la penitenciaria Mundo Penal o Patria Chica de Priego (localidad natal de Don Niceto Alcalá Zamora).
  De relativo interés, puesto que podría incluir nuevas fotografías o nuevos testimonios de los reos, el artículo titulado “Piedad” firmado por Don Arturo Osuna Servent, desplazado ex profeso hasta Jaén para entrevistarse con ellos, que apareció en el semanario detectivesco “El Dominó Negro”, revista de corta vida, especializada en escándalos de todo tipo.
  Otras referencias nos conducen hasta la definitivamente perdida o inmaculadamente guardada prensa histórica de la provincia de Jaén. Se trata de sendos artículos publicados por Francisco Arias Abad  y Manuel de Quero Morente , colaborador literario y director respectivamente de la revista cultural mensual Obulco (primera publicación con tal carácter que se conoce de la ciudad de Porcuna - 1914), que también abordaron el tema desde las páginas del El Eco de la Provincia de Jaén, donde el primero publica un estudio sobre los Nereos desde el punto de vista moral y psicológico, y el publicado por el periodista porcunense Manuel de Quero Morente en La Lealtad de Jaén, donde describe la vida y las costumbres de los desdichados hermanos Nereos, a quienes el cronista conoció y trató desde su infancia.
  Especialmente reveladoras, para descubrir algunos detalles más sobre la faceta humana de estos hermanos, podría resultar la localización de esas páginas.
  Por cuestión meramente temporal y espacial invoco e imploro la colaboración de estudiantes universitarios o ciudadanos de Porcuna en general, que tengan tiempo y ganas de rastrear la ubicación de dichas publicaciones jiennenses.
  Enigmática es también para mí la corta trayectoria profesional de Manuel de Quero Morente. La primera referencia de la que dispongo sobre él se trata de una poesía de corte obrerista y reivindicativo que publicó en el semanario Vida Socialista (1912). En 1914 simultaneaba la dirección de la revista Obulco con su trabajo en la redacción del diario independiente linarense El Noticiero. Con posterioridad trabajaría en diarios de la capital jiennense, como el ya mencionado La Lealtad (1915) o El Defensor de Jaén (1916), órgano de la Asociación Agrícola e Industrial, del que fue su director. Un trabajo suyo, de carácter literario, también vio la luz en la revista mensual Andalucía, editada por el Centro Andaluz de Sevilla con cuyos posicionamientos regionalistas parece comulgar.



   Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer públicamente a Alberto Ruiz de Adana Garrido su rasgo generoso de haber propiciado que algunos de los números de la revista Obulco estén colgados en la red a disposición de curiosos e investigadores. Instituciones culturales jiennenses, ancladas en algunos aspectos en el siglo XX, deberían intentar adaptarse a las demandas y necesidades de la ciudadanía del siglo XXI.

   Me he tomado la molestia de entre buscar en las páginas del diario El Socialista durante los meses que duró la campaña, alguna nota, carta o comunicado de la Agrupación Socialista de Porcuna o de su filial Sociedad Obrera Paz y Libertad que no constan. Su fuerza numérica y su peso específico deberían estar aún lejos de la que alcanzaría durante el periodo de conflictividad huelguística y social de 1918-1920. Como tampoco constan las del pequeño grupo de adeptos al republicanismo en sus órganos de expresión.
   En el diario El Imparcial se hace referencia a una primera remesa de 1185 adhesiones recibidas desde Porcuna. Imagino que llegarían algunas otras durante la campaña, que ya no se mencionan, entre otras cosas, porque se interrumpe bruscamente su publicación.
  Entre las que se publicaron del primer millar remitido, junto a las de las mujeres, ya relacionadas en la entrada anterior, figuran los nombres de Francisco Herrador, Benito Cobo y Francisco Casado en representación de los gremios de zapateros, curtidores y albañiles respectivamente. Desconocemos hasta que punto estos gremios estaban integrados o no en la Sociedad de Oficios Varios (UGT) Paz y Libertad.
  Ya en la anterior entrada intuía un sentimiento unánime y generalizado de la población de Porcuna, que se pone claramente de manifiesto en las páginas de El Imparcial donde aparecen relacionados, entremezclados con el resto de la ciudadanía, los principales prohombres locales del liberalismo y del conservadurismo de la época, incluido don Eugenio Molina primer cronista oficial de la ciudad .
   Inserto aleatoriamente un recorte de los porcunenses adheridos:

El resto en El Imparcial 14 y 15 de agosto de 1915
  
   No faltan las adhesiones llegadas desde diferentes puntos de la provincia de Jaén, y en especial desde la capital, que se volcó en la campaña. El 15 de Agosto durante el acto de inauguración del monumento al sabio médico y filántropo Don Bernabé Soriano, al que asistió el pueblo en masa, el señor alcalde Prado y Palacio (el algodón no engaña) propuso, en medio de grandes aplausos, que en nombre del pueblo allí congregado se le dirigiera un telegrama al rey pidiéndole, como recuerdo al médico que tantas vidas salvó, que indultase a los reos de Porcuna.
   Ninguno de los medios utilizados hasta entonces habían conseguido ablandar el corazón del rey ni de Eduardo Dato al frente de la presidencia del gobierno.

   
  Cuando se tiene noticia de que el teniente auditor de la Capitanía General, encargado de la ejecución de la sentencia, se había personado en Jaén, una vez más, Don Niceto Alcalá Zamora urdirá una estrategia in extremis para salvar al menos la vida de uno de los reos. Se desplazó de madrugada hasta Jaén en su automóvil particular, visitando e interrogando a los reos por separado en la propia cárcel delante de varias personas.
    
   
   Antonio, el menor, se confesó autor de la muerte de los guardias, expresando su amargura ante la posibilidad de que se le aplicase a su hermano Justo la última pena por un delito del que era inocente.
   Ante tal revelación, Alcalá Zamora remitió inmediatamente al presidente del Consejo, a cada uno de los ministros y a los periódicos de Madrid el siguiente telegrama:

 “Acabo de recibir directamente la confesión de los reos de Porcuna, que, próximos a entrar en capilla, declaran por separado unánimemente haber sido uno solo el agresor de los guardias muertos.
   Bajo la impresión moral de una confesión que realza la grandeza del alma del culpable, más, si cabe, que la del absolutamente inocente, salgo ahora en el rápido acompañándome el diputado provincial, testigo presencial de las confesiones, para reproducirlas bajo juramento ante el consejo de ministros.
   Ante la tragedia inmensa que se avecina, e impresionado por la sublimidad sencilla de las declaraciones, someto a la conciencia del ministro si puede ser ejecutado el inocente, y a la piedad si el culpable, que procede con semejante nobleza, debe morir a los veinte años”.



  El telegrama esta fechado en la mañana del 28 de septiembre de 1915.
  La buena nueva vuelve a sacudir a las conciencias y propicia una nueva movilización general en la que participan al unísono fuerzas políticas y sindicales.
   Mientras Alcalá Zamora, acompañado de la comisión compuesta por los diputados provinciales don José de Torres, don Ricardo Dacosta y el periodista Antonio Díaz Rodríguez, marchan en el rápido dirección Madrid, en la capital jiennense se celebra una multitudinaria manifestación compuesta por unas 10.000 personas que se disuelve ordenadamente después de entrevistarse las autoridades que la presidían con el Gobernador Civil de la provincia: “quien en sentidas frases manifestó sus impresiones poco optimistas y se ofreció para telegrafiar al mayordomo mayor de Palacio, al presidente del Consejo, al ministro de la Guerra y al de Gobernación”.
   De las acciones y  gestiones últimas por el indulto que, pese a la ferocidad vindicativa final, no sirvieron para evitar que Antonio Ramírez Muñoz fuese ejecutado a garrote vil, así como de las reacciones tras la consumación de la condena me ocuparé en una última y definitiva entrega. 

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