Aquel
viejo proverbio de que “quien guarda halla” no está exento de razón. El
problema es, que cuando no se guardan las cosas con orden el hallazgo se
convierte en toda una odisea. Es lo que estaba padeciendo últimamente en
relación al ingente volumen almacenado de noticias, referencias e informaciones
en diferentes formatos de las que me valgo para elaborar mis entradas de blog.
Como
habrán podido comprobar, quienes me sigan, me he visto obligado a parar la fábrica
y entregarme a imprescindibles tareas de organización. El fascinante mundo del
Facebook, en el que me he iniciado recientemente, también tiene su parte de
culpa.
Estos
trabajos me han permitido rescatar el recorte de un artículo periodístico dedicado
a la ciudad de Porcuna y en particular a uno de sus moradores, al parecer,
célebre en su época, conocido como Frasquito María.
Su autor, un hasta ahora para mi desconocido
periodista, escritor y propagandista del republicanismo lerrouxista, llamado Eduardo
Andicoberry Ruiz.
Esta
remitido desde Porcuna y fechado en el mes de Diciembre de 1919. La presencia
de este señor por estas fechas en Porcuna, pudiera estar relacionada con algún acto
de propaganda republicana organizado por los adeptos a la causa de la localidad,
que aunque minoritarios en relación a las fuerzas dinásticas dominantes,
intentaban despegar aprovechando el malestar social reinante. Aquel
otoño-invierno fue especialmente conflictivo en Porcuna, donde su cada vez más
pujante sociedad obrera socialista “Paz y Libertad”, arropada por la fuerza del
número, plantea varias huelgas, enmarcadas dentro de ese periodo de agitación social
y laboral generalizada por toda Andalucía, que ha pasado la historia con el
nombre de Trienio Bolchevista.
No
todo fueron huelgas, conflictos y detenciones practicadas por la Guardia Civil durante
aquel convulso año, que finalmente se despidió con un sexto premio del sorteo extraordinario
de Navidad de la Lotería Nacional (28.382), vendido íntegramente en la
administración de Porcuna (Jaén), con
70.000 pesetas que llegaron hasta los bolsillos de los afortunados vecinos que
lo jugaran.
Nuestro protagonista, Frasquito María, era barbero. Los pertenecientes a este charlatán gremio han sido históricamente muy loteros, por lo que no estaríamos muy descaminados si pensamos en que pudiera haber resultado agraciado.
Les dejo ahora con el trabajo periodístico de
Eduardo Andicoberry, para finalmente analizar su contenido, así como, un
pequeño esbozo biográfico sobre su autor y sus avatares existenciales.
Frasquito
María
La
antigua Obulco, modernamente denominada Porcuna, hállase situada en lo más alto
de Andalucía. Al menos así nos lo ha parecido, tanto, que resistimos la
tentación de consultar los datos oficiales temerosos de sentir el vértigo.
Porcuna es una ciudad histórica donde actualmente se mueren sus moradores
víctimas de la gripe en complicidad con los médicos. Porcuna fue cuartel
general de Cesar y teatro de memorables batallas. Tiene un Castillo edificado
por los caballeros que acompañaban a Isabel la Católica, donde estuvo encerrado
el suspirante Boabdil el Chico- el Chico de Moraima- después del estropicio de
Lucena. Posee también una iglesia cuadrilonga, con la consiguiente torre, en la
que lo más notable es el hecho de que se olvidase el Arquitecto que la planeó
de hacerle escalera para subir al campanario. Sus calles son de una estimable
variedad. En unas se precisa de maromas para ascender a su cumbre; en otras los
garfios para no resbalar, y en casi todas de zancos para no ahogarse. Tiene en
cambio una amplia plaza, y una rúa, denominada la Corredera (Carrera), con
caracteres de gran vía. Cuando llueve los señoritos se refugian en el Casino y
lo convierten en paseo. Cuando no llueve se refugian también en el Casino. El
libro de la biblioteca que más se lee es el de las cuarenta hojas.
Para llegar a Porcuna hay que subir en un
cochecillo destartalado y gimiente una enrevesada carretera que, sin duda
alguna, fue trazada en razón directa al hambre de grava que sentía el autor del
proyecto. En virtud de ese disparate lineal, la antigua Obulco juega con el
viajero al escondite, aunque, por la altura, más parece al juego del “higui”. A
cada instante cree uno que alcanzará pronto la población y a cada instante
desaparece como por arte de magia. Si en vez de una ciudad fuese un chorizo,
sería para los hambrientos un suplicio tantálico.
Pero de todas las cosas dignas de mención
de Porcuna, ninguna tan acreedora al recuerdo como Frasquito María. No se trata
de un cacique ni de un petimetre. Frasquito María es un honrado rapabarbas, que
hace también de conductor del correo, y al que cuadra muy bien lo de fígaro por
los ribetes filosóficos con que adereza su personilla. Frasquito María es un
hombrecillo de enjuto rostro y ojillos vivaces, pero todo un hombre “que se
viste por los pies”, como él dice, en cuanto a tesón para defender su albedrio.
A Frasquito María le han declarado el boicot sus colegas por negarse a engrosar
las filas del sindicalismo y, como represalia a su terquedad, la clientela
socialista se le ha retirado. No obstante, Frasquito María es inexorable. Él ha
leído mucho y “aunque de cortas luces”, comprende que la nación irá a la
ruina si no se opone a los avances de la
anarquía bolchevista. Y no porque Frasquito María sea un adulador de las clases
acomodadas. Todo lo contrario. Frasquito María tiene a gala decir las verdades
al más poderoso señor que se le ponga por delante, porque, como afirma, “tiene
los calzones bien sujetos a la cintura”. Ha consentido perder un cliente de
veinte años por no darle su voto en las elecciones y ha consentido perder una
iguala de 30 pesetas anuales por negarse a confirmar que había oído en su
establecimiento cierta frase molesta para determinada persona. Frasquito María
es la integridad hecha barbero. Nadie tan ecuánime ni tan leal para los
adversarios. Todo esto lo hemos sabido por labios de el propio Frasquito María,
mientras el carruaje nos conducía, dando tumbos espantosos, hacia la estación
de Villa del Río.
Y hemos sabido más, aunque ello se deba a
nuestra perspicacia y no a la confesión del interesado. Frasquito María se cree
un creador formidable y sueña con regir los destinos de España. Porque en su
charla, copiosa como las cataratas del Niágara, y salpicada de barbarismos
pintorescos, suele intercalar paréntesis de esta jaez: “Y perdonen, señores, si
molesto su atención, pero aunque hagan caso omiso de mis palabras, creo un
deber pronunciarlas para que cada uno forme juicio y no se extravíe la opinión
alucinada por la oratoria de los explotadores del proletariado. Si la suerte me
ayudase y algún día llegase a gobernar esta pobre Patria mía - ¿no veis como
asoma la oreja? – tengan por seguro que sabría hacer justicia para reprimir los
desmanes de los de arriba y de los de abajo. Y no digo más. ¡Ya ustedes me
comprenden!”.
Este es el hombre, borrosamente siluetado.
Tan interesante, tan pintoresco, tan español, en suma, que si volviéramos a la
antigua Obulco prometemos dejarnos desollar cada tres cuartos de hora por el
gusto de escucharle. ¡Oh, quien fuera millonario para permitirse el lujo de
llevar permanentemente a este antídoto contra la melancolía! Porque Frasquito
María, a pesar de la pequeñez de su talla, es, sin disputa, un hombre muy
grande.
EDUARDO ANDICOBERRY
Porcuna, Diciembre 919
![]() |
El Orzan··3 de Diciembre de 1919 |
Andicoberry,
haciendo alardes de ironía y de republicanismo, en su artículo semblanza dedicado
a Porcuna, cuyos destinos regían en ese momento autoridades dinásticas
conservadoras, intenta, como es lógico, sacarles los colores a éstas, y además
de manifestar ingeniosa y exagerada sorpresa por la elevada posición geográfica
de la antigua Obulco, critica socarronamente las pésimas condiciones de sus
carreteras de acceso, la salud pública y las deficiencias urbanísticas que
detecta durante su visita. También se muestra censor con ese típico señoritismo
de casino caracterizado por sus escasas o nulas inquietudes culturales. Con la
Iglesia parece mostrarse algo más condescendiente, pero no omite esa chanza-anacronismo
sobre las escaleras del campanario, que posiblemente le contara Frasquito.
Aunque, soy de la opinión, de que la silueta
que traza sobre este personaje, a su juicio, integro y ejemplar, llamado
Frasquito María, que intercala con alusiones peyorativas a la lucha de clases
desatada por los socialistas, tiene un propósito claro de captación o
recuperación de sus tradicionales apoyos electorales (profesionales,
comerciantes y clases populares), de las que también se surten los socialistas
y con los que recientemente han dejado de ir de la mano.
Rota la coalición electoral de las fuerzas antidinásticas, para las
elecciones celebradas en junio de ese mismo año de 1919, aprovechándose del
periodo de efervescencia social que se estaba viviendo en el campo andaluz, el
PSOE presenta candidatos en varios distritos de la provincia de Jaén. Será
Ramón Lamoneda, a quien le corresponda hacerlo por el distrito de Martos, al que
estaba adscrito electoralmente Porcuna. El importante número de votos
socialistas obtenidos en localidades como Porcuna, Martos o Torredonjimeno,
cuyas organizaciones impidieron que aflorara el típico pucherazo, estuvo a
punto de otorgarle el acta de Diputado a su candidato. Finalmente, descarados
amaños caciquiles perpetrados en la villa de Jamilena, impidieron que Ramón Lamoneda
se convirtiera en el primer diputado socialista jiennense de la historia.
Visita y artículo de Andicoberry, hay que
interpretarlos a razón de esa necesidad imperiosa por parte del republicanismo
histórico de recuperar el electorado arrebatado por los socialistas. Con el tiempo,
republicanos y socialistas volveran a
encontrarse y desencontrarse dependiendo de la tesitura política y social.
Eduardo Andicoberry
Ruiz (1888-1945
aún vivía).
Era natural
de Erandio (Guipúzcoa), aunque criado y educado a caballo entre Sevilla y Cádiz, donde su
padre gestionaba una compañía comercial dedicada a la exportación,
principalmente de vinos de Jerez.
No he
localizado en la red a nadie que se haya interesado en aproximarse siquiera a su
vida y obra. De ahí que, dejándome llevar por mi afición por el género
biográfico, y valiéndome de diferentes fuentes, me he aventurado en este
intento de desentrañar diferentes aspectos relacionados con su trayectoria
vital y profesional.
Su producción literaria (novela, teatro y
poesía), si no abundante, es lo suficientemente notoria numéricamente. No sé
hasta qué punto este olvido se fundamenta en la calidad de su producción, lo
que desconozco, de momento. En los artículos periodísticos y algún cuentecillo suyo que he tenido la oportunidad
de leer derrocha imaginación e ingenio. La crítica de su tiempo parece mostrarse
benevolente con su narrativa.
![]() |
El Imparcial 29 de Enero de 1922 |
Su
trayectoria como periodista también fue intensa y variada. Después de desfilar
por diferente cabeceras de línea editorial republicana y partidista (España Nueva, El Radical de Madrid, El Mundo, Semanario El Momento) en 1919
recala en la redacción de un veterano de la prensa española, El Imparcial, en la que permanece hasta su desaparición
definitiva en el año 1933 (fue su último director).
Con la proclamación de la II Republica
retoma su actividad política en las filas del partido en el que militara desde sus
orígenes, el Republicano Radical de don Alejandro Lerroux (perteneció a su
Juventud en Cádiz y fue redactor en 1908 de El Radical Gaditano). En las
elecciones a diputados a Cortes convocadas en 1931, comparece como candidato
por la provincia de Jaén, por el PRR, no resultando elegido. Al año siguiente
sería nombrado secretario de su Comité Nacional. En una gira de propaganda
(marzo de 1932) por la provincia de Jaén, con la que parece tener cierto
vínculo histórico, mitinea por diferentes poblaciones con el propósito de
estructurar agrupaciones afines a su partido, en un momento en que entre las filas
socialistas jiennenses se vivía una nueva etapa de conflictividad social. En la
vecina localidad de Arjona, un mitin conferencia anunciado bajo el epígrafe “La
Republica y sus problemas” fue reventado por grupos de alborotadores que lanzaron
piedras y hasta se perdió un tiro, teniendo que ser evacuado el Teatro Cervantes donde se celebraba el acto.
Tras el triunfo de la coalición
antimarxista, en la que se hallaba integrado el PRR, en la elecciones celebradas
en Diciembre de 1933, es nombrado para hacerse cargo del Gobierno Civil de la
provincia de Lugo, en cuyo cargo permanece hasta finales de 1934 que es cesado por diferencias con su partido. Parece ser que
abandona del todo la política, el periodismo y la literatura. Una crisis
existencial motivada por su separación matrimonial pudiera ser la responsable
de dicha actitud.
No
volvemos a tener noticias suyas hasta ya iniciada la guerra civil. Por su
pasada militancia Radical sufrirá la represión de los dos bandos. Primero en
Madrid, siendo detenido y puesto a disposición
de los Tribunales Populares de Urgencia por presunta desafección a la Republica.
En aquella época trabajaba como operario en una fábrica de gaseosas. Tras pasar
una buena temporada en la prisión de Porlier, fue finalmente puesto en libertad
gracias a los testimonios exculpatorios de significados dirigentes
republicanos.
Sobre cómo le afectara la represión puesta en práctica por los
vencedores no tengo noticias, aunque su nombre aparece relacionado en la base
de datos de víctimas del franquismo (Portal Pares) y su expediente se conserva
en el fichero general de la sección político-social del Centro Documental de la
Memoria Histórica de Salamanca, al que no he podido tener acceso.
Creo que en el hecho de quedarse entre dos
aguas pudiera estar el motivo determinante de su olvido.
Genial ese artículo de Andicoberry. Gracias por enseñarnos historia de esta manera tan amena.
ResponderEliminarUn paisano que te sigue.
Parabienes anónimos una vez más. Hay que ver paisanos y amigos, lo prudentes que sois. Provocáis en mí, con esa vuestra actitud, complejo de Belcebú. Tendré que ir acostumbrándome a la lumbre.
ResponderEliminarGracias por tan interesantes datos sobre Andicoberry. Sus novelas y su trayectoria, pese a la poca atención que han suscitado, tienen mucho interés.
ResponderEliminarNo queda claro si nació en Rentería, como se creía hasta ahora y proclama el atestado del S.I.M., o, como usted dice, en Erandio.
Muy interesante el trabajo. Solo un pero ... he podido verificar que Eduardo Andicoberry nació el 25 de diciembre de 1888 en Renteria (Gipuzcoa).
ResponderEliminarEduardo Andicoberry murió en Tetuán la madrugada del 5 de enero de 1948. Pertenecía a la redacción del diario Africa y desempeñaba al mismo tiempo el cargo de Jefe de Redacción en la Jefatura de la Prensa del Protectorado.
ResponderEliminarCreo que este comentario llega muy a posteriori de los demás. Gran artículo sobre un periodista de nuestras Letras, muy desconocido, pero a la vez muy interesante, que supo no dejarse llevar por la vorágine de ideologías anarcosindicalistas que imperaban por ciertas zonas de nuestra geografía, como era el caso de Andalucía. Te animo a que mantengas esta página, tan magnífica.
ResponderEliminarPese a vivir entre Cádiz y Sevilla, no parece que disfrutara de nuestro Cante Flamenco. Por el contrario, lo ridiculizó en un artículo de 1919 publicado en "El Orzán" (La Coruña).
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