Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

22 agosto 2011

Los orígenes de la devoción en Porcuna por los Santos Mártires de Arjona.



    Porcuna debió participar de la devoción y curiosidad suscitada por el hallazgo de aquellas reliquias, casi desde un principio, aunque no fuera hasta el 26 de mayo de 1629 cuando se llevara hasta el Santuario de Arjona la Cruz de Porcuna, según da fe en el Memorial el Notario Licenciado Francisco García del Valle. Aquel traslado, tal como se nos describe, por su espectacular despliegue de medios, debió de constituir todo 
una acontecimiento entre los vecinos de la Porcuna de aquellas primeras décadas de la centuria del XVII.

Cruces de Hierro


    “La villa de Porcuna envió otra Cruz con una Compañía de trescientos soldados de Infantería, arcabuceros y piqueros, cuyo Capitán era don Alonso de Rincón Arroyo, y más de otros cuatrocientos hombres vestidos de negro con hachas de cera blanca. Y todo este acompañamiento, con el Clero de aquella Villa llegó a la ermita de San Sebastián, extramuros de Arjona, y allí vestidos de gala formaron una procesión, entrando delante los soldados disparando los arcabuces, y después le seguían las cuatrocientas hachas de cera blanca encendidas, y cerrando la Clerecía con Sobrepellices, y el Preste y Diáconos vestidos con los ornamentos de su Iglesia; y entre el Clero venía la Cruz, que es labrada de hierro y dorada, con la forma de la Cruz de Calatrava, que traían en unas andas, debajo de Palio, los Regidores de Porcuna. Y todos entraron con gran devoción, y la colocaron en el sitio de la torre de los Santos, en la parte que se les había señalado, e hicieron a los Santos Mártires 
Bonoso y Maximiano una gran Fiesta con Sermón en la Iglesia de Santa María de esta Villa”.



   En la que ya debería ser tradicional participación de soldados ( arcabuceros y piqueros) en procesiones cívico-religiosas como la narrada, pudiera estar el germen de soldadescas ligadas a cofradías de Semana Santa, incorporadas desde un principio a los desfiles procesionales para que estos ganaran en realce y seriedad. En la desaparecida y peculiar soldadesca (escopeteros y piqueros precisamente) de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Porcuna, hallamos un buen ejemplo de dicha pervivencia a través de los siglos.
    Toda esta parafernalia y boato tendría su explicación lógica. Además de por la proximidad y vecindad, en el hecho de que, según consta en los Memoriales, parece ser que fueron numerosos los vecinos de Porcuna sanados o curados por intercesión de aquellos huesos o cenizas de Mártires Cristianos.
    Como son bastantes los casos relatados, para no extenderme demasiado, sólo me detendré en aquellos que me han parecido más ocurrentes, llamativos o asombrosos, dejando de lado los dictámenes:

Caso 1

    “Licenciado  Juan de Santaella, Médico, vecino de Porcuna, examinado a seis de mayo de mil seiscientos veintinueve, expone que hace dos meses le dio un flujo de sangre por la ventana derecha de la nariz, con muy grande ímpetu, de lo cual se turbó, porque hace dos años le dio otro con tal fuerza que le duró veinticuatro horas, y lo habían oleado; y atándole su mujer en la trenza de la camisa un huesecillo del Santuario, al punto cesó el flujo, y vio descender de la parte derecha del ojo hasta el mismo hueso, dos lucecitas azules, una tras otra, como cuando una gota de aceite baja muy encendida de la llama del candil. Todo lo cual tuvo por cosa milagrosa”.

Caso 2

    En el que interviene también el médico antes citado:
    “Hará un mes que le dio un dolor en el riñón derecho, con supresión de orina, que le hizo dar muy grandes voces, y bebiendo en agua unas pocas cenizas del Santuario, echó una piedra dividida en cuatro partes, y quedó libre de dolor, lo cual también tuvo por milagro. Y curando a Doña Antonia de Espeleta, vecina de Porcuna de una calentura habitual, habiendo resuelto purgarla, quiso visitarla antes, que ya no había menester de purga, porque había hecho seis cuerpos, pues la madre le había hecho tomar la noche de antes unas cenizas del Santuario, con las cuales se libró milagrosamente de las calenturas, sin hacerse otro remedio”.

Caso 3

    “Diego de Rincón, de cincuenta y cinco años, Alcaide de Porcuna, testifica que un muchacho de nueve años llamado Cristóbal, estando muy malo de calenturas y para morirse, tomando en agua unas pocas cenizas y huesecillos del primer horno que se descubría, que se las dio una hermana suya llamada Ana, al siguiente día amaneció sin calentura, y a otro día se comenzó a levantar y a jugar con otros muchachos”.

Caso 4

    “Fray Martín de Aguilar, de la Orden de Santo Domingo, Vicario del Convento de Monjas de la Concepción en Porcuna, afirma que hace dos años tenía debajo de la barba, unos granos y postillas, que con ningún remedio se le habían podido quitar, ni tener alivio, y prometiendo el Miércoles Santo decir una misa a los Santos de Arjona, al jueves siguiente se halló sano y no le han vuelto más. Y el día de la Cruz, estando en Xerez de la Frontera, sintió grande aprieto de garganta, y deshaciendo en agua unas pocas cenizas, que le habían dado unas religiosas de dicho convento, se las bebió a las tres de la mañana, y luego al punto se halló bueno, fin el dicho aprieto. Ambos casos los tuvo por milagrosos, y fue desde Porcuna a Arjona andando cumpliendo así promesa.
    Doña María de Santaella, y Doña María de Olid, monjas profesas del Convento de la Concepción de Porcuna, contestan con Fray Martín de Aguilar, en lo que se refiere a las postillas dicen que el Miércoles Santo le vieron con ellas, y luego el Jueves Santo le vieron sano de este mal”.

Caso 5



    Es el que particularmente me ha resultado más curioso y asombroso. Sus protagonistas el sastre Diego Gómez y su mujer Catalina Moreno, “que movidos por la gran devoción por los Santos Mártires en los lugares de la comarca, y especialmente en Porcuna, de la que son vecinos, procuraron tener huesos y cenizas de los que sacaban del Santuario”.
    “Diego Gómez, Sastre, examinado el 24 de mayo de 1629, afirma, que hace trece días estando durmiendo con Catalina Moreno, su mujer, en un aposento de su casa, y habiendo despertado, vio una luz en frente de su cama, que se levantaba y se volvía a encoger, como cuando un candil se quiere apagar. Que comenzó a reñir a la dicha su mujer, diciéndole, que porque había dejado el candil encendido. Ella respondió que no era el candil, sino luz, que salía de la sombrerera, y que para que la viese lo había despertado; y le dijo de como en aquella sombrerera había unos huesecitos y cenizas de los que le habían traído de Arjona. Y ello sería hora y media antes del amanecer, y la dicha luz tendría un largo de una resma y era de un color quebrantado, como blanquizo amarillo, y la estuvo mirando lucir con sus pausas, que ha dicho, por espacio de un cuarto de hora, y no se atrevió a levantarse por entender se quitaría. Y luego que amaneció fue a la sombrerera, y hallo los huesos y cenizas en ella, y juzgo lo susodicho por milagro, por el modo de la luz y no poder haber allí otra cosa de donde pudiera proceder, en lo cual hizo cuidado, y se certificó; y también se certifico el haber visto la luz sobre la dicha sombrerera”.



    Todos los casos relatados tienen un denominador común, los testificados están hechos en mayo de 1629, justo inmediatamente antes de que autoridades civiles, militares y todo el Clero de Porcuna concurriesen en aquella impresionante peregrinación hasta Arjona para depositar la Cruz en el Santuario.
    Había comentado anteriormente que no tenía pensado detenerme en los dictámenes particulares, pues pretendía, para finiquitar con el tema, hacer una especie de dictamen general y personal, sobre este cúmulo de fenómenos sobrenaturales. Para no herir sensibilidades, no me atrevía a terminar con una mera e insignificante opinión personal, así que he buscado la manera de traspasar mi propia subjetividad. Tengo que reconocer que me ha costado, pues sobre este tema prevalece la información sacra sobre la profana o “racional”. Por fin, la intuición me permitió llegar hasta un trabajo de José Ignacio Gómez Zorraquino, Los santos patronos y la identidad de la comunidades locales en la España de los Siglos XVI y XVII, que utiliza, a su vez, otra fuente que nos podría ayudar bastante a desvelar el misterio. Se trata de un estudio de Cecile Vincent-Cassy, “Los santos re-fundadores. El caso de Arjona (Jaén) en el siglo XVII”, en Francois Delpech, L’imaginarie en territoire en Espagne et au Portugal (XVI-XVII siecles), Madrid, Casa de Velázquez, 2008, pp.193-211. Como de momento no tengo la posibilidad de acceder a este trabajo, nos tenemos que conformar con el resumen que de su tesis incluye J.I. Gómez:

      Estos santos fueron inventados en 1828 porque la villa de Arjona carecía de patronos y de historia sacra. Que esto ocurrió después de que en 1612 el concejo de dicha villa intentara que se fundase un convento de frailes franciscanos, para honrar a una población de más de mil vecinos, que no había tenido jamás convento alguno. Fue el 13 de octubre de 1628 cuando, tras descubrir unos huesos al pie del Alcázar de dicha población, se trató de justificar la autenticidad de dichos restos óseos. El primer eslabón de la cadena lo creó fray Francisco de Bivar, el cisterciense que hizo una edición del cronicón de Flavio Dextro, cuando localizo el relato de la pasión de los Santos Bonoso y Maximiano, nada menos que en el Vaticano. Más tarde varias publicaciones entre los años 1630-1670 sirvieron para difundir la supuesta historia verdadera de Arjona a partir de la “invención” de los cuerpos de los santos.

El inventor


    Cuando pueda acceder definitivamente a le lectura completa de este trabajo, cosa harto difícil hoy, dada las cada vez mas rácana y restrictiva práctica de las bibliotecas públicas en cuanto a préstamo interbibliotecario o solicitudes de reproducción, si no terminan de convencerme los argumentos de su tesis, si tuviera que retractarme, lo haría, aunque de momento, el raciocinio y esta más que asombrosa historia de los Santos de Arjona son incompatibles.

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