Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

27 agosto 2010

MEMORIA HISTÓRICA

MEMORIA DE UN MOTRILEÑO DE A PIE.


Fernando Delgado Morente (1898-1977).

   Fernando Delgado Morente nace en Motril el 8 de Diciembre de 1898, en el seno de una familia de clase media conservadora. Su padre Francisco Delgado García era natural de Vélez de Benaudalla, y copropietario de unos cuantos marjales de olivar y de una próspera y bien regada huerta. Tras contraer matrimonio con Concepción Morente Pedrosa, fijó su residencia en Motril. 
    Hombre leído e instruido, tomo como profesión la enseñanza no reglada y sacaba su familia adelante con los ingresos que le proporcionaban las clases particulares a domicilio a los hijos de los “señoricos de Motril”, entre los que se hizo de un notable prestigio y una numerosa clientela. Por algún recorte de prensa, sin identificar, sabemos de sus colaboraciones en la prensa monárquica motrileña de las primeras décadas de siglo XX.

   La explotación de las fincas de Vélez, quedaron en manos de un hermano, que cuando bajaba a la costa a comercializar su producción depositaba parte de la misma en su domicilio particular, ubicado en las cercanías del convento de clausura de las madres nazarenas. En casa de “Mama Mía” (como era conocida su esposa), mujer de arraigadas costumbres religiosas, no faltaban nunca, aceite, vino, higos, nueces, almendras, naranjas y hortalizas. Tuvieron cinco hijos (tres varones y dos hembras). El primogénito Antonio se hizo con el tiempo un reputado maestro de obras, José aprendió el oficio de barbero, mientras que Fernando, nuestro protagonista, siguió los pasos de Antonio, dedicándose también a la albañilería. Las niñas se llamaron Emilia e Isabel. Esta última casaría con un militar de carrera.

Sirviendo a la Patria (a la izquierda de de la camisa blanca)


   Fernando Delgado Morente, tras cumplir con sus obligaciones militares, a principios de los años 30 contrae matrimonio con la motrileña Magdalena Jiménez Povedano, de extracción social humilde, por lo que tuvo que sobreponerse al rechazo de sus padres, que sin ser pudientes, se habían asimilado a las costumbres de estos.



   Durante los convulsos años treinta, Fernando, se codeaba indistintamente con los tertulianos del Circulo Comercial y Agrícola (lugar de reunión habitual de la burguesía industrial y agrícola motrileña) y con las clases populares, en las reuniones improvisadas, que al aire libre, tenían lugar en la céntrica Plaza de las Palmeras. En esté último cenáculo es donde iría progresivamente simpatizando y abrazando el ideario izquierdista. Le colocaron por remoquete "el abogadillo de secano" por su espíritu reivindicativo, soltura de palabra y dotes de oratoria. Llegaría a ser vocal del comité local de Izquierda Republicana.



Inauguración del estadio del Majuelo (Motril octubre de 1932)

   El personaje que aparece realizando el saque de honor en la fotografía, es precisamente Fernando Delgado Morente. Hombre garboso y con cierto porte elegante, que luce una espectacular indumentaria, confeccionada para la ocasión por su esposa, popular costurera especializada en volver abrigos y chaquetas deterioradas por el uso y dejarlas como nuevas (eso era arte, no el de Vittorio y Luchino).
   Interpretamos esta deferencia hacia él, como un homenaje de la directiva del Athletic de Motril F.C., al mundo del trabajo. Fernando (entusiasta seguidor del fútbol local) y su cuadrilla fueron los encargados de vallar y acondicionar en un tiempo récord el campo del Majuelo. Esa temporada 1932-33 el Athletic de Motril entraba por primera vez en su historia en competición oficial.
    Bendecido previamente por las autoridades eclesiásticas, el Stadium del Majuelo es inaugurado oficialmente el 16 de octubre de 1932 con un partido entre el titular del terreno y el Sporting de Córdoba (club decano del fútbol cordobés, camiseta blanca y pantalón negro) que en esa misma temporada, aunque encuadrado en otro grupo, participaría en la liga de 2ª categoría preferente. El resultado 0-2 a favor de los visitantes. Al día siguiente, nuevo enfrentamiento entre ambos equipos, y una nueva y estrepitosa derrota del cuadro local (1-5).
  


    La guerra civil, al igual que para otros muchos españoles, supuso un importante punto de inflexión en la hasta entonces normalizada vida de nuestro protagonista.
    En Motril, tras un amago golpista, las fuerzas republicanas se hacen con el control de la ciudad el 24 de julio de 1936. En las fuentes consultadas (bibliografía y Causa General) sobre ese periodo no aparece mencionado por ningún sitio. Por testimonios orales, sabemos que durante el periodo revolucionario dió cobijo en su domicilio a un significado derechista con los que había compartido café y tertulia en el Comercial. En febrero de 1937, paralelamente a la caída de Málaga, se produce la evacuación de Motril. La mayoría de la población, temerosa de represalias se unen a la “desbandá”que procedente de Málaga se dirigen hacia Almería por la carretera de la costa.

   Fernando,con su mujer embarazada, y una niña pequeña, optó por permanecer en Motril, pues a pesar de haber manifestado públicamente su ideario en reiteradas ocasiones, no se había significado demasiado.
    No tardaría en salir algún dedo acusador, por lo que pronto daría a parar con sus huesos en la cárcel del partido. Al parecer, se le acusaba de haber prestado sus servicios profesionales para la construcción de unas cocinas en la sacristía de la Iglesia Mayor, incautada y convertida en Casa del Pueblo.
    Con posterioridad seria trasladado a la prisión provincial de Granada. Allí seria visitado por su mujer con su recién nacida hija, a quién comunicó un nuevo traslado. Esta, temiéndose un fatal destino, bautizó a la neonata como Fernanda, nombre poco frecuente entre la población femenina.

   Los presagios de muerte no se cumplieron, Condenado a 12 años y un día de reclusión fue incluido en el programa penitenciario de redención de penas con el trabajo. En Santiago de Compostela le esperaba el terrible campo disciplinario de trabajadores de Lavacolla.



Lavacolla: campo de concentración. (Margarita Ledo)

   En 1941 por la generosidad y magnanimidad del Caudillo es puesto en libertad, regresando a Motril para reencontrarse con su familia. El estigma de desafecto y su permanente rebeldía iban a dificultar seriamente la normalización de su vida. Sería su hermano Antonio, el maestro de obras, quien en un primer momento le ofrece trabajo, pero ante su latente antifranquismo, que se le escapaba permanentemente por la boca, terminaría por retirarle su confianza, ya que su clientela eran gentes pudientes en su mayoría.

   Eran años difíciles, el peso de la economía domestica lo llevará su esposa con sus componendas y remiendos. A Fernando, sólo le salía alguna que otra chapuza en su oficio, insuficiente para mantener a la familia. No obstante, su hermano Antonio, que gozaba de una desahogada posición, bajo cuerda le pasaba a su cuñada algún dinero que otro para sufragar los gastos de la modesta vivienda de alquiler en la que residían (Rambla de Capuchinos 10).



    Con el tiempo tendrá que recurrir a ocupaciones, tan indeseables como la de cascamuz. Durante una campaña de zafra (recogida y molturación de la caña de azúcar) es contratado para desempeñar tal oficio, que consistía en custodiar la carga durante el tradicional transporte de las cañas con acarretos de mulos hasta los ingenios azucareros. La chiquillería, durante aquellos años difíciles de posguerra, tenia la costumbre de arremeter contra las caballerías para hacerse con el preciado tesoro de alguna caña que otra. La función del cascamuz, portador de una vara larga y flexible, consistía en evitar e intimidar a estos, y hacer uso de su arma si era preciso. Incapaz de cebarse contra los costillares de los niños, no llegó a terminar la campaña.

   Entre penurias y dificultades va trascurriendo su vida cuando viene al mundo su único varón, Fernando.




    Sobre 1954, una nueva ocupación, guarda nocturno de “La Casita de Papel”, primer establecimiento de hostelería y restauración con cierto nivel que se abrió en Motril, donde se daban cita la gente pudiente de la localidad y el incipiente turismo que se dejaba caer por estas costas mediterráneas.


   Sus dos hijas, Magdalena y Fernanda, junto a su esposa, habían ya formado un modesto taller de costura, que después de muchas horas de dedicación casi no daba para comer. Su clientela humilde pagaba mal y tarde. Fernando se aprovechaba de la nocturnidad de su oficio, para sigilosamente hacer desaparecer algunos huevos y patatas, a los que a veces se sumaban suculentos bistec, de los que desechaban los clientes de dicho establecimiento. De manera que, de madrugada, abandonaba su puesto de guardia, y como una centella daba un salto hasta su domicilio para hacer entrega del botín a sus hijas por la ventana, y que éstas recibían como mana caído del cielo.


Taller de costura de Magdalena Jimenez (1959)

   En 1960, atenuadas las vicisitudes de la posguerra, retomará, ya por corto tiempo su antigua profesión al ser contratado por la empresa Hidrocivil S.A. concesionaria de la ejecución y puesta en marcha de la fábrica de la celulosa de Motril.

   En noviembre de 1977 deja de existir. Durante los ultimos años de su vida un aparato de televisión, marca Telefunken, le permitiría visionar comodamente desde casa fútbol y toros, cuya afición compartia con la loteria nacional. Y como no, tuvo hasta tiempo de ver la retrasmisión en directo de los funerales del Caudillo.

   Trascurridos los años, con la llegada del primer gobierno socialista, su viuda seria resarcida en parte con una pagilla, para compensar los sufrimientos de quien fue su compañero a lo largo de su vida.

   Su afición por el deporte de la pelota, la heredará su homónimo y nieto, Fernando Delgado Martos (Fefe), acreditado y respetado árbitro en Regional Preferente, quién tras dejar el colegio de árbitros,  sigue matando el gusanillo en las ligas de fútbol local.


   En sus escasos ratos de asueto y descanso durante su etapa de reclusión, de un compañero, con quién compartía penurias, aprendió a tallar la madera. De esta cajita primorosamente labrada, que conserva una nieta suya, mi actual compañera sentimental, es de donde hemos sacado las fotografías y documentos que nos han servido para elaborar este trabajo.

   Recuperada su memoria para sus descendientes y reestablecida su dignidad, podemos cerrarla definitivamente.



Fotografía y Documentación: Rosa M. Campoy Delgado.

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