Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

14 septiembre 2011

Feria Real de Castro del Río durante la segunda década del siglo XX.

Dibujo de Navajas del Río

    El año pasado, en vísperas de la Feria Real de Castro del Río (16, 17 y 18 de septiembre), elaboré una entrada en la que la exhaustividad informativa desplegada por un antiguo corresponsal local de la prensa provincial, me resulto de gran provecho para presentar cómo se divertían castreños y castreñas durante su feria en aquella primera década del siglo XX. El mérito es única y exclusivamente  del prolífico, activo e ingenioso, reiteradas veces mencionado y utilizado, José María Jiménez Carrillo.
    Para este nueva edición del ciclo festivo y vital, me había planteado realizar una entrada similar, pero tomando como referente la segunda década (1910-1920). La baja en la corresponsalía del joven José María Jiménez Carrillo, que tuvo que dejar su pueblo por motivos laborales (ganó unas oposiciones a Secretario Judicial), la percibiremos ostensiblemente. Ni Juan R. Cubero, que le sustituye en el Defensor, ni el inestable (aparece y desaparece) Antonio Pérez López Toribio para el Diario de Córdoba, llegan entre ambos, ni a volcar la décima parte de lo que nos transmitiera aquel. Por poner sólo un ejemplo, las temporadas teatrales, de las que nos tenia José María informados al dedillo, éstos las ignoran por completo. Poco o nada sabemos sobre aquellas últimas temporadas del Teatro el Dante o primeras del Cervantes.
    Aunque la información es exigua comparativamente, ya que me he tomado la molestia de buscarla y localizarla, intentaremos volcarla, estructurarla y estrujarla en la medida de lo posible.
    Las primeras noticias que tenemos son del año 1912 y hacen referencia a las tres corridas de novillos lidiadas por el diestro madrileño Frutitos durante la feria de ese año en el patio de armas del Castillo, habilitado una vez más como coso taurino (ver festejos taurinos).



    Da la impresión de que la feria pasa por cierto letargo o decaimiento, especialmente la de ganado, de ahí, que el propio Ayuntamiento opte por publicitarla en la prensa provincial con el propósito de reactivarla:



UBICACIÓN

    Se produce algún cambio con respecto a la década anterior. La feria de ganado mantiene su tradicional emplazamiento en la ribera del rio Guadajoz, por la disponibilidad de pastos y abrevaderos. El hermoso y arbolado paseo de la calle los Molinos y la Dehesilla de los Tejares, al otro lado del puente, se convierten a partir de 1913 en lugar idóneo para la instalación de tiendas de bebidas y cafés portátiles con los que amenizar, aderezar y cerrar las transacciones de ganado, que se caracterizaban por un especial derroche de bebida y comida (origen de la actual feria de día), así como para la instalación de casetas de baile y buñolerías con las que ambientar la fiesta durante la noche.

Dibujo de Navajas del Río

     En el año de 1918, a raíz de celebrarse la feria, por primera vez, en honor de Nuestra Señora de la Salud (Patrona de la villa), se intenta recuperar su original localización en la calles Pozo y Virgen de la Salud, aunque no termina de prosperar la propuesta del concejal y corresponsal  del Diario de Córdoba, Antonio Pérez López Toribio.



      La feria ubicada en las proximidades del rio, tenía el serio inconveniente y contratiempo de la lluvia o tormentas de verano, como la descargada el año de 1913:
     ”Desde la víspera hasta el segundo día, no descanso un momento la pertinaz lluvia, que aunque ha favorecido algunas labores del campo, ha deslucido mucho los festejos que estaban anunciados.
    Ya el tercero, y después de mandar limpiar nuestro señor alcalde, calles adyacentes y paseos de la feria, empezó a afluir público que aumento bastante durante la noche".

BAILES DE SOCIEDAD

   Se mantiene el binomio de bailes aristocráticos y populares de la década anterior.
   La tradicional jota castreña se siguió bailando en la caseta del Círculo de Recreo de Artesanos hasta 1914. Su modesta economía sólo le permite, a lo sumo, ofrecer bailes durante uno de los días de Feria. En 1915 se extinguiría definitivamente esta sociedad, cuyos orígenes se remontan al año 1876, y que fuera ya pionera en la década final del XIX, contribuyendo considerablemente al realce de la feria con la instalación de su popular caseta.
   Desaparecidas sociedades y círculos de recreo como el de la Amistad o la Unión, presentes con sus coquetos pabellones y aristocráticos bailes en el Real durante la primera década, será la patronal agraria, aglutinada en torno al Circulo de Agricultores o Labradores, la encargada de cubrir ese vacío. La sociedad Circulo Liceo nacida en 1910 no me consta que montará caseta durante la feria. La primera noticia sobre la instalación de la famosa tienda del Círculo de Labradores es durante la feria del año de 1913. Su alma mater y promotor principal, el ex alcalde Antonio Navajas Moreno “Barbitas de alambre”.
    Prácticamente se ignora todo lo relacionado con el baile de Artesanos y la única información que trasciende es la relacionada con las gentes de tiros largos:



    “En la Caseta de Artesanos sólo hoy ha habido baile, que resulto muy animado. Son la una de la madrugada. La feria está desierta. Todo en silencio. En la soledad de la noche y a lo lejos, llega a mis oídos el rumor de un pelotón “aristócrata”, sal femenina, que regresa del baile comentando sus peripecias…” (1913).
    “Los bailes de sociedad en la caseta de Agricultores, se han visto muy animados hasta altas horas de la noche, habiendo tenido la ocasión de apreciar caras de ángeles y preciosas toilettes” (1915).

Pelotón aristócrata del bello sexo



Del sexo fuerte


    En algún recorte de prensa de los que he manejado, se menciona la organización de bailes públicos. Imagino que estos tendrían lugar improvisadamente en torno a los conciertos o actuaciones de la Banda Municipal de Música en el Real en horario vespertino y nocturno.


REVOLTOSA Y REVOLTOSOS

    La Revoltosa de Ruperto Chapí, era una de las piezas que llevaba entre su repertorio la compañía de zarzuela y opereta dirigida por el señor Sandoval, contratada para actuar durante la Feria Real del año 1918 en el Teatro Cervantes de Verano: “Espectaculares llenos, en particular, durante los tres días grandes ”.



    Ese mismo año de 1918, cuando la cuestión social comenzaba a agitarse, revoltosos, de presumible filiación anarcosindicalista, aprovechándose de la nocturnidad  y de la desguarnecida guardería rural, aparecen como presuntos responsables del fuego devorador del que son afectados los almiares de paja de los cortijos de Huesa la Alta, la Aldea y Velasquitas. Don Antonio Navajas Moreno, presidente del Circulo de Agricultores, y labrador del primero de los mencionados, le tocaría durante esa feria poner de manifiesto, una vez más, su gallardía ("barbitas de alambre") al frente del dispositivo de extinción de incendios del que era máximo responsable.
    Justo inmediatamente después de la feria, los obreros agrícolas de Castro del Río se declaran en huelga, en demanda de mejoras salariales para las labores de invierno (se pide un jornal de 20 reales “a seco” o de 15 con comida).



DAÑOS COLATERALES

     Amigos de lo ajeno fueron quienes durante la feria de 1916 retiraron, sin ser advertidos, varias caballerías del cortijo del Cuadradillo.
     El espectacular vuelco protagonizado, esa misma feria, por el coche correo de Castro del Río a Baena, en el sitio de la Dehesilla, con el balance de dos heridos (un baenense y un menciano) y resultando ileso su conductor. Los heridos fueron atendidos por los doctores don Mariano Fuentes y don Pedro Fernández.



     Bastante caro le salió el hospedaje ofrecido por José López Millán a un forastero durante la feria de 1920. El huésped desapareció de improviso, llevándose dos trajes, un mantón de manila, unos zarcillos, un alfiler de oro, 20 pesetas y una browing.
    De daño gustoso, festivo y familiar podemos calificar el ocasionado durante la feria del año 1920 en la despensa de los familiares del recién investido canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, Andrés Caravaca Millán, arcipreste que era de la ciudad de Cabra. Quiso éste, antes de fijar su residencia definitiva en Córdoba, pasar unos plácidos días con sus hermanos y su tío Diego Millán Doncel (párroco de Santaella), venido ex profeso.

10 septiembre 2011

Un potaje de cuerda: "Las Guitarras".



    Pasaron las vacaciones y llegó la hora de retomar la rutina laboral diaria. No me ha costado nunca demasiado reincorporarme y adaptarme a ella. Con el tiempo, lo rutinario, lo previsible se llega a asociar con orden, seguridad y confortabilidad. Cada vez soy menos partidario de la bullanga callejera incontrolada (ese dejarse llevar) y he terminado encontrando en la casa y hasta en la soledad, de la que siempre he huido, placer y estabilidad emocional.
    Diferentes motivos me han privado este verano de mi ya tradicional escapada de relax por la comarca de las Alpujarras, de manera que mis vacaciones plenamente domiciliarias y rutinarias. Eso sí, una rutina libremente elegida y programada, que se diferencia ostensiblemente de la laboral e impuesta.
    Como soy de quienes acostumbra a levantarse temprano (me encantan esas primeras horas de la mañana, sobre todo en verano), he sabido sacarle partido al merecido descanso "a mi manera".  En vacaciones, la cocina, que suele ser un castigo durante el resto del año, para mí se convierte en deleite y disfrute. El internet éste, me ha resultado muy útil y provechoso  para diversificar la dieta de predominio vegetariano que me he autoimpuesto: sabrosas parrilladas mixtas de verdura, e infinidad de variedades y combinaciones de ensaladas, ensaladillas, vinagretas, gazpachos, salmorejos, macedonias  y tomate, mucho muchísimo tomate, que según mi doctora es el culpable de mis actual nivel alto de ácido úrico (también el langostino, no le vamos a echar toda la culpa al tomate).
    Aunque a la verdolaga se le ha buscado siempre el chispeante acompañamiento del pescaito frito o de carne a la plancha, por aquello de darle un poquito más de chiste al condumio, llega el momento en que, de repente, brota el hartazgo y empieza uno a añorar esa cuchara aparcada e ignorada durante el largo estío.
    Fue precisamente viendo un programa de televisión donde se mencionaba el famoso festival de teatro clásico y las berenjenas de Almagro, cuando se despertó en mi cierto deseo incontrolado por un tipo de potaje veraniego de habas secas con berenjenas pequeñas, que en Porcuna, mi tierra, conocemos como Guitarras.

mercadocalabajio.com


    Es una de estas comidas que siempre se pilla con gana, pues su consumo se circunscribe a unas fechas muy concretas. En mi caso, es el final del verano, el periodo del año cuando me relaciono con este musical potaje. Esa textura de puré que finalmente alcanza el avío y ese sabor tan particular, le hacen merecedor de figurar en las cartas de los mejores restaurantes. Solo se necesita de un Arzak o Aguiñano que lo introduzca y promocione.
     El año pasado me traje los ingredientes de Porcuna. Este verano, como no he asomado cabeza por allí, he tenido que buscarlos por estas tierras tropicales, donde no son demasiado usuales. Las habas las pude conseguir finalmente en una tienda de barrio de procedencia alpujarreña y las berenjenas, por encargo, a una verdulera del mercado, pues por aquí solo se producen y consumen las grandes.

    Todos los años recurro a la sección gastronómica de deporcuna.com para recordar las proporciones de la receta. He descubierto ahora que otro paisano también la incluye en su blog (lacocinadesiempre) y hasta nos esboza las diferentes hipótesis que se barajan sobre el origen etimológico de este potaje de cuerda, cuya particular nombre parece ser exclusivo de la localidad, o cuando menos de la comarca.




    Quiero aportar una surrealista y divertida versión sobre su origen tomada de la tradición oral.

    En Porcuna se cuenta un chascarrillo, que bastantes conocerán, que medio en broma medio en serio, relaciona el origen del término con una historia real. Desconozco hasta qué punto el relato puede estar afectado por la fantasía, tergiversación o guasa de la que suele estar impregnada la tradición. Quien me lo contó, en su día, daba pelos y señales sobre sus protagonistas. Yo lo relataré tal cual llegó a mi oídos, pero omitiendo apellidos, por aquello de no levantar susceptibilidades entre herederos del mismo.
     La situaremos cronológicamente a principios de la tercera década del siglo, casi en vísperas de la proclamación de la Dictadura del General Primo de Rivera.
     Don Fulano, por expreso deseo de su señor padre, había pasado los mejores años de su vida en la capital del Reino, haciendo como que estudiaba. Después de sucesivos cursos sin obtener el debido aprovechamiento académico, regresaría a su pueblo sin el acompañamiento del proyectado  título de Licenciado en Farmacia.  Su señora madre, sería la encargada de amañarle un  matrimonio de conveniencia con una señorita de desahogada posición, aunque mas bien parca en gracejo y belleza.
     Cuando fallece el padre, como hijo único, le correspondería hacerse cargo de la gestión directa de las explotaciones agrarias heredadas, así como de las aportadas por su señora en el matrimonio. Con el objeto de poder dedicarse plenamente a las que habían terminado convirtiéndose en sus principales aficiones y devociones (caza, casinos, tabernas, viajes y otras actividades de carácter diverso) fue lo suficientemente inteligente como para delegar y depositar su confianza plena en quienes ya habían ejercido la responsabilidad de aperador y manigero durante años para su padre, que a la postre serían quienes terminarían llevando el timón de la nave empresarial, "a la limón".
     Don Fulano, eventualmente se dejaba caer por el cortijo y gustaba de traerse hasta el pueblo a quienes ejercían de gestores de sus dominios, para demostrarles su agradecimiento, a base de juergas e invitaciones. Su estancia madrileña le había marcado y alegando inversiones bursátiles sus viajes hasta la capital eran cada día más frecuentes.  Cada vez que se juergueaba con sus empleados gustaba de ponerles los dientes largos con su variada y sibarítica agenda madrileña, hasta que por fin, presionado por las continuas desideratas de éstos accedería a dejarse acompañar.
     Estas criaturas de Dios, que padecían de hartazgo de olla cortijera, se sentían especialmente atraídos e ilusionados ante la variedad gastronómica ofertada en bares y restaurantes de la capital, de la que tantas veces habían oído hablar a su señorito, amen que por los pecaminosos placeres de la carne, de los que también acostumbraba hacer ostentación de uso y disfrute nuestro don fulano. Quiero decir, que las majas y  caprichos de Goya alojados en el Museo del Prado les importaban sinceramente un pepino, a uno y a otros.
    Fue justo e inmediatamente después de la feria de Porcuna, donde nuestro protagonista pudo hacer buen acopio de cartera con unas provechosas transacciones de mulas y muletos de su propiedad, cuando la heterogénea tripleta de porcuneros ponía rumbo definitivo hacía la capital de España.
    Benito P.M. y Antonio T.S. conforme pusieron pie en tierra en la estación de Atocha fueron alojados en una modesta fonda en sus alrededores. El señorito, se excuso con sus asuntos particulares, y  prometió recogerlos a medio día para cumplir con su promesa de invitarlos a comer en un famoso restaurant madrileño. Los intrépidos viajeros emplearon la mañana paseando por el acerado de la calle de Atocha, pero sin perder demasiado de vista el portal de la pensión.

Calle de Atocha (años 20)

    Don Fulano, tras concertar un fugaz encuentro con una atractiva señorita en un apartamento de la Gran Vía, se dirigió al afamado restaurante Casa Lardhy donde era ya sobradamente conocido desde su jaranera etapa estudiantil. El citado establecimiento por estas fechas se había especializado en cocina regional, puesta de moda y demandada por una clientela compuesta principalmente por políticos, periodistas, intelectuales y hombres de negocios que allí se daban cita casi a diario. Fue entre fogones, donde se tramó la pesada broma de la que serían objeto sus compañeros de viaje. Don Fulano advirtió al servicio de mesas de la inminente visita de sus paisanos y de la necesidad de que degustaran una serie de platos previamente convenidos.



    A las dos en punto de la tarde un taxi se detenía a la puerta de la Fonda La Generala donde nuestros porcuneros, vestidos para la ocasión, esperaban pacientemente la llegada de su señorito. ¡Venga, vamos arriba, que llegamos tarde! ¡A Casa Lardhy! Mientras el coche se dirigía a su destino les fue explicando la imposibilidad de acompañarles durante la comida ya que se veía obligado a atender  la generosa invitación del Director General de Sanidad (antiguo compañero de aulas) para almorzar en su domicilio. Esto no terminó de cuadrarles demasiado a nuestros comensales, que empezaron a sentirse como inseguros. No os preocupéis, he dado las pertinentes instrucciones al personal para que no os falte de nada - les dijo don Fulano- que se despedía de ellos dejándolos acomodados en una mesa para dos ubicada en un rincón de aquel lujoso salón comedor. Tomad estos veinte duros y a la tarde nos vemos en la cafetería de enfrente.
    La trama empezaba con la presentación de una carta de platos en francés. Un camarero compinche les saco rápidamente del apuro ofreciéndose de guía a la hora de elegir.
    Si, si, lo que usted vea, tenemos buen pico, nos gusta casi to.
    Como entrante pudieron disfrutar de una botella fresquita de manzanilla de Sanlúcar, almejas a la marinera y gamba blanca de Huelva. La cosa marchaba por buen rumbo hasta que llegada la hora de pedir el primer plato, inducidos por el camarero, eligieron las famosas “Guitarras” de reciente incorporación a la carta y que estaba teniendo un éxito excepcional entre los habituales. En unos bonitos y decorativos platos le plantaron sobre la mesa el potaje de habas, con las berenjenas artísticamente colocadas en el centro en forma de cruz. Tras unos segundos de silencio, Benito, el más aguerrido y que demostraba algo más de soltura y desparpajo, palmeó sus manos con fuerza requiriendo la presencia del camarero: “Maestro por favor, llévese usted las guitarras que se van los cantaores”. El camarero pudo retenerlos con la promesa de resarcirlos con un nuevo plato. Mientras tanto, en la cocina ponían a calentar el contenido de una fiambrera que por la mañana había dejado don Fulano para la ocasión: unas sabrosas y pringosas pajarillas de asadura de orza, que al ser presentadas sobre la mesa terminaron por rebosar definitivamente la paciencia del bueno de Benito, que en súbita levantada, se cago casi en todo lo que le dio tiempo, mientras  platos, copas, vasos y cubiertos sufrían los efectos de un terremoto, después de las dos palmetazos bien plantados, que preso de rabia e indignación, diera sobre la mesa ante el asombro del resto de los comensales. La broma adquiriría tintes de altercado público cuando nuestros paisanos se negaron en rotundo a hacer efectivo el pago de la factura solicitada. Al camarero compinche, ante la machacona insistencia para que aflojaran las 60 pesetas acordadas, le quedaría de recuerdo un merecido moratón en el ojo derecho.
    Hasta aquí la tradición oral, algo adornada por mis exiguas dotes de narrador de pacotilla.  Imagínense lo que he sentido, cuando, paseando entre colecciones de prensa histórica, me he topado de frente con la siguiente noticia:

DOS FRESCOS

     "En el día de ayer tuvo que personarse en el conocido Restaurant Casa Lardhy una pareja de la policía de servicio para reducir a dos individuos que la habían emprendido a golpes con el personal y que se negaban a abonar el importe del género consumido. Fueron trasladados a dependencias policiales tras ser presentada denuncia por parte de los interfectos. Son naturales de Porcuna, pueblo de la provincia de Jaén, hallaban se alojados en la Fonda La Generala  C/Atocha 69. J.M.A, jefe de sala del referido establecimiento, tuvo que ser atendido de varias heridas y contusiones en la casa de socorro de la calle El Tuerto".

(El Correo de Madrid 10 de septiembre de 1923)



NOTA EXPLICATIVA:

    Cuando a finales de noviembre, principios de diciembre se realizaba la matanza de los cerdos en los cortijos, las piezas nobles (paletas, jamones, lomos y tocino) normalmente pasaban a las cámaras aireadas que los señoritos o labradores disponían en la parte alta de sus viviendas. En el cortijo, a lo sumo quedaban algunas morcillas y chorizos, algo de tocino, y las asaduras o pajarillas previamente fritas en la propia manteca del cerdo y conservadas en una orza. Éstas no toleraban demasiado bien las temperaturas veraniegas, adquiriendo un caracterismo y desagradable sabor a rancio.

     Las derivaciones finales de toda esta epopeya gastronómica, dentro de unos días en comentarios. A ver que otras tonterías se me ocurren para entonces. 

07 septiembre 2011

Castro del Río: "Una Feria Real casi bicentenaria"


    Las ferias en Andalucía tienen un origen comercial: concentraciones de compradores, vendedores y tratantes, esencialmente de ganado, tan imprescindible otrora para las labores agrícolas. A ellas, con el tiempo se irán incorporando otras manifestaciones de carácter lúdico, festivo o religioso. Con objeto de controlar fiscalmente las transacciones, regularizar  y evitar la coincidencia en las fechas, para la celebración de ferias y mercados se requería de la pertinente autorización regia.
    En la villa cordobesa de Castro del Río, durante el Sexenio Absolutista de Fernando VII, fue cuando las autoridades locales adictas a su causa, tras elevar consulta al Consejo Supremo de Hacienda, consiguieron que S.M. el Rey se dignase a conceder a esta villa del reino de Córdoba, con sujeción al pago de los correspondientes derechos, la facultad de celebrar anualmente una feria en los días 25, 26 y 27 de septiembre.

    Sus promotores, el Síndico Procurador General y Teniente Coronel de Infantería, don  Francisco Antonio Valdelomar, y el Licenciado don Gaspár García Aramburu, Síndico Personero de la villa de Castro del Río. El primero, ha pasado a la historia, mayormente, por ser una de los elementos más destacados en aquella fallida insurrección absolutista contra el sistema liberal, protagonizada por Brigada de Carabineros Reales destacada en Castro del Río, a finales de junio del año de 1822. Estaba al mando del Regimiento Provincial de Córdoba, del que seria apartado. Durante la Década Ominosa recuperaría prestigio y dignidades.











    Un repertorio general de noticias de 1822, diccionarios como el de Sebastián Miñano del año 1826, un Manual geográfico administrativo de 1844 o la Biblioteca del comerciante de Damián de Sogravo y Craibe (1846), nos certifican que, al menos, durante la primera mitad del siglo XIX, la Feria Real de Castro del Río seguiría celebrándose en las fechas en un principio asignadas (25, 26 y 27 de septiembre).

   
    La Historia de Córdoba de Luis Maraver y Alfaro, editada y publicada en el año de 1863, nos proporciona información sobre un ligero cambio operado en su calendario tradicional, pasando ésta a celebrarse durante los días 16, 17 y 18 de septiembre, que es la fecha con la que oficialmente ha llegado hasta nuestros días. En la proximidad y la competencia, con la tradicionales y pujantes ferias de ganado de San Miguel de la vecina localidad de Cañete de las Torres o la de Baena, donde se daban cita para efectuar sus transacciones numerosos labradores de las provincias vecinas de Córdoba y Jaén, creo que pudiera estar el motivo justificado del cambio de fechas.


Calendario provincial de Ferias (Maraver y Alfaro)

03 septiembre 2011

De los escritores naturales de Castro del Río: Fr. Martín de Osuna y Rus (1630-1706).




    Aquellos que hayan seguido con interés o curiosidad las entradas dedicadas a la historiografía castreña, serán conocedores de aquel manuscrito titulado  “De los escritores naturales de Castro del Río, que han dado a la imprenta alguna de sus obras”, fragmentos históricos que para conservar su buena memoria recogió y escribió un Fraile del Carmen en el convento de la misma villa. Se comenzó el año de 1804.Manuscrito original en 4º-411 páginas y 12 más de principios.

   Su autor, el sabio y virtuoso carmelita castreño Fray Juan de Castro, aquel de cuyo trato y amistad se valió el heterodoxo Bartolomé José Gallardo para desarmar, en gran parte, la tormenta desatada contra él durante su confinamiento en Castro del Río. El conocimiento que se tiene de esta obra se lo debemos al propio Bartolomé Gallardo que tuvo la deferencia de incluir  una reseña de la misma en su “Ensayo de una Biblioteca de libros raros y curiosos”.

    Pudiera darse el caso de que esas 423 páginas manuscritas en 4º de las que consta la obra, se hallen perfectamente custodiadas y conservadas en la actualidad. Me falta ultimar unas pesquisas, para poder ratificar su estado y ubicación. Si éstas fueran finalmente fructíferas, lo pondría inmediatamente en conocimiento de las autoridades locales en materia cultural, por si éstas vieran a bien la solicitud de digitalización del manuscrito del Fray Juan de Castro.
    No quiero lanzar del todo las campanas al vuelo, pues simplemente estoy sobre una pista, que pudiera ser falsa o errónea. Esperaremos pues.
    Mientras tanto, como la red no para de crecer y los recursos informativos en ella alojados son cada día más abundantes, he recopilado algunos datos sobre la vida y la obra de uno de esos escritores castreños, otro carmelita, hermano de orden de Fray Juan de Castro y de Fray Miguel Rodríguez Carretero, a quienes ya le dedicamos sus correspondientes entradas:

Fr. Martín de Osuna y Rus (Castro del Río 1630- Sevilla 1706)



    Nacido en Castro del Río (Córdoba) en el año de 1630. Hijo de Juan Martín Castellano y de María Osuna la Torralba, naturales de Castro. Viste el hábito del Carmen Calzado en 1651 a los 21 años en la Casa Grande de Córdoba, profesando al siguiente. Tuvo un tío en la orden también llamado Fr. Martín de Osuna, que murió en Castro en 1664.
    En el convento de Córdoba dejó indeleble memoria. Costeo con sus limosnas de Misas y Sermones dos Altares en su Yglesia, uno a la señora de la Convención, otro a San Josef, los dos ciriales de plata cincelada, y dexo el fierro comprado paras las barandas de la Escala, donde puso un hermoso Farol que aún se conserva. En el libro de profesión de dicho Convento de Córdoba donde vistió el Santo Ábito y profesó, al folio 41 se lee esta nota puesta después de su muerte: Fue religioso de amabilísimas prendas, especial bienhechor de este Convento.
    Con posterioridad pasaría a como colegial a San Alberto de Sevilla, llegando a convertirse con el tiempo en Maestro de Estudios y Rector del Colegio.
    A las oposiciones a Teología y Sagradas Escrituras celebradas en la Casa Grande de Sevilla en 1662, concurre Fr. Martín de Osuna, que se hace con una vacante en estas últimas.

OBRA IMPRESA QUE SE LE CONOCE



Series Provincialum Castellane Provincaie Carmelitarum. Opúsculo impreso.


Defensa del convento de carmelitas de Xibraleón contra los RR. PP. Dominicos sobre la precedencia, con una breve noticia de los priores y conventos en ésta. Un cuaderno impreso en 4ª.

Memorias y recuerdos de lo sagrado y real de la república de Dios. En Sevilla por Juan Cabezas, 1679.


Memorias sagradas. Segunda parte: siguese el origen y progresos de las sagradas religiones, que prometimos. Impreso en Sevilla por Juan Cabezas, 1678 (1679).

   
    Las dos últimos libros se conservan en la BNE, así como también engrosan los fondos de diferentes Bibliotecas públicas y universitarias de nuestro país. Ambos impresos están hoy digitalizados y asequibles a través de la red. Me he tomado la molestia de pasearme por sus páginas con la esperanza de localizar noticias relacionadas con el convento del Carmen de Castro del Río o sobre sus moradores, con resultado totalmente infructuoso.



MANUSCRITOS


Cronicón o historia de la Provincia de Andalucía del Carmen Calzado, desde que se separó de la de Castilla hasta el año 1640.
   
     Bartolomé Gallardo nos ha dejado una descripción de la misma:

    “En el Cronicón de la provincia de Andalucía de Nuestra Señora del Carmen, manuscrito en 4º de fray Martín de Osuna, se habla de los escritores carmelitanos. Existía en el colegio de San Alberto de Sevilla”.
    
     Estos papeles hoy perdidos, son los que vio y usó Fr. Miguel Rodríguez Carretero, y que le resultaron de gran provecho, como texto base, para la elaboración de su Epytome historial de los Carmelitas de Andalucía y Murcia, Ms. Original 18.118  Biblioteca Nacional.  Autógrafo, 418 hojas en 4º (1804-1817).
     Muchas de las noticias, por ejemplo las referentes a la fundación del convento de Castro, incluidas en la obra de Rodríguez Carretero, proceden a su vez de los manuscritos de Fr. Martín de Osuna. De hecho las referencias y agradecimientos a su paisano o compatricio son una constante en la Epytome.

     


Además del Epytome de Rodríguez Carretero y de los apuntamientos de Gallardo, me he valido para elaborar esta entrada de la información que nos suministra Rafael Ramírez de Arellano en su Ensayo de un catálogo biográfico de escritores de la provincia y diócesis de Córdoba, con descripción de sus obras (1921-1923).


29 agosto 2011

“Copas, palomitas, borracheras y una faca…¡Casi na!”.

Castro del Río - Plaza de la Constitución 1917

    Me ha sorprendido gratamente el bonito y original pasodoble (“de artista”) dedicado a La Plaza de Castro del Rio. Mi más sincera enhorabuena al intérprete, letrista y a cuantos hayan colaborado en su gestación. Aparece en este montaje una fotografía datada en 1917, que es por sí misma toda una joya patrimonial de esta villa cordobesa. Su anónimo autor, que dominaba a la perfección la técnica fotográfica, sabe dotarla de la profundidad necesaria que nos permite captar a la perfección la distribución de su caserío, a la vez que el alegre y dinámico trajín mañanero de mercado y centro neurálgico de la población, propio de estos espacios públicos.
    En la Plaza, hasta hace no demasiado tiempo, a primera hora de la mañana solían darse cita los jornaleros agrícolas antes de salir para los tajos, y ponían de camino a la venta su fuerza de trabajo aquellos que carecían del mismo. Estas concentraciones y transacciones humanas  solían hacerse en los establecimientos de bebidas por ella diseminados, con la sempiterna y tradicional  compañía del anisado o aguardiente. La calentura de boca que produce este tipo de bebidas alcohólicas solía derivar en situaciones conflictivas con las que tenían que lidiar a diario los sufridos taberneros.
    A pesar de que durante el primer tercio del siglo XX, desde sus pujantes e influyentes sociedades obreras de inspiración anarquista, no faltaron las campañas para poner freno al alcoholismo concebido como lacra social y sinónimo de degradación en el ser humano, este seguiría muy arraigado especialmente entre aquellos sectores de la población más desfavorecidos o marginales.
     En fechas muy cercanas a la que fue tomada esa magnífica fotografía, fruto del abuso de bebidas alcohólicas, en una taberna que regentaba en la plaza Vicente Centella tendrá lugar una reyerta con fatídicas consecuencias criminales:

    En Castro del Río se ha desarrollado un crimen, cuya causa, como la de otros muchos, ha sido el alcohol. Dos individuos llamados José López Romero y José Doncel (a) el Garbancero, que se hallaban embriagados, promovieron una acalorada reyerta por un fútil motivo y el primero asestó al segundo seis puñaladas, causándole tan graves lesiones que le ocasionaron la muerte a los pocos momentos. La víctima tenía seis hijos, el mayor de diez años.
(Diario de Córdoba  22.10.1912)




     El escrito de conclusiones realizado por el fiscal durante el juicio celebrado dos años más tarde  nos clarifica algunos detalles sobre  lo sucedido:
     Parece ser, que todo empezó por una nimiedad de esas que entre borrachos se le suele dar más importancia de la que realmente tiene. El 13 de octubre de 1912, entre las once y las doce de la mañana, se personaron en el establecimiento que Vicente Centella García tiene establecido en la plaza del mercado, Valentín López Romero y su hijo Domingo López Cordón, que procedentes del cortijo de Cuadradillo se habían acercado hasta el pueblo para mercadear no sabemos qué clase de género. Fueron requeridos por José Doncel Garrido con el propósito de invitarlos. La no aceptación de las copas por parte de los primeros iba a traer aparejadas unas palabras altisonantes y la consiguiente  falta de respeto. El joven cortijero parece ser que le atribuyó a aquel cruce dialectico cierta trascendencia, hasta el punto que con disimulo sacó una faca y la introdujo en la manga de la camisa que vestía. El tabernero, que observó con sus propios ojos aquella maniobra, trató de convencer al joven Domingo López de la intrascendencia de lo hablado, pero viendo que éste no le hacía demasiado caso optó por echar  a todo el mundo y cerrar las puertas del establecimiento.
    Una vez en la plaza, Valentín López continuaría increpando al Doncel, que manifestó el deseo de querer irse a su casa, pero que éste evitó tomándole de la blusa y sujetándole fuertemente prosiguiendo el cruce de insultos, momento que aprovechó Domingo para asestarle por la espalda seis puñaladas que le provocaron la muerte inmediata.
    Fueron catorce los castreños que tuvieron que concurrir como testigos y desfilar delante del Tribunal durante este Juicio por Jurados celebrado en la Audiencia Provincial y que levantaría  gran expectación. El fiscal solicitaba cadena perpetua por delito de asesinato del que eran autores padre e hijo, o en caso contrario el segundo de los referidos, autor material de las puñaladas.
    El defensor esgrime que su defendido Domingo López actuó en defensa de su padre.
    De la deliberación del jurado sale un veredicto de culpabilidad con la consideración de homicidio, lo que se traduce en las penas de catorce años y un día para el hijo, y doce con su día correspondiente  para el padre, además de costas e indemnización a la familia del fallecido.



   

    De manera que amigo letrista, cantante y compositor, a lo de “Veladores, voladoras y un finito… ¡Casi na!” en futuras interpretaciones puedes añadirle aquello más pretérito de “Copas, palomitas, borracheras y una faca…¡Casi na!”.
   
   Aunque el paso de los años y “el progreso" han transformado considerablemente aquel blanquecino conjunto urbano, sus moradores también han evolucionado, prescindiéndose de  la faca, relegada y sustituida por otro moderno y fiel compañero, el teléfono móvil, que permite tomar el vino con control, mesura e inteligencia (no te tardes, que el arroz está en la mesa). Por ejemplo, para que ir más lejos, en la Cervecería La Plaza, la más que popular  taberna de“Cá David”, donde queda expuesta una majestuosa enmarcación de la referida fotografía.


    Ya he calificado el pasodoble “de artista”, por lo que para perpetuarlo y conservarlo lo he retirado de las zonas marginales e insertado en el cuerpo de esta entrada, se lo merece.

22 agosto 2011

Los orígenes de la devoción en Porcuna por los Santos Mártires de Arjona.



    Porcuna debió participar de la devoción y curiosidad suscitada por el hallazgo de aquellas reliquias, casi desde un principio, aunque no fuera hasta el 26 de mayo de 1629 cuando se llevara hasta el Santuario de Arjona la Cruz de Porcuna, según da fe en el Memorial el Notario Licenciado Francisco García del Valle. Aquel traslado, tal como se nos describe, por su espectacular despliegue de medios, debió de constituir todo 
una acontecimiento entre los vecinos de la Porcuna de aquellas primeras décadas de la centuria del XVII.

Cruces de Hierro


    “La villa de Porcuna envió otra Cruz con una Compañía de trescientos soldados de Infantería, arcabuceros y piqueros, cuyo Capitán era don Alonso de Rincón Arroyo, y más de otros cuatrocientos hombres vestidos de negro con hachas de cera blanca. Y todo este acompañamiento, con el Clero de aquella Villa llegó a la ermita de San Sebastián, extramuros de Arjona, y allí vestidos de gala formaron una procesión, entrando delante los soldados disparando los arcabuces, y después le seguían las cuatrocientas hachas de cera blanca encendidas, y cerrando la Clerecía con Sobrepellices, y el Preste y Diáconos vestidos con los ornamentos de su Iglesia; y entre el Clero venía la Cruz, que es labrada de hierro y dorada, con la forma de la Cruz de Calatrava, que traían en unas andas, debajo de Palio, los Regidores de Porcuna. Y todos entraron con gran devoción, y la colocaron en el sitio de la torre de los Santos, en la parte que se les había señalado, e hicieron a los Santos Mártires 
Bonoso y Maximiano una gran Fiesta con Sermón en la Iglesia de Santa María de esta Villa”.



   En la que ya debería ser tradicional participación de soldados ( arcabuceros y piqueros) en procesiones cívico-religiosas como la narrada, pudiera estar el germen de soldadescas ligadas a cofradías de Semana Santa, incorporadas desde un principio a los desfiles procesionales para que estos ganaran en realce y seriedad. En la desaparecida y peculiar soldadesca (escopeteros y piqueros precisamente) de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Porcuna, hallamos un buen ejemplo de dicha pervivencia a través de los siglos.
    Toda esta parafernalia y boato tendría su explicación lógica. Además de por la proximidad y vecindad, en el hecho de que, según consta en los Memoriales, parece ser que fueron numerosos los vecinos de Porcuna sanados o curados por intercesión de aquellos huesos o cenizas de Mártires Cristianos.
    Como son bastantes los casos relatados, para no extenderme demasiado, sólo me detendré en aquellos que me han parecido más ocurrentes, llamativos o asombrosos, dejando de lado los dictámenes:

Caso 1

    “Licenciado  Juan de Santaella, Médico, vecino de Porcuna, examinado a seis de mayo de mil seiscientos veintinueve, expone que hace dos meses le dio un flujo de sangre por la ventana derecha de la nariz, con muy grande ímpetu, de lo cual se turbó, porque hace dos años le dio otro con tal fuerza que le duró veinticuatro horas, y lo habían oleado; y atándole su mujer en la trenza de la camisa un huesecillo del Santuario, al punto cesó el flujo, y vio descender de la parte derecha del ojo hasta el mismo hueso, dos lucecitas azules, una tras otra, como cuando una gota de aceite baja muy encendida de la llama del candil. Todo lo cual tuvo por cosa milagrosa”.

Caso 2

    En el que interviene también el médico antes citado:
    “Hará un mes que le dio un dolor en el riñón derecho, con supresión de orina, que le hizo dar muy grandes voces, y bebiendo en agua unas pocas cenizas del Santuario, echó una piedra dividida en cuatro partes, y quedó libre de dolor, lo cual también tuvo por milagro. Y curando a Doña Antonia de Espeleta, vecina de Porcuna de una calentura habitual, habiendo resuelto purgarla, quiso visitarla antes, que ya no había menester de purga, porque había hecho seis cuerpos, pues la madre le había hecho tomar la noche de antes unas cenizas del Santuario, con las cuales se libró milagrosamente de las calenturas, sin hacerse otro remedio”.

Caso 3

    “Diego de Rincón, de cincuenta y cinco años, Alcaide de Porcuna, testifica que un muchacho de nueve años llamado Cristóbal, estando muy malo de calenturas y para morirse, tomando en agua unas pocas cenizas y huesecillos del primer horno que se descubría, que se las dio una hermana suya llamada Ana, al siguiente día amaneció sin calentura, y a otro día se comenzó a levantar y a jugar con otros muchachos”.

Caso 4

    “Fray Martín de Aguilar, de la Orden de Santo Domingo, Vicario del Convento de Monjas de la Concepción en Porcuna, afirma que hace dos años tenía debajo de la barba, unos granos y postillas, que con ningún remedio se le habían podido quitar, ni tener alivio, y prometiendo el Miércoles Santo decir una misa a los Santos de Arjona, al jueves siguiente se halló sano y no le han vuelto más. Y el día de la Cruz, estando en Xerez de la Frontera, sintió grande aprieto de garganta, y deshaciendo en agua unas pocas cenizas, que le habían dado unas religiosas de dicho convento, se las bebió a las tres de la mañana, y luego al punto se halló bueno, fin el dicho aprieto. Ambos casos los tuvo por milagrosos, y fue desde Porcuna a Arjona andando cumpliendo así promesa.
    Doña María de Santaella, y Doña María de Olid, monjas profesas del Convento de la Concepción de Porcuna, contestan con Fray Martín de Aguilar, en lo que se refiere a las postillas dicen que el Miércoles Santo le vieron con ellas, y luego el Jueves Santo le vieron sano de este mal”.

Caso 5



    Es el que particularmente me ha resultado más curioso y asombroso. Sus protagonistas el sastre Diego Gómez y su mujer Catalina Moreno, “que movidos por la gran devoción por los Santos Mártires en los lugares de la comarca, y especialmente en Porcuna, de la que son vecinos, procuraron tener huesos y cenizas de los que sacaban del Santuario”.
    “Diego Gómez, Sastre, examinado el 24 de mayo de 1629, afirma, que hace trece días estando durmiendo con Catalina Moreno, su mujer, en un aposento de su casa, y habiendo despertado, vio una luz en frente de su cama, que se levantaba y se volvía a encoger, como cuando un candil se quiere apagar. Que comenzó a reñir a la dicha su mujer, diciéndole, que porque había dejado el candil encendido. Ella respondió que no era el candil, sino luz, que salía de la sombrerera, y que para que la viese lo había despertado; y le dijo de como en aquella sombrerera había unos huesecitos y cenizas de los que le habían traído de Arjona. Y ello sería hora y media antes del amanecer, y la dicha luz tendría un largo de una resma y era de un color quebrantado, como blanquizo amarillo, y la estuvo mirando lucir con sus pausas, que ha dicho, por espacio de un cuarto de hora, y no se atrevió a levantarse por entender se quitaría. Y luego que amaneció fue a la sombrerera, y hallo los huesos y cenizas en ella, y juzgo lo susodicho por milagro, por el modo de la luz y no poder haber allí otra cosa de donde pudiera proceder, en lo cual hizo cuidado, y se certificó; y también se certifico el haber visto la luz sobre la dicha sombrerera”.



    Todos los casos relatados tienen un denominador común, los testificados están hechos en mayo de 1629, justo inmediatamente antes de que autoridades civiles, militares y todo el Clero de Porcuna concurriesen en aquella impresionante peregrinación hasta Arjona para depositar la Cruz en el Santuario.
    Había comentado anteriormente que no tenía pensado detenerme en los dictámenes particulares, pues pretendía, para finiquitar con el tema, hacer una especie de dictamen general y personal, sobre este cúmulo de fenómenos sobrenaturales. Para no herir sensibilidades, no me atrevía a terminar con una mera e insignificante opinión personal, así que he buscado la manera de traspasar mi propia subjetividad. Tengo que reconocer que me ha costado, pues sobre este tema prevalece la información sacra sobre la profana o “racional”. Por fin, la intuición me permitió llegar hasta un trabajo de José Ignacio Gómez Zorraquino, Los santos patronos y la identidad de la comunidades locales en la España de los Siglos XVI y XVII, que utiliza, a su vez, otra fuente que nos podría ayudar bastante a desvelar el misterio. Se trata de un estudio de Cecile Vincent-Cassy, “Los santos re-fundadores. El caso de Arjona (Jaén) en el siglo XVII”, en Francois Delpech, L’imaginarie en territoire en Espagne et au Portugal (XVI-XVII siecles), Madrid, Casa de Velázquez, 2008, pp.193-211. Como de momento no tengo la posibilidad de acceder a este trabajo, nos tenemos que conformar con el resumen que de su tesis incluye J.I. Gómez:

      Estos santos fueron inventados en 1828 porque la villa de Arjona carecía de patronos y de historia sacra. Que esto ocurrió después de que en 1612 el concejo de dicha villa intentara que se fundase un convento de frailes franciscanos, para honrar a una población de más de mil vecinos, que no había tenido jamás convento alguno. Fue el 13 de octubre de 1628 cuando, tras descubrir unos huesos al pie del Alcázar de dicha población, se trató de justificar la autenticidad de dichos restos óseos. El primer eslabón de la cadena lo creó fray Francisco de Bivar, el cisterciense que hizo una edición del cronicón de Flavio Dextro, cuando localizo el relato de la pasión de los Santos Bonoso y Maximiano, nada menos que en el Vaticano. Más tarde varias publicaciones entre los años 1630-1670 sirvieron para difundir la supuesta historia verdadera de Arjona a partir de la “invención” de los cuerpos de los santos.

El inventor


    Cuando pueda acceder definitivamente a le lectura completa de este trabajo, cosa harto difícil hoy, dada las cada vez mas rácana y restrictiva práctica de las bibliotecas públicas en cuanto a préstamo interbibliotecario o solicitudes de reproducción, si no terminan de convencerme los argumentos de su tesis, si tuviera que retractarme, lo haría, aunque de momento, el raciocinio y esta más que asombrosa historia de los Santos de Arjona son incompatibles.

ENTRADAS RELACIONADAS:

    Los Santos Mártires de Arjona ( a modo de introducción)