Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

05 marzo 2012

Fray Francisco Bueno (un franciscano de Porcuna ante el Tribunal del Santo Oficio).

Portada Iglesia Antiguo Convento de San Francisco (desaparecida)
    Antes de entrar de lleno en el fondo del asunto, nos detendremos someramente en la historia de la orden franciscana en Porcuna.
    La fundación del convento se remonta al año 1612, a instancias del Consejo la Villa que, mediante cláusula inserta en su acta de fundación, exige que la congregación naciente debe estar regida por frailes recoletos descalzos de la provincia de San Francisco.
    Tuvieron que ser numerosos los hijos de Porcuna, que mostrando inclinación por el clero regular,  profesaran en su convento. Antes incluso de constituirse, ya tenemos noticia sobre franciscanos naturales de la villa, que por diferentes motivos, han pasado a las páginas de la historia.

    Fray Benito de Huertas, natural de la villa de Porcuna, hijo legítimo de Francisco Ortiz de Huertas y de doña Isabel Merino, ambos cristianos viejos, hijosdalgo, “de exemplaríssima virtud y bien doctrinado desde su niñez”, quien tras profesar de joven en el convento de Granada, se destacó como misionero en el Perú, llegando a alcanzar altas dignidades. Fue Guardián del convento de San Francisco de Lima y elegido Provincial de la Orden Franciscana de San Antonio de Charcas, en el capítulo celebrado en Jauja en 1607. Falleció en Cuzco el 23 de julio de 1620.

    Las crónicas recogen noticias sobre ciertos fenómenos sobrenaturales acaecidos en los días siguientes a su muerte:

    “A los cinco días de su tránsito saltó la puerta y tapia de la bóveda en que fue sepultado; volvieron a sacar el cuerpo, y lo tuvieron con gran concurso de la ciudad hasta el 30 de julio y octavo de su muerte en que el señor obispo don Lorenzo Pérez de Grado celebró su funeral y exequias con asistencia de ambos cabildos y el clero”.

    De su necrológica extraemos la siguiente información:

    “Primer Provincial en la provincia de las Charcas, en el Perú, gran Ministro de el Evangelio, Varón Apostólico, Docto y Santo, hijo también de la Religión de San Francisco, y que ha obrado Dios por su intercesión muchos milagros”.

     Pedacitos del hábito que vistiera, convertidos en reliquias, se distribuyeron por dondequiera, utilizados para implorar su auxilio y favor. Se le atribuyen varios casos de sanación prodigiosa, juzgados como milagros.

   
     Más conocidos son los hechos en torno a la vida y muerte del franciscano tercero “Hermano Pedro de la Concepción” (Beato Garrido) que accede al martirologio cristiano el año de 1667, en su propósito de extender su fe entre la población musulmana de Argel y pasado por la hoguera al no querer renegar de la suya.

     A este otro franciscano de Porcuna, en el que nos vamos a detener, no le adorna precisamente ni el martirio ni la santidad. Su heroicidad o flaqueza, estaba más cerca del orden humano que del divino. Conocemos de sus andanzas gracias a un manuscrito del Archivo Histórico Nacional (Consejo de Inquisición).


    El 13 de julio de 1780 ingresaba en las cárceles secretas del Santo Oficio del Arzobispado de Lima, en calidad de recluso a ración de pobre, Fray Francisco Bueno, natural de la villa de Porcuna, obispado de Jaén, en el reino de Andalucía, de edad 40 años, religioso presbítero profeso de la orden de San Francisco de la Provincia de Granada.
     Se hallaba destinado como misionero apostólico, en el Colegio de Santa Rosa de Ocopa, en el valle de Jauja, al E. de Lima, y tendría que enfrentarse a un enojoso proceso, al ser acusado por varias mujeres de “abuso de confesionario”.



     Cierta “pasión desordenada”, de la que había dado ya muestras en solar hispano, concretamente,  en el reino de Jaén, del que era natural y donde desempeñara las funciones propias de su oficio hasta partir para América, fue, por lo visto, la que le puso delante de aquel terrible Tribunal.
     Sabemos de una primera causa en su contra, instruida y sentenciada  en Córdoba:

    “Causa de 8 noviembre de 1879 del Santo Oficio de la Inquisición de la ciudad de Córdoba, por delitos de solicitante y mala doctrina contra Fray Francisco Bueno, de la observancia de San Francisco, misionero apostólico que fue del Colegio de San Buenaventura de la ciudad de Baeza”.

     La explicación a ese “delito de solicitante y mala doctrina”, la encontramos en la propia declaración del encausado durante el segundo proceso. Preguntado por la causa de su prisión dijo:

   “ Que no lo sabía, aunque presumía podría ser porque estando sentado en el confesionario del colegio de Baeza, por estar las rejillas estrechas, acostumbraban las mujeres a asirse a ellas durante la confesión, y que por casualidad y también por intento les tocaba las manos, y que eso ocurriría unas veinte veces, las que se llamaban Josefa e Isabel, e ignoraba sus apellidos;  que en lugar de Cambil del mismo obispado, haber dicho a sus confesadas: “las que son así como ustedes (aludiendo a su hermosura) deben portarse con muy recato”. Que en ese mismo lugar en el mes de abril de 1778 acarició la cara a una mujer cuyo nombre y apellido no sabía, que también le dio un ósculo en la casa donde moraba, que a los dos o tres días fue ésta a confesarse con él y la preguntó en la confesión si cuando la osculó y besó en la cara había consentido, y respondiéndole que si, siguió con la confesión y la absolvió sin que pasase otra cosa”.
   “Que en el propio lugar, dos mujeres hermanas, nombradas Bernabela y Manuela, cuyos apellidos no sabía, estando confesándose con él, para quitarles el rubor que traían, durante la confesión les tocó con el dedo las caras por la rejilla del confesionario y sería una vez a cada una”.

     Suponemos que a consecuencia de este primer encuentro con la justicia inquisitorial, se le condenara o instara a tomar tierra de por medio.
     Al poco, circunstancias parecidas volvieron a reproducirse al otro lado del charco. Son numerosos los testimonios en su contra, tanto de oriundas españolas, cholas o indias, entre las que sembró la inquietud durante sus recorridos evangelizadores y cuyas denuncias son las que le vuelven a situar delante de un Tribunal del Santo Oficio.

      Seleccionaremos los más significativos:

     “María Bernales (alias) Axarra, española, casada, natural y vecina del pueblo de la Concepción, de edad de 20 años, dijo: que el Domingo de Ramos estando en la iglesia del pueblo de Huasaguasi, confesándose con el padre Fray Francisco Bueno, la preguntó si tenía donde dormir aquella noche, y respondiéndole que no, le dijo que fuese a la casa donde él estaba y le daría cama y una reliquia; que en efecto le dio una cintita y una algodón de cierto santuario, y que durmiendo en esta casa fue tres o cuatro veces a su cama, y le tocó la cara, diciéndole que fuera honesta y callada, y que por la mañana volvió otra vez a tocarle la cara y que el padre estaba en su entero juicio; que pasados algunos días la envió recado, con una mujer, diciéndola que se fuera a confesar con él y no con otro; y que no habiendo querido ir la dio quejas, y que sabía que otras mujeres que se confesaban con él no volvieron a su confesionario, aunque ignoraba las causas”.

Iglesia y Convento de Santa Rosa de Ocopa (Charles Wiener 1880)

      “María del Rosario, oriunda española, doncella, natural de pueblo de Atunfaufa, de algo más de dieciocho años, dijo: estando para confesarse en la Iglesia del Colegio, reparó que Fray Francisco la miró dos o tres veces, por lo que tuvo miedo de confesarse con él, y que no lo hubiera ejecutado de no estar ocupado el otro confesor. Que acabada la confesión le dijo que le besara la mano, que abrió la puertecilla del confesionario y arrodillada a sus pies se la besó y el llevó el dedo a su boca, sobre sus labios, y añadió que tocando a las veces que la miró sólo recordaba claramente que al empezar la confesión éste le dijo, sonsa, ¿A dónde has ido? ¿Entendiste que no había de volver?”

       Se le atribuye también, que en otra ocasión, dirigiéndose a una de estas mujeres, dijo: ¿Te parece que cuando estoy en el confesionario o diciendo misa dejo de verte?, pues te engañas, porque yo todo lo miro. Consciente de su imprudencia, advertiría a ésta para que no se lo dijera a nadie “por lo mucho que perdería”. Estos últimos extremos, que parecen algo más comprometedores, los negaría en un primer momento, pero ante todo un caudal de testimonios (22), de mujeres jóvenes en su mayoría, que reincidirían en esa debilidad humana mostrada por el fraile confesor, inapropiada para alguien que, libre o condicionadamente, había optado por hacer vida clerical, terminaría por confesar la verdad. Después de manifestar que los ósculos y tocamientos de cara “obedecían a afecto paternal, como también lo entendían ellas, pues preguntadas por él si formaban de ello escrúpulos, le respondían  que no”, se vería obligado a mostrar arrepentimiento, implorar la misericordia del Santo Oficio, y manifestarse dispuesto a recibir, con humildad y paciencia, las penitencias que se le impusieran.

      Declaró:
    “Que no era hereje, ni apóstata, pues jamás se le ocurrió ir contra la doctrina que la iglesia enseña, y si delinquió fue por flaqueza, que su confesión había sido sincera demostrando su arrepentimiento, que no había solicitado de palabra a ninguna mujer, que debía velar por su pasión desordenada, y que no dudaba de la mala nota que había contraído por sus excesos”.



     El Tribunal del Santo Oficio, reunido a puerta cerrada en Sala de Audiencia, resolvió finalmente declararle “absuelto ad cautelam”,  siendo reprendido y advertido del grave error cometido, privado perpetuamente de confesar hombres y mujeres, de celebrar por espacio de seis meses, y de voz activa y pasiva por octubre de 1780. 
     Como no estoy muy versado en derecho penal y menos aun del emanado de este Santo Tribunal, el latinajo imagino que querrá decir “con cautela” (en observación) y la privación última, vendría a ser una especie de aislamiento temporal, durante el que se vería privado de hacer uso de pico y oído.


FUENTES UTILIZADAS

  • “Proceso de fe de Fray Francisco Bueno” Archivo Histórico Nacional - Consejo de Inquisición: INQUISICIÓN, 1649, EXP. 22 (pares.mcu.es)
  • El detalle donde aparecen las poblaciones del valle del Jauja, en la que sehallaba enclavada la misión franciscana en la que laborara y confesionara Fray Francisco Bueno, pertenece al mapa del “Plan del curso de los Ríos Huallaga y Ucayali y de la pampa del Sacramento” levantado por el P. Fr Manuel Sobreviela, Guardián del Colegio de Ocopa, publicado en 1791 (Biblioteca Nacional de Francia).


  • Las noticias sobre Fray Benito de Huertas, obtenidas mediante la vista total o parcial que ofrece google book, proceden de dos fuentes base: “Catalogo de los obispos de las iglesias catedrales de la Diócesis de Jaén y anales eclesiásticos de este obispado” de Martín de Jimena Jurado (1654) y la “Crónica franciscana de las provincias del Perú” de Fray Diego de Córdoba, impresa en Lima en 1650.


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