Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

22 abril 2011

La soldadesca de la cofradía de Jesús Nazareno de Porcuna.


   La proliferación de entradas en este blog relacionadas con el movimiento obrero libertario, la masonería, partidos políticos de izquierda, etc... fruto de cierta cojera que padezco en esa misma pata, que a veces contrarresto con un calzo que me ayuda a equilibrarme, evidencian mi firme condición  y convicción de ateo o agnóstico, o como queramos llamarle. No me gusta lo de apóstata (suena como a sí tuviera uno problemas para mear), ya que de hecho sigo siendo católico, pues fui bautizado en la religión, hice la primera comunión vestido con un  ostentoso traje de Caballerero de la Orden de Santiago adornado con hombreras y cordones dorados, aunque me libré de la posterior confirmación.
   Habrá quien se extrañe de mi repentino interés por la Semana Santa por las tres entradas consecutivas. 
   En  nuestro solar patrio por su tradicional carácter católico y confesional han proliferado a lo largo de los tiempos numerosas manifestaciones externas de culto en torno a advocaciones marianas u otros santos de la fe. Un lugar principal desde el siglo XVI, en que nacen las cofradías penitenciales, hasta nuestros días lo ocupan las tradicionales celebraciones de Semana Santa, que cada cual vive como sabe, quiere o puede.
   A mí particularmente la Semana Santa me atrae desde el punto de vista artístico, folklórico, sociológico o antropológico, valorando positivamente la pervivencia de determinadas tradiciones populares (caso de la de Castro del Río, cuya admiración por ella queda patente en entradas e ilustraciones anteriores).
   Desdichadamente no es el caso de la de Porcuna, consolidada con cierta pujanza durante los últimos tiempos, pero que prácticamente carece de raíces que la entronquen con los tiempos pretéritos.
   Poniendo orden entre mis papeles me he reencontrado con un artículo de Manuel Heredia Espinosa correspondiente a la revista de feria del año 1963, dedicado a la singular Soldadesca de la Cofradía de Jesús Nazareno desaparecida durante la Republica y que ya no se retomó en la postguerra, entre otras cosas porque a la citada cofradía le costó bastante tiempo reorganizarse. Termina su artículo Manuel Heredia con estas palabras:

   “No nos hagamos ilusiones de que vuelva a rehacerse esta escuadra; porque primero habría que empezar por constituir canónicamente La Hermandad principal que casi no existe y no por falta de principios católicos entre los vecinos, sino por una desidia que se va apoderando del fervor cofradiero de antaño, dejándolo todo a la improvisación y no a una labor continuada durante todo el año”.

   Esa desidia a la que se hace referencia se prolongó durante bastantes años. Quiero recordar, sería en torno a 1975, ante la dificultad para encontrar a personas que quisieran introducirse (previo pago) dentro del carro para empujar a la imagen de Jesús Nazareno, a algún lumbreras se le ocurrió instalar una especie de vehículo automovil en su interior, que emitía un ruido ensordecedor y dejaba un espectacular rastro de humo por su tubo de escape y un tufillo a derivado del petroleo, que paliaban, como buenamente podían, los monaguillos meciendo sus incensarios.

   Como el artículo sobre los “Soldados de Jesús” es bastante extenso me limitaré a organizar y estructurar su contenido transcribiendo lo estrictamente relacionado con ellos. Su autor se vale para su elaboración casi exclusivamente de la tradición oral y de unas fotografías antiguas que le sirven para describir su indumentaria. Su propósito queda claramente patente en su prólogo, y como casi medio siglo después creo que mantiene vigencia su trasfondo, me sumo a él con mi aporte mecanográfico para que la pujante nueva generación de jóvenes semanasanteros porcunenses aprendan a mirar a su pasado:

   “En estos tiempos de indiferencia conviene mostrar a la juventud el tesoro histórico de su patria chica y dejarle constancia en letras de molde de todo lo bueno y todo lo típico ocurrido en nuestro solar, ya desaparecido o en trance de desaparecer por desgracia”.

HERMANDAD




   “Muy Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Señor San Bartolomé fue la denominación que le impusiera el matrimonio fundador (finales del siglo XVI- principios del XVII), según hemos tenido ocasión de apreciar en unas citaciones a los hermanos, que hemos tenido ante nuestra vista, que están escritas a pluma. Aparte de la Fiesta de Regla del Domingo de Resurrección, la fiesta votiva de la Hermandad era o tenía lugar el 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz. La Hermandad estaba compuesta por personas de todas las clases sociales pero siempre predominó en ella el elemento pudiente y mucha nobleza. Aparte de los de los hermanos y cofrades que desfilaban en traje telar con cirio, existía una agrupación de unos setenta soldados uniformados a los que se les denominaba indistintamente: “Soldados de Jesús” o “Romanos de Jesús”, por llamarles de alguna manera, pues era tan peculiar su tocado, que el lego en la materia, produciría risa al verlos desfilar, pero no al porcunense de solera y amante de sus tradiciones, ya que su participación en las procesiones del 14 de septiembre, del Viernes Santo por la mañana en unión del Señor de la Humildad, San Juan de la Palma, La Verónica, la Magdalena, Nazareno y Virgen de las Amarguras, y por la tarde, con El Pelicano, San Juan Evangelista, Santísimo cristo de la Expiración, Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, constituía un verdadero rito, por el hábito de verlos actuar, año tras año, por su desenvolvimiento y ...por ser consustanciales con nuestra Semana Santa”.


LA IMAGEN TITULAR



   Tradicionalmente se le viene atribuyendo al famoso imaginero natural de Alcalá la Real, Juan Martínez Montañés, aunque no existe documentación fehaciente que lo certifique. Manuel Heredia (en adelante mi chacho) se la atribuye a su gubia, sobre la base de:

   “No hay mas que ver la paridad de fechas entre la fundación de la Hermandad y la de la plena actividad del imaginero comprovinciano y, sobre todo, no hay más que mirar alguna de las estampas que aún quedan de la imagen, para apreciar la joya que destruyera el fuego y la perfidia de los iconoclastas, la cual tiene el sello característico de las tallas salidas de sus manos”.

   En su Historia de Porcuna también refiere la existencia de familiares directos del imaginero en Porcuna, caso del  fraile agustino Hernando de Peralta Montañés, coetáneo del escultor, y  la proliferación de entronques familiares habidos entre la nobleza local con la de Alcalá la Real pertenecientes ambas a la Orden de Calatrava.  Son sus habituales elucubraciones que ensombrecen un poco el valor real de su obra histórica (recordemos que se trataba de un simple aficionado con formación humanística autodidacta y que en sus tiempos el acceso a la información era bastante mas complicado y laborioso que en la actualidad).

 INDUMENTARIA

·        Sombrero cordobés de ala ancha.
·        Chaquetilla corta de pana negra, con mangas de piel de cabritilla amarilla, con coderas de cuero negro. Camisa blanca y corbata negra.
·        Calzón corto, también de cabritilla amarilla y galón negro en la costura exterior y ceñido a la rodilla con unos cordones negros, terminados en borlas del mismo color, a semejanza de los machos de los toreros.
·        Una faja negra, medias y zapatos del mismo color y, sobre la escotadura de estos, una hebilla niquelada, sin charnela.

  En cuanto a los orígenes, a falta de documentación recurre una vez más a la conjetura, y la citada indumentaria, que no era coetánea a la fundación de la hermandad, la relaciona con la que utilizaron lasMilicias de Porcuna" cuando, en unión de las de Bujalance, Montoro, Antequera, Carmona y Cádiz y el resto de las fuerzas del General Castaños, llegadas desde Utrera y las de Reeding, desde Granada, formaron la totalidad del Ejercito del Sur que quedó constituido en la reunión preparatoria que los generales celebraron en la casa nº 4 de la calle Bailén (otra conjetura más) que tuvo como primer efecto derrotar a los franceses en la batalla de dicho nombre, primer jalón de nuestra independencia del poder gabacho”.

   Dejémoslo pues como simple hipótesis. Una tesis parecida se baraja sobre los orígenes de las también peculiares turbas de coliblancos y colinegros (que en un principio eran lanceros antes que tamborileros) que perviven en la afamada Semana Santa de la vecina ciudad cordobesa de Baena, que los relaciona con el botín de guerra obtenido por  milicianos locales, enrolados en un batallón de voluntarios constituido por fuerzas procedentes del sur de la provincia de Córdoba, que participaron en la victoriosa batalla de Bailen. El parecido de sus cascos con los que utilizaba la Guardia Republicana Francesa le da ciertos visos de verosimilitud.
   Lo cierto es que algunas transformaciones se producen en las celebraciones de la Semana Santa durante las primeras décadas del siglo XIX, tras cierto desmadre anterior poco acorde con el espíritu religioso de la fiesta. La incorporación de armados y soldadesca en muchas poblaciones por esa fecha en sus desfiles procesionales de Semana Santa pudiera guardar relación con esos intentos de poner orden (una simple conjetura mía).
   En el folleto repartido en la exposición itinerante sobre la Batalla de Bailén, de reciente paso por nuestra localidad, quiero recordar que aparecía una ilustración con la indumentaria de las Milicias de Jaén (especie de garrochistas) que guarda cierta similitud con la de nuestra desaparecida soldadesca. Como consecuencia de mi caótica organización papelera lo tengo extraviado. Si alguien fuera tan amable de remitirme escaneada esa imagen se lo agradecería enormemente.

ARMAMENTO

 


   “El armamento consistía en una pica o lanza y una escopeta de las llamadas de pistón. El Viernes Santo sacaban solamente las lanzas y ambas cosas el día de Jesús. Tanto en una procesión como en otra era regulado el paso de la escuadra por el redoble de cuatro tambores.
   Las lanzas o picas, constituidas por un palo largo pintado en negro, de unos dos metros, que iba embutido en una pica de hierro con una cruceta en forma de hacha por un extremo y puntiaguda por el otro, según tendrán ocasión de ver los lectores en las fotografías que acompañan a este trabajo, portándolas enhiestas en la procesión de la mañana y arrastrándolas en la de la noche, cuando acompañaban al Santo Sepulcro.
    La víspera de Jesús, cuando los tamborileros anunciaban la Fiesta del día 14, solían disparar sus escopetas al aire en señal de júbilo y lo propio hacían durante el recorrido de la procesión, de dicho día, pero en vista de que aquello constituía un peligro no sólo para las macetas que adornaban los balcones del trayecto sino para las mismas personas que presenciaban desde los mismos el paso del cortejo, se prohibió esta espaciada función de fuegos de artificio, salida de aquellas escopetas cargadas por la boca con papeles y con estopa.
    Durante la Bendición de Nuestro Padre Jesús Nazareno en el Paseo de su nombre, en la noche del 14 de septiembre de cada año, también solían despacharse a su gusto los soldados, disparando sus escopetas al aire, en medio de desgarrados vivas a la Imagen y de las emocionales notas de la Marcha Real".
    La tradición de las salvas con escopeta pervive en el vecino pueblo de Lopera (famoso por su antigua producción de melón y por su vino cabezón) asociada a la festividad de Los Cristos en el mes de Agosto.



COMPOSICIÓN


   La escuadra estaba constituida en su mayoría por jornaleros-hermanos y , aunque habrá que silenciar los nombres de la mayoría de ellos, en honor a la brevedad, señalaremos como más significados y entusiastas a los hermanos Fernando y Eduardo González Heredia, mas conocidos por los hijos de “Juana la Uva”, que fueron Alcaldes de la Hermandad de Soldados, cargo cuyo atributo ostensible era el uso de una vara con borlas negras, ocupando en el cortejo la parte central y final de la formación, acompañado de dos soldados con su atuendo y armas. Otros soldados fueron: Rueda “el del camino alto”; Marcelo “el caminero” y dos de sus hijos; Antonio Casado Moreno “pies de plata”; Ricarte, padre e hijo; Luís Quero, “Mama Roscas”, Manuel el maestro del molino de don Luís “El Chato” (Luís Aguilera y Coca); Antonio “el nene”; Aguilera el aperador de don Manuel Funes y el Padre de la Pica (famosa saetera local).
   Los cargos principales eran los de Alcalde y Regidor. Antonio Casado Flores, mas conocido como “Escopeta el Pescaero” fue el último en regir sus destinos, con todo celo y entusiasmo, siendo también hermano Mayor de Luz en alguna ocasión.


EN LA SEMANA SANTA

 

Carrera de Jesús (sobre 1930)

   El Jueves Santo velaban durante toda la noche al Santísimo en la Iglesia de Jesús, piquetes de soldados en un continuo relevo. Una vez que el Clero y el Ayuntamiento terminaban de visitar los Sagrarios por todos los templos de la población en los que se había instalado Monumento, comenzaban los soldados y sus mandos a hacer lo propio, menester que era conocido en Porcuna con la denominación vulgar de “Andar las Estaciones”.
   La ermita de San Marcos, si bien no era visitada por la escuadra, por encontrarse extramuros de la ciudad, como quiera que se dominaba su emplazamiento desde el Ejido de San Benito, cuando los soldados llegaban a las proximidades del templo donde se venera al Santo Patrón de la ciudad, rezaban desde aquel lugar la Estación como si de San Marcos se tratara. Llevaba la dirección de los rezos el hermano coconido por Marcelo “el caminero”, que así lo hacía en todas las iglesias. Resultaba curioso escuchar el repiqueteo de las lanzas sobre el suelo, tanto al hincarse de rodillas como al levantarse, lo que realizaban al unísono.
   Durante el recorrido de las Iglesias, el soldado-hermano conocido por Pedregal, tocado de su atuendo, cantaba saetas a los Pasos, preparados en las mismas, constituyendo las improvisadas y sencillas letras una expresión sincera del catolicismo del pueblo y, en especial de la escuadra.
   Asistía también al Teatro del Descendimiento o Desenclavamiento, en unión de los también soldados de la Muy Ilustre Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Entierro de Cristo, cobrando por ello cada escuadra la cantidad de setenta reales que pagaba el Alférez de dicha Cofradía, según lo previsto en el artículo quinto de sus Constituciones.

Interior de la Iglesia de San Benito (Fototeca U. Sevilla)

   La fotografía que antecede fue realizada por el Catedrático de Historia del Arte Diego Angulo Iñiguez en una de sus numerosas excursiones por tierras andaluzas con anterioridad a la guerra civil. Por lo tanto el Crucificado que aparece a la derecha de la fotografía, bien pudiera tratarse del desaparecido que se utilizaba para el Teatro del Descendimiento.
   Este emotivo acto se celebraba el Viernes Santo por la tarde en la entonces llamada Plaza de las Herrerías, que no es otra que la actual de San Benito, en la que se colocaba un púlpito adosado a la pared del templo. Próximo a este se colocaba el paso del Crucificado y seis Soldados de Jesús y otros tantos de la hermandad de la Soledad que le daban escolta, cubriéndose el Cristo con un velo de tafetán negro, hasta que se daba la voz se su rompimiento, haciéndole bajar de un tirón y quedando la imagen al descubierto.



   Durante la procesión del Santo Entierro portaban los Soldados de Jesús seis banderas negras y en medio de las mismas iban dos soldados con escopeta a la funerala, conduciendo al Bueno y al Mal Ladrón, tocados estos con túnica y pena negra.
   Finalizada la procesión era curioso ver “batir las banderas, a los seis portadores de las mismas y a otros voluntarios en un alarde de reto, de habilidad y arabismo.
   Uno de los detalles mas emotivos de los que eran testigos mudos y coparticipes de grado, consistía en la obligación que tenían de acompañar por parejas a los penitentes que tenían promesa de recorrer de rodillas el trayecto que separaba alguna de las iglesias de la localidad y la de Jesús Nazareno, durante los días del Jueves y Viernes Santo. Estos penitentes solían llevar la cara cubierta y los pies descalzos y sólo los soldados conocían su identidad, toda vez que tenían la obligación de ir a recogerlos a su domicilio.


EN EL DÍA DE JESUS

 

Actual imagen del Nazareno impartiendo la Bendición

   Con anterioridad a la Fiesta de Jesús, ya había sido elegido el Hermano Mayor de Cera y el Alcalde y Regidor de los soldados. Una vez terminada la procesión del 14 de septiembre por la noche, marchaba la escuadra a la Plaza de la Villa acompañando al Ayuntamiento y al señor Cura Párroco, donde los hermanos mayores de Cera y los Soldados salientes se hacían traspaso a los entrantes de las insignias de sus cargos, haciéndose la entrega en plena plaza y a la vista de todos, soliendo ser interrumpido por las voces de todo el pueblo que pedía al Ayuntamiento la celebración de las tradicionales capeas, con el sonsonete de “toros..toros…”
   Al día siguiente celebraban los soldados la Fiesta de Regla y al terminar esta comenzaban a desfilar por las calles de la población para efectuar los tradicionales “Pesos” a cambio de trigo, en cuyo menester les acompañaba la Banda Municipal de Música. Delante del cortejo iban dos postulantes que recogían las limosnas de los transeúntes y de los vecinos que se asomaban a sus puertas, en sendos pañuelos anudados por los picos, amén del postulante oficial que lo hacía también los días de Fiesta, el ya mencionado Marcelo “el caminero”, que en lugar de pañuelo llevaba una bandeja honda con una imagen de Jesús en tamaño pequeño en el centro de la misma.
   “Los Pesos” se hacían entre los devotos de Jesús Nazareno, canjeados por kilogramos de trigo, que regalaban a la Hermandad para su sostenimiento y boato, como agradecimiento a su titular por las mercedes recibidas a lo largo del año.
   A tal efecto, iban provistos de un palo consistente, una romana y un recio tablero de madera de forma cuadrada, de cuyos cuatro ángulos salían cuatro fuertes cuerdas que se unían en su parte superior, formando un ojal en el que se prendía el gancho de la romana y que era donde se sentaba el devoto para su peso. Efectuado este, se recogía el cereal en costales que llevaban los soldados, para sus traslado al lugar designado para su almacenamiento o venta.


   El sistema de “Los Pesos” para recaudar fondos para las hermandades y cofradías, llego a estas muy extendido por nuestra geografía nacional. Son todavía numerosos los lugares donde pervive. El ejemplo más cercano lo tenemos en nuestra vecina localidad de Arjona, asociado a la Hermandad de los Santos Mártires Bonoso y Maximiano (Fiesta Santos), donde se conserva la costumbre asociada a otros ritos ancestrales.



OTROS USOS Y COSTUMBRES

LOS ENTIERROS

   Cuando fallecía un hermano-soldado, se le amortajaba con su propio traje de uniforme y acompañaban al entierro cuatro soldados vestidos de la misma guisa, iniciando el cortejo fúnebre las dos banderas de color de la Cofradía. A la puerta del cementerio se destapaba el ataúd y se rezaba un padre Nuestro por el difunto
   El Padre de la Pica, cuando ya vio cerca su última hora, pidió a sus familiares con toda devoción e insistencia que lo amortajaran con el traje de soldado según tenia la hermandad por costumbre. Este es el motivo por el que no hemos podido encontrar ninguno de estos que hubiera servido como pieza de museo.
   Menos mal que un porcunense de pura cepa ha tenido la precaución de guardar los clisés de unas fotografías que hiciera a dicha escuadra, que son las que ilustran el trabajo.

LOS BAILES DE HERMANDAD


   Tanto en las festividades de septiembre como el día 3 de mayo (Día de la Cruz) celebraban bailes los soldados y familiares en la llamada Casa de las Mulas, sita frente al antiguo cuartel de la Guardia Civil en la calle de los Gallos, amenizando dicho baile una reducida orquesta de cuerda formada por una guitarra y una bandurria.
   Como su vestuario no era demasiado suntuoso y requeriría de poco dinero para su mantenimiento, los ingresos generados por las cuotas de los hermanos soldados, unidos a los obtenidos por su participación en los desfiles procesionales y otros actos que mi chacho nos ha ido desgranando con todo lujo de detalles, serian destinados a esos días de convivencia lúdico-festivos.

EPILOGO: UNA OPINION PERSONAL

   Esa presunta arraigada devoción entre los integrantes de la soldadesca que nos apunta mi chacho, a veces iba algo más allá de lo estrictamente religioso. En nuestra Andalucía, el vino es compañero inseparable de cualquier celebración festiva, y en aquellas Semanas Santas, en las que los establecimientos encargados del despacho de bebidas permanecían cerrados por respeto al carácter solemne de la misma, el vino y el bacalao frito no faltaban en las casas y portales de la carrera oficial. Una anécdota relacionada con la soldadesca es la que me refirió en vida mi propio tío, que por motivos obvios no se incluye en este trabajo. Como afortunadamente la moral ha evolucionado considerablemente desde entonces me veo legitimado para contarla ahora:

   Una terna de soldados, tras abusar de los caldos durante la procesión del Viernes Santo por la mañana, se envalentonaron tomando un taxi en dirección a Córdoba la llana vestidos con su pintoresca y llamativa indumentaria. Su destino, una de las muchas casas de lenocinio de la capital cordobesa. Por su discreto vestuario y sus altisonantes voces aliñadas, fueron inmediatamente reducidos por la fuerza pública, frustrándose sus proyectos libidinosos y pasando a los calabozos de la comisaría hasta que pelaron la media cogorza.

   Otro aspecto que no se aborda con detenimiento, también por razones obvias, habida cuenta de su evidente inclinación de pata, es la manera en que los conflictos sociales propios del periodo republicano y la posterior guerra civil afectaron a esos soldados- hermanos de reconocido origen humilde y proletario en su mayoría. Aporta nombres y apellidos y apodos de algunos de ellos, pero me da la impresión de que omite voluntariamente a otros. Es posible que bastantes de ellos participaran del espíritu religioso a su manera, otros pertenecieran, utilizando terminología de la época, a esa categoría de seres humanos calificados como paniaguados o estómagos agradecidos, aunque lógicamente, otros muchos por simple conciencia de clase simpatizarían con los sindicatos y partidos políticos de la izquierda porcunense.

  Supongo que aquí podría estar la clave de su definitiva desaparición. Con un cruento e incívico periodo de años de por medio, no creo que todos los integrantes de la soldadesca fueran amortajados con su peculiar indumentaria. Quizá sea ya demasiado tarde para averiguarlo.

Cuerpo de monaguillos de la Virgen de los Dolores (Porcuna)

   Como asiduo seguidor de los noticiarios locales que generosamente Jalón nos proporciona a través de su página, en los meses previos a las actuales fiestas leía una noticia sobre el propósito de la Cofradía del Santo Entierro de incorporar para el desfile procesional del presente año, niños monaguillos delante de algunos de sus pasos: “Con esta iniciativa se pretende hacer “cantera” dentro de la Hermandad además de ofrecer una bella imagen como ocurre en otras muchas procesiones dentro de nuestra geografía andaluza.” . Otro modismo más de importación para el que nuestra Semana Santa se muestra receptiva.
   No considero utópico ni inviable recuperar ese tipismo local de los Soldados de Jesús tirando del empuje de las nuevas generaciones, tan volcadas hoy en esta fiesta. Casi tan fácil como lo del cuerpo de monaguillos. Solo haría falta un grupo de valientes soldados que secundaran la iniciativa. ¡Adelante los valientes!

  
   La mayoría del material gráfico que utilizo para ilustrar esta tomado del álbum de fotografías de “Porcuna en el recuerdo” de deporcuna.com, con el presumible beneplácito de su webmaster.

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