Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

08 noviembre 2010

Sociedad obrera "Amor al Trabajo" de Castro del Río (1905-1907).


   Habíamos dejado el desarrollo de la historia del movimiento obrero en Castro del Río (Córdoba) con la persecución y disolución de aquella primitiva sociedad denominada Luz del Porvenir.
   Tras los sucesos de mayo de 1905, una vez decretada su disolución judicial, la jurisdicción civil se inhibe en favor de la militar, para juzgar a aquel numeroso grupo de obreros castreños detenidos por las presuntas lapidaciones contra la guardia civil, de las que resultaron heridos y contusos dos números.
   El comandante juez instructor del caso no tardaría mucho en recabar información. Su primera preocupación pasa por el estado de salud de los guardias heridos, tal como se desprende del siguiente oficio de correspondencia extraído del Archivo Histórico Municipal de Castro del Río:


   A los cuatro días, los inculpados son trasladados a la prisión provincial de Córdoba. Diseminados en diferentes conducciones, inician su peregrinaje por diferentes presidios. Desconocemos las consecuencias judiciales de aquel proceso y las penas a las que fueron condenados.


   El obrerismo local no tardaría mucho en reorganizarse en torno a una nueva sociedad, que llevará por nombre “Amor al Trabajo”, para contrarrestar los infundíos de aquellos que cuestionaban la laboriosidad del jornalero castreño, que lo tildaban de querer trabajar poco y ganar mucho.
   En octubre de ese mismo año se constituye legalmente en una casa alquilada en la calle Pósito nº 7, con Antonio Moreno Aranda como presidente accidental de la misma. Se hacen del mobiliario imprescindible y arrancan en una nueva andadura.

Tramo final de la C/Pósito

   Un mes antes se habían celebrado elecciones para diputados a cortes por el distrito de Montilla, obteniendo el acta por primera vez, en apretada lucha con los republicanos, el liberal oficialista, abogado y director de la Escuela Normal de Maestros de Córdoba Don José Fernández Jiménez.


   La prensa informó de que en Castro a la hora de verificarse el escrutinio se promovieron graves desordenes, suscitados por gentes extrañas  a esta villa, que según se dice, llegaron la noche anterior con tal propósito. Ante la confusión reinante la gente corrió apresuradamente por las calles resultando heridas trece personas, entre ellas, algunas mujeres.
   El diputado electo llega a desmentir en nota de prensa estas afirmaciones. Mientras que los republicanos denuncian la eliminación del censo electoral de un importante numero de sus adeptos, e intentan que el acta sea anulada y considerada grave en  las deliberaciones del Congreso de los diputados, una vez constituido.
   Cuando estas elecciones se celebran el Gobernador Civil era liberal adepto, así como el alcalde de Castro del Río, por lo que intuyo determinados manejos caciquiles a favor del candidato triunfante. El propio Juez de Instrucción de Castro del Río, mantuvo una integridad, interesada o no, fuera de lo común denunciando los abusos de estas autoridades.
   En Diciembre de ese mismo año se celebran elecciones municipales en las que los seguidores de Fernández Jiménez arrasarán: seis liberales, dos republicanos y un conservador.

   Recordemos que aquel primitivo y enigmático líder de la sociedad Luz del Porvenir, que se hacia llamar Justo Heller, según Juan Díaz del Moral parece que tuvo influencia en algún proceso electoral: “Años después, aún roto y en plena decadencia el movimiento, la influencia de Heller se dejo sentir alguna vez en las contiendas electorales”. Mantengo la tesis de que tuvo ser en estas dos llamadas a las urnas de 1905.

   En el número del 15 de julio de 1905 de la Revista Blanca, Federico Urales y Soledad Gustavo, sus directores-administradores, con serios problemas económicos para continuar con su empresa editorial, ante el montante de la deuda de los paqueteros repartidos por todo el país, optan por publicar sus nombres en letras muy visibles en las cubiertas de los números sucesivos. Allí aparece el nombre de Castro del Río asociado al de Justo Heller, con un montante de de 8 pesetas de deuda (el precio de la suscripción anual era de 5 pesetas y 1,50 el trimestre).

 
   La nueva sociedad Amor al Trabajo no se hará cargo de dicha deuda. Justo Heller  desaparece de escena sin dejar rastro, mientras que algunos miembros de la primitiva sociedad los encontramos entre la nómina de los trabajadores municipales durante esta etapa de gobierno liberal, y como concejales fernandistas en posteriores periodos. No voy a dar nombres ni quiero ser demasiado explicito, esta claro que cierta traición a la causa obrera se había consumado.

   Un reducido grupo de castreños serán quienes lleven las riendas de esta nueva sociedad y cuyos nombres aparecen en la correspondencia administrativa de la prensa anarquista de la época, algunos con abreviaturas identificables: Andrés Jiménez Tapia, Fructuoso García Merino, Juan Viudez Hervas, Antonio Moreno Aranda, Juan Bello Ortiz,  Pedro Quintero León, A.U.M.
   No se les conoce actividad reivindicativa. Sólo durante la crisis de trabajo de 1906 se dirigirán al Ayuntamiento en petición de auxilios colectivos.
   Acometieron, no obstante,  la empresa de erigir en Castro un Centro de Estudios Sociales, a semejanza del de Barcelona, cuyo impulsor fue Andrés Jiménez Tapia. Bajo este pomposo nombre, tomado por mimetismo de la prensa, se pretende crear una pequeña escuela para alfabetizar a sus socios e hijos. En Tierra y Libertad consta la solicitud de un silabario para tal fin. La lectura en su sede complementaria su finalidad educativa.

   El diputado José Fernández Jiménez les regalo una biblioteca para contribuir a la educación de sus socios. Aunque la lectura mas demandada provenía de las suscripciones a prensa de sus ideas (Tierra y Libertad y El Rebelde) y a revistas como Humanidad Nueva  órgano de Escuela Moderna de Valencia y Salud y Fuerza (Procreación consciente y limitada), dirigida por Luis Bulffi, órgano de la Liga de Regeneración Humana, divulgadora del neomalthusianismo, dedicada a propagar la procreación racional de los seres humanos, tratando las cuestiones sexuales desde el punto de vista familiar y social.


   No llegarían a aglutinar a demasiados socios en sus filas, problemas económicos para afrontar el pago del alquiler les obligaría a disolverse en mayo de 1907. El mobiliario fue legado al propietario de la casa para completar la deuda. Lo único que se pudo conservar fue una mesa de escritorio y media docena de sillas. Dichos muebles fueron apreciados en 10,50 pesetas, cantidad que se le confió a un compañero para que la remitiera para los presos por cuestiones sociales.
   Pese a la disolución, el pequeño grupo gestante antes mencionado seguiría relacionándose con la prensa ácrata: consta envió de dinero para los presos de Alcalá del Valle, suscripciones a prensa y revistas, además de solicitudes para la adquisición de libros como “El botón de Fuego” de López Montenegro.
   Gracias al esfuerzo continuador de este pequeño grupo, los efectos de la crisis generalizada del movimiento obrero en la provincia de Córdoba, que llevaron al desaliento y desunión de las masas, no fueran del todo fulminantes en Castro del Río. Esto permitirá que el obrerismo castreño sea de los primeros en reorganizarse en mayo de 1910 en torno al Centro Instructivo de Obreros. Allí estarán sus nombres junto a una nueva y pujante generación de obreros conscientes.
    Las 10,50 pesetas en las que se valoro el mobiliario restante de la disuelta sociedad Amor al Trabajo, que no llego a librarse a favor de los presos en aquella fecha, porque el compañero encargado de tal cometido no lo hizo, quizá pensando en que pudieran ser necesarias para una futura reconstrucción, son enviadas definitivamente a la administración de Tierra y Libertad a principios de 1911.


   Este gesto habría que interpretarlo, como de borrón y cuenta nueva, con el que la nueva sociedad obrera erigida en 1910 pretendía romper con un pasado, de alguna manera,  marcado por la desunión y la traición.

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