Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

29 agosto 2013

LA VUELTA AL MUNDO DEL EX JESUITA JOSÉ HUERTAS LOZANO (1892-1896).



   José Huertas Lozano, tras su efímero paso por la Compañía de Jesús, vuelve al candelero con el mismo asunto que le había hecho famoso. En marzo del año 1892 sale al mercado la primera edición de un libro autobiográfico que titula ¡Yo he sido impío! Revelaciones espiritistas y masónicas (Imprenta de la Soc. Edit. San Francisco de Sales):

   “Nuestro querido amigo don José Huertas Lozano, hoy redactor de nuestro católico compañero  El Adalid, y ayer espiritista furibundo e infatigable masón, ha puesto a la venta este hermosísimo libro a través del cual se ve de una manera patente el influjo decisivo que ejerce sobre las almas la gracia divina
   El autor ha creído bien, que la publicación en forma de libro de cuantas malas acciones encierra su vida pasada y la revelación de los secretos espiritistas y masónicos pudiera librar a muchos de la senda de la perdición, servir a otros de saludable advertencia y siempre redundar en la mayor gloria del Altísimo.
    La obra se halla dividida en varias secciones, de las cuales son acaso las más importantes, "la caída", "de propaganda", "entre el compás y la escuadra", y "la vuelta al redil". En esta última, llena de ternura y católica unción, el autor refiere en conmovedoras palabras su conversión completa.
   ¡Yo he sido impío! deben leerlo todos los católicos, y no sólo leerlo, sino propagarlo como medicina saludable”.

(El Siglo Futuro 23 de marzo de 1892)

    A efectos de publicitar este trabajo desde la prensa católica más beligerante se siguen reproduciendo aquellos infundios de haber sido su autor redactor de Las Dominicales y colaborador de El Motín, a los que se añaden otros nuevos:

   “Hermano Universo gr. 30º en las logias de Madrid, encargado de los archivos de las de Granada, escritor inspirado en las obras de Allan Kardec, el apóstol de masonismo andaluz”.

    Juan Huertas “Hermano Universo” de la “Resp. Log. Numancia nº 202” de Granada, en el cuadro de octubre de 1888 tenía el gr. 3º de Maestro. Imposible que en tan corto periodo (hasta julio de 1889) hubiera alcanzado el gr. 30 reservado a los Venerables Maestros.
    Aquella primera edición se debió de vender como rosquillas pues antes de que termine el año se saca la segunda, llegando a editarse incluso al otro lado del océano atlántico tal como se puede apreciar en la edición de Buenos Aires (República Argentina) que reproducimos en la portada.
    La  segunda edición española alberga un retrato de su autor detrás de cuya consecución nos encontramos (será incorporado a posteriori). El capítulo de “La vuelta al redil” fue publicado como folletín por  El Lucense en el año 1897, bajo el título de “Un francmasón convertido”:


    Sus argumentos de conversión, desarrollados a lo largo de un total de 11 páginas de texto, pueden leerse en formato imagen pinchando aquí.
    La tesis doctoral de la historiadora alicantina Alicia Mira Abad  “Secularización y mentalidades en el sexenio democrático: Alicante (1868-1875)”, incluye un capítulo titulado “El espiritismo:una alternativa al catolicismo” en el que aparecen numerosas referencias a los escritos de Huertas Lozano.
   El éxito alcanzado con esta publicación le incito a embarcarse en una nueva aventura editorial, en esta ocasión una novela titulada Martirio, precedida de un prólogo presentación “del joven y ya notable escritor católico” don Carlos G. de Ceballos y Cruzada.


La Semana Católica de Salamanca  (5 de julio de 1892)


    También editado como folletín en el diario católico “El Alicantino”.
    Prologuista y escritor estaban relacionados con el Círculo de Congregantes de San Luis Gonzaga, de cuyo órgano de expresión El Adalid (bisemanal católico y literario) eran ambos redactores.
    Coincidiendo con sus éxitos como escritor se prodiga como conferenciante formando pareja con el filósofo tomista jiennense Juan M. Orti y Lara


    A principios de 1893 nace en Madrid una sociedad denominada “Asociación de padres de familia contra la inmoralidad”, constituida bajo los auspicios del Sr. Obispo de la diócesis y presidida por el señor marqués de Comillas, en la que nuestro protagonista se integra como Secretario.
     La citada sociedad tenía por objeto “combatir, con cuantos medios lícitos pueda utilizar,  los ataques que a la moral y religión católica se infieran en el libro, en el periódico, en el teatro, y en general en cualquier forma que deje sometido el acto realizado a la sanción de la ley”.

   Entre las primeras víctimas o destinatarios de sus denuncias encontramos al semanario El Gato Negro por ataques a la moral y Las Dominicales por escarnio del dogma e injurias al clero.

   Del mundo del teatro y del espectáculo se puso el blanco sobre la cantante y bailarina francesa Diana Dannuse, primera estrella del Circo de Parish, más conocida por “La Bella Chiquita” pese a su estatura elevada, admirable proporción de formas, morbidez de sus curvas y esbeltísimo cuerpo. Su especial gracejo para aderezar los couplets, sus movimientos voluptuosos y juego de ojos, causaban estragos en los corazones de los aficionados al género. 


    Ante las denuncias interpuestas tuvo que alegar indisposición repentina para amainar el temporal y cuando reaparece lo hace suprimiendo por orden gubernativa algunos de sus cuadros más sugestivos.

La Correspondencia de España (9 de junio de 1893)

     Con el tiempo, como suele ser común en estos casos, el escándalo terminaría repercutiendo en favor de la artista.

     La Compañía Arrendataria de Cerillas tuvo que retirar de la venta algunas series cuyos cromos fueron catalogados como pornográficos, así como la de Tranvías del Norte que tuvo que suprimir algunos “anuncios escandalosos” que ostentaban sus carruajes.


    Coincidiendo con la reaparición de “La Bella Chiquita” en los locales de la Asociación Integrista de Madrid se reúnen en asamblea, bajo la presidencia de Ramón Nocedal, representantes de las juntas regionales de un embrionario Partido Tradicionalista. Huertas Lozano participa asumiendo la representación de las Baleares. El antiguo reino de Jaén hallábase representado por el farmacéutico linarense Francisco de Paula Quílez.
    Durante todo el año 1894 sigue vinculado al círculo de Congregantes de San Luis llegando a alcanzar la dirección del bisemanal El Adalid. Para el curso académico 1894-1895 pasa a desempeñar tareas docentes en la Academia de Estudios Superiores de San Rafael, dentro de la cual se crea una sección de Medicina y Farmacia de cuya dirección se encarga.
   Todo ésto compaginado con una incesante actividad como periodista y propagandista de los Círculos Católicos de Obreros impulsados desde la diócesis a través de una “Asociación general para el estudio y defensa de la clase obrera”, cuyo órgano de expresión era El Obrero Católico. Asume la secretaria del círculo creado bajo la advocación de San Pedro.
   Su fin principal era luchar contra los enemigos de la Iglesia, como el protestantismo, el socialismo, el comunismo o el anarquismo, evitándose su arraigo entre las clases populares. La pretendida armonía social la glosaba en verso José Huertas en las páginas de El Obrero Católico:

Fruto de aquella visita
tan sincera y deseada
son los círculos católicos
de obreros; son esas casas
en las que ricos y pobres
con entusiasmo se abrazan…
Donde los de abajo suben
y  los de arriba no bajan;
lugar en el que se nivelan
por las virtudes cristianas
los abolengos ilustres
y las pobrezas honradas.

   En 1896 su vida se verá sometida a un nuevo giro brusco que reservamos para una última y definitiva entrega.



27 agosto 2013

REACCIONES A LA CONVERSIÓN DE JOSÉ HUERTAS LOZANO



     Una copia de la carta que se dirigió al Arzobispo de Granada, en la que el converso José Huertas Lozano se retractaba de sus errores pasados, fue también remitida al director de Las Dominicales del Libre Pensamiento, acompañada de unas letras de presentación y un ruego:

     “Más cuidadoso de mis intereses espirituales hoy que en los últimos cinco años que de mi vida han transcurrido, he llegado a penetrarme de que me equivoqué lastimosamente al separarme de la religión católica, apostólica y romana. En la actualidad he vuelto a su seno amantísimo, y queriendo dar de ello publico testimonio, me permito adjuntarle la retractación de mis errores, copia de la que tuve el honor de remitir con fecha 18 del corriente al Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo de Granada; ruégole que, así como dio cabida en su periódico de mis escritos antirreligiosos, ordene la inserción del adjunto pliego”.

     Es de usted respetuoso servidor, José Huertas Lozano.

(Las  Dominicales de 7 de septiembre de 1889)


    El ruego lógicamente no fue atendido, aunque los redactores de Las Dominicales le honran por el tiempo en que quiso hacer pública su fe librepensadora, pero con respecto a sus manifestaciones de haber dado cabida en sus columnas a sus escritos se disculpan con un “resulta imposible recordar ahora mismo”.
    Paseándonos entre los números de la colección de Las Dominicales inserta en  la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional correspondiente al quinquenio impío mencionado, tan sólo hemos localizado tres referencias en la que aparezca el nombre de José Huertas.
    Dos ya están incluidas en la entrada anterior, su pertenencia al grupo espiritista “Luz de la Verdad” (1885) y a la “Resp. Logia Numancia nº 202” de Granada (1888). La tercera pertenece al verano de 1885 cuando desde Alcalá la Real remite 0,25 pesetas para la suscripción abierta por el periódico para socorrer a las víctimas del cólera.
    Las primeras van acompañadas de sendas cartas de presentación que pudieran ser las colaboraciones a las que Huertas se refiere. El sentimiento antirreligioso aparece expresado en ellas en los siguientes términos:

    “Nuestros queridos hh  . * .  y correligionarios: Vivimos en el último tercio del siglo XIX, durante el cual tan gran revolución se opera en el mundo civilizado. España parece que va saliendo de su ignorancia y contesta con voz más fuerte cada día a las ideas de Libertad y Progreso. Bien claro se apercibe, al leer las continuas adhesiones que recibís hasta de pequeñas poblaciones, en donde sin duda han comprendido ya las innumerables ventajas que proporcionan las ideas liberales en toda su extensión”.

    Tan escueto bagaje periodístico se presta a la suspicacia. Tarea difícil la de desentrañar si la famosa conversión fue auténtica o pudiera haber estado inducida o condicionada por determinadas circunstancias. Evidentemente la contestación dada desde Las Dominicales va en la segunda línea apuntada. Antes tuvieron que realizar una investigación previa sobre su persona:

    “Nosotros complacemos el desatinado deseo del Sr. Huertas, y lejos de guardarle rencor, sentimos por él la más tierna compasión.
    Ha sido muy desgraciado. Huérfano desde muy niño, sin más amores en el mundo que los de un hermano, fallecido poco ha en Granada, en la flor de la edad, su alma viene debilitándose incesantemente bajo los golpes de la desgracia. Únase a ello una educación extremadamente espiritualista y un temperamento histérico encerrado en un cuerpecillo débil y enfermizo, para comprender que ese desgraciado podía ser fácil presa de los desalmados jesuitas que no tienen compasión para la desgracia, ni respeto alguno a los sagrados derechos a la humanidad.
   El barullo en el cerebro de esta infeliz criatura debe ser muy grande”.

   También el posible despecho que ya apuntábamos, y que queda patente en una publicación autobiográfica en la con posterioridad no detendremos, asoma en la contestación:

   “No hemos tenido otra relación con este joven que la de cruzar con él el saludo u oírle hacer protestas exageradas de fe librepensadora. Escribía o estaba empleado en un periódico monárquico (sin embargo de lo cual afirmaba que era republicano) y valiéndose de sus relaciones en la prensa anunció que iba a leer a algunos amigos una obra dramática que había compuesto. La leyó en efecto y resultó ser una tontería. Creyó pues excitar la admiración y sólo produjo una sonrisa compasiva”.

     Debía ser corresponsal en Granada y colaborador de un periódico de la corte titulado Las Ocurrencias. Así consta en unas letras publicadas en la Unión Católica con motivo del fallecimiento de su hermano Juan:


    Cuando se traslada a Madrid, a principios de mayo de 1889, muy posiblemente recurriera al director de este periódico para que le diera trabajo con el que obtener los ingresos necesarios para su subsistencia mientras preparaba las oposiciones para vacantes en el Cuerpo de Sanidad de la Armada. Tuvo que ser durante esta etapa de su vida cuando transcurre el episodio de la lectura dramática, que con cierta mofa y descrédito se refiere en Las Dominicales. Las oposiciones finalmente consigue aprobarlas, dándole derecho a ocupar una vacante, aunque quedaba al arbitrio del Ministerio conferirla cuando lo creyera conveniente. Es justo en este momento cuando accede a las recomendaciones de un amigo para entrar en contacto con los jesuitas. El desamparo económico en que quedó pudo haber sido decisivo en su transformación espiritual.
    El asunto siguió coleando durante un buen periodo, y especialmente aireado en boletines episcopales, prensa católica e integrista, que vieron en él materia suficiente para atacar a ese laicismo anticlerical “que se cebaba de manera descarnada contra el catolicismo”, aunque sin reparos a la hora de faltar a la verdad si era preciso:

    “Redactor y colaborador de las Dominicales, sus escritos han llenado muchas páginas de esta impía publicación, así como del escandaloso Motín” (El Siglo Futuro).

El Motín (periódico satírico semanal)
    La única vez que aparece el nombre de José Huertas en El Motín es para comunicar su participación en la velada fúnebre en honor de Villacampa celebrada en Baza el 24 de febrero de 1889, a la que asiste en representación del comité provincial republicano progresista.

Iglesia del Colegio de los jesuitas de Talavera de la Reina

    Por fuentes jesuíticas conocemos que la estancia de José Huertas en la Compañía de Jesús fue breve, incluso parece ser que no llegó a ordenarse. Tras vestir la sotana en el colegio de Talavera de la Reina comenzó el noviciado en el de San Jerónimo de Murcia, pasando con posterioridad al seminario de Pifo (Ecuador), de donde volvió con la salud muy quebrantada. A los cuatro meses de regresar a España, se decidió a salir de la Compañía por falta de salud y angustia de espíritu, aunque al volver al mundo mantuvo sus convicciones religiosas.
    Ya metidos en materia y habida cuenta de mi afición por el género biográfico, con vistas a satisfacer mi propia curiosidad y la de los potenciales lectores a los que seamos capaces de despertársela, en una próxima entrada abordaremos una nueva etapa de su vida (1892-1896) en la que se prodiga como periodista, publicista, propagandista y escritor de un catolicismo de corte bastante integrista.
    Un adelanto:



26 agosto 2013

HISTORIA DE UN CONVERSO



     Durante el proceso de documentación de las entradas dedicadas al Arquitecto Huertas Toribio al asociar el nombre de Porcuna con este apellido nos hemos tropezado con la “Historia de un Converso”, natural de Porcuna (Jaén), que gastó mucha tinta en las rotativas de la prensa española de finales del XIX.
    Volvemos a encontrar el apellido relacionado con la construcción y las obras públicas, y de rebotadura con el republicanismo, el espiritismo, el librepensamiento y la francmasonería de escuadra y compás.
    El padre del futuro converso se llamaba Manuel Huertas Caballero, quien tras recibir enseñanzas en la Escuela Especial de Arquitectura de Madrid como Agrimensor-Aparejador (años 1857-1858) sería destinado a la Jefatura de Obras Públicas de la provincia de Granada, prestando servicios con la categoría de sobrestante en poblaciones como Loja, Guadix o Baza.
    De su matrimonio vinieron al mundo Juan y José, que en octubre de 1878, cuando apenas contaban 11 y 12 años, iniciaron estudios de Derecho y Medicina respectivamente en la Universidad de Granada. Por su precocidad y extraordinaria inteligencia eran conocidos como “los doctores”.

    Juan, el mayor de los hermanos, cuando fallece el padre en el año 1885, pasa a ocupar un empleo en las oficinas de Obras Publicas de la capital granadina, labor que compaginará con la de redactor en La Publicidad, periódico de línea editorial liberal-republicana.


    José Huertas Lozano (el futuro converso) a los 18 años ya era médico. En el verano de 1885, cuando la provincia de Jaén se ve azotada por la terrible epidemia de cólera morbo asiático, fueron requeridos sus servicios profesionales: “se desvivió con entusiasmo por atender a los enfermos por el ardor de su carácter”. Parece ser que durante esta breve misión por tierras jiennenses mantuvo algún contacto con grupos de espiritistas y masones.


    Los hermanos Huertas ya se hallaban iniciados en un grupo espiritista denominado “La Luz de la Verdad”:
    “Ha sido necesario que en una capital como Granada, una generación que cuenta veinte años, alce el grito de la libertad de pensamiento y de conciencia, para que despierte en sus paisanos el entusiasmo que yacía sujeto en el estrecho círculo en que se veía obligado a jugar su libertad de acción”.
    El joven médico José Huertas gr. 1º, adoptó por nombre simbólico el del espiritista francés Allan Kardec. Su hermano, el empleado, abogado y periodista Juan Huertas figura como Secretario con grado 1º de recién iniciado.

Las Dominicales del Libre Pensamiento (12 de abril de 1885)
    Los dos hermanos ideológicamente estaban adscritos a la familia del republicanismo progresista encabezada a nivel nacional por Manuel Ruiz Zorrilla.






    Juan Huertas fue Secretario de su Comité Provincial y como redactor de la Publicidad, en alguna ocasión sería objeto de persecución e incluso detenido por presunto delito de imprenta (1886). Consta la participación de “los doctores” como oradores en actos de propaganda organizados por el partido en la capital y diferentes pueblos de la provincia, así como su pertenencia a  la Sociedad de Fomento de las Artes de la que Juan fue Secretario hasta su prematuro fallecimiento en mayo de 1888.

El Defensor de Granada (8 de mayo de 1888)
    Quienes sufragan y figuran en la esquela mortuoria son el Ingeniero Jefe de Obras Publicas, el presidente del Comité Provincial Republicano Progresista y el de El Fomento de las Artes en ese mismo orden.
    El abogado, escritor y periodista Pascual Santacruz Revuelta le dedica unas elogiosas letras recordatorio en un artículo firmado en agosto de 1901:


   “La juventud  es hermosamente intransigente, impecáblemente revolucionaria. No he conocido más que uno de esos jóvenes. El malogrado Juan Huertas Lozano granadino ilustre joya robada por la muerte a la tribuna, al foro y a la democracia. Espíritu de diamantino temple le oía defender sus ideales con un brío moral que contrastaba con el aspecto exangüe de su pobre organismo minado por la tuberculosis.

    Y cuando recuerdo a aquel joven tan puro tan sabio y tan valiente, y le pongo en parangón con estas momias espirituales que mi alrededor bullen y charlan en frivolidad perpetua, me parece que la juventud democrática española murió con él y lo que es más triste que junto a su cadáver sólo florecen las plantas de la indiferencia y del olvido sin que broten por ahora los retoños de la renovación y de la vida”.

    A la muerte del Juan “orador elocuentísimo y fogoso, brillante esperanza del foro y de la política” su hermano José asume sus funciones dentro del Comité Provincial y le sustituye al frente de la Secretaria de la Sociedad del Fomento, cuya finalidad principal era la instrucción y el mejoramiento social de las clases obreras. José Huertas por esta época trabajaba como médico y secretario particular para el ingeniero de caminos y diputado a cortes Luis de Rute y Giner.

Repositorio Documental de la Universidad de Granada

     De la conferencia que pronunció José Huertas durante la apertura del curso 1888-1889 extraemos algunos párrafos en los que se elogia la labor de extensión cultural de esta asociación inspirada en los principios de la filantropía propios de la masonería con los que comulgaba:

   “Si hubieseis venido alguna noche a escuchar las explicaciones de las asignaturas que aquí se han cursado, habrías tenido sobrada ocasión de advertir que esos bancos que ahora ocupáis, estaban llenos de obreros; ya adultos de atezada faz y ceño endurecido, ya adolescentes de mirada penetrante y frente bañada por los restos del sudor del día, que, despreciando el cansancio, negándose a si mismos la fatiga, olvidando que de sol a sol prestaron su fuerza y su energía al concurso universal de la actividad humana; que dando pruebas de plausible vigor, y no parando mientes en el desfallecimiento que sus miembros enervara, acudían ansiosos a este lugar en el que esperaban recibir las lecciones. Aquí llegaban ávidos de enseñanza buscando ilustración, anhelosos de educar su entendimiento y su razón, porque comprendían que este es el único medio de arrebatarse a la ignorancia, de huir del bochornoso dominio de las pasiones y de salvar el abismo de la estupidez que, de no ser corregida, cuando no les lleva al idiotismo o el crimen, les deja entre las garras de otro monstruo cruel: la superstición”.

Construcción de la Gran Via (finales XIX)


    “Nada tan digno de respeto, nada tan sagrado para los que saben, como esclarecer el entendimiento de los que ignoran, correspondiendo de esta forma a los servicios que el obrero material le presta al mundo de las cosas, cumplen la ley de reciprocidad que sobre los unos y los otros vive, obligándoles a coadyuvar en común a la gran obra de la redención humana, realizada cuando haya alcanzado su mayor apogeo el ejercicio de Justicia inspirada en la absoluta Verdad y del Trabajo mantenido en los soberanos principios de la Ciencia”.
    El peso de las enseñanzas lo llevaba el apóstol del laicismo y veterano francmasón José Aguilera López
    En Las Dominicales del Libre Pensamiento de 14 de octubre de 1888 consta la pertenencia de José Huertas Lozano a la “Resp. Log. Numancia nº 202” de Granada, bajo los auspicios del G.O.E. con grado 3º y nombre simbólico Universo (Orador).


     Durante este tiempo se prodigó con su seductora oratoria en actos políticos y conferencias, como las desarrolladas en el propio Fomento de las Artes o en asociaciones o colectivos granadinos que reclamaban su comparecencia.

La Nueva Prensa  (4 de noviembre de 1888)


    El 11 de febrero de 1889 participaba en la localidad jiennense de Alcalá la Real en los actos conmemorativos del décimo tercer aniversario de la proclamación de la República, y el 24 en una velada fúnebre, organizada por la tertulia republicana de Baza, en memoria del Brigadier Villacampa.
      Durante el primer trimestre de 1889 en la sección de cartas al director del semanario granadino “La Nueva Prensa” mantuvo una educada controversia con Francisco Camps y Cortes que le acusaba de “cerrar contra la idea religiosa con chistes y falsedades de tomo y lomo” durante una conferencia que con el titulo de “Emigración e Inmigración” impartió en el local del Fomento de las Artes (calle Elvira nº 117).




    Ateniéndonos al título de su primera incursión en el mundo literario, una novela humorística que titula “Los hijos del capitán grajo en cualquier parte del mundo” editada a finales de 1888, cuya trama desconocemos, bien pudiera ser ella la responsable de la fama de anticlerical irreverente que Camps le atribuye. En los trabajos periodísticos a los que hemos tenido acceso, aunque se nos muestra firmemente anclado en sus posicionamientos ideológicos, no hemos encontrado en ellos ataques directos contra la clerecía.
     Al fallecer en abril de 1889 el ingeniero y diputado Luis de Rute (su único sustento) se desplaza hasta la capital de España con la idea de concurrir a oposiciones para ingresar como médico en la Armada. En Madrid hace amistad con un joven de Ayamonte llamado Antonio Pérez y Pérez Esteban que, viéndole atormentado, lo pone en contacto con la Compañía de Jesús. 
     

    Parece ser que andaba algo despechado con los francmasones madrileños que no le habían prestado la ayuda demandada e intentaron hacerle desistir de sus propósitos iniciales. Tras participar por invitación en unos ejercicios espirituales celebrados en el Colegio de los Jesuitas de Talavera de la Reina es cuando se produce su prodigiosa conversión, ingresando a renglón seguido como novicio y anunciándose su vestidura de sotana para el día de la Natividad de la Santísima Virgen María (8 de septiembre). 
     Antes dirigió una carta de retractación al Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo de Granada, don José Moreno y Mazón, que fue reproducida con alborozo en la prensa católica de los más dispares puntos del país:


     “Mi Venerable y amadísimo Prelado: A nadie mejor que V.E. debo dirigir este escrito, por qué nadie ha debido sentir más que V.E, mis extravíos pasados. Este hijo pródigo acude hoy de la manera que puede a echarse en brazos de su bondadoso padre, pidiéndole perdón de su extraordinaria maldad, como ya lo ha hecho como gran consuelo de su corazón, y con lágrimas de sus ojos, a la Majestad Soberana.
     Al meditar aquí en el retiro y el silencio de las verdades en que apenas había parado, he visto las cosas de un modo contrario a como antes las veía, he sentido mudado mi corazón y he creído.
     En virtud de la fe y gracia que el Señor, con su infinita Misericordia, me ha concedido, y ayudado por mi Madre y Señora la Inmaculada siempre Virgen María, declaro públicamente y ante la faz del mundo entero que creo y confieso todas y cada una  de las verdades de nuestra fe, que dios ha revelado a su Iglesia, y que ésta, con su magisterio infalible nos propone, que quiero vivir y morir en esta misma fe que de niño recibí, y luego por mi desmedida ambición y por tras los vanos y mentidos aplausos del mundo pisotee; que detesto y abomino todos los errores que en folletos, discursos y pública y privadamente manifesté".

La carta completa puede leerse en El Mahonés de 14 de septiembre de 1889.

    Lógicamente un caso como éste dio mucho juego tanto en la prensa de tirada nacional como en la provincial. El periódico jiennense El Norte Andaluz publica una pequeña reseña biográfica del converso en la trasciende su naturaleza porcunense:

   “Huertas Lozano es natural de Porcuna,  pueblo de esta provincia. Su padre fue sobrestante de obras públicas en Guadix, y luego pasó a Baza, donde sin duda empezó a recibir el hijo semilla de ideas religiosas, pues este pueblo ignorado por todos los conceptos, sólo aparece de relieve en las columnas de Las Dominicales del Libre Pensamiento.
      Azotada esta capital por el cólera morbo hace cuatro años, acudieron en su ayuda diferentes recursos y personas; una de estas era el médico Huertas Lozano, joven de veinte años, que se desvivió aquí por atender a los enfermos con el ardor de su carácter y entusiasmo nefando de sus ideas, que procuró diseminar, y diseminó en efecto, entre los pocos que las manifiestan acá.
      Hasta su retrato dejó en manos de sus amigos de Jaén  y así no es extraño que seamos nosotros los  que participan de la general alegría de ver convertido a un masón  que poco antes pisoteaba a Jesucristo y blandía la espada en el antro de los secretos a favor de la guerra contra la Iglesia católica, convertido, repetimos, en un Jesuita a quien el peso de la sotana seguramente ha de trocar en apóstol ardentísimo de la verdadera fe”.

     Las reacciones que se producen entre sus antiguos compañeros de comunión de ideas, así como noticias sobre su efímero paso por la Compañía de Jesús y otros vaivenes a los que se verá sometida su trayectoria vital quedan en reserva.  A ver si mientras tanto podemos dar con su retrato, detrás de cuya pista andamos.


22 agosto 2013

Arquitecto Luis de Huertas en Puerto Rico (1796-1815)



     En una entrada anterior dedicada al arquitecto neoclásico Luis de Huertas Toribio, natural de Porcuna (Jaén), mencionábamos la importancia de la recomendación efectuada por Francisco Sabatini, a la sazón Arquitecto o Maestro Mayor de Obras del Reino de España, para que éste pasara a ocupar la plaza vacante de Maestro Mayor de las Reales Obras de Fortificaciones en la Plaza e Isla de Puerto Rico.

Arribada


     “En el Bergantín Correo de S.M. el Infante a cargo de su capitán Josef  Suarez Quirós llegó a este puerto en 12 de agosto próximo pasado don Luis Huertas, Arquitecto aprobado por la Real Academia de San Fernando, nombrado maestro mayor de las Reales Obras de fortificaciones de esta Plaza por la R.O. que se sirvió V.E. comunicarme con fecha de 13 de febrero último. Doy a V.E. parte de su llegada para los efectos convenientes” (1).

                                        Puerto Rico a 22 de septiembre de 1796.


      Firmado: Ramón de Castro (Gobernador y Capitán General de Puerto Rico)


Ramón de Castro y Gutiérrez
    El propio Sabatini, por su condición de Teniente General del Cuerpo del Ingenieros Militares, fue el responsable de la designación del Coronel e  Ingeniero Tomás Sedeño, que arribaba a la Plaza de Puerto Rico en fecha  cercana a la que lo hiciera  Luis de Huertas (2).     


    El ingeniero Tomas Sedeño y el Maestro Mayor Luis de Huertas terminarían conformando un equipo de trabajo que dejará su huella en la Isla. Su trabajo traspasa con creces las obras de defensa y fortificación en principio encomendadas. Intervienen juntos como proyectistas tanto en edificaciones civiles como religiosas ejecutadas durante el primer quinquenio del XIX.
    Ambos tendrían un bautizo de fuego. Al año siguiente de su llegada (1797) tuvieron que poner en práctica sus conocimientos en materia de defensas y fortificaciones durante el sitio que sufrió la isla por parte de la flota inglesa.
     Expuestos a las acometidas de los cañones enemigos participaron en primera línea en los urgentes trabajos de construcción de defensas en los puntos estratégicos.
     Luis de Huertas intentaría sacarle partido a su comportamiento heroico solicitando “graduación militar, fuero y uso de uniforme correspondiente a su clase”.

     “El Capitán General dirige una instancia de don Luis de Huertas, Arquitecto aprobado por la Real Academia de San Fernando, y maestro mayor de las obras de fortificación de aquella Plaza e Isla, en que hace presente su mérito contraído durante el último sitio asistiendo bajo la dirección de su Comandante a la construcción de Baterías, Espaldones y reductos, principalmente en las obras del fuerte y puente de San Antonio donde sufrió las mayores fatigas y riesgo de la vida por el rigor del fuego de los enemigos que se dirigía a aquel punto, en cuya atención y lo mucho que se esmeró para animar con su ejemplo a los subalternos y trabajadores; Suplica a V.M. se digne a concederle la graduación militar que más sea del real agrado y quando no, el fuero y uso del uniforme correspondiente a su empleo, o la gracia que fuere más conforme al Soberano arbitrio de V.M.
     Los jefes apoyan su mérito, exactitud y desempeño con que se portó durante el tiempo del sitio, y lo consideran acreedor al premio que V.M. tenga a bien dispensarle”.

      Junio de 1798 (3).


Denegado por S.M. (3)
   Con posterioridad al sitio se realizaron importantes trabajos de reconstrucción, especialmente en el fuerte de San Jerónimo, defensa a la entrada del canal de San Antonio, que quedó prácticamente destruido por la acción de los cañoneros ingleses.



    Entre su producción arquitectónica en la isla de Puerto Rico ocupa un lugar principal la Catedral de San Juan Bautista reedificada sobre otra anterior de estilo gótico.
     En 1801 el comandante de Ingenieros Tomas Sedeño, ante el peligro que representa para la feligresía la debilidad estructural del antiguo templo catedralicio, especialmente en la parte del crucero, contando con la obligada anuencia del gobernador de la plaza opta por suspender con carácter de urgencia la celebración de oficios religiosos en el mismo.
     Casi de inmediato, con el imprescindible concurso del arquitecto Luis de Huertas, se elabora un proyecto de reconstrucción.
    El plano general del citado proyecto, que fue presentado el 1 de junio de 1801, está publicado en la Historia General de las Artes Plásticas en Puerto Rico de Osiris Delgado Mercado (Fig. 115). No he sido capaz de localizar un ejemplar de la misma entre los fondos de la BNE ni en cualquier otra biblioteca pública o universitaria de los territorios del núcleo del antiguo imperio colonial (Reino de España). Sería de agradecer que cualquier curioso o investigador de naturaleza o residencia boricua, que pudiera tener acceso a la lectura de esta entrada, nos lo proporcionara para poder incorporarlo a posteriori.
     Una vez aceptado, el 9 de noviembre del mismo año se produce la ceremonia de puesta de la primera piedra. Aunque con importantes reformas posteriores, el memorial presentado por Sedeño y Huertas responde básicamente a la Catedral que llega a nuestros días (4).
     Para poder hacer frente a tan cuantioso gasto el gobernador Toribio Montes, con la anuencia de los cabildos civil y eclesiástico, estableció en 1805 un impuesto de un cuarto (cuatro maravedíes) sobre libra de pan cocido. 




    Por falta de fuentes y conocimientos nos abstenemos de entrar en consideraciones estilísticas de una manera profunda. A simple vista tanto en su fachada como en la nave central se aprecia claramente el gusto por la sencillez, de predominio de lo arquitectónico sobre lo decorativo, la pureza de líneas y proporciones simétricas propias del estilo neoclásico.

    En la fotografía de la fachada (finales del XIX) todavía no se había producido el realce de altura consistente en la incorporación de un nuevo cuerpo para la hornacina del santo rematado con un frontón triangular que presenta en su traza actual. 


    También conocemos sobre su participación en otro edificio religioso: Iglesia de Barranquitas.
    El poblado de Barranquitas fue fundado en 1803. Desde un primer momento cunde el deseo entre sus pobladores de constituirse en  parroquia independiente. A tal propósito coadyuvo considerablemente el especial empeño del Obispo Arizmendi que facultó a sus vecinos para levantar parroquia. La primera piedra fue bendecida el 12 de julio de 1804 por el párroco de Coamo. En el año de 1806, con planos realizados por el arquitecto español de Luis de Huertas, es cuando se aborda de lleno su construcción. Para 1808, cuando el poblado obtiene personalidad jurídica propia ya se hallaba terminada (5).


    En este dibujo realizado a partir de una postal de finales del XIX se aprecia perfectamente su fisonomía original que ya no tiene nada que ver con la actual.


Real Cárcel del Cabildo


    En 1810 Luis de Huertas interviene en la tasación de una casa propiedad de Juan Jacinto de Rivera situada en la Calle de la Luna, a espaldas de las casas consistoriales, finalmente adquirida por el Cabildo para acometer el ensanche de la Real Cárcel.
    El propio Luis de Huertas es nombrado para ejecutar el proyecto. Su financiación va a provocar un conflicto entre los cabildos civil y eclesiástico ya que el impuesto sobre el pan, aplicado antes para la Catedral, se transfiere a esta nueva obra.
    La idea fue impulsada por el gobernador Salvador Meléndez e iba acompañada de un moderno proyecto de rehabilitación de reclusos. Consistió en construir un departamento incomunicado del resto de instalaciones del edificio y con salida independiente al exterior para que sirviera de asilo a presos jóvenes por delitos leves. El alcaide Carrero se comprometió a procurar la educación de los mismos en diferentes oficios (6).



     No ha llegado hasta nuestros días. A mediados del XIX el edificio del Ayuntamiento se verá sometido a una nueva remodelación profunda con proyecto del arquitecto Pedro García. Al variarse la fachada, quiso el arquitecto darle la mayor semejanza posible con la del ayuntamiento de Madrid de donde era natural.
     En fecha indeterminada construyó una Casa para uso particular y familiar. En las Actas del Cabildo consta su solicitud:
    “Se tuvo presente el expediente movido por don Luis Huertas sobre la venta de tres varas y media de terreno que trata de comprar, como pertenecientes a los propios de la ciudad, para edificar la casa que ya ha empezado a construir en la plazeta de las madres monjas carmelitas”.
    Llama la atención el hecho de que sea tenida en cuenta con las obras ya iniciadas. Esto nos puede inducir a pensar en un trato de favor. También es cierto que esas mismas actas recogen reclamaciones de haberes de Luis de Huertas “maestro mayor arquitecto de fortificaciones de la plaza” contra los fondos propios del Cabildo (7).

Plaza de las Monjas en 1902

     No ha quedado memoria de la misma. Incluso es posible que no llegara a terminarse por su prematuro fallecimiento.
      Conocemos que tuvo descendencia. Un próxima meta consistirá en dar con la misma, desentrañar con exactitud la fecha de su nacimiento y clarificar su más que presumible parentesco con el también arquitecto porcunense Tomás Toribio Huertas cuya carrera profesional trascurre en Montevideo (Uruguay) casi en paralelo.

FUENTES UTILIZADAS

(1)   Luis Huertas. Destino a Puerto Rico (1796). Archivo General de Simancas: SGU,LEG,7243,49.  Portal Pares MCU.
(2)   Tomás Sedeño. Pasaporte de embarque (1796). A.G. de S: SGU,LEG,7243,40
(3)   Luis de Huertas. Solicitud de Ascenso (1798). A.G. de S: SGU,LEG,7245,18. .
(4)   Osiris Delgado Mercado / Historia General de las Artes Plásticas en Puerto Rico. 1994.
(5)   Lino Gómez Canedo. O.F.M. / Los Archivos Históricos de Puerto Rico. Apuntes de una visita. A.G. de Puerto Rico 1964.
(6)   Francisco M. Zeno / Historia de la capital de Puerto Rico. Oficina de Actividades Culturales, Gobierno de la Capital, 1959 - 498 páginas.
Revista Plural. Volúmenes 3 y 4. Administración de Colegios Regionales, Universidad de Puerto Rico, 1984.
(7)   Actas. Publicación Oficial del Gobierno de la Capital. San Juan (P.R) Cabildo. 1970.