Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

07 enero 2011

VIDAS PARALELAS

Maria Antonia Vallejo Fernández (Motril 1750-Madrid 1787)

UN ANTES


   No se tienen noticias de su infancia. De muy joven marchó a Cádiz, cantera de artistas de la época. Al parecer salió de Motril con una compañía de cómicos ambulantes.
   Se presentó en la corte hacia 1776, entrando ese mismo año como sobresaliente de música en la compañía de Manuel Martínez. Pronto se le empieza a conocer por Mariquilla “la Caramba”, nombre artístico que le viene por el estribillo repetitivo y picante de una de sus primeras famosas tonadillas: Usted quiere… ¡Caramba! ¡Caramba!
   Mariquilla o Maria Antonia Fernández “La Caramba” se adueño del público, mas por su belleza extraordinaria y desenvoltura excesiva en la escena que por su arte. Se especializó en tonadillas y sainetes. Los teatros donde actuaba quedaban pequeños para alojar el numeroso gentío, que atraído por su gracia y encanto, acudía a verla.
   Alejo Carpentier la califica como “la más garrida tonadillera de la época y la primera, que en las tonadillas de moda impone una personalidad de interprete, un garbo, un duende, que hacen de sus coplas algo que se desprende del conjunto, para cobrar vida propia” y la considera, en cierto modo, “como la creadora del cuplé” (Genealogía del cuplé. El Nacional, Caracas, 31 de mayo de 1952).
   “El catalán y la buñolera”, “La gitana del zorongo”, “El chasco del ratón” , “El sacristán y la viuda” o "El majo y la italiana fingida", eran sainetes cantados compuestos para ella, tatareados por el pueblo en aquel Madrid de Carlos III, en el que las ideas de la Ilustración empezaban a hacerse un hueco, cuando la comedia, que había sido denostada y casi prohibida por la intransigencia religiosa, empieza su resurgir.

Música manuscrita (Blas de Laserna)
Tonadilla a duo que la cantaron La Caramba y Garrido
La partitura completa en BDH (BNE)


   Con el tiempo se convirtió en un mito. Los hombres la adoraban, y las mujeres imitaban sus atuendos, sus joyas y sus adornos. En cierta ocasión apareció en el teatro con un tocado que consistía en un ariscado e insinuante lazo de mas de seis varas de cinta de colores; las madrileñas rápidamente la imitaron, incluso le pusieron el nombre de su bravía y descocada inventora “caramba”.
   Fue este adorno tan copiado por las majas como por las damas de la aristocracia, lo que produjo la crítica de clérigos y de los sectores más reaccionarios de la sociedad. Muchas escopetadas señoras, cual la Condesa del Carpio (La Solana) y otras, lo llevarán bajo los pliegues de su mantilla, aunque fuese de menor tamaño.

La Solana (Francisco de Goya)


UN DESPUES

   En plena gloria, tal vez arrepentida de sus veleidades y de su vida disipada, sufrió una crisis mística o periodo de devoción intenso, que le haría terminar la vida en olor de santidad.
   Una tragedia amorosa, según algunos, o las exhortaciones de un fraile al que oyó predicar casualmente una tarde, en que una tormenta le hizo refugiarse en la iglesia del convento de capuchinos de San Francisco del Prado, motivó su conversión. A partir de entonces se despojó de sus galas y atavíos, y vistiendo sólo sayales y cilicios, llevó en adelante vida de mortificación y penitencia, para morir al cabo de un año. Sólo tenía treinta y seis años.

Sencillo traje de beata, macilento rostro,
actitud compungida y el aspecto inconfundible de una ruina corporal.

   Sobre sus aventuras y conversión es mucho lo que se ha escrito, mezclandose verdades, medias verdades y falsedades, donde se enmaraña lo falso con lo cierto, la historia con la ficción. Su rocambolesca historia se recordó en tonadillas, romances y canciones de ciego. Se han ocupado de ella literatos como Serafín Estébanez Calderón (Escenas andaluzas) o Juan Valera (El último pecado). Inspiró al libretista de zarzuela Luís Fernández Ardavín que con música de Federico Moreno Torroba estrenó en 1942 una zarzuela titulada “La Caramba”, posteriormente llevada al cine e interpretada por Antoñita Colomé.
   Para quien pueda mostrarse interesado en detalles de su biografía, aporto un enlace con un resumen del libro de la granadina Antonina Rodrigo “Maria Antonia La Caramba. El genio de la tonadilla en el Madrid Goyesco”. Ediciones Albaida, 1992.


Narcisa Maria Carísomo Mariño (Cádiz 1745- Castro del Río 1813).

UN ANTES

Catedral de Cádiz

  “Educada en la modestia, la honestidad, el pudor, la decencia, y las otras virtudes que tanto realzan y hermosean a las de su sexo. Adoptó en la edad juvenil un método de vida juicioso, ocupada en sus rezos, las labores caseras, y en coser y bordar, que lo hacía primorosamente. La Narcisita era devota sin ser gazmoña, y la doncella más cabal, apuesta y apreciable que hubo en sus días en Cádiz.

   La prematura muerte de su padre, mayordomo del marqués de Pedroso, dejó a la familia en las puertas de la indigencia. La viuda quedó con tres niñas, siendo Narcisa la de mayor edad, empleándose todas en el trabajo que se procuraban con la labor de sus manos.



   La desaparición del padre, supondría un punto de inflexión en la vida de esta virtuosa joven. Le acechaba el pecado. Expuesta su hermosura al trato con las personas a las que confeccionaba ropa, terminaría por convertirse en objeto de deseo de uno de sus clientes:

   “Por mucho tiempo resistió a los fortísimos, bruscos y dulces ataques de todo el infierno armado y de su pervertidor; y estrechando el riguroso sitio los halagos, los ruegos, los comprometimientos, las promesas, y aun acaso las dádivas y otras mil baterías, como que parecía que todo el abismo del consumo se había reunido para esta criminal conquista. Mucho costó el rendirla; pero al cabo se rindió, y después de allanar la fortaleza, se llevo el triunfador como prisioneras la entereza, la vergüenza, el recato y el honor".

  Hasta aquí el resumen de la primera etapa de la vida de esta gaditana, tomado del libro escrito por Nicolás María de Cambiaso y Verdes, publicado en 1829: “Memorias para la biografía y la bibliografía de la Isla de Cádiz”.

UN DESPUES

Portada exconvento de dominicas de Castro del Río

   La oveja descarriada, dando pruebas de su arrepentimiento, mostró inclinación por el estado regular. Por mediación del misionero capuchino Fray Francisco de Castro se cumplirían sus deseos, siendo admitida en el monasterio de dominicas descalzas de Scala Coeli de Castro del Río (Córdoba), en el que ingresa el 18 de octubre de 1774, siendo su nombre en la religión el de Sor Narcisa de la Concepción.

   A esta monja esta dedicado el libro, ya referido en una entrada anterior, que escribió don Miguel Rodríguez Carretero bajo el título de "Resumen histórico de la vida de la venerable madre Sor Narcisa María de la Concepción, religiosa descalza del sagrado orden de Santo Domingo, del convento de Jesús María de Scala Coeli de la villa de Castro del Río, Reyno de Córdoba". En él se cuentan varias de sus profecías, revelaciones y otras virtudes y prodigios.
   A esa milagrería o misticismo, tal vez, obedezca el expediente sobre la calificación de su vida, hecho por la Inquisición en Córdoba entre 1815 y 1818, que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, junto al citado libro, a disposición de quien quiera adentrarse en la vida y milagros de esta dominica gaditana.


EN PARALELO

   Como habrán podido apreciar existe cierto paralelismo en la vida de estas dos mujeres andaluzas del siglo XVIII, prácticamente coetáneas. Hasta es posible que Narcisita, en su etapa de vida airada y pecaminosa en su Cádiz natal, llegara a ver a Maria Antonia sobre los escenarios de aquella cosmopolita y comercial ciudad.
   En sendas apuestas finales por el misticismo, tuvo algo que ver el misionero capuchino Fray Diego José de Cádiz, confesor de ambas.



   Su relación con Maria Antonia " La Caramba" fue breve, debido a su rápido deterioro disciplinante y al ruinoso estado físico que le ocasionó su rigurosa conversión. Unas famosas estampitas, que se distribuyeron con profusión tras su muerte, responden al claro propósito propagandístico de este famoso misionero, con el tiempo Beato, de propagar el triunfo de la fe en una época en que los aires renovadores del Enciclopedismo y de la Ilustración habían traído cierta "relajación en las costumbres". Acérrimo enemigo de estas corrientes y especialmente del teatro, supo utilizar la prodigiosa conversión de La Caramba en favor de su cruzada.


   El arrepentimiento de Narcisita (con el tiempo Sor Narcisa), por paisanaje, la conoció muy de cerca el Padre Cádiz. Al también fogoso y combativo predicador Fr. Francisco de Castro se le atribuye la conversión de la mencionada joven, cuando asistía a uno de sus sermones en la concurrida Plaza de San Juan de Dios de la capital gaditana. De hecho recala en el Convento de Castro del Río recomendada por este capuchino castreño, compañero del Padre Cádiz en sus primeras incursiones con la Santa Misión por tierras gaditanas.
   Ambos mantendrían un estrecho contacto como directores espirituales de esta joven gaditana.
   Durante su año de noviciado ya tuvo que ser advertida para que moderase el rigor con que se trataba. Tras profesar, y después de haber desempeñado los cargos de sacristana, cocinera, enfermera y procuradora, en 1785 la eligieron por primera vez priora, cargo al que renunció, en un principio, por no sentirse digna para tal desempeño por su pasado. Terminaría acatando la voluntad divina, como así se lo hizo saber por carta a su paisano y amigo Fray Diego José de Cádiz.

   El 10 de noviembre de 1799 hizo escala en Castro del Río la misión de Fray Diego José de Cádiz, que se alojará en el convento de Ntra. Sra. Del Carmen. Al día siguiente visitó a la venerable Sor Narcisa “que tanto deseaba conocer por la opinión de su virtud. Fueron más de dos horas las que estuvieron en el confesionario aquellas privilegiadas criaturas que tanto honran a la iglesia gaditana”.


   Durante aquellos tres días de estancia entre los castreños, visitó el Hospital de Jesús Nazareno, bendijo una nueva capilla en el templo parroquial, se acercó hasta el beaterio de niñas educandas de San Acisclo y Santa Victoria. En la tarde del día 11 participa en un rosario multitudinario que recorre las calles de la población, predicando a los vecinos la santa misión. Al día siguiente, celebra misa a las cuatro de la mañana en el convento de Jesús Maria de Scala Coeli y tres horas después abandona Castro del Río en dirección a Cabra.

   Su primer biógrafo y compañero de orden, Fray Serafín de Hardales, nos relata un acontecimiento fabuloso y sobrenatural (milagro) acaecido durante su misión en Castro del Río:

“Se hallaba nuestro venerable en la villa de Castro del Río, y acabando de decir misa en el convento de religiosas que allí hay, se le acerco un vecino de aquel pueblo llamado Antonio García, Criado, pidiéndole por fe le dixese un evangelio con el fin de conseguir alivio en la enfermedad de erisipela, que por espacio de siete años continuos padecía, con tal vehemencia, que en dicho tiempo no había tenido tres días buenos, y en la actualidad de acercarse al padre no le veía. Pero acabado de decir el evangelio, pasándole la mano por la cara, quedó tan perfectamente bueno, que vuelto a su casa se asombraron, y desde entonces no ha vuelto a padecer tal accidente como así lo asegura y jura”.

   Para relatar la misión del Padre Cádiz en Castro del Río, me he valido de un artículo publicado por Juan Aranda Doncel en la Revista de Feria del año 1993. El grueso de la información sobre Sor Narcisa, corresponde al libro, ya citado, de Nicolás Maria de Cambiaso.
   El artículo que éste le dedica a Sor Narcisa debe estar sacado, a su vez, de la biografía de Fray Miguel Rodríguez Carretero.
   Como todavía no he podido acceder a la misma, y para satisfacer la curiosidad de los interesados en ella, en una próxima entrada alojaré el total de páginas, o parte, del trabajo de Cambiaso, donde se da cuenta de su humildad, abnegación, sacrificios, disciplinas y penitencias.

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