Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

12 julio 2011

FESTEJOS TAURINOS EN CASTRO DEL RIO (siglos XIX-XX). 1ª parte.



   De los divertimientos festivos, organizados en esta villa del Guadajoz a lo largo de su historia, no nos cabe la menor duda de que las corridas de toros tuvieron que ser de los más atractivos, concurridos y disfrutados por toda la población.
  Sería precisamente, esa aceptación compartida por todas las clases sociales, la que le dará a la fiesta de los toros la categoría de auténtico fenómeno popular, aunque no exento de las tradicionales connotaciones clasistas, que se ponen de manifiesto en la propia distribución de los espectadores dentro de la plaza.
  Quizá, la historiografía no ha prestado la debida atención a este tema, y todavía hoy continúan plenamente vigentes las palabras de Ortega y Gasset, sobre lo indisociable de la historia de España y la historia de los toros: "Sin tenerla presente con toda claridad no se puede hacer la historia de España desde l650 hasta nuestros días".
  El presente trabajo, pretende acercarse a uno de los períodos más activos de la historia de la fiesta en Castro del Río. Para ello intentaremos desarrollar el siguiente esquema:

  •  La plaza de toros.
  • Toros y toreros en Castro del Río.
  •  La actitud de las autoridades locales ante la fiesta.
  • Antitaurinismo. El declive de la fiesta a nivel local.


LA PLAZA DE TOROS



 ¿Dónde estaba ubicada?  ¿Llegó Castro del Río, en algún momento de su historia, a tener una plaza de toros permanente?
   A muchos convecinos, el propio callejero local donde aparece una calle conocida como "Coso", les induce a pensar que existió una plaza de toros permanente en dicho lugar.
   Consultadas algunas fuentes historiográficas, tales como los artículos dedicados a Castro en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de P. Madoz (l848), y en la Corografía Histórico-Estadística de la provincia de Córdoba de D. Luís María Ramírez y las Casas Deza (l842), donde aparecen relacionadas todas y cada una de las más importantes edificaciones, tanto civiles como religiosas, no aparece entre ellas plaza de toros alguna.
  El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, nos ayudará a aclarar el asunto, pues una de las acepciones de la palabra "coso" la define así: "Plaza, sitio o lugar cerrado donde se corren y lidian toros, y se celebran otras fiestas públicas". Y, el Diccionario del Uso del Español, de M. Moliner nos amplia y clarifica la información: "En algunas ciudades lleva ese nombre, como nombre propio, una calle que era antiguamente ese lugar."



   Por lo tanto las referencias al "coso" son meramente espaciales.
   El documento más antiguo del que tenemos constancia sobre el uso para corridas de toros de dicho lugar, es de 1842, aunque como es lógico, éste arrancaría de siglos anteriores. Se trata de una sesión del Ayuntamiento en la que un vecino se le dirige "pidiendo se abra la comunicación que por el sitio del Mirador conduce a la plaza de los toros".
   Una comunicación entre el Sr. Alcalde de esta villa y el Gobernador civil de la provincia, fechada en Julio de 1890, nos saca definitivamente de la duda sobre si existió o no tal emplazamiento permanente a lo largo del siglo XIX. En ella dos señores solicitan autorización para "verificar en esta localidad, en la plaza construida al efecto, dos capeas de novillos durante la festividad de Santiago".
  Estaríamos ante la típica plaza construida con carretas y cercada con tablones o vigas de madera. Al no existir espacios lo suficientemente abiertos, dentro del recinto amurallado se buscaría un emplazamiento extramuros como el del Coso donde existían terrenos sobrantes de vía pública. Tal lugar además, presentaba la ventaja de poder utilizar el desnivel existente desde la muralla, para instalar allí una especie de improvisado graderío.

Fotograma de Soledad (la película).


   El notario e historiador de Bujalance, Juan Díaz del Moral, en su "Historia de las agitaciones campesinas andaluzas" al referirse a la huelga de siega protagonizada por la sociedad obrera Luz del Porvenir de Castro del Río entre los días 22 de junio y 10 de julio del año 1903, dice: "a los cuatro o cinco días de huelga intentan los obreros celebrar un mitin en la plaza de toros".
  Ya no se trata de la plaza del coso, estaríamos ante una nueva construcción surgida para la temporada 1903 en el interior del patio de armas del castillo,  en sustitución del antiguo teatro de verano La Lechuza.
  Con fecha 17 de julio de ese año de 1903, el diario el Defensor de Córdoba, publica la siguiente crónica del corresponsal de dicho periódico en esta localidad don José María Jiménez Carrillo:

 "Ya está la plaza terminándose, y según nos manifiesta el empresario, el día de Santiago se hará la primera corrida de novillos bravos. Aún no se sabe quiénes serán los lidiadores, ni cuántos novillos se lidiarán, pero a pesar de no saberse nada, el pueblo está entusiasmado puesto que hace ya muchos años que nos falta esta clase de diversión, tan propia de la tierra andaluza”.

Patio del Castillo de Castro del Río


   La inaccesibilidad a tales patios, va a permitir una mejor y más controlada explotación comercial de los espectáculos taurinos que allí se desarrollarán. Pero, al mismo tiempo, se hacía necesaria una mayor inversión para habilitar dicho lugar para tales fines, de ahí quizá ese mayor número de festejos durante ese año, incluso fuera de las fechas tradicionales, para poder así rentabilizar la explotación.
   Estamos ya ante una organizada, pero no regularizada actividad empresarial, que suele estar encubierta por un fin benéfico. Así, la corrida anunciada para el día de Santiago es a beneficio del Hospital de Jesús Nazareno, que en estas fechas atravesaba una difícil situación económica, u otra para el gremio de dependientes de comercio.
   Ni el Padrón de Industria, ni el registro especial de altas y bajas de ese año, recoge cuota alguna en tal concepto, mientras que sí lo hace otra de gran tradición en esta localidad como el Reñidero de gallos, ubicado en la calle Rincón y catalogado como Circo de Gallos en su tarifa correspondiente, con una actividad permanente durante todo el año.
  La expectación que levantaban estas corridas era tal, que el éxito económico estaba plenamente garantizado, tanto para el empresario como para sus circunstanciales socios benéficos.

TOROS Y TOREROS

Cuadrilla de "los Niños Cordobeses"


   El tipo de festejos, que llegaron a celebrarse en esta villa durante los años a los que nos estamos refiriendo, entrarían dentro de la categoría de espectáculos menores, conocidos como capeas, en las que eran lidiados según los casos novillos, becerros o vacas, pero de una forma tumultuaria o anárquica, predominando la brega improvisada sobre la lidia regular. La propia palabra alude al predominio de la suerte de capa sobre las demás.
    Las capeas se van a dar exclusivamente durante la temporada de verano, y haciéndolas coincidir con las diferentes festividades religiosas, aprovechándose así los períodos de descanso y divertimiento anteriores y posteriores a las viajadas agrícolas.
   Concretamente en Castro, las fechas más usuales para los toros eran: 29 de Junio - San Pedro y San Pablo (descanso en las labores de la siega), 25 de Julio - Santiago y Santa Ana (final de la siega), y sobre todo la Feria Real de Septiembre (aprovechando la presencia de los numerosos forasteros, que la visitaban durante estos días, atraídos por su afamada Feria de Ganado).
   La facilidad de comunicación que representó la introducción del ferrocarril, contribuyó al aumento de la popularidad de la fiesta de los toros durante la segunda mitad del siglo XIX. Al resultar más fácil trasladar el ganado, pudieron efectuarse corridas de toros en muchos más lugares y con más asiduidad. Las ganaderías de reses bravas se convirtieron en un negocio.
   El tipo de ganado utilizado, va a depender en gran parte de la importancia del festejo. Aquí en Castro, se aprecia una evolución de festejos en los que se solía dar muerte a dos o tres novillos bravos, a otros en los que iban a ser capeados tres o cuatro novillos o vacas de los que a sólo uno se le daba muerte (anunciado como novillo de muerte). Tal evolución se debe, en gran parte, a sucesos como los acaecidos en Castro durante un festejo organizado para el día de San Pedro del año 1890, al que nos referiremos más adelante en el capítulo dedicado a estudiar las relaciones fiesta - autoridad.
  En cuanto a la procedencia del ganado, sólo disponemos de la información que nos suministran mayormente las crónicas de los numerosos festejos celebrados durante aquel verano de 1903. En ellas aparecen ganaderías bravas como la de D. Francisco Lasso de  de la Vega ubicada en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), o la de don Pío de la Solana también al otro lado de Sierra Morena, para aquellos festejos más serios o de más envergadura, mientras que para aquellas capeas menores o mojigangas, en las que lo importante es que la gente se lo pase bien y en las que la risa tiene más valor que la emoción, se recurre a ganado de procedencia más cercana:


   "Para el próximo Domingo se piensa dar una corrida de novillos. Los novillos de don Rafael Vega de Espejo. Las entradas a precios módicos por tratarse más que de una corrida de un rato de broma. Varios labradores de ésta prestarán novillos que serán solo de capea".



   A la postre sería sustituida por un solo novillo de muerte de la ganadería de D. Luis López, también de Espejo, y tres vacas de aportadas por los labradores de la localidad.

   A pesar de que aparecen mencionados como ganaderos ciertos señores de la vecina villa de Espejo, nos resulta difícil pensar en ganaderías bravas asentadas en la rica y fértil campiña cordobesa. En el propio término municipal de Castro existieron algunos resquicios de monte bajo, como la denominada dehesa de la Torre del Puerto, en la que junto a otros ganados se criaba también el vacuno, pero se trataría más bien de vacuno de carne, o bien ese otro que era destinado a los cortijos para el cultivo de la tierra o el transporte de mercancías, pero que en un momento dado podía dar suficiente juego, a pesar de su escaso trapío, para esos espectáculos más inferiores.




   Los protagonistas de las capeas van a ser esas cuadrillas de aficionados, conocidos popularmente como la "plebe", que en la temporada de capeas recorren pueblos y villas, en aras de un profesionalismo, todavía tenue. Nombres como los de Cuberito, Fabrilito, Monterito, El Sevillano, Cordobés, y otros figuran entre la amplia nómina de toreros aficionados que dejaron alguna huella de su "arte" por estas tierras.
   Durante esa temporada de 1903 destacaron los festejos organizados para su Feria Real. Dos corridas de novillos de la acreditada ganadería de Don Pio de la Solana (Ciudad Real) para la Cuadrilla de los Niños Cordobeses: Juan de Dios “Conejito Chico” y Manuel Rodríguez “Mojinito Chico”, que en esta ocasión se han conducido de manera admirable y con un arrojo y maestría sin igual. Al igual que Cantimplas, Estanquerito y Pintoño en su no menos arriesgado cometido de poner las banderillas.
  
   

   Hasta la Feria Real del año 1912, no volvemos a tener constancia documental de que se celebrasen festejos taurinos en Castro del Río. Fue una vez más en el patio de armas del Castillo, y gracias al emprendedor carpintero y empresario  Enrique Mármol, que remodeló la infraestructura antigua. Fueron tres las novilladas celebradas durante los días 16, 17 y 18 de septiembre, en las que actuó el destacado diestro madrileño José Frutos Frutitos como único espada: "El madrileño ha estado muy bien toreando y matando, escuchando continuos aplausos por parte del respetable".





  Durante la temporada siguiente (1913), intentando rentabilizar las inversiones previas se programan festejos ya para el Corpus Christi: 




  Los anunciados festejos ya no llegaron a cuajar. Algunas transformaciones se estaban operando ya entre el proletariado castreño y que afectarían seriamente a ancestrales tradiciones populares como la taurina. Esta tesis la abordaré, defenderé y desarrollaré en el punto 4º del presente trabajo.

   Un lugar aparte lo ocuparían los siempre osados aficionados locales, quienes unas veces por afición y otras a cambio de unas pesetillas, se atrevían con alguna vaca o algún becerro. Este iba a ser el caso de Miguel Espinosa "Canito", quien tras participar en algún festejo, se le empezó a conocer como "Soplillo", por la manera que resoplaba detrás de la barrera antes de enfrentarse a su enemigo, o el de Francisco Bravo Expósito "El Enterraor", quien encalado de pies a cabeza y con un morrión parecido a la mitra de un obispo, fue capaz de parapetarse en lo alto de un pedestal situado en el centro de la plaza, para esperar allí al toro en la llamada suerte de Don Tancredo, mientras los espectadores entonaban aquello de:



Don Tancredo, don Tancredo
en su vida tuvo miedo,
don Tancredo es un barbián,
hay que ver a don Tancredo
subido en su pedestal.


  No faltaban tampoco los espontáneos, incluso en la difícil suerte de banderillas: "Buen par, muy bueno, de un gachó que vendía camarones, al cual el público le obsequió con palmas, y un policía también, con la palma de su mano sobre la cara del nuevo banderillero".

10 julio 2011

De pies y manos.

 



   Después de tantos días relacionándome con el callista o pedicuro Blas Cabello Chocero, inconscientemente y en paralelo, se me ha despertado cierto apetito por los placeres de la carne de los que ando premeditadamente un poco retirado últimamente.
   A la familia de la casquería blanca pertenecen dos platos por los que profeso gran devoción: los callos y las manitas de cerdo.



   Con los primeros, por las propias dificultades de adquisición, limpieza y elaboración no me he aventurado nunca. Cuando los consumo echo mano a los socorridos y cómodos preparados comerciales. Por influjo de la tierra donde moro en la actualidad  me he acostumbrado a comerlos mezclados con garbanzos. Les acompaña de maravilla un rosado y afrutado vino costa de fabricación artesanal, que todavía se puede conseguir.
   Los callos auténticos, los de elaboración casera, cada vez son más raros de encontrar en bares, tascas o tabernas. Los restaurantes de copete ni los incluyen en sus cartas (placeres plebeyos). En mis cada vez más escasas visitas a la ciudad de Córdoba, de siempre, es obligada la caida por detrás de la Plaza de la Corredera en busca de la taberna “Juramento”. Allí se pueden degustar, a mi gusto, los callos más ricos que he catado a lo largo de mi ya dilatada existencia.



   La afición por las manitas también me viene de mi etapa de residencia estudiantil en la ciudad califal. Para quienes procedíamos de la vecina provincia jiennense, acostumbrados a la tapa incluida, las cervezas y vinos a palo seco como que no terminaban de entrar. Esta particular característica de la restauración cordobesa (la tapa aparte), convertían el alterne en prohibitivo para los de modesta economía, lo que no imposibilitaba eventuales desembolsos extraordinarios. Tomar el vino, a medio día, con boquerones fritos o japuta en adobo, en cualquiera de las tabernas de la Sociedad de Plateros se convertía en  un autentico deleite para los sentidos.



   Para el diario, se recurría al siempre más barato establecimiento de barrio. En uno de estos, ubicado en Ciudad Jardín, fue donde un grupo de paisanos y amigos desarrollamos la afición por las manitas de cerdo. Se trataba de un pequeño bar que en el fondo alojaba las dependencias de un denominado “Club de Pesca de Ciudad Jardín”. Desconozco la destreza real de sus socios con la caña, ya que lo que allí se pescaba esencialmente eran medias cogorzas de Montilla- Moriles entre los parroquianos (sin tapa para más inri). Llegamos hasta él por una oferta-reclamo marcada con tiza en una pizarra a la puerta:  1/3 de cerveza El Aguila  +  manita de cerdo (no recuerdo exactamente cuantas pesetas, pero barato).
   Durante todo un curso académico, al menos un par de veces en semana, la visita se convirtió en obligada. En más de una ocasión intentamos recabar, en vano, de la buena señora que regentaba el establecimiento la receta de tan rico manjar. Esta se resistía aduciendo una posible y razonable perdida de quiénes éramos ya  fieles clientes. De tanto insistir, le sacamos el compromiso de que una vez finalizado el curso nos la proporcionaría.
   Y así fue, con lápiz en ristre  y con las manos pegajosas, de la manipulación previa a la que habíamos sometido a  la última manita del curso, esta mujer cumplía con su palabra proporcionándonos la receta y las instrucciones para su elaboración paso a paso.



   Una vez en el pueblo, al segundo o tercer día de vacaciones, por la mañana temprano esperábamos ansiosos la apertura del puesto de la carne del Balillo. Nuestra intención era hartarnos, meternos un buen homenaje, de ese bien tan preciado que habíamos descubierto y del que siempre nos quedaban ganas de repetir. Como el género era relativamente barato nos hicimos de una buena cantidad de ellas.

ENCUENTRO EN LA PRIMERA FASE

   Consistente en limpiar y acondicionar la materia prima (retirar uñeros, chamuscar los pelos, raspar, frotar, varias vueltas depuradoras de agua, sal y vinagre…hasta dejarlas de un blanco casi inmaculado).
   Una vez limpias, con una pizca de sal, rodajas de cebolla cruda y unas hojas de laurel pasaban a la olla a presión con abundante agua. Limitaciones de tamaño de olla nos obligaron a realizar la operación en tres tandas. Aquel primer hervor propiciaba su cambio de textura y el desprendimiento de las impurezas que se mantenían aún, pese a la intensiva limpieza previa a las que las habíamos sometido. Las manos se sacaban con una espumadera hasta el  fregadero, donde se enfriaban y se volvían a lavar. El caldo gelatinoso de la cocción se colaba y  reservaba.
   Primorosamente colocadas en una fuente redonda pudimos contemplar la autentica envergadura del proyectado banquete. Hacía falta recipiente. Problema solventado de inmediato con cruzar la calle, donde vivía la abuela del maestro de cocina (yo actuaba de pinche): una hermosa olla esmaltada muy capaz.



ENCUENTRO EN LA SEGUNDA FASE

   En una sartén se sofríe una cantidad proporcional de cebolla y ajos picados, a los que se les añade tomate natural rallado o natural triturado en lata. Previamente se fríen varios ajos enteros que se reservan en el mortero. Antes de que el tomate pierda el agua del todo se traslada al fondo de la olla sobre la que se van dejando caer las manitas. Un primer hervor con un par de vasos de vino blanco de Montilla Moriles y se incorpora la majada de ajos con unos granos de pimienta y sal, un par de guindillas picantes y el caldo gelatinoso que habíamos reservado hasta que las cubra. Si fuera necesario se le añade agua.
   Ya solo restaba paciencia, a fuego más bien lento con la tapa de la olla ligeramente abierta...
   Serian aproximadamente las dos de la tarde de un caluroso día del mes de julio cuando teníamos definitivamente ante nuestros ojos el espectacular resultado final de aquella laboriosa mañana.

EL ENCUENTRO FINAL

   Habíamos pasado toda una mañana recluidos en una cocina más bien estrecha y poco ventilada, por lo que se sudamos la gota gorda para poder sacar adelante tal empeño gastronómico. Tocaba refrescarse y asearse antes de salir a comprar el pan. El tradicional panete se sustituyó por una “boba de agua” más receptiva para las proyectadas sopas. Ya  provistos del pan, al pasar por la taberna de Pepito Gamboa hicimos la pertinente estación, mientras que aquellas que nos estaban esperando se atemperaban. Nos refrescamos con unos bien merecidos botellines de cerveza. A la ya habitual y tradicional presencia de los hermanos Cesar y Pepe “Los del Estanco” y a la de don Carlos “El médico”, había que sumar aquel día la ocasional comparecencia de dos personajes pertenecientes al mundo artístico local.  Se trataba del reconocido artista plástico Jose María Recuerda, que se hacía acompañar del gran actor y declamador José del Pino "Borriqué". Conocedores del sibaritismo gastronómico de este último, le informamos pormenorizadamente de cuales eran nuestros proyectos más inmediatos para aquel día. Una angelical sonrisa se hizo dueña de su rostro. Conscientes de la imposibilidad de ingerir el abundante género preparado entre dos personas, optamos por invitar a la pareja artística, que además de la boca pusieron un litro de vino fresco que nos suministro el tabernero.
   Entre charla, risas y vino se dio buena cuenta de tan pantagruélico banquete. El objetivo marcado de hartarnos se había consumado. De otros placeres, en cambio, durante aquellos años no resultaba tan fácil hartarse. Cierta mojigatería imperaba aun entre el género femenino que los del masculino asumíamos con cierta resignación.

Las esculturas del Cerrillo Blanco (Porcuna)


   El último número de la revista ah Andalucía en la Historia le dedica un dosier a la cultura ibérica bajo el titulo de Iberos: 600 años de historia de Andalucía. Como podrán comprobar al Guerrero del grupo escultórico del Cerrillo Blanco (Porcuna), convertido ya en icono simbólico de la particular impronta cultural de nuestros antiguos pobladores, se le reserva la portada.
   De las colaboraciones que se nos muestran y de las que son autores reputados especialistas en estas sociedades, me ha parecido conveniente divulgar una de ellas, relacionada precisamente con el yacimiento del Cerrillo Blanco y su espectacular grupo escultórico.
   Se trata de un artículo muy bien ilustrado de Teresa Chapa Brunet, Catedrática de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid, que lleva por título: Artistas ibéricos del siglo V a.C. Las esculturas del Cerrillo Blanco de Porcuna (Jaén).
   Tras recordarnos la historia y avatares del yacimiento, las incógnitas sobre su destrucción, se centra mayormente en las técnicas utilizadas por quienes las esculpieron.





(pinchar sobre las páginas para leer el texto)

   La página de Digital-CSIC alberga un artículo de la misma autora con el título: El trabajo de los escultores ibéricos: un ejemplo de Porcuna (Jaén),  donde aparece más desarrolado el antedicho tema para quienes quieran profundizar sobre él.

07 julio 2011

Grupo Anarquista Alas de Castro del Río (1914-15) 2ª parte.




   Ponía fin a la primera parte de la entrada, haciendo referencia al excesivo celo recaudador entre las filas anarcosindicalistas castreñas a raíz de su manifestado propósito editorial, durante los primeros compases de vida del Grupo Anarquista Alas. También mencionaba cierta dejadez en cuanto a su participación en las habituales suscripciones pro-presos por cuestiones sociales. En olor a la verdad, además de la modesta contribución de los operarios agrícolas del cortijo de Monterrite, ya mencionada,  en el mitin organizado por la SOV-CIO para el 1 de Junio de 1914, finalizado el turno de palabra de los oradores (Idelfonso Bello, Juan Lucena Villatoro, Pedro Algaba, Pérez Rosa, Rafael Peña de Espejo, Salvador Cordón y el joven propagandista Joaquín Elizondo), se abrió suscripción entre los asistentes con un montante de 40, 85 pesetas remitidas oportunamente a la redacción de Tierra y Libertad.



   La animadversión hacía la clase política, en particular contra socialistas y republicanos (“falsos redentores”) ya propagada por Sánchez Rosa en sus frecuentes visitas de propaganda, con la presencia de Salvador Cordón y con el activismo del grupo anarquista Alas parece ir en aumento.
   En el referido acto, además de ponerse de manifiesto, una vez más, la miseria a la que parece estar condenada la clase trabajadora, se recordó al proletariado castreño y espejeño presentes en el mismo, la necesidad de sindicarse, independientemente de su matiz político, aunque no por ello dejo de fustigarse enérgicamente a la política. Joaquín Elizondo, en un maratoniano discurso que duró algo mas de dos horas “durante el cual toda la concurrencia estuvo pendiente de su elocuente palabra” puso especial hincapié en este aspecto: “hubo de congratularse esta por el modo tan acertado que empleó para hablar la desvergüenza del señor Iglesias (don Pablo) y de otra porción de políticos a los que tuvo ocasión de escuchar”.
   La presencia de este joven, de tan sólo 23 años, de propaganda por la región sindicalista durante el año 1914, es referida tanto por Juan Díaz del Moral como por el republicano Eloy Vaquero, con quien llego incluso a controvertir públicamente en Montalbán de Córdoba (su pueblo natal). Ambos mencionan su osadía verbal y las particulares circunstancias de su muerte por ahogamiento acaecida en el río Guadajóz (dejemos el caso Elizondo para una nueva entrada, que me viene mejor).

   La estancia de Cordón e Isabel Hortensia en Castro del Río podemos considerarla como definitoria para el arraigo del ideario anarquista en esta villa cordobesa que terminaría por convertirse, utilizando palabras textuales de Díaz del Moral, en "quicio y cabeza visible del sindicalismo cordobés". Tomarán como residencia la recién adquirida sede del Centro Obrero en la calle Colegio nº 15. Su segundo hijo, inscrito como Arnaldo Avenire en el registro civil, nacería precisamente en esta casa en Agosto de 1914.
  Su labor sobrepasa con creces las tareas docentes en un principio encomendadas, y se convierten en una especie de mentores o liberados al servicio de la sociedad obrera. A destacar, su empeño por crear, impulsar y consolidar el grupo anarquista "Alas", en torno al cual terminarán aglutinándose los elementos más activos del anarcosindicalismo castreño.
    

Desaparecida Casa del Centro
C/ Colegio 15

    Su proyectado órgano de expresión, con el mismo nombre del grupo, no vería la luz definitivamente hasta febrero de 1915: 
   "ALAS". Revista sociológica y literaria. Aparecía los días primeros de mes. Redacción y administración: Colegio, número 15, Castro del Río (Córdoba). El primer número de esta revista corresponde al día 1 de Febrero de 1915. Publicó sólo seis números. Sindicalista y anarquista, inspirada por Salvador Cordón”). No se conservan ejemplares. 
("Historia de las Agitaciones Campesinas" de Juan Díaz del Moral)



  Otro de los proyectos editoriales del grupo, una novela de la que era autor el propio Salvador Cordón, quedaría relegada a un segundo plano, por cuestiones de economías. Se titulaba “Por amor al Ideal”. Un capítulo de la misma vería la luz finalmente en la Biblioteca del Obrero de Sánchez Rosa con otro título:


   Otras muestras del activismo del Grupo Alas son su adhesión al Congreso Internacional Anarquista  en el Ferrol, reunido para laborar por la paz europea, así como, su asidua y fluida correspondencia con otros grupos anarquistas diseminados por diferentes lugares de la geografía nacional e incluso del extranjero. En las páginas del semanario anarquista Tierra y Libertad quedan reflejadas:










    Estos recortes hacen abrigar la remota esperanza de que por algún lugar del mundo, en manos de particulares, tal vez, pudiera conservarse algún ejemplar aislado de esta primera publicación periódica de la historia de Castro del Río de la que por desgracia no se conocen ni conservan ejemplares.
    La presencia de Cordón e Isabel H. en Castro, que ya gozaban de amplia fama y simpatías por todo el territorio andaluz, por sus habituales colaboraciones en la prensa obrera, unido al hecho de que ya por estas fechas, Castro del Río ostentara la capitalidad del sindicalismo provincial, convierten a esta localidad en escala obligada para cuantos propagandistas se acercan a estas tierras.
  Podemos constatar documentalmente las visitas de dos destacados divulgadores de  "la idea anarquista":  José Rodríguez Romero y Antonio Loredo Martínez.

  El tipógrafo murciano José Rodríguez Romero,era ya un veterano sindicalista de la Solidaridad Obrera en Barcelona, partícipe de la huelga general que derivaría en los sucesos de la  Semana Trágica y delegado de la C.N.T. en el Congreso Sindicalista celebrado en Londres en 1913. Por estas fechas residía en Madrid donde había constituido un grupo anarquista con fines propagandísticos:




   Hace escala en Castro procedente de Montilla, donde había participado en un Mitin Controversia con los socialistas promovido por el grupo Alas, en el que también intervinieron Cordón y Pérez Rosa de Castro del Río, y Sánchez Rosa que se había desplazado desde Sevilla expresamente para participar en dicho acto. Rodríguez Romero permanecerá hospedado durante varios días en la casa del Centro junto a Cordón y su familia, preparando otro acto que se celebraría en Espejo el 3 de Junio de 1915 a modo de gran asamblea de la comarcal sindicalista (Castro del Río, Espejo, Montemayor y Fernán Núñez). En el acto, presidido por Rafael Peña de Espejo, pronunciaron fogosos discursos los oradores de las diferentes localidades: Victoriano Jurado (Espejo), Benito Cordobés y Ángel Díaz (Montemayor), José Aquilino (Fernán Núñez), Salvador Cordón y el alumno aventajado de su escuela Bartolomé Mendoza (Castro del Río), cerrando el acto Rodríguez Romero.
   Con posterioridad visitaría a los compañeros de Montemayor, donde a pesar de los intentos de las autoridades locales para que no se celebrase el acto programado, participó en un multitudinario mitin al aire libre junto al castreño Benito Cordobés, allí asentado, y pendiente de la resolución del expediente de clausura que se había incoado a su escuela racionalista.
  La frecuente presencia en la localidad de estos líderes forasteros, que debían de ser vistos como elementos peligrosos por las clases conservadoras, da lugar a que las autoridades locales monten dispositivos especiales de vigilancia por indicación expresa del Gobierno Civil, donde se llevaba un registro específico de anarquistas con el fin de controlar su movimiento:

  "Contesto telegrama de usted, manifestándole que el anarquista Rodríguez Romero llegó coche correo de Montilla, acompañado de Antonio Pérez Rosa, Presidente del Centro Obrero de esta villa, y de Salvador Cordón Avellán, maestro laico de dicho Centro. Al bajarse del coche se dirigió con este último al precitado Centro donde se hospeda, sin que haya sido visto hasta ahora por ningún otro sitio. Tengo organizada exquisita vigilancia para poder conocer todos sus movimientos, y según he podido comprobar anoche no celebró conferencia alguna, pues al Centro sólo concurrieron cinco o seis socios. Seguiré la investigación y comunicaré a usted cuanto pueda averiguar, incluso si es posible de lo que se ocupe, si celebra reuniones).

  Poco después Cordón recibiría la visita de su compañero y maestro durante su estancia en la República Argentina, el redactor de Tierra y Libertad, Antonio Loredo, quien tras participar en el Congreso Anarquista del Ferrol, ostentando precisamente la representación de la Federación Comarcal cordobesa, había iniciado una excursión de propaganda por toda España en solidaridad con los presos de Cenicero (Logroño), procesados por haber hecho frente a la fuerza pública durante una huelga. Loredo visitó los Centros obreros de Bujalance, Cañete, Castro del Río y Córdoba. Su visita tampoco pasaría desapercibida a las autoridades:

  "Confirmo a usted mi telegrama de ayer, referente al anarquista Antonio Toredo Martínez, cuyo primer apellido según indagaciones resulta ser Loredo. Se hospeda en el centro obrero, y a su llegada en automóvil lo esperaban Salvador Cordón, maestro de dicho Centro, y el presidente Antonio Pérez Rosa. Anoche acudieron al Centro además de éstos, Antonio Ortega Criado, Alfonso Moreno Silveira, Juan Pérez López, Antonio Ruíz Rosa, Ildefonso Bello Fernández, José Dios Criado, Francisco Dios Expósito, Pablo Sánchez Elías, José Ruíz Rosa y Juan Viudez Hervás, desconociéndose de lo que trataran. Según me han informado, viene algo enfermo, y precisa permanecer en ésta hasta el cinco de Julio venidero. Tengo dispuesta exquisita vigilancia para conocer todos sus movimientos y lugares que visite, caso de salir del Centro, quedando con comunicar a usted todo cuanto pueda averiguarse relacionado con el sujeto que se trata". 



Diario de Córdoba 17 de julio de 1915

   Poco después, aquejado de tuberculosis pulmonar, moriría en Logroño tras entregar a las familias de los presos el dinero recaudado durante su gira.


  La vida del grupo Alas de Castro del Río coincide cronológicamente con la presencia de los republicanos federales al frente del gobierno municipal, en mayoría durante todo el año de 1914, e incluso ostentando la Alcaldía desde Febrero de 1915.     

   Los coyunturales acercamientos entre “republicanos federales” y sociedad obrera "anarquista", que podían traducirse en circunstanciales apoyos electorales a sus candidatos en los diferentes procesos electorales, parece atravesar por un buen momento, hasta el punto, de que la actitud adoptada por los núcleos anarcosindicalistas rurales de Castro, Espejo y Montemayor debieron contribuir en sumo grado para que el candidato federal, Hilario Ayuso, arrebatara en las elecciones celebradas en 1914 el acta de diputado por el distrito de Montilla al liberal independiente José Fernández Jiménez.
   Esta coyuntura política explicaría en parte el normal funcionamiento de la Escuela del Centro Obrero, desde la que García Birlán primero y  Cordón e Isabel Hortensia con posterioridad, impartían una pedagogía esencialmente libertaria, muchas veces enfrentada abiertamente a leyes e instituciones, y cuyo único fundamento legal, y no suficiente, estaría en el art. 3º de los típicos reglamentos sindicalistas provinciales, que se refiere a la creación de una escuela como objetivo fundamental de la Sociedad.                                                     
  Algo parecido ocurrirá con el citado grupo anarquista "Alas", que consigue tirar sus revistas y manifiestos a la calle sin trabas de ningún tipo.
  Las elecciones a Diputados Provinciales celebradas en el mes de Marzo de 1915, parecen provocar un giro radical en la hasta entonces armoniosa unión de las fuerzas antidinásticas y sindicales. Los federales de Castro del Río habían conseguido incluir en la candidatura por el distrito a dos representantes de la localidad, el ingeniero e industrial Diego López Cubero  y al propietario Miguel Merino Millán, con unas expectativas de éxito que no tendrían su refrendo en las urnas:

  "Estos resultados han supuesto un fiasco para los republicanos, que con mayoría en el Ayuntamiento, con Alcalde nombrado mes y medio antes de las elecciones, y con el apoyo de otras fuerzas y entidades de la población pensaban obtener una mayoría sumamente grande sobre los liberales fernandistas" (El Defensor de Córdoba).

   Aunque los tres candidatos federales resultaron elegidos,  lo fue gracias a los  apoyos recibidos por parte de de las fuerzas antidinásticas (republicanos y socialistas) en la ciudad de Montilla, cabecera del distrito electoral. En aquellas poblaciones como Castro del Río, Espejo y Montemayor con fuerte arraigo y ascendiente de los sindicalistas, los partidarios del exdiputado José Fernández Jiménez seguirán superarando claramente a los republicanos en número de votos.

    En Castro del Río llego a cuestionarse incluso la legitimidad de su gobierno municipal:

Diario de Córdoba 


   Aunque no llegaría a consumarse la dimisión inmediata del Alcalde republicano (don José Millán Fernández), “los fernandistas” no tardarían mucho en recuperar las riendas del gobierno municipal.

  El partido socialista, desde su órgano de expresión “El Socialista” lanzará constantes e interesadas críticas a la pasividad abstencionista del proletariado en la comarca sindicalista, e incluso, dejarán caer en más de una ocasión la ya tradicional acusación de connivencia sindicalismo-fernandismo en el distrito montillano:

El Socialista Junio de 1915


   A esa machacona acusación, responde el grupo Alas retando a los socialistas a las famosas controversias de las que éstos no eran demasiado partidarios. Ya hemos mencionado la famosa Controversia de Montilla. En los primeros dias del mes de julio, Tierra y Libertad se vuelve a hacer eco de un nuevo reto del grupo Alas, que intentará traer a su propio terreno sin conseguirlo para controvertir con los sindicalistas al conocido socialista  Egocheaga.

   Evidentemente el apoliticismo abstencionista preconizado por Salvador Cordón y su Grupo "Alas" se había dejado sentir, con lo que la hasta entonces tolerancia se rompe paulatinamente, como lo demuestra la pronta aparición de trabas por parte de la autoridad municipal republicana hacia el citado grupo anarquista, entendiendo que "su funcionamiento pudiera en cualquier día producir efectos desagradables", siendo requerido el Presidente del mismo (Salvador Cordón) para que entregue en el Ayuntamiento el nombre de sus socios, así como los Estatutos por los que se rigen. La respuesta dada por Cordón, será peculiarmente anarquista y suficientemente contundente: "se niega a facilitar nombre alguno pues el citado grupo se viene rigiendo única y exclusivamente por el libre acuerdo de la voluntad de sus miembros".
  Esa especie de legalidad consentida en la que se desenvolvía el Grupo "Alas", había llegado a su fin, con lo que su órgano de expresión, la revista "Alas", tiene que interrumpir definitivamente sus tiradas. Su número 6º y último corresponde al mes de Julio de 1915. La prohibición se hará extensiva así mismo a las habituales tiradas de manifiestos.




  Por las mismas fechas, la Escuela del Centro, que venía funcionando con regularidad desde la creación del Centro Instructivo de Obreros en 1910, se verá sometida a clausura temporal, en tanto y en cuanto su maestro-director no aportara los documentos que justificaban su existencia, al requerirlos la Inspección de Primera Enseñanza de la Provincia.  La misma suerte, y en fechas muy cercanas, correría la Escuela Racionalista que regentaba otro destacado militante castreño, Benito Cordobés, en Montemayor. Esta coincidencia nos induce a pensar en un intento, por parte de la Inspección de Primera Enseñanza de la provincia, de poner freno, o al menos regularizar, este tipo de enseñanzas, presionados principalmente por las Juntas locales de Primera Enseñanza de las respectivas localidades que no debían de verlas con muy buenos ojos. 



   Las referencias a la educación son constantes tanto en los trabajos literarios como los artículos periodísticos de la pareja. Ya nos ocuparemos de ellas en una entrada aparte, dedicada a la evolución histórica de toda una institución educativa y proletaria de Castro del Río,  la Escuela de su Centro Instructivo de Obreros.
   La clausura de ésta va a privar a Cordón y a su familia de los elementales medios de subsistencia, obtenidos del óbolo diario aportado por cada alumno, lo que a la postre precipitaría la marcha de Cordón de Castro del Río en busca de nuevos lugares que le permitieran continuar con su misión propagandística.



  Su marcha iba a ser celebrada por los federales, aunque determinada conciencia anarquizante rural había prendido ya entre los jornaleros agrícolas de la campiña.


   El presente trabajo, esta basado en el capítulo incluido dentro de un trabajo más amplio que bajo el título de Salvador Cordón Avellán. Militante y escritor libertario,  se publicó en el nº 1 de la revista  El Paseo Cultural de Cabra (Córdoba), ampliado y corregido con informaciones obtenidas mayormente de la colección de Tierra y Libertad  que aloja el Cedall en su página.


05 julio 2011

Curiosidades bibliográficas: armas, escudos, blasones; carteros, santicos, santones y benditas vacaciones.












   Entiendo más bien poco, por no decir nada, de heráldica, escudos, genealogía, pendones o blasones. Son disciplinas más bien áridas y de dudosa utilidad, por las que nunca he mostrado demasiado interés. Navegando y buscando materiales e informaciones sobre las poblaciones objeto de este espacio, he localizado en la Biblioteca Digital de la Comunidad de Madrid un curioso libro, lujosamente editado y encuadernado, que alberga entre sus paginas una atractiva colección de láminas finas donde se recogen todos y cada uno de los escudos de las principales villas y ciudades de España en 1860, con sus respectivas descripciones. 



   No voy a entrar en cuestiones críticas sobre lo acertado de las descripciones o sobre si la iconografía de esos escudos es la correcta, original o apropiada. Sinceramente me importa un pimiento (dejemos a los pepinos tranquilos, a ver si recuperan los pobres).



     ¿Sus posibles utilidades?

   En otro tiempo, por su impacto gráfico y visual,  hubieran sido de gran provecho para opositores a cartería, a la hora de ayudar a identificar todas y cada uno de las villas y ciudades de nuestro país agrupadas por provincias. Fotocopias de las mismas, en plan estampas recortables amontonadas sobre una mesa, hubieran garantizado el éxito de cualquier aspirante a los servicios postales de la nación. En los tiempos presentes, en los que ya apenas si se escribe a mano, la utilización de códigos y los progresivos avances informáticos, han relegado ese otrora imprescindible saber memorístico y enciclopédico del cartero a un injusto ostracismo. De hecho, hace ya varios años que ni se convocan oposiciones,  ya que los servicios postales están a punto de caer en manos de la empresa privada.



   Se me ocurre un segundo uso didáctico, lúdico y vacacional, para quienes tengan hijos menores, como manera de  paliar su aburrimiento, abuso de PlayStation u otras maquinejas del diablo, durante el largo estío (papá estoy aburrio) y de camino, ganar tiempo para leer el periódico u otras actividades lúdico festivas de pareja.
   Mediante el famoso método informático del recorta, copia, pega, pinta y colorea, deberían obtener estampaciones (“santicos”)  de los pueblos del entorno geográfico partiendo de las laminas incluidas en el libro y enlace referenciado. Necesitaríamos al menos 50 de ellas por jugador antes de pasar a la fase puramente lúdica y callejera (dejémoslo en patio de vecinos, la calle hace ya bastante que dejo de ser un espacio para el juego).




    El resultado, con la colaboración paterna (aporte de tinta y papel para la impresora) unos bonitos cromos con los que jugar a los “santicos”. Que no se alarme el elemento laico y de poca iglesia, no se trata de procesiones infantiles, ni tiene connotación religiosa alguna.  El juego de los santos o santicos, cuyos últimos años de vida conocimos quienes vivimos la infancia en los años sesenta y parte de los setenta del pasado siglo, consistía en hacer acopio, buscar, ganar y arrebatar al amigo, compañero o vecino la mayor cantidad posible de ellos (que no cupieran en los bolsillos de los pantalones, a ser posible).



   El santico, que muere o desaparece definitivamente con el progreso y la proliferación del mechero de gas, se obtenía de la tapa (anverso) de las cajas de cerillas. Las empresas encargadas de su fabricación solían comercializarlas por series temáticas (aviones, aves, animales, plantas, coches, edificios…) En la tapa de atrás solía venir una pequeña descripción alusiva al dibujo o ilustración. Hoy algunas de estas cajitas son objeto de culto por parte de coleccionistas.



   Se mercadeaba y se cambiaban, aunque era el juego el que despertaba mayor interés. Conozco y recuerdo al menos tres modalidades, extensibles  a las famosas colecciones de cromos de futbolista:

a)     LA PARED. Se marcaba ésta con una raya a una altura de metro y medio aproximadamente. Desde la marca, los jugadores iban dejando caer sus santicos o cromos hasta que alguno de ellos caía sobrepuesto parcialmente a otro u otros, llevándote los dos o tres o cuatro que mochabas o tapabas, y así sucesivamente.

b)     PALMEAR Y VOLTEAR. Consistía en conseguir con la palma de la mano ahuecada, mediante un golpe seco, darle la vuelta al montón o montocico que el contrario arriesgaba. Para esta modalidad se solía utilizar santicos de ínfima calidad y aquellos más deteriorados por el uso abusivo.

c)     RATA: ALZA Y TAPA. Método arriesgado, pues se podía perder una buena cantidad de  golpe y porrazo. El retante introducía una cantidad indeterminada de santicos entre las palmas de sus manos, a la par que pronunciaba la palabra “rata”. Si el retado aceptaba, respondía con “alza y tapa”, lo que obligaba al primero a abrir fugazmente sus manos, lo que debía de servir al segundo para calcular la cantidad de santicos albergados en ellas. Si acertabas te los llevabas todos, si no debías de pagar lo previamente estipulado por jugar (3 o 4).


   Todo este acopio de tonterías y gilipolleces, son consecuencia directa del mono psicológico al tabaco (que permanece) y cierta propensión nostálgica y enfermiza que se me ha despertado después de cumplir los cincuenta. Si de camino, mis recuerdos, ilustraciones y recomendaciones le sirven a alguien para algo… pues buen provecho.
   Sean felices y tengan buenas vacaciones. Las mías están al caer…