Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

18 febrero 2011

"Los reos de Porcuna" IV



  Para quienes estén siguiendo pacientemente las entradas que le vengo dedicando al caso del crimen u homicidio (me inclino claramente por lo segundo) por el que fueron condenados a muerte los Hermanos Nereos de Porcuna, advertirles de que no desesperen, que aunque pueda parecer el cuento mollete, vamos poco a poco aproximándonos a su final.
  
   Durante el mes de julio y buena parte del de agosto seguirán llegando hasta El Imparcial manifestaciones de simpatía con la petición del indulto:

   “Nombres excelsos y nombres desconocidos, políticos de gran altura, obreros, dependientes de comercio, altas damas y humildes mujerucas, que se experimentan unidas a aquella pobre vieja por el glorioso sentimiento de la maternidad, ancianos cuya mano temblorosa, apenas pueden trazar la solicitud de perdón, y niños cuyos débiles trazos denotan ingenuidad caligráfica, todos se confunden para solicitar a los Poderes Públicos el perdón de los Nereos”.


    
   No faltan las alusiones e invocaciones a la magnanimidad del Monarca, de quienes pretenden poner su granito de arena para conseguir el fin deseado: “La mano real, al firmar el indulto será guiada por Dios y por el bendecida la voluntad de quien para ser grande en todo lo es también en el perdón de las culpas, y los que delinquieron mas por inconvenientes que por malvados” o quienes confían en que el gobierno halle suficiente fundamento para aconsejar al Rey la utilización de la más elevada de sus prerrogativas.
    

   Entre las figuras relevantes de la vida pública y cultural que se sumaron a la petición, a título personal, podríamos citar entre otros, al dramaturgo y literato Jacinto Benavente, el periodista José Francos Rodríguez, el eminente hacendista Baldomero Argente, el insigne abogado Eduardo Doval, el arabista Francisco Guillén Robles, el novelista Eduardo López Bago, el poeta Emilio Carrere, el literato Eduardo Valbuena…
  También jefes, oficiales y soldados de los que exponen su vida a diario por España en África, cuyos nombres se omiten para evitar que se le exijan responsabilidades.

   Publicaciones periódicas, de periodicidad diferente a la diaria, también se ocuparon del caso, como la revista médica Sanidad Civil, el semanario militar Ejercito y Armada, la revista alicantina Juventud (órgano de la liga cervantista), la penitenciaria Mundo Penal o Patria Chica de Priego (localidad natal de Don Niceto Alcalá Zamora).
  De relativo interés, puesto que podría incluir nuevas fotografías o nuevos testimonios de los reos, el artículo titulado “Piedad” firmado por Don Arturo Osuna Servent, desplazado ex profeso hasta Jaén para entrevistarse con ellos, que apareció en el semanario detectivesco “El Dominó Negro”, revista de corta vida, especializada en escándalos de todo tipo.
  Otras referencias nos conducen hasta la definitivamente perdida o inmaculadamente guardada prensa histórica de la provincia de Jaén. Se trata de sendos artículos publicados por Francisco Arias Abad  y Manuel de Quero Morente , colaborador literario y director respectivamente de la revista cultural mensual Obulco (primera publicación con tal carácter que se conoce de la ciudad de Porcuna - 1914), que también abordaron el tema desde las páginas del El Eco de la Provincia de Jaén, donde el primero publica un estudio sobre los Nereos desde el punto de vista moral y psicológico, y el publicado por el periodista porcunense Manuel de Quero Morente en La Lealtad de Jaén, donde describe la vida y las costumbres de los desdichados hermanos Nereos, a quienes el cronista conoció y trató desde su infancia.
  Especialmente reveladoras, para descubrir algunos detalles más sobre la faceta humana de estos hermanos, podría resultar la localización de esas páginas.
  Por cuestión meramente temporal y espacial invoco e imploro la colaboración de estudiantes universitarios o ciudadanos de Porcuna en general, que tengan tiempo y ganas de rastrear la ubicación de dichas publicaciones jiennenses.
  Enigmática es también para mí la corta trayectoria profesional de Manuel de Quero Morente. La primera referencia de la que dispongo sobre él se trata de una poesía de corte obrerista y reivindicativo que publicó en el semanario Vida Socialista (1912). En 1914 simultaneaba la dirección de la revista Obulco con su trabajo en la redacción del diario independiente linarense El Noticiero. Con posterioridad trabajaría en diarios de la capital jiennense, como el ya mencionado La Lealtad (1915) o El Defensor de Jaén (1916), órgano de la Asociación Agrícola e Industrial, del que fue su director. Un trabajo suyo, de carácter literario, también vio la luz en la revista mensual Andalucía, editada por el Centro Andaluz de Sevilla con cuyos posicionamientos regionalistas parece comulgar.



   Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer públicamente a Alberto Ruiz de Adana Garrido su rasgo generoso de haber propiciado que algunos de los números de la revista Obulco estén colgados en la red a disposición de curiosos e investigadores. Instituciones culturales jiennenses, ancladas en algunos aspectos en el siglo XX, deberían intentar adaptarse a las demandas y necesidades de la ciudadanía del siglo XXI.

   Me he tomado la molestia de entre buscar en las páginas del diario El Socialista durante los meses que duró la campaña, alguna nota, carta o comunicado de la Agrupación Socialista de Porcuna o de su filial Sociedad Obrera Paz y Libertad que no constan. Su fuerza numérica y su peso específico deberían estar aún lejos de la que alcanzaría durante el periodo de conflictividad huelguística y social de 1918-1920. Como tampoco constan las del pequeño grupo de adeptos al republicanismo en sus órganos de expresión.
   En el diario El Imparcial se hace referencia a una primera remesa de 1185 adhesiones recibidas desde Porcuna. Imagino que llegarían algunas otras durante la campaña, que ya no se mencionan, entre otras cosas, porque se interrumpe bruscamente su publicación.
  Entre las que se publicaron del primer millar remitido, junto a las de las mujeres, ya relacionadas en la entrada anterior, figuran los nombres de Francisco Herrador, Benito Cobo y Francisco Casado en representación de los gremios de zapateros, curtidores y albañiles respectivamente. Desconocemos hasta que punto estos gremios estaban integrados o no en la Sociedad de Oficios Varios (UGT) Paz y Libertad.
  Ya en la anterior entrada intuía un sentimiento unánime y generalizado de la población de Porcuna, que se pone claramente de manifiesto en las páginas de El Imparcial donde aparecen relacionados, entremezclados con el resto de la ciudadanía, los principales prohombres locales del liberalismo y del conservadurismo de la época, incluido don Eugenio Molina primer cronista oficial de la ciudad .
   Inserto aleatoriamente un recorte de los porcunenses adheridos:

El resto en El Imparcial 14 y 15 de agosto de 1915
  
   No faltan las adhesiones llegadas desde diferentes puntos de la provincia de Jaén, y en especial desde la capital, que se volcó en la campaña. El 15 de Agosto durante el acto de inauguración del monumento al sabio médico y filántropo Don Bernabé Soriano, al que asistió el pueblo en masa, el señor alcalde Prado y Palacio (el algodón no engaña) propuso, en medio de grandes aplausos, que en nombre del pueblo allí congregado se le dirigiera un telegrama al rey pidiéndole, como recuerdo al médico que tantas vidas salvó, que indultase a los reos de Porcuna.
   Ninguno de los medios utilizados hasta entonces habían conseguido ablandar el corazón del rey ni de Eduardo Dato al frente de la presidencia del gobierno.

   
  Cuando se tiene noticia de que el teniente auditor de la Capitanía General, encargado de la ejecución de la sentencia, se había personado en Jaén, una vez más, Don Niceto Alcalá Zamora urdirá una estrategia in extremis para salvar al menos la vida de uno de los reos. Se desplazó de madrugada hasta Jaén en su automóvil particular, visitando e interrogando a los reos por separado en la propia cárcel delante de varias personas.
    
   
   Antonio, el menor, se confesó autor de la muerte de los guardias, expresando su amargura ante la posibilidad de que se le aplicase a su hermano Justo la última pena por un delito del que era inocente.
   Ante tal revelación, Alcalá Zamora remitió inmediatamente al presidente del Consejo, a cada uno de los ministros y a los periódicos de Madrid el siguiente telegrama:

 “Acabo de recibir directamente la confesión de los reos de Porcuna, que, próximos a entrar en capilla, declaran por separado unánimemente haber sido uno solo el agresor de los guardias muertos.
   Bajo la impresión moral de una confesión que realza la grandeza del alma del culpable, más, si cabe, que la del absolutamente inocente, salgo ahora en el rápido acompañándome el diputado provincial, testigo presencial de las confesiones, para reproducirlas bajo juramento ante el consejo de ministros.
   Ante la tragedia inmensa que se avecina, e impresionado por la sublimidad sencilla de las declaraciones, someto a la conciencia del ministro si puede ser ejecutado el inocente, y a la piedad si el culpable, que procede con semejante nobleza, debe morir a los veinte años”.



  El telegrama esta fechado en la mañana del 28 de septiembre de 1915.
  La buena nueva vuelve a sacudir a las conciencias y propicia una nueva movilización general en la que participan al unísono fuerzas políticas y sindicales.
   Mientras Alcalá Zamora, acompañado de la comisión compuesta por los diputados provinciales don José de Torres, don Ricardo Dacosta y el periodista Antonio Díaz Rodríguez, marchan en el rápido dirección Madrid, en la capital jiennense se celebra una multitudinaria manifestación compuesta por unas 10.000 personas que se disuelve ordenadamente después de entrevistarse las autoridades que la presidían con el Gobernador Civil de la provincia: “quien en sentidas frases manifestó sus impresiones poco optimistas y se ofreció para telegrafiar al mayordomo mayor de Palacio, al presidente del Consejo, al ministro de la Guerra y al de Gobernación”.
   De las acciones y  gestiones últimas por el indulto que, pese a la ferocidad vindicativa final, no sirvieron para evitar que Antonio Ramírez Muñoz fuese ejecutado a garrote vil, así como de las reacciones tras la consumación de la condena me ocuparé en una última y definitiva entrega. 

16 febrero 2011

"Los reos de Porcuna" III


Carrera de Jesús (Dibujo de Manuel Bueno Carpio)



   El 13 de julio de 1915, con la publicación del artículo “Por la vida de dos hombres” del abogado y periodista José Fernández Cancela, responsable de la sección de togas y tribunales del diario El Imparcial, se reactiva la campaña en pro del indulto de los “Hermanos Nereos”. En la primera entrada, ya utilizo parte de éste artículo-entrevista del que tomo la versión de los propios reos sobre como y cuando sucedieron los hechos, para contraponerla a las conclusiones de la sentencia. Es ahora cuando transcribo el resto:

Por la vida de dos hombres
(Los Hermanos Nereos vistos por sus carceleros)

   En el banquete que celebraron los miembros del cuerpo de prisiones hizo la casualidad que me correspondiese ocupar el lugar inmediato al jefe de la prisión de Jaén, persona afable y simpática, con quien entable conversación desde el principio de la cena. Entusiasta de su profesión y comprendedor de la alta misión educadora que le está encomendada, hablaba de los presos con el cariño de un buen maestro y mostraba por ellos una gran benevolencia y una gran misericordia.
   Relatando varios casos interesantes de los que había tenido ocasión de observar durante su carrera, hizo una mención especial y conmovedora de dos pobres muchachos recientemente condenados a muerte, y que ocupan en la actualidad aquella cárcel.
   De todos los presos que he vigilado, decía, no recuerdo haber conocido ninguno tan sinceramente bueno, como estos muchachos. Son cariñosos, humildes, trabajadores.
   Causa un hondo dolor pensar que se les arrebate la vida cuando apenas han comenzado a gozarla. Si yo me atreviese, en el momento de los brindis de este banquete, levantaría mi voz para pedir al ministro un poco de benevolencia para ellos…
   Sus palabras, llenas de sincera efusión, produjeron en mí una profunda amargura.
   Pero al final del banquete mi compañero de mesa no se atrevió a interpolar su petición entre los discursos de las altas personalidades que hicieron uso de la palabra, y cuando los comensales abandonaban el local, con la satisfacción que subsigue a una cena copiosa, nos estrechamos las manos conmovidos por un mismo pensamiento doloroso, muy semejante al remordimiento.
   El recuerdo de estos dos hermanos que esperan la ejecución de su horrible sentencia me torturó durante muchos días, y al fin, deseoso de poner de mi parte algo de obsequio de lo que creo humano, he hecho un viaje a Jaén para relataros, con sencillez, como son esos feroces criminales a quienes la justicia ha acordado extirpar de entre los vivos, arrebatándoles violentamente lo que solo Díos pudo darles.



En la cárcel de Jaén

   La prisión de Jaén es un caserón viejo, destartalado,  impropio para la misión a la que se le destina. Esta falta de condiciones da a la prisión un aspecto más terrible, porque las medidas de precaución se multiplican en un espacio pequeño; así encontráis a la entrada dos grandes puertas, sólidas, pesadas; después una reja de barrotes formidables; luego una puesta de hierro, más allá otra igual; inmediatamente un local espacioso y oscuro donde suelen estar los vigilantes; luego otras grandes puertas blindadas y al fin el patio donde los presos viven una promiscuidad contraria a todas las teorías penitenciarias modernas.
   Allí vi a los hermanos Nereos, y ciertamente que por su aspecto no hubiera supuesto que fueran ellos los designados para la última pena; porque entre aquellos 200 hombres, la mayoría de los cuales reflejaban en su rostro la miseria, la enfermedad o el crimen, los dos hermanos, con su aspecto apacible y resignado, parecían seres extraños en aquel ambiente.
   El mayor tiene veinticuatro años y veintidós el más joven. Son altos, fuertes, hablan con serenidad y miran frente a frente, sin humildosidad ni altivez, con una gran tristeza, como si toda su esperanza la hubieran puesto mas allá de los hombres.
   El maestro me dijo que el más joven de los dos era el más inteligente y el más estudioso de todos los presos.
   Uno de los jefes de la prisión expresó: “Tengo tanta confianza en su nobleza que si fuera preciso me atrevería a dejarles en libertad bajo su palabra, con la seguridad de que, renunciando a su propia vida, volverían a presentarse cuando se les ordenase, antes que ocasionarme un perjuicio”.
   Otro agregó: “Se sabe que uno de ellos solamente cometió los dos homicidios, y, sin embargo, relatan los hechos de forma que aparezcan los dos igualmente culpables, para no denunciarse el uno al otro; por eso han sido condenados los dos a la muerte y cumplirán juntos la pena”.
   Yo pensaba, sea cual fuere el delito que cometieron, ¿son estos hombres a quienes la sociedad debe extirpar de la vida, por considerar que serian inútiles todos los esfuerzos que se hiciesen para corregirlos?



Mi humilde petición

   Pocas horas después abandoné Jaén. Era aquel uno de esos días espléndidos en que la Naturaleza se brinda con toda su magnificencia, despertando en nosotros el gran amor a la vida; pero había en el fondo de mi alma una horrible angustia.
   Esos muchachos a los que acababa de hablar, y que acaso muy pronto caerán en la mano del verdugo, tenían un alto principio de bondad y de honradez.
   Sin duda la sentencia que los condenó es justa, pues que la dictaron jueces serenos e imparciales; pero las sentencias juzgan los hechos y no a los hombres, y los hombres son materia igualmente dispuesta para realizar una acto heroico o para ejecutar un crimen.
   Benvenuto Cellini cometió varios homicidios, Juan Jacobo Rousseau realizó varios robos, y, sin embargo, ¿puede alguien dudar de quien ejecuto el cristo de El Escorial era un espíritu grande, y el autor de “Emilio” y “Las confesiones” un hombre de alta conciencia?
   Si la pena, lejos de ser una venganza, ha de suponer medicina del espíritu y acción educadora, ¿debemos de privar de la vida a individuos a quienes Dios capacitó para el arrepentimiento y  la regeneración de su existencia?
   He aquí los pensamientos que me torturaban aquel día y que como una helada losa pesan aun sobre mi conciencia. Yo los expongo ante vosotros, lectores, y os pido, que si en ello estáis conformes me enviéis vuestras adhesiones a la petición de indulto, para con todas  ellas, como flores de un gran ramillete, ofrendar a quien pueda hacerlo, para que conceda la gracia de la vida a estos dos muchachos que apenas han vivido.
   Y dos viejos, viejos, que en el fondo de una pobre casuca sufren una tortura desgarradora, tendrán para nosotros una lágrima de agradecimiento.

FERNANDEZ-CANCELA

   Fernández Cancela consigue despertar inmediatamente el sentimiento humanitario de sus lectores. Diarios de tirada nacional (Universal, Heraldo, Liberal, A B C...), todos los de Jaén capital, El Defensor de Granada, El Noticiero Granadino, El Popular y La Unión Mercantil de Málaga, El Liberal de Bilbao, Liberal de Barcelona, Liberal de Murcia…publican íntegro, reproducen párrafos o incluyen reseñas del mismo.
   Las adhesiones de particulares, desde los más recónditos lugares del país, afluyen por millares hasta la redacción de El Imparcial, en forma de cartas, tarjetas postales, telegramas y grandes pliegos firmados, que el propio periódico excusa su publicación íntegra, ante la imposibilidad de incluirlas todas por falta de espacio.
  También se adhieren numerosos colegios profesionales (abogados,  procuradores, médicos), casinos, instituciones culturales (Círculo de Bellas Artes), oficinas, talleres, colegios de enseñanza, artistas, hombres de ciencia, intelectuales, familias enteras y especialmente mujeres, en las que aflora el sentimiento de madre.

  La escritora y periodista, pionera del feminismo en España, Carmen de Burgos “Colombine”, levanta su prestigiosa voz en nombre de las mujeres españolas con un valioso alegato a favor de los desdichados hermanos Nereos sobre los que pesa la terrible condena:

Colombine


La ley del perdón

   “Nada podría yo añadir a las consideraciones profundas y brillantes que como una súplica de perdón se elevan en la prensa; pero mi sensibilidad, mi corazón de mujer, me llevan a no permanecer inactiva, y que las mujeres españolas, las madres, pidan también el indulto de esos dos nobles reos, uno de los cuales, en lugar de culpable es mártir, puesto que consiente morir, antes que salvarse acusando a su hermano; heroica acción digna de salvar a los dos condenados.
   Las mujeres no entendemos jamás la razón de la pena de muerte; nosotras no conocemos mas ley justa que esa ley del perdón, pronta y generosa. El criminal capaz de hacer daño es un enfermo que hay que apartar de la sociedad, es indudable. ¿Pero son enfermos perjudiciales e incurables esos hermanos, jóvenes, buenos, sanos, amantes de su familia, que alegres y serenos paseaban el día del crimen por el campo, enamorados de las bellezas del suelo y del sol, antes de ser acometidos y provocados? No. La pena de muerte no puede existir bajo pretexto de una ejemplaridad de que carece, su último baluarte es la selección, y en este caso no está justificada.
   Cancela lo ha dicho: “los jueces juzgan hechos y no hombres”. Es ese espíritu seco, inmovilizado, de la ley el que mata en nombre de la Justicia; pero la Justicia es superior a los hombres.
   Las mujeres todas tendrían siempre el gesto admirable de la Reina Isabel, genuina representante de la mujer de nuestra raza, cuando en el primer año de su reinado, al presentársele la bandeja con las sentencias de los condenados a muerte durante la Adoración de la Cruz el día del Jueves Santo preguntó. “¿Qué es esto?” “Los paquetes que toquen la mano de su majestad al ponerla sobre la bandeja quedaran indultados”. Y la joven soberana con su noble impulso, los tomó todos entre sus dos manos, exclamando con alegría: “Pues para esto soy Reina”.
   ¿Hay concepto más alto del uso de la soberanía? Yo respetaré siempre la memoria de la mujer que lo tuvo, aun cuando hubiese cometido después los mayores desaciertos. Un espíritu de justicia guió sus manos de niña para no dejar que el azar jugase con la vida de los reos, y que perdonados unos, se castigase a los otros.
   El indulto es la ley del perdón, la ley altísima reservada al más alto representante del Estado como el atributo supremo de la soberanía. La expresión de la conciencia de los hombres, asustados por su terrible fallo, que buscan la manera que no se cumpla. Porque la ley manda en los que aplican, su rigidez perdura y se impone; pero en el fondo del corazón del hombre hay un temblor de duda al pensar si está capacitado para ir tan lejos y si él puede matar, contrariando así la voluntad creadora.
   No dudo que todas las mujeres españolas se unen a mí en esta súplica de perdón que ha de llegar hasta el pie del Trono a favor de los simpáticos e infelices hermanos Nereos.
   Para la mujer todo hombre es un hijo, un hijo posible, un hijo de otra mujer a la que se une la solidaridad maternal. Matar un hombre es atentar contra la maternidad de todas las mujeres.

COLOMBINE

(Publicado en El Heraldo de Madrid el 24 de julio de 1915)

   En consonancia con la carta anterior, incluyo la respuesta de adhesión pro indulto de los Nereos de las mujeres de Porcuna, que aparecen en una relación publicada por El Imparcial durante su campaña “Por la vida de dos hombres”. Por cuestiones de espacio, como ya he explicado anteriormente, no eran relacionadas en su totalidad. Imagino que el sentimiento sería unánime y generalizado. Ignoramos los criterios que utilizara el periódico para incluir o excluir. Muchas de las abuelas, bisabuelas y tatarabuelas de los actuales ciudadanos de Porcuna están aquí reflejadas:

El Imparcial 13 de agosto de 1915

(Continuará)

14 febrero 2011

Castro del Río en las Cartas de Don Juan de la Sal, obispo de Bona.

  


   Marcelino Menéndez Pelayo fue un hombre dotado de una inteligencia privilegiada, gran erudito y crítico,  se autoproclamaba a cada paso como “pensador independiente y ciudadano libre de la república de las letras”. Su obra abarca virtualmente toda la Historia y toda la Literatura española, y su importancia es primordial para cualquier estudioso.
   Fruto de su polémica con los krausistas, sobre el problema de las relaciones entre la iglesia y la cultura, emergen dos de sus obras: La Ciencia Española (1876), en la que defiende la tesis de que había habido ciencia en España, y que ni el Estado ni la Inquisición habían influido poco ni mucho en su desarrollo; y los tres volúmenes de su Historia de los heterodoxos españoles (1880-82), con la que pretende demostrar que en España apenas si los hubo, ya que los españoles por ley de raza y de historia son refractarios a toda herejía y heterodoxia. Ambas tesis difícilmente se sostienen desde la perspectiva actual.


   Es en esta segunda obra donde he encontrado una referencia relacionada con el Castro del Río de los albores del siglo XVII, poco después de que el Príncipe de los Ingenios fuese arrestado y encarcelado en esta villa por la venta ilegal de trigo, perteneciendo ésta aún al marquesado de Priego.



   La fuente en la que bebe Menéndez Pelayo para referenciar este caso relacionado con Castro del Río, es la obra del gaditano Adolfo de Castro y Rossi que lleva por título "Curiosidades Bibliográficas"(dos tomos de la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra, de 1855 a 1857), que incluye unas famosas cartas al duque de Medina-Sidonia de Don Juan de la Sal y Aguayo, jesuita, obispo de Bona, en Africa, que era la Hipona (Hipo Regius) de San Agustín, enviadas desde Sevilla en 1616.
 
 

   Don Marcelino, haciendo gala de su habitual erudición nos cuenta sobre este docto y celebre hombre de ciencias sevillano:

   Hombre de ingenio agudo y despierto, a quien dedicó Quevedo sus romances de los cuatro animales y las cuatro aves fabulosas y a quien el festivo poeta Dr. Juan de Salinas llamó:
Doctor de ingenio divino
Sal y luz por excelencia,
en la iglesia y en la eminencia
gran sucesor de Agustino, etc...

   Y son notables las cartas de D. Juan de la Sal no sólo por lo burlesco y sazonado del estilo, sino por el buen juicio y por las veras que entre las burlas entremezcla. «Despacio había de estar Dios -dice en la carta primera- si había de llamar a que gozasen en vida de su esencia y lo mirasen cara a cara tantos como han publicado que lo han visto y gozado de pocos años acá.». «Crea V. E. que como hay hombres tentados de la carne, los hay también del espíritu, que se saborean y relamen en que los tengan por santos... Santidad con pretales de cascabeles nunca duró ni fue segura, sino la que a la sorda busca Dios».

   Una vez más se cruzan en mi camino un fraile carmelita (confesor) y una santa beata a la que se le atribuían hechos maravillosos o sobrenaturales.



De las cartas de don Juan de la Sal
(De Sevilla, 21 de julio de 1616)

   Tales son y han sido siempre los verdaderos santos, que han puesto su verdadero estudio en encubrirse a los ojos de los hombres. Los que no siguen esos pasos solo son chispas alharaquientas, que solo sirven de escándalo a los simples que se acercan y los creen, y al paradero que tienen, descubre bien lo que son. Y si quiere vuestra excelencia conocerlos, oiga dos caso sucedidos de pocos días acá, que son el verdadero retrato de éste.
   En Castro del Río, lugar del estado de Priego; del obispado de Córdoba, una beata, moza carmelita, fue en pocos días de hábito entrando en Dios nuestro Señor en tanta familiaridad que había entre ellos cosa partida, como dicen. Conversaba con él como un amigo con otro, y como buena hija daba cuenta de todo su interior al fraile, su confesor, hasta que de lance en lance vino a certificarle en gran secreto que había tenido expresa revelación de que a los diez días de marzo que pasó, en que la iglesia de Córdoba celebraba la fiesta del santo Ángel de la Guarda, la llevaría el Esposo para si, y que siete días antes puntualmente le daría un dolor de costado, de que al sexto desahuciada de los médicos, la olearían, y al punto de amanecer de la mañana siguiente, que sería el seteno de su mal y el último de su vida, le saldrían a los pies y manos y costado visibles las llagas de Cristo crucificado, y no le saldrían antes por evitar que se viesen al tiempo de darle el santo óleo; y que serían tantos y tales los milagros que Dios obraría por medio de las reliquias de su cuerpo, desde el momento que espirase, que no la enterrarían con el oficio ordinario de difuntos, y antes que el año se cumpliese la beatificaría el padre Santo. Finalmente, que le decía el señor que hiciese tres retratos suyos: el uno para enviar a su santidad, el otro para su majestad, y el tercero para poner en el altar donde estuviese su cuerpo.

Castro del Río en el s.XVII, según Pier Maria Baldi

   El confesor, oyendo estas maravillas, entró en deseo de acompañar a la Santa; y pidióle encarecidamente que alcanzase de Dios que se lo llevase consigo. Pidiólo, y tuvo revelación de que su padre espiritual le seguiría cinco días después de su muerte.
   El, lleno de alegría, con esta buena nueva, repartió liberalísimamente cuanto tenía en su celda. Comenzó a predicar aquellos días con increíble fervor, y hacía extraordinarias penitencias por disponerse mejor.
   Todo esto estuvo secreto entre los dos hasta que, llegado el día señalado, en que el dolor de costado había de darle a la beata, y dándole con efecto, le pareció al confesor que era bien, siendo el negocio ya seguro, dar parte a su provincial y a algunos de los mas autorizados religiosos de su orden, y aun de otras que estaban en su comarca, para que todos viniesen, como vinieron, a ser testigos de aquella maravilla. Dio también cuenta a los marqueses de Priego, que por su devoción, pagaron luego al pintor para que hiciese los tres retratos, y la Marquesa madre fue en persona a Castro del Río, desde Montilla, llevando al sietecito, heredero de la casa, que es también mudo como el padre, con esperanza de que haría la Santa algún milagro.
No debió el padre confesor dormir mucho aquella noche; y antes que Dios amaneciera fue en busca de las llagas, que era la señal que había dado la Santa. Pero no quiso Dios que las hallase, de que quedó medio atónito.
   Juntó luego a los padres, y dióles la negra nueva de que no había rastro ni pensamiento de llagas; con que empezaron a entrar en sospecha de que podría todo ser de no agua limpia.
   Juntóse a esto con una persona grave, a quien la enferma había entregado gran cantidad de papeles cerrados y sellados, escritos de su mano, con orden de que en ninguna manera los abriese hasta de su muerte, porqué era esta la voluntad del Señor, entró en curiosidad de que por dicha esos papeles le darían la luz de la verdad o vanidad del negocio, y así, se encerró a solas, y abriéndolos, halló por cabeza de proceso que en tal día y a tal hora le había mandado el Señor que abriese aquellos papeles en manos de Fulano, que era gran siervo suyo, por su mucha virtud, muy agradable a su divina Majestad. No hubo leído estas palabras, cuando volvió como un rayo donde estaban los demás, y habiéndoselas leído, les dijo, lleno de celo: “Padres míos, todo es vanidad”, porque para mayor confusión mía, el día que dice ella que Dios le dijo que yo le era agradable, fue cierto que estaba en su desgracia, y lo había estado y lo estuve algunos días antes y después.
   Acabaron con esto de persuadirse a que era ilusión o fingimiento cuanto decía la beata; y axial, acordaron prudentemente que luego se le dijese, por el riesgo en que estaba de morirse, que si había engañado fingiendo todo lo dicho, pidiese perdón a Dios, y se confesase de todo con arrepentimiento; y si había sido engañada del demonio, también reconociese y confesase su culpa de haber sido frágil de creerlo.
   La mujer se compungió grandemente; hizo una buena confesión, y quiso Dios darle la vida para que no quedase duda de la verdad del engaño. También vivió el confesor; y la Marquesa y su nieto dieron la vuelta a sus cosas, haciéndose cruces con asombro.

11 febrero 2011

"Los reos de Porcuna" II



   En la primera entrada que le dediqué al caso de los “Hermanos Nereos” aludía a mi propósito se suscitar un debate, que no ha llegado. He considerado oportuno seguir con el tema a pesar de no haber sido atendidas mis demandas. Con mas elementos de juicio, y ya que la información seguirá colgada en la red a disposición de quien se quiera acercar a ella, siempre queda abierta esa posibilidad.

Las fuerzas antidinásticas

   Habíamos hecho referencia en la entrada anterior a la participación de la minoría de la conjunción republicana socialista en la campaña pro indulto de los "Reos de Porcuna". El republicano federal Manuel Hilario Ayuso, diputado electo por el distrito de Montilla (Córdoba), único representante del republicanismo rural andaluz en aquellas Cortes, se había sumado a las reuniones conjuntas de parlamentarios jiennenses y cordobeses que laboraron en pro de estos reos. 

    
   Tanto El Socialista como el diario republicano El País el 9 de junio de 1915, a la par que veían la luz las cartas redactadas por Niceto Alcalá Zamora y Manuel Bueno, se ocuparan también del asunto.
    El PSOE, con el veterano Pablo Iglesias, como único representante de su partido en aquella cámara, a través de su órgano de prensa, publicaba una extensa editorial sobre “La pena de muerte”. Se suma a la acción conjunta, pero matiza su participación con un claro alegato a favor de la supresión de la pena de muerte:




La pena de muerte

   En Jaén hay dos reos sentenciados en espera de que se cumpla la terrible condena. Se ha pedido su indulto por muchos elementos, entre ellos nosotros, que insistimos en la manifestación de nuestro deseo de que no se prive de la vida a esos desgraciados.
   Ocurre siempre: en la víspera de la ejecución que se agrupan muchas voluntades para pedir gracia. Se da el caso sorprendente, en estos movimientos compasivos, que entre los que solicitan el indulto, se encuentran partidarios decididos de la pena de muerte.    ¿No hay en esto un contrasentido?
   Todas esas inquietudes de ultima hora, todas esas súplicas a los poderes, estaban evitadas con una medida bien sencilla, y que esta reclamada clamorosamente por la moderna jurisprudencia, para quedar limpia de una de sus manchas mas afrentosas. Todo estaba evitado con la supresión de la pena de muerte.
   Los que piden el indulto ¿lo hacen por creer en justicia que ningún poder humano tiene derecho sobre la vida de los hombres? En este caso, representan una fuerza bastante poderosa para imponer en la ley la supresión de la pena de muerte. ¿Creen por el contrario, que la pena de muerte es justa, los jueces tienen el derecho de aplicarla, y obedece su petición de gracia sólo a un impulso de misericordia? En este caso no obran con una rectitud muy perfecta. La justicia está por encima de la misericordia. La misericordia -hay una composición de corazón y de mísero en la etimología de esta palabra, que la hace sospechosa- es una virtud inventada por el tartufismo católico para desnaturalizar la justicia, contemporizar con los que hacen el mal y corromper el criterio moral de los pueblos.
Los socialistas, siempre que hemos unido nuestra voz a los que piden indulto, lo hemos hecho en la convicción de que pedíamos una cosa de justicia. Si no lo hubiéramos creído así, no lo hubiéramos hecho.

   Y, no obstante nos tenemos por muy humanos- por muy misericordiosos dirían los apegados a tópicos sin sentido claro- , por infinitamente mas humanos que quienes han hecho una mercancía de la piedad y un valor cotizable del perdón. Todo lo que otros hacen por compasión hipócrita, nosotros lo reclamamos como justicia estricta.

   De aquí porque protestamos contra el absurdo derecho que una institución social se atribuye de quitar la vida a un semejante. Nadie puede hacer eso. Presenten los que ese derecho defienden los casos mas espantosos de la delincuencia, los crímenes mas horrorizantes, los episodios mas estremecedores de la perversidad de los hombres. Ni uno sólo de ellos, ni todos ellos en la monstruosidad de su conjunto, tienen la perversidad, el horror, que el asesino frío de la ley condenando a un delincuente al patíbulo.
   Karr en su manoseadísima frase “que empiecen los señores asesinos”, se refería a los reos que comparecen ante el Tribunal, sin duda. Pero un espíritu ecuánime, al aplicar la frase, quizá no se refiera ya al reo que está ante el tribunal, sino al tribunal que está frente al reo.
   ¿Qué empiecen los señores asesinos?...Bien. Autores de Códigos, aplicadores de leyes, legisladores de pueblos, atended a la invitación.
   Por justicia, no por misericordia.



Roberto Castrovido
    No tan explícito, el diario El País, dirigido por Roberto Castrovido, publica en primera plana la carta de Alcalá Zamora y un amplio editorial a favor de los reos de Porcuna, con el título de “Por justicia y por decoro”. Tras incidir en detalles ya conocidos como el de las guayaberas y sombreros de paja que vestían los guardias en lugar de sus uniformes reglamentarios, dan su apriorística, y algo tendenciosa versión sobre unos hechos que se produjeron a campo descubierto sin testigos presenciales:

    
   “Detenidos, cogidos, fueron agraviados de palabra y obra por los aprehensores, y exasperados Los Nereos (porque Nereo se llamaba de nombre su padre), cogieron sus propias escopetas que con licencia de uso de armas llevaban cargadas con perdigones, y tuvieron el desdichado acierto de matar a sus atrapadores”.

   Aunque destapa y argumenta cierto agravio comparativo, que Don Niceto elude referir en su famosa carta, entre otras cosas, porque ponía en evidencia el caciquil sistema político de la Restauración:

   “Los reos de Porcuna no fueron comprendidos en los indultos del pasado Viernes Santo porque se creyó que este indulto prejuzgaba el de los condenados a muerte por el motín electoral de Benagalbón. Indultados el matrimonio Roldán y su hijo mayor, se nos sale ahora que hay que ejecutar la sentencia dictada en Jaén porque no se ejecutó la dictada en Málaga. La muerte adopta una mueca grotesca. ¿Caben en lo humano estos cambalaches? ¿No sería una injuria horrible esta permuta de reos? Si los de Porcuna iban a ser indultados y no lo fueron porque de esa piedad podía derivarse otra, ¿puede, en buena lógica y en sana moral, servir la gracia de precedente para el rigor?
   Ni en los tiempos bárbaros anteriores al Cristianismo, en que se inmolaban victimas humanas en holocausto a divinidades terribles, se permitian los sacerdotes estos gitanescos trucos, este dar una víctima por otra, esta sustitución de ejecutados.
   Ya es repugnante que influyan el favor y hasta las festividades religiosas en la suerte de los condenados a muerte. ¿El reo comete el crimen en una provincia caciqueada por gente poderosa? Pues se le indultará así  sea su crimen más espantoso que el perpetrado por otro criminal de tres al cuarto en provincia con caciques y representantes de segunda clase. Reos cuyo expediente está despachado cuando la reina da a luz o en vísperas de la Semana Santa, ¡indultados! Al revés de lo que ocurre al criminal, que al asesinar no tiene presente el calendario ni el parte facultativo de la Gaceta.
   Cuantos hemos trabajado por el indulto de los reos de Benagalmón – señor Encina, alcalde de Málaga; señor Bergamín, comisión malagueña – tenemos que esforzarnos en conseguir este indulto, porque a los Nereos los ejecutamos nosotros, si es cierto que se les va a matar porque los otros viven.
   No es un indulto vulgar este que solicitamos; es una consecuencia de las circunstancias del delito, de la sentencia, del tiempo transcurrido y de los que se ha dicho y hecho al relacionar delitos con delitos, indultos con indultos.
   Confiamos en que, al enterarse la conciencia pública demandará unánimemente que no sea ejecutada la sentencia recaída en la causa de Porcuna”.



   Los reos de Benagalbón (Málaga) habían obtenido el indulto por conveniencia política de un régimen que tenía la necesidad de purgar su mala conciencia. La pena impuesta a estos reos, también sometidos al fuero de guerra, procede de un motín electoral, motivado por un impopular alcalde cacique local, que ante la reacción popular para evitar ciertos amaños en un colegio electoral, requirió la presencia de la fuerza pública. Cuando el alcalde ordenaba la detención de los revoltosos, la indignación de la muchedumbre estallo violentamente arrojándose piedras contra el propio alcalde y contra los guardias que lo protegían. Un disparo de estos, provoco que la multitud se abalanzara sobre ellos resultando muerto por arma blanca un guardia y otros tres con lesiones de diversa consideración.


Reacciones

    Fue mayormente el elocuente y hábil artículo de Alcalá Zamora el que consigue despertar la conciencia pública. El diario La Época, principal órgano de prensa progubernamental encaja el golpe con relativa tolerancia. Significativo el suelto que se publicó en sus columnas:

   “El diputado Alcalá Zamora ha dirigido a varios colegas un elocuente articulo abogando por el indulto de los reos de Jaén. El intento es noble, y sin entrar en consideraciones jurídicas, que no podríamos fundar a adecuadamente, puesto que no conocemos el proceso, y si solo la petición de clemencia del ilustre diputado liberal, hallamos en estas alegaciones que merecen examen, aunque nada pretendemos prejuzgar respecto al acuerdo del gobierno, pues escribimos exclusivamente por propio impulso, y movidos por el artículo del señor Alcalá Zamora”.

   Diferente fue la reacción que se produce entre el estamento militar o dentro del propio instituto armado. Mientras que el capitán general Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (marqués de Estella),  a la sazón presidente del Consejo Supremo de Guerra, manifestaba el profundo disgusto con el que había leído el articulo de Alcalá Zamora, calificando de erróneas muchas de sus apreciaciones, un X articulista en “El Ejercito Español”, periódico militar y militarista, órgano de la dirección general de la Guardia Civil, recurre al espíritu de cuerpo, al prestigio de la institución, para terminar abogando por la necesidad de que la ejemplaridad del castigo satisfaga a la corporación ofendida, y consiguientemente se muestra contrario al indulto de los reos de Porcuna.
   Estas manifestaciones para que se aplique sin piedad la rigurosa condena, encontraran el diario El Socialista una valiente contestación:

   “Bien está que se ame a la corporación a la que se pertenece. Pero ese amor no puede significar el cerrar los ojos ante sus defectos, y negar a todo extraño, sobre todo cuando éste sufre las consecuencias de esos defectos, el derecho a reconocerlos también y a señalarlos enérgicamente.
   El espíritu del cuerpo es una negación implícita de la justicia, y lo que niega la justicia es enemigo de la sociedad.
   El prestigio de un cuerpo está en el mismo, en su propia labor, en su propia composición. El ocultar su desprestigio, si tal desprestigio existe, ¿le borra?, ¿limpia la mancha que significa? Lejos de ello, pone el agravante de la complicidad colectiva.
   ¿Es la Guardia civil un cuerpo superior a todos los demás, inmaculado, inatacable?
   ¿En que daña a la Guardia Civil que sean indultados los reos de Porcuna, ni cualquier otro reo que haya realizado un acto más o menos punible, relacionado con ella?
   Entendemos que, por lo contrario, lo que daña al cuerpo entero es que haya miembros de él – o peor si a él no pertenecen – que sostengan las teorías absurdas y mezquinas que el X de “El Ejercito Español” viene estos días sosteniendo, con grave detrimento, del sentido moral y del sentido común”.

   El gobierno presidido por Eduardo Dato, presionado y atrapado entre dos frentes de dispar opinión, no terminaba de definirse sobre el pretendido indulto, por lo que durante el mes de julio se reactivará, con más fuerza si cabe, la campaña pro reos. En esta ocasión orquestada desde las páginas de El Imparcial, y que arranca con una entrevista realizada por el periodista José Fernández Cancela, redactor de Tribunales, a los reos en la propia cárcel de Jaén en la que se hallaban recluidos. Con sus alusiones a la buena conducta observada por éstos  y sus manifestaciones de arrepentimiento, consigue trasmitir una visión bastante humanizada de estos “terribles criminales” de Porcuna.


(Continuará)

09 febrero 2011

Venturas, desventuras, vocaciones y devociones de un vinatero cordobés de principios del siglo XX: El formidable Pepe Codes.



   De un tiempo a esta parte, vengo padeciendo cierta indiferencia y un progresivo desinterés por las noticias que nos depara la actualidad. De la prensa diaria, apenas si llego a leer los titulares en el trabajo, no da tiempo para más, tengo que atender demasiadas desideratas de los usuarios de mi servicio. El resto de las informaciones, las tomo al vuelo del transistor que me acompaña en la cocina mientras preparo el desayuno, el almuerzo o la cena. Hasta he dejado de comprar el Ideal con su dominical de fines de semana. El artículo de Pérez Reverte, del que era un ferviente seguidor se me ha empezado a atragantar.
   En mi última visita al loquero/a (maja chica), me han diagnosticado bloguermanía (otra dependencia además de la del tabaco), que viene a ser algo así como una necesidad imperiosa de buscar y rebuscar noticias e informaciones del pasado, para después plasmarlas, con tecnología bloguer, en páginas que andan por hay colgadas a disposición de quien quiera compartir mis curiosidades. También di altos niveles de  egocentrismo en la analítica espiritual a la que me sometieron. Bueno estoy en vías de, si no de solucionar del todo el problema, al menos predispuesto a racionalizar la distribución de mi tiempo de ocio. Hay que hacer otras cosas. Iremos saliendo.
   Aunque esa dependencia temporal me ha resultado provechosa para sanear mi maltrecha economía, al prescindir de parte del  importante capítulo del presupuesto que suponen los gastos de calle, en detrimento del sector de la hostelería. Recomendable para tiempos de ajustes.
   Otro aspecto positivo de la analítica ha sido el progresivo desarrollo de las relaciones interpersonales, con gente que comparte, que se interesa, que pregunta, que responde, un continuo intercambio que enriquece personalmente. En base a esto, mi doctora, que es una gran profesional, me ha prohibido terminantemente cerrar el blog, cual era mi propósito en un principio, de romper por lo sano, a cambio de, ir reduciendo progresivamente la dosis nociva de nicotina. Sé que me va a costar…

   Como todavía, por provisional prescripción facultativa, puedo sumergirme en las jugosas páginas de la prensa histórica, estas me siguen deparando estimulantes sorpresas.
   Mi especial debilidad por los personajes raros y curiosos, y por los vinos de la denominación de origen Montilla-Moriles, a cuya área de influencia cultural pertenezco, y de los que soy ferviente consumidor y propagandista, provocó que me detuviera en la lectura de un reportaje periodístico en el que convergen ambas aficiones.

Heme aquí expuesto al escarnio público
Consejo Regulador Montilla-Moriles


   La acción trascurre en la capital cordobesa, un par de meses después de que el político conservador Eduardo Dato, en ejercicio de la jefatura del gabinete ministerial, fuese asesinado por tres pistoleros anarcosindicalistas catalanes.
   El autor del reportaje, un desconocido periodista de provincias, redactor del diario gráfico cordobés "La Voz" durante los primeros años de la década de los veinte del pasado siglo. El protagonista del mismo, el formidable y bondadoso Pepe Codes.
   Se publicó con otro título, que yo, propenso al barroquismo, he sustituido por el que aparece en la cabecera de la entrada.

Informaciones pintorescas

El hombre que ha rendido más culto a Baco

   Al pasar por los jardinillos de la plazoleta de San Nicolás, observo un bulto misterioso junto a un canapé. Con todo género de precauciones, por si se trata de un artefacto explosivo, me acerco al lugar.
   Pronto salgo de dudas. Se trata de mi gran amigo Pepe Codes, que duerme el sueño de los justos en plena noche primaveral. Le invito a que me siga y, siempre amable, accede. Atravesamos la calle Torre de San Nicolás, continuando por la de José Zorrilla.
   Al pasar por el primer establecimiento vinícola, mi gran amigo siente un mareo que llegó, francamente, a preocuparme.
   Las tabernas ejercen en el organismo de Pepe una influencia enorme, semejante a un poderoso imán que, sin poderlo remediar, lo atrae a su seno.
   Me cuesta un tanto de trabajo hacerle salir de aquel lugar, pero al pasar de nuevo por otro gran templo del dios Baco, nuestro acompañante se pone en carácter y exclama:
   - Mira, yo voy contigo al fin del mundo, pero es necesario que me eches combustibles. ¿Tú concibes un automóvil andando sin gasolina…?
   Aquella pregunta, de una filosofía real y aplastante, me hace acceder a su petición. Penetramos en la taberna. El pide un vaso de tinto; yo, para no ser menos, uno de blanco. Y hemos aquí, querido lector, bis a bis, en plan de ataque periodístico.


Veamos Pepe, di algo que pueda interesar al público.
   Codes ríe, con risa ingenua, infantil, de corazón bondadoso y grande. Y responde seguidamente:
   - Te diré, mi infancia se deslizó vulgarmente, sin sobresalir hecho notable. De chico hice las travesuras propias de la edad. Fui un excelente estudiante de bachillerato, pasando después a la Universidad granadina, para cursar la carrera de Derecho. Pero Dios no me llamaba por aquel camino. Mi corazón místico se inclinaba hacia derroteros mucho más altos. Así lo hice.
   - ¡Bravo! ¡Hasta aquí es la vida de San Luís Gonzaga!
   - ¿En aquel tiempo eras ya aficionado al rico mosto?
   - Te soy franco; entonces me gustaba mucho, muchísimo. En la actualidad, bebo por beber, las más de las veces por ahogar preocupaciones, que aunque pocas, las tengo. El vulgo cree que soy un empedernido bebedor, y está en un error. Yo bebo…por beber…no se por que. Bebo porque si, por lo mismo que podía tocar la ocarina o hacer jaulas para canarios flautas.
   Esta afirmación la hacía Pepe con tal sinceridad, con tal fe y entusiasmo, que no dudé un momento de la veracidad de su interesante relato.
Continuamos.

   - …Y penetré en el claustro, en el sombrío y lóbrego claustro de cierto convento, que no es del caso señalar. El padre prior, una buena persona, creyendo ver en mí la imagen fiel de San Francisco de Paula, me confirió el cargo de más confianza en la casa: encargado de la bodega. Figúrate como recibí tan preciada distinción. Aparenté no darle importancia a la cosa, aunque mis compañeros me miraban con descarada envidia, y lo primero que hice al tomar posesión de mi cargo fue coger una soberana cogorza, que disimulé fingiendo una indigestión de “bocaditos de ángel”, plato del día.
  


   ¡Que días más felices pasé en aquel sótano! Cuando me hallaba en estado de pellejo, que era la mayoría de las veces, me iba a la celda y a dormir. Los hermanos decían: ¡Pobre hermano Fray Ángel José; que estómago mas delicado!
   Pero como el demonio siempre anda alerta para meter el remo, una mañana bebí más de lo reglamentario, provocando un escándalo fenomenal dentro de la santa casa, y ya “en plan” salí a la calle. El hermano Fray Emeterio y el portero intentaron reducirme a la obediencia, pero fue inútil, y seguido de la chiquillería penetre en una taberna.
   La batalla de Marne fue un vulgarísimo velatorio, comparado con lo que ocurrió. Yo con los santos hábitos, bailándome una rumba, entre vítores y palabras soeces de la concurrencia, y los nenes, alarmados ante aquel espectáculo tan poco edificante, arrojando piedras a la casa. Resultado, que me formaron juicio sumarísimo, expulsándome del local y…de la orden.



   - Dime aproximadamente que cantidad de vino habrás ingerido en lo que llevas de vida.
   Codes, hace un cálculo y exclama:
   - Sin exagerar, te diré, que me habré bebido allá como tres mercancías llenos de barriles…
   - Ahora soy completamente feliz. Hago una vida moderada, y como cuento con grandes y verdaderos amigos, me ayudan. Por la noche me situó en la calle Gondomar frente al café La Perla, en donde tengo mi cuartel general. Allí opero, siempre con éxito. Los sablazos son según la categoría de la víctima. Si es adinerado, dos perras gordas. Si es de baja estofa, una perrilla. Como, casi siempre, en los soportales de la Plaza de Abastos. Y luego me acuesto muy tempranito, unas veces en el Gran Hotel de San Nicolás, que es donde me has hallado, y otras en el Palace Hotel del Duque de Rivas, vulgo jardines altos. Estoy muy contento con el hospedaje, sobre todo por lo económico.

Pérgola Palace Hotel Duque de Rivas (vulgo jardines altos)

   - Y para terminar ¿Cuál es tu mayor deseo?
   Codes, el formidable Codes, calla un instante. Medita la pregunta, y con su risa de siempre, bonachona y franca exclama:
   - Quiero que me sepulten en un palmo de terreno montillano, en las entrañas sacrosantas que me dieron el néctar delicioso, lenitivo único para soportar la vida perra, mísera, absurda e incompresible…

Chateau

(Diario La Voz de Córdoba – 14 de mayo de 1921)

   Cuando se abría paso la primavera del año 1923, el bueno de Pepe Codes, que venía arrastrando desde hacía algún tiempo una bronconeumonía, dejaba de existir en una casa de recogimiento de la calle del Cáñamo.  A pesar de sus economías en hospedajes, sin metálico, no encontró ayuda, de aquellos grandes y verdaderos amigos que en otro tiempo le dieran perrasgordas para vino, para poder ingresar en el Hospital.
    Posiblemente fuese aquel prometedor periodista que le entrevistara años atrás, quien insertara la noticia de su fallecimiento en la prensa local.
    Por la solemnidad de su pobreza, sería la beneficencia pública quien se hiciera cargo de sus restos mortales, con probable destino para la fosa común del cementerio de San Rafael.
  

   Aquel, su último deseo, de yacer junto a cepas montillanas, no creo que nadie lo tuviera en consideración. Sólo se me ocurre una manera de poder atender tardíamente su desiderata. Bien el consejo regulador de la denominación de origen Montilla Moriles, o un modesto viticultor montillano, entre dos cepas, podrían colocar un sencillo rótulo con el siguiente epitafio:

   “Aquí debería de estar enterrado el ingenuo, risueño, bonachón y formidable vinatero Pepe Codes, que entregó la vida por su causa. Fue incapaz de aprender a tocar la ocarina o de construir jaulas para canarios flautas”
   El autor de la crónica-reportaje o entrevista a Pepe Codes, que firmaba como Chateau, se llamaba José del Castillo Plasencia. Entre 1920 y 1923 trabajó como redactor para el moderno y renovador, en cuanto a información y maquetado, diario gráfico La Voz, antes de que éste cayera en manos de la familia Cruz Conde durante los años que duró la Dictadura de Primo de Rivera. También llevó, durante un tiempo, la corresponsalía en Córdoba para el Imparcial.