Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

12 diciembre 2011

“Blas Cabello Chocero: callista, anarquista, zapatero, republicano, carnavalero, taurino, taurófilo y poeta”.


     Habíamos dejado las entregas dedicadas a este célebre y polifacético profesional del callo cordobés con la buena fortuna que le acompañara durante los primeros años del siglo XX, al ser agraciado, en un par de ocasiones, con premios del sorteo de la Lotería Nacional (Blas Cabello “lotero”).
     No sabemos exactamente el uso que Don Blas le diera a esos premios, pero, como podremos comprobar a continuación, parece ser que le sirvieron fundamentalmente para formarse e instruirse, aunque sin dejar de lado la conciencia de clase propia de su origen humilde (era hijo de un limpiabotas).
     Las colecciones de prensa histórica nos proporcionan alguna que otra información sobre su militancia obrerista y republicana en los albores del siglo. 
    Durante el año 1905, cuando el movimiento obrero cordobés de inspiración anarquista permanecía aún organizado, nos aparece el nombre de Blas Cabello como tribuno y orador en actos públicos convocados por las sociedades obreras de la capital cordobesa, junto a históricos, caso de Luis Montoro Guijo y Antonio Puntas (ambos procedentes de los tiempos de la Primera Internacional), el pintor Francisco Urbano o el zapatero Juan Palomino Olalla.
    Intuyo que no llegaría a ser demasiado exitosa su corta andadura inicial como callista, y lo más probable es que tuviera que retomar su original profesión de zapatero (no me consta la existencia de gremio alguno de callistas entre las sociedades obreras cordobesas de la época, ni creo que hubieran suficientes cotizantes como para constituirlo).

Guerra Ruso-Japonesa
    En un acto antimilitarista y pacifista (“Por la Paz y contra la guerra ruso japonesa”) celebrado en la plaza de toros de Córdoba en enero de ese mismo año, Blas Cabello, tras saludar a la prensa, invocaba el concurso de la misma para procurar que las guerras concluyesen. Sus compañeros en el uso de la palabra fueron bastante más rotundos. Puntas, a la par que pide la Paz Universal, ataca los conceptos de Religión y Patria, y califica a las guerras como el peor de los males de la humanidad; Urbano censura los uniformes; Palomino critica la educación actual que a las guerras conduce y dedica un recuerdo a Luisa Michel; Martínez denuncia la proliferación en el uso de juguetes bélicos (soldados, caballos y sables) y ve en ellos el germen de las guerras; Valdés apuesta por la “Revolución Social” como fórmula para acabar con la guerra.


    
     Ya en el mes de septiembre de 1905, cuando el movimiento iniciaba ya su recesión, volvemos a constatar su presencia en un nuevo acto convocado para protestar por el bárbaro crimen cometido recientemente en la Rambla de las Flores de Barcelona.
      Los anarquistas Cabello, Palomino y Pozo, en tonos moderados, protestaron por cierta campaña orquestada en su contra por sus enemigos y detractores, desmarcándose de la violencia. Se acordó en el mismo, remitir a la prensa madrileña un telegrama de indignación y  protesta contra aquellos periódicos que habían utilizado alegremente el titular de “crimen anarquista”, sin existir pruebas fehacientes para ello.



     El centro obrero de la calle Fitero, en torno al cual llegó congregarse aquel primer obrerismo organizado del siglo XX, fue de los últimos en permanecer enhiesto ante las discordias que ya minaban el movimiento obrero. Proyectos de regeneración moral de la clase obrera, como su escuela o las conferencias de extensión cultural desde él patrocinadas, fueron sucumbiendo, a la vez que sus socios se dispersaban o desertaban de sus filas, hacia finales de 1905.
     Aquí le perdemos la pista durante unos cuantos años a nuestro zapatero y  proyectado callista con raíces obreristas.
     Supongo que, el hecho de haberse señalado por su militancia sindical anarquista, no debió de resultarle de gran provecho a la hora de hacerse de la suficiente clientela como para vivir de los pies ajenos. Tal vez, se viera avocado a buscarse la vida de dispar manera. Las noticias, entre serias y  jocosas, que sobre él nos proporciona el Repórter X, nos informan sobre ciertas ocupaciones bohemias e itinerantes: malabarista, prestidigitador, hipnotizador (Monsieur Saball) o vendedor de cocos por esas ferias, durante cierto periodo de su vida.

     A partir de 1910 ya reestablecido profesionalmente en Córdoba como pedicuro, parece sentirse atraído por la política.  Iniciará su andadura en las filas del Partido Republicano Radical (Lerroux). Se hará cargo de una de las Secretarías de la Junta Municipal de dicho partido en Córdoba, junto a un joven Eloy Vaquero, que ocupa ya una vocalía, y el también ex anarquista y futuro concejal Rafael Camacho Rus al frente de una de las vicepresidencias.
     También procedente de las filas de la acracia, el zapatero Juan Palomino Olalla ingresaría ese mismo año en un incipiente Partido Socialista cordobés.



     Durante su breve paso por la política, apenas un año, le dio tiempo de dirigir el periódico Fraternidad Republicana y de participar en algún que otro mitin del partido, como el celebrado en el Teatro Circo el 17 de abril, al lado de Luis de Tapia (redactor de España Nueva) y otros, solicitando del gobierno la ampliación de la amnistía recientemente concedida por los sucesos de Barcelona, la apertura de las escuelas laicas, el servicio militar obligatorio, abaratamiento de subsistencias y la abolición del impuesto de consumos.

     
    El Blas Cabello que salta a las páginas de la prensa cordobesa durante el carnaval del año 1911 ya no guarda relación alguna con sociedades obreras ni partidos políticos. Mientras republicanos y socialistas se afanan en preparar un gran mitin en la Plaza de Toros, con la presencia de destacadas individualidades (Benito Pérez Galdós, Pablo Iglesias, Melquiades Álvarez, Rodrigo Soriano…), Blas Cabello, seguido de una retahíla de muchachos, anda por Córdoba vestido de mascara “pregonando al estilo árabe y luciendo la indumentaria apropiada”, haciéndole la competencia y ensombreciendo a la popular comparsa del “Cojo Barrera”.



     A ese mismo tono jocoso e ingenioso responde la siguiente noticia sobre él que se remonta al año 1913. Eugenio Noel, un peculiar personaje, profesional itinerante de la conferencia, recala en Córdoba donde imparte varias charlas patrocinadas por sociedades obreras, círculos políticos e instituciones cordobesas.  
     El tema a desarrollar, lo ponía el propio conferenciante en función del  auditórium contratante. En los medios obreros y republicanos solía recurrir a un regeneracionismo crítico con ciertas costumbres muy arraigadas en nuestro país, llámense corridas de toros o flamenquismo, por lo que sus intervenciones solían suscitar la polémica y las opiniones contrastadas.
      Don Blas Cabello, que ya gozaba de cierto renombre y popularidad en la capital cordobesa, parece ser que indignado por “las ofensas inferidas por Noel a Córdoba donde obtuvo tan cariñosa acogida” promovió la organización de una conferencia “antinoelista”, siendo él mismo el encargado de subir a la tribuna para rebatir los asertos de Noel:






Diario de Córdoba 13 de octubre de 1913

    Ni que decir tiene, que no procede hacer parangón entre la talla intelectual injustamente oscurecida de Eugenio Noel, con la nuestro ocurrente y simpático amigo Blas. Aunque su osadía y atrevimiento jocoso le servirían para ganarse las simpatías del mundo taurino cordobés. Los cronistas taurinos de la época, recurrirían en más de una ocasión a sus humoradas para rellenar espacio en aquellos festejos especialmente insulsos:

Diario de Córdoba 26 de julio de 1914


   Sobre la progresiva popularidad y ocurrencias protagonizadas por este genuino personaje ya nos hemos ocupado suficientemente de ellas en la serie de entradas etiquetadas como “Lo que no hizo Blas” (para quien se le despierte la curiosidad).
    Las últimas noticias que disponemos de él son de la década de los treinta. En junio de 1931, en vísperas de las elecciones de la que saldrían los diputados encargados de redactar y aprobar la Constitución de la República española del año 1931, los gacetilleros de la prensa cordobesa siguen sacándole partido a su ya histórica celebridad guasona:

El Defensor de Córdoba  5 de junio de 1931


    Lo último que conocemos sobre este buen hombre es un poema dedicado "A la mística y evocadora plaza del Cristo de los Dolores" que vio la luz en el prestigioso semanario madrileño Mundo Gráfico (31 de mayo de 1933), donde, dejando al margen su calidad literaria, en la que no entro, hace especialmente gala de su reconocida pasión por Córdoba, su ciudad eterna:




    Si por x o por y, descubriera nuevas facetas merecedoras de publicidad relacionadas con Don Blas, aquí estaremos prestos y resueltos para divulgarlas y contarlas. Aunque creo haberlo estrujado ya lo suficiente. ¡Perdón Don Blas por entrometerme en su pretérita y variada existencia! ¡Ya coincidiremos para departir al respecto! ¡Como haya vino en la Gloria nos tenemos que poner gloriosos!




02 diciembre 2011

Socialismo y obrerismo en Porcuna. La Crisis agrícola del año 1905.


     El año de 1905 estuvo marcado por una fuerte crisis económica y social, por efecto de una intensa y pertinaz sequía que recorrió todo el país y que se cebó especialmente con la  mayoría de las provincias andaluzas. Porcuna no se librará de sus secuelas, aunque sin llegar a alcanzar tintes tan dramáticos y levantiscos como de los que se revestirá en vecinas localidades de la campiña cordobesa como Bujalance o Castro del Río.
     Quienes puedan mostrarse interesados, a efectos comparativos, por el desarrollo e incidencia de la crisis en esta última localidad, está desarrollada profusamente en una de las entradas de este blog (aquí).
      Aun perteneciendo al mismo ámbito cultural por geografía y tipo de cultivo (agricultura mixta de cereal y olivar), los flagrantes desequilibrios en la distribución de la propiedad agrícola que se dan en la localidad cordobesa, motivarán el arraigo preferente de las doctrinas anarquistas, mientras que entre el proletariado agrícola de Porcuna son las socialistas las que desde un principio echaran raíces prácticamente sin competencia.  
    Desde las páginas del semanario El Socialista, a finales de 1904, mucho antes de que la crisis se agudizara y generalizara, se promueve entre las organizaciones obreras afines al socialismo cierta movilización a nivel nacional, cuyas peticiones se centran mayormente en el abaratamiento de los artículos de primera necesidad y en la demanda de obras públicas con las satisfacer las necesidades de los cada vez más numerosos brazos desocupados.
    El Centro Obrero de Porcuna no tardaría en remitir su adhesión a esta campaña. Dentro de la misma se organizaría un doble mitin para el día 26 de diciembre en los que peroraron José Lorite Castor  y Agustín de Sicilia López, pertenecientes a las agrupaciones socialistas de Linares y Jaén respectivamente. 



   “Como consecuencia de estos actos ha habido bastantes altas en la Sociedad de Obreros agrícolas y en la Agrupación Socialista” (1)
  
   Ante la ausencia total de lluvia durante el invierno, los labradores empiezan a dar la cosecha de cereal por perdida, prescindiéndose de ciertas labores tradicionales de primavera, lo que se traduce en una inmediata y  profunda crisis de trabajo con el hambre amenazando a aquellas familias cuya subsistencia dependía exclusivamente de jornal diario. Hasta las páginas de la prensa saltan infinidad de noticias sobre la desesperada situación que se empieza a vivir por diferentes lugares diseminados por toda la geografía nacional:

    “En Porcuna (Jaén) se nos dice que la penuria es tal que ya los rostros macilentos y taciturnos de los vecinos dicen bien claro las penalidades que pasan y la falta de esperanza que poco a poco va apoderándose de todos. Nuestro comunicante añade que si a tal situación no se le pone remedio, aquel y oros muchos pueblos de Andalucía pueden ser un serio peligro para el orden, pues no hay peores consejeros que el hambre y la desesperación” (2).


      Remedios tradicionales como los alojamientos o las obras emprendidas por el municipio aliviarían la situación sólo temporalmente.
     A principios de abril los fondos del Ayuntamiento de Porcuna se muestran ya insuficientes para emplear a todos los trabajadores en paro, promoviéndose un motín, en cuya génesis podría estar el núcleo dirigente del Centro Obrero, con el que consiguen impedir que quienes se hallaban empleados en las obras del Ayuntamiento siguieran trabajando, bajo el lema o consigna solidaria de “trabajo para todos o ninguno”. Finalmente se resolvería el conflicto cuando acuerdan trabajar por un jornal más exiguo para así dar cabida a todos los necesitados (3).
     Por la misma fecha en Jaén se celebraba un solemne triduo “para impetrar del Altísimo lluvia que beneficie los campos”, después de una multitudinaria procesión conjunta de las sagradas y populares  imágenes de El Abuelo (Nazareno) y la Virgen de la Capilla (4). En Porcuna, aunque no puedo aportar documentación al respecto, suponemos también la existencia de rogativas con bendición de los campos incluida a cargo de Nuestro Padre Jesús Nazareno. 
    Especialmente celosos, durante aquella tesitura crítica, parece que se mostraron los líderes del Centro Obrero de Porcuna para evitar los abusos relacionados con los artículos de primera necesidad, especialmente el pan. Hasta las páginas de El Socialista salta alguna que otra denuncia relacionada con la falta de peso del expedido por algunos panaderos, y la pasividad e indiferencia en el proceder del juzgado (5):





    Tampoco  faltan quienes recurren al famoso dicho de “a mal tiempo buena cara”. La Revista cómico-satírica Monos  recoge la siguiente chanza relacionada con las dispares preocupaciones de un labrador de Porcuna y las de un hijo suyo, a quien costeaba estudios en la capital de España (6):



   La crisis no impediría que la Sociedad de Obreros Agricultores "Paz y Libertad" de Porcuna celebrase por primera vez la festividad del Primero de Mayo. Para hacer viables sus justos anhelos, los obreros tuvieron que transigir ante ciertas imposiciones emanadas de la primera autoridad local, que no sólo les impidió manifestarse al aire libre, sino que siquiera permitió que en los balcones exteriores del Centro Obrero ondease su recién confeccionada y estrenada bandera. La fiesta terminaría celebrándose finalmente de puertas adentro, adornándose floridamente los balcones y patio de los que la sede, ubicada en la calle Coronel Aguilera 2, disponía en su  interior, donde el nuevo pendón ocuparía su lugar preferente durante toda la jornada:

    “En ese mismo patio se celebró un mitin al que asistió numeroso público. Fueron muchos los trabajadores que se pasaron por allí para contemplar la nueva bandera. La cifra de obreros que pasaron ese día en el Centro no bajo de los 1000" (7)



    Conforme la situación se fue agudizando, el Gobierno tuvo que promover obras públicas con las que poder dar empleo al cada vez más numeroso contingente de parados. La primera obra emprendida para aliviar la situación en nuestra comarca sería la de la carretera de Baena a Porcuna.
     Se da la paradójica circunstancia, de que los pocos labradores que ofertaban trabajo tendrán serias dificultades para obtener la mano de obra necesaria, al producirse un desplazamiento masivo de los parados hacia las obras públicas emprendidas, donde el jornal superaba en un real al ofrecido por aquellos. El corresponsal en Porcuna de un periódico provincial, de supuesta línea editorial conservadora, se haría eco de tal despropósito invocando a la resignación cristiana del proletariado, por lo que recibirá la oportuna replica del corresponsal en de El Socialista (8):




    
    El Conde de Romamones, en funciones de Ministro de Fomento (Agricultura ,Obras Públicas, Industria y Comercio) durante el mes de julio realizaría una rápida y reparadora excursión por las comarcas más afectadas por aquella hambruna. Hizo escala en la vecina localidad de Bujalance, donde no sólo le esperaba toda una cohorte compuesta por los principales políticos y caciques de la comarca, sino que además tendría la deferencia de recibir a las comisiones obreras desplazadas desde Villa del Río, Porcuna, Lopera y la de la propia Bujalance, a las que atendió y prometió remedios inmediatos (9).

    

  
     El notario y abogado de Bujalance, don Juan Díaz del Moral, de acreditada talla intelectual y contrastada sensibilidad  por las cuestiones sociales, aprovechó la visita del Sr. Ministro para hacerle entrega de una elaborada exposición firmada por autoridades, funcionarios, representantes de los labradores, obreros y  prensa, “en la que se describe de manera magistral el estado económico por el que se atravesaba y se enumeran remedios para solucionar la crisis agrícola” (10).
    La visita del Sr. Conde de Romanones no tardaría en hacerse acompañar de nuevos fondos con los que terminar o emprender nuevas obras públicas, y mitigar en la medida de lo posible la escandalosa miseria a la que parecía estar condenado el proletariado agrícola de la región. Seria el trozo tercero de la carretera de la Estación de Martos a Porcuna, presupuestado con 55.630 pesetas el que debía resolver la problemática del paro en estas dos importantes agro ciudades.
   Desequilibrios en lo referente al reparto de los millones y lo insuficiente de las partidas económicas destinadas al efecto, cuyo grueso casi se esfumó con el pago de los terrenos expropiados, no terminaron por resolver el problema en Porcuna.
   Bastante exaltados debían hallarse ya los ánimos, cuando el 26 de septiembre por la mañana, grupos numerosos de obreros sin trabajo se concentraron ante la puerta del Ayuntamiento de Porcuna “demandando ocupación o auxilios para no morir de hambre”. Su actitud era predominantemente pacífica, aunque tampoco faltaron palabras amenazadoras, que terminarían sembrando el temor y la inquietud entre propietarios y autoridades (11).



    La concentración se reproduciría al día siguiente, si cabe, con caracteres más graves, tal como se desprende del telegrama remitido por el Gobernador Civil de la provincia de Jaén pidiendo auxilio a la desesperada al Gobierno de la nación (12):




    El movimiento obrero en Porcuna, desde sus orígenes se había caracterizado por el estricto acatamiento del ordenamiento jurídico, y sus acciones habían transcurrido siempre por cauces más bien dóciles e inofensivos. No consta el mínimo asomo de la utilización de la huelga como herramienta al servicio de las luchas proletarias. Sírvanos de ejemplo, su manera de transigir ante la prohibición arbitraria para las celebraciones del Primero de Mayo referidas, o sus tímidas denuncias ante los más que evidentes pucherazos sufridos por sus candidatos durante sus primeras comparecencias ante las urnas.
   Ante la ambigüedad manifiesta del telegrama, en el que presuntamente se les relaciona con hechos punibles, no tardarían en saltar a las páginas de El Socialista las oportunas puntualizaciones (13):



    Otro hecho que ratifica la orientación pacífica de la sociedad obrera, pese a las graves adversidades de aquel año, es la expulsión inmediata que recayó sobre uno de sus miembros llamado Francisco Rosel (a) “Musiquero”, aquel “ladrón de confesionario” que posiblemente acuciado por aquella necesidad extrema, optara por resolver la crisis a lo Robín Hood y haciéndose pasar por un temible anarquista, atracaba por la rejilla del confesionario al señor cura párroco, exigiéndole una cuota mensual de 100 pesetas si quería mantenerse con vida (14).



    Para completar esta pequeña aproximación al movimiento obrero en Porcuna durante los primeros años del siglo XX, sólo queda pendiente la acción política desplegada por estos primeros socialistas de Porcuna, así como sus nombres que aún no desvelo. Si consigo acceder a fuentes fiables con las que poder ponderar el potencial numérico real de estas primeras organizaciones políticas y sindicales vinculadas al socialismo, prometo volver a ocuparme del tema. 

NOTAS

      (1)  El Socialista 6 de enero de 1905.
      (2)  El Imparcial 1 de abril de 1905.
      (3)  La Correspondencia de España 5 de abril de 1905.
      (4)  Ibídem.
      (5)  El Socialista 24 de febrero de 1905.
      (6)  Monos 15 de abril de 1905.
      (7)  El Socialista 12 de mayo de 1905.
      (8)  El socialista 5 de mayo de 1905.
      (9)  El Defensor de Córdoba 24 de julio de 1905.
     (10)  Ibídem
     (11)  El País 27 de septiembre de 1905.
     (12)  La correspondencia de España 28 de septiembre de 1905.
     (13)  El Socialista 6 de octubre de 1905.
     (14)  El Socialista 8 de septiembre de 1905.


26 noviembre 2011

Cocina para tiempo de ajustes: Maimones.


    La ansiedad que durante los últimos tiempos embarga a la mayoría de la población en torno a la puñetera crisis económica, su ya tangible realidad  y sus imprevisibles consecuencias futuras, asoman inevitablemente a diario en los medios de comunicación.
   Espeluznante cifras de parados, rescates financieros, posibles ajustes en forma de copago sanitario, sueldos y pensiones ultra congeladas o en peligro de extinción, posible supresión de la tradicional y  esperada paga extra, pérdida de históricos derechos sindicales, importantes reducciones en el consumo, que indirectamente afectan negativamente al comercio, y un sinfín de variables siempre negativas.
    Por mucho que uno intente  abstraerte del tema, en la rutina laboral diaria (afortunados quienes la tenemos) no faltan los compañeros que, directa o indirectamente, sacan a relucir tan preocupante situación: “Dicen que los del Ayuntamiento  han tardado bastante en cobrar el mes de octubre, y el de noviembre ya veremos, y la extra ni te digo…”; “Las arcas de la Junta también huelen a mojama, pero hasta las elecciones estamos salvados. Por lo menos la extra de navidad la cobramos”…



    Para quitar trascendencia al asunto y con la idea de sobrellevar de la manera más jocosa posible el día a día, estoy elaborando un recetario por entregas de “Cocina para tiempo de ajustes” que distribuyo gratuitamente entre el personal capaz de encajar mis frivolidades y desvaríos gastronómico-guasones.
    La primera entrega no ha visto la luz hasta esta pasada semana, con la idea de no interferir en la reciente consulta electoral. Mientras que el nuevo gobierno de la nación no sea capaz de enderezar la nave, como tiene prometido (no sabemos cómo, porque aun no lo han dicho), seguiré aportando nuevas recetas cada 15 días, por si hicieran falta, dependiendo de cómo evolucione el cotarro.

Sopa de Maimones

   Los maimones son una sencilla sopa perteneciente a la familia de las del ajo, cuyos ingredientes básicos son rebanadas o mendrugos de pan duro, agua, ajo, aceite de oliva, vinagre y sal. Digamos que son la versión invernal de gazpachuelos o salmorejos típicos de las zonas rurales de nuestra Andalucía. Con este nombre su presencia está atestiguada mayormente en las provincias de Córdoba, Jaén, Málaga, Granada y Almería. Presenta variedades enriquecidas según los lugares y posibles de los hogares. En algunos sitios se alegran con huevo batido, taquitos de jamón y con el pan frito, o se le añaden especias como matalahúva, pimienta, pimentón dulce o azafrán.

El Imparcial 14 de agosto de 1886
    La que yo estoy poniendo en práctica para mi particular mesa, días alternos durante la cena, parte de esos ingredientes básicos con un ligero toque de “nouvelle cuisine” consistente en incorporarle una porción de lomo de merluza congelada, hervida en la propia agua que luego se reutiliza para la sopa, y una pastilla de caldo de pescado.
     El resultado viene a ser un mixto entre la sopa de ajo y de pescado, pero que yo sigo denominando como maimones pues le incorporo finas rebanadas de pan tostado para trabarla y darle mayor consistencia. Muy recomendable para la temporada invernal, ya que no sólo alimenta sino que además calienta. Hace un maridaje perfecto con dos o tres vasos de vino tinto (Ribera o Rioja de 2 euros botella). Se recomienda servir en un plato o cuenco hondo de color blanco, donde esas pequeñas perlas doradas de aceite de oliva con sabor a ajo que se conforman en su superficie, le dan un maravilloso aspecto de plato de restaurante de copete. Se deben comer muy calientes y sin prisa. El coste medio por persona de este rico y nutritivo plato, vino incluido, no supera los 60 céntimos.
   Los maimones tienen un plácido y soporífero efecto secundario: piden cama. Tal vez sea por ello que en algunos sitios fueron plato típico de los recién casados para su noche de bodas. También fueron utilizados en otro tiempo para destetar a los niños.

    La pluma literaria del egabrense Juan Varela repara y conjetura, creo que chistosamente, en los orígenes del término maimón/ones:

  “Sin duda, así como en vista del aserto irrefragable de Dozy, la alboronía viene de la sultana Borán, la torta maimón y los maimones, que son unas a modo de sopas, deben provenir del califa, marido de la susodicha Borán, el cual se llamaba Maimón, ya que no provengan del gran filósofo judío Maimonides, cordobés que era, y compatriota por lo tanto, de los maimones sopa, torta y bollo”.

(Obras de Don Juan Varela: Cuentos, diálogos y fantasías. M.Tello, 1887)

Moises ben Maimón - Maimonides

    El bollo maimón en un producto de repostería que nada tiene que ver con los maimones de nuestra tierra.


    Los maimones también estuvieron presentes en las pugnas electorales dentro del sistema caciquil de la Restauración. “Magras o maimones” llegaban hasta los estómagos agradecidos de un dócil y maleable electorado, dependiendo de su comportamiento.



   Su salto es inevitable también al cancionero popular durante los carnavales:

       Entre usted que son maimones
       y están puestos a enfriar;
       Por ser cosillas calientes,
       tomaré una cuchará.

 (Cancionero popular de Priego. Página de Enrique Alcalá Ortiz)


    En Porcuna, mi pueblo, se cuenta una especie de chiste o chascarrillo ubicado temporalmente en aquel difícil año del hambre de 1945, cuando una familia compuesta por un viudo y sus cinco hijos, hallándose en torno a la mesa prestos a compartir una abundante fuente de maimones, llamaron a la puerta. El mayor de los hijos fue requerido por el padre para que atendiera su apertura, a lo que este accedió con la promesa previa de que nadie hincaría cuchara hasta su regreso. ¡Papa es un pobre pidiendo! comunicó este desde la puerta del patio que daba acceso a la cocina-hogar donde la familia hacía vida durante el invierno. ¡Pues dile que pase, que donde comen seis comen siete! Los argumentos del padre no debieron de convencer al zagalón, que de regreso a la puerta donde esperaba pacientemente el pobre hambriento pensó en una fulminante manera de deshacerse de aquella potencial competencia de cuchara: ¡Que dice mi padre que entre, que le va a dar por c…! Ante la tardanza el padre salió hasta la puerta y pudo ver al pobre como corría precipitadamente calle abajo: ¡Hay que ver, vaya criatura desagradecía! ¡No alimentan mucho, pero calientan! gritó. Desde la distancia el pobre respondía acordándose de la madre de quien tan generoso gesto había tenido para con él.

21 noviembre 2011

MI TAUROMAQUIA



    Estoy preparando una futura entrada sobre otro castreño aspirante a la torería, éste más antiguo que "El Feo" y supongo que menos conocido para los naturales de esa, cuyo periodo en activo se sitúa entre los años 1916 y 1930. Iniciado desde muy joven como becerrista, tras varios años intentando abrirse paso como novillero, terminaría desistiendo de sus aspiraciones, consagrándose finalmente como un eficaz subalterno y banderillero en cuadrillas de toreros cordobeses como Antonio de la Haba Zurito o el prometedor novillero Rafael Sánchez Camará II. Su nombre Manuel García Villatoro “Esparterito”. Próximamente nos ocuparemos de él.
    Así mismo están anunciadas y proyectas nuevas entradas dedicadas a Paco Villalba “El Feo” (aún en fase de recopilación). Además de otras que ya se publicaron también con los toros de protagonistas.
    Todo esto viene a colación, de que esta presunta afición por temas taurinos pudiera parecer contradictoria con otras vocaciones y devociones de las muchas que profeso, lo que obliga a la oportuna explicación razonada.
    A un servidor, creo que ya lo he contado, cuando apenas si tenía cinco añitos le regalaron un juego completo de trastos taurinos: capote, muleta, espada de madera, banderillas y montera.
    Mi señora madre, muy dada al jaraneo, cuando prácticamente todo el vecindario de la calle Ramón y Cajal se daba cita en el salón comedor de la antigua Fonda la Esperanza para ver aquellas primeras corridas de toros televisadas, para ayudarme a superar cierta timidez innata, me obligaba a hacer el paseíllo delante del televisor al son del correspondiente pasodoble interpretado por la banda de música. En los descansos toreaba de salón, siendo fervientemente aplaudido por un vecindario agradecido por la hospitalidad que mi madre les ofrecía (merienda incluida). 
    El género cinematográfico de temática taurina apto para todos los públicos, muy en boga en la época ya que aseguraba auténticos llenazos en las salas y del que fui fiel seguidor, también dejaría su huella.



    Aquella iniciación favorecida por mi progenitora y el cine, se iría acrecentando ante la sorprendente irrupción en mi barrio (calle del Albercón como corazón y centro neurálgico de andanzas y travesuras infantiles) de un joven, que imbuido por esas ilusiones y quimeras compartidas con otros muchachos de la época, aspiraba a convertirse en torero.
    No recuerdo exactamente su nombre (creo que emigró a Alemania), aunque si su oficio, hoy perdido. Trabajaba con su padre, Jacinto el Herrero, en el establecimiento que tenían instalado en la calle Sevilla dedicado al herraje de las caballerías. Creo que no se había puesto en su vida ante vaquilla o becerro alguno. Su aprendizaje era de salón, que ponía en práctica en las propias dependencias de la herrería durante los descansos. Para tal menester, había confeccionado un carrito con ruedas, que a falta de astas de toro, llevaba las de un carnero. Llegue a convertirme en uno de los asiduos concurrentes a la hora de embestir con el carro. Como recompensa recibíamos gratis las púas de acero para los trompos. La verdad sea dicha, el joven aspirante percha tenia y apuntaba cierta maestría en el toreo de salón.



    Por fin le llegaría la soñada oportunidad en un  6 para 6 celebrado en la Plaza de Toros de la ciudad de Martos el día del Corpus (1966-67?). He buscado ese cartel o noticia sobre la novillada en hemerotecas sin resultado alguno. Quiero recordar que se le anunció como “Herrerito”. Insistí tanto en asistir a aquel festejo que mis padres terminarían accediendo.
    Después de pasar el día del Corpus en Villardompardo (Jaén) y colaborar con mis primos y hermanos en la confección de un artístico altar que se instalaba a la puerta de la casa de mi abuela paterna, por la tarde en una furgoneta Citroën dos caballos tomabamos rumbo para la ciudad de la Peña.
   Medio Porcuna se había dado cita allí, lo que motivó que lo dejaran para cerrar el espectáculo.
    El fracaso fue estrepitoso, especialmente en la suerte suprema. Después de infinidad de pinchazos y agotar los avisos reglamentarios, le sería devuelto el toro a los corrales. A falta de cabestros, de dicho cometido se encargaría la guardia civil pistola en mano. Mis padres quisieron evitarme aquel desagradable final, y ya prácticamente anocheciendo cuando abandonábamos aquel recinto taurino sentimos los disparos efectuados por la benemérita. Los ramos de flores portados por señoritas, preparados expresamente para ser arrojados durante la triunfal vuelta al ruedo, volvieron intactos hasta Porcuna.

    Ahí se acabo la corta carrera de Herrerito y casi a la par mi afición infantil por los toros. A partir de entonces me negué en rotundo a seguir haciendo el paseíllo delante del televisor.
    Después de aquello volvería a ver parcialmente, pues era medio ruedo el que se divisaba desde el tejado del comedor de los Grupos Escolares, hasta donde temerariamente nos habíamos encaramado un numeroso grupo de curiosos y aficionado, un festival taurino dado en Porcuna en el año 1974 en una portátil instalada al efecto.

   Jamás he vuelto a ver un festejo taurino en vivo durante mi ya dilatada existencia. Retomé algo la afición o curiosidad a raíz de aquellas primeras y espectaculares retrasmisiones de Canal Plus y más recientemente con el programa Toros para Todos del Canal Sur.
   Actualmente no me alineo con ninguna de las posturas enfrentadas surgidas a raíz de la reciente supresión de las corridas en Cataluña.
    La pervivencia en nuestros días de numerosos festejos populares que tienen al toro como protagonista, pese a la tradición que esgrimen sus defensores, desde mi punto de vista no justifican ni legitiman el maltrato del que son objeto estos bellos animales. Fiestas con claras reminiscencias medievales (vivimos en el siglo XXI) como el Toro de la Vega en Tordesillas, el Toro Júbilo de Medinaceli (Soria) o los Sanjuanes de Coria (Cáceres), por mentar solo algunas de las que despiertan la justificada repulsa de ecologistas y asociaciones protectoras de animales, deberían regularse cuando no hacerlas desaparecer por ley.

Tauromaquia (Francisco de Goya)


    Harina de otro costal son las Corridas de Toros, en las que obviamente también se somete a maltrato a un animal destinado a ese fin desde el momento de su nacimiento. No me sirven las comparaciones, fuera de lugar, con pavos, pollos, corderos u otros animales destinados también al matarile.
    Resulta más que evidente que en las corridas de toros el maltrato realmente existe, al igual que resulta indiscutible, que históricamente en torno a esta fiesta se ha creado un ritual estético y hasta artístico. No es preciso enumerar a los afamados artistas plásticos que se han ocupado de ella, y tampoco están faltos de razón aquellos que consideran la fiesta de los toros como parte indisoluble de la historia de la cultura española (nos guste más o menos).

Tauromaquia Pablo Picasso (1957)


    Prefiero no entrar en más profundidades (no me pringo) y que sean las autoridades las que se calienten la cabeza en busca de formulas que puedan hacer compatibles las justas demandas de unos y otros. Si es que son capaces de encontrarlas.
   De momento, por los motivos esgrimidos anteriormente, alguna que otra entrada de las que se publiquen en este blog seguirán llevando la etiqueta de tauromaquia.
    

19 noviembre 2011

AMORES QUE MATAN (EL DESENLACE)

    Habíamos dejado a nuestros protagonistas dando un plácido paseo por la carretera del Brillante, después de haber almorzado juntos en la soleada terraza de la Venta de Vargas.
    Pasaron justo por delante de la cancela de la finca de Santa Inés, donde un individuo les ofreció unas naranjas que compraron. Continuaron con su paseo y sentaron se a descansar en una peña al lado derecho de la carretera, como a unos doscientos metros más allá de la citada finca. Varios individuos que les vieron testificaron que aparentaban estar contentos, pues jugaban como chiquillos arrojándose las naranjas en plan de broma.
    Serían las cuatro y cuarto aproximadamente cuando quienes se encontraban o vivían en los alrededores de aquel paraje oyeron varias detonaciones. Fueron dos piconeros que casualmente pasaban por allí los primeros en percatarse del macabro cuadro que ofrecía la pareja tendida sobre un charco de sangre.
    El siguiente en acudir fue el sacerdote-capellán de la Casa de Expósitos don José Guzmán Ajenjo (uno de los “Curas Mellizos”; el otro se llamaba Antonio, y  fueron íntimos amigos del canónigo lectoral de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, el castreño Andrés Caravaca Millán).
    Este que pasaba unos días de descanso en una finca de su propiedad, denominada la Ascensión, próxima al lugar de los hechos, pudo comprobar que Mercedes estaba muerta, mientras que Rafael, que empuñaba en su mano una pistola marca Star nº 9, aun daba señales de vida, por lo que pudo administrarle los últimos auxilios espirituales antes de ser conducido con urgencia en un automóvil de servicio público a la Casa de Socorro y colocado sobre la mesa de operaciones, donde los médicos no pudieron hacer nada por su vida.

Rafael Juarez en el momento de fallecer en la Casa de Socorro

    Poco después se personaría el Juzgado en el lugar de los hechos para levantar el cadáver de la infortunada Mercedes. Allí había quedado también la pistola cargada con la que se efectuaron los disparos. Todo indica que el propósito suicida era idea exclusiva de aquel y que ella terminaría convirtiéndose en una víctima de los problemas económicos que Rafael venía arrastrando por su desordenada vida, como posible causa de tan fatal resolución.



    El testimonio del camarero que les atendió en la Venta de Vargas parece ratificar la inocencia de Mercedes, que ante la propuesta de Rafael de llevarse una botella de Champagne para tomarla allá arriba, pudo convencerle para dejar la celebración espumosa para la vuelta. Ninguno de los dos volvería a sentarse ya en la terraza de aquella venta de la que fueron asiduos clientes.

Cadaver de Mercedes Roldan en el lugar de los hechos

    “El cuadro que se presentó ante el Juzgado era imponente. La desventurada Mercedes Roldan se hallaba en el suelo en posición de cúbito supino. Las piernas las tenía cruzadas sin violencia, como si la muerte le hubiese sorprendido en dicha posición.
    Vestía una blusa de seda azul, una falda negra también de seda y un elegante abrigo de Astrakán de color marrón claro. Calzaba finos zapatos de color y llevaba puestos unos guantes claros de gamasa. Un sombrero de terciopelo negro se hallaba junto al cadáver y cerca de la mano izquierda un bolso también negro.
    En lo alto de la peña en la que se verificó la tragedia estaban las naranjas que Rafael había regalado a su víctima”.



    Prescindo de los escabrosos detalles de las autopsias y me limito a describir las pertenencias que llevaban encima cada uno de ellos:
    Mercedes Roldán, llevaba puestos unos zarcillos de oro y diamantes, uno de los cuales estaba roto a consecuencia de los disparos. En el bolso se le encontraron varias llaves, un espejo y un pañuelo de seda.
    A Rafael Juárez se le hallaron dos carnet, uno de conducir y otro de somatenista, expedidos a su nombre; un paquete de tabaco, una suma de dinero que no sobrepasaba los veinte céntimos  y tres cartas. Sus destinatarios el Sr. Juez de Córdoba, don Benito Barrionuevo de Porcuna (su socio) y doña Espiritusanto Pérez Moreno (su esposa).
    Sólo de la carta dirigida al Sr. Juez trascienden algunos detalles:

    “Señor Juez, los dos tenemos el gusto de ir a la misma sepultura; le agradeceré que sea en el cementerio de San Rafael. A nadie se culpe de nuestra muerte. Es capricho morir juntos, suplicando justicia”.
   P.D. “Y a la vez suplico que esas cartas se entreguen a sus destinatarios”.

Cementerio de San Rafael 

   La lectura de esas letras causó su lógico impacto en el sentimiento popular, que no tardaría en interpretar el caso como si se tratase de un autentico drama de amor.
   Al periodista del Diario la Voz, responsable de informar sobre este doble suicidio o asesinato, le corresponderá también colocar las cosas dentro de los cauces normales por los que debía transcurrir la moral pública durante aquellos años:

   “Este trágico suceso ha impresionado hondamente el espíritu romántico del pueblo, que en su imaginación pretende darle caracteres novelescos, cuando verdaderamente es una derivación de una vida licenciosa y de crápula en la que el vicio triunfador quiere idealizarse como el poema del amor”.

    El encargado de reconocer en un primer momento el cadáver de Rafael Juárez, fue otro porcunense llamado Salvador Quero López, adscrito a la plantilla del Cuerpo de Vigilancia de la Policía en Córdoba. Finalizada la diligencia de la autopsia se hizo cargo del mismo un hermano político del criminal/suicida venido ex profeso desde Porcuna.
    Mientras tanto en la parroquia de San Miguel se celebró un funeral por el alma de la infortunada joven Mercedes Roldan, a cuyo término el clero de dicha parroquia se trasladó al Camposanto para recoger su cadáver que recibió momentos después cristiana sepultura.
   Numerosos coches y automóviles ocupados por compañeras y amigas de la víctima se arremolinaron durante todo el día en la puerta del cementerio con el propósito de ver su cadáver. Antes de dársele sepultura, a algunas de las que fueron sus amigas más intimas se les permitiría finalmente verla, desarrollándose escenas muy dolorosas.
   De estas últimas informaciones se deduce que obviamente no fueron atendidas las peticiones recogidas por Rafael en su carta en lo referente a yacer junto a su amada.

   P. D. Mercedes dejó un hijo de ocho meses de edad. 


   

17 noviembre 2011

AMORES QUE MATAN



    La historia aparece revestida muchas veces de sangre. Episodios como guerras, batallas, genocidios, asesinatos, etc., condicionan o determinan el rumbo de las sociedades.
    La historia de la que nos vamos a ocupar, también está manchada de sangre, aunque en esta ocasión apenas si traspasa el ámbito familiar, local o provincial, pues pertenece al denominado “capítulo de sucesos” o “crónica negra”, que históricamente también ha tenido reservado su exitoso hueco en las cabeceras de diarios y revistas, por aquello del morbo sensacionalista o curiosidad innata que estos hechos despiertan entre los humanos. Cuando algún caso sonado terminaba saltando a las páginas de los periódicos llevaba aparejado tiradas especiales con el lógico reflejo favorable en caja.
     Desde la perspectiva actual, un caso como el que vamos a abordar, sin prescindir de la superficialidad  y sin entrar en exhaustivos análisis sociológicos, nos puede servir mayormente para captar la evolución en positivo operada en el seno de la sociedad con el transcurso de los años, en cuestiones como la moral, costumbres, papel de la mujer, fiestas, celebraciones, etc.
     Nos enfrentamos a una supuesta historia de amor con un final trágico. Sus protagonistas, Rafael Juárez Gómez (a) "Tartaja", natural y residente en Porcuna (Jaén), de profesión transportista y Mercedes Roldán Ruz, una señorita de vida alegra, natural de Cabra, con la que éste llegó a cuajar una especial, determinante y fatal, como veremos, relación de amistad.
     El caso aparece recogido en el libro “Crónica negra de la historia de Córdoba” (Antología del crimen), del que son coautores José Cruz Gutiérrez  y Antonio Puebla Povedano, vinculados a Porcuna y Castro del Río respectivamente. Me limitaré, valiéndome de la prensa histórica cordobesa, a ilustrar y profundizar un poco más en el mismo.



     Antes de entrar en detalles sobre tan luctuoso suceso, centrémonos en conocer algo sobre la vida de sus protagonistas.
     Rafael, se había iniciado desde muy joven en el mundo laboral al lado de su padre que ejercía el oficio de cosario en Porcuna.  Fue éste, durante las primeras décadas del siglo XX, el encargado de comunicar la ciudad con la estación de ferrocarril de Villa del Río, de traer y llevar mercancías y otros encargos a base de rueda y tiro animal.
    Cuando Rafael se queda definitivamente con la tarea del padre, el progreso y unos ahorros le permitirán hacerse de una moderna flota de vehículos y ampliar el negocio con nuevos itinerarios. Asociado con un paisano llamado Benito Barrionuevo (a) “Tronchao” montarían un servicio público de viajeros en automóvil y camiones de transporte a Torredonjimeno y Jaén. Con posterioridad incorporarían un servicio regular Porcuna- Córdoba (dos días por semana).




    Parece que no le iba mal desde el punto de vista económico, pero su éxito empresarial, de alguna manera, le condujo a relacionarse con personas de buena posición económica de Porcuna, con los cuales alternaba en reuniones y juergas, empezando pronto sus gastos a situarse por encima de los ingresos que le proporcionaban sus negocios.
    Durante sus frecuentes viajes a Córdoba se fue acrecentando su afición a la francachela, hasta el extremo de que no tardaría en hacerse muy conocido en los locales de esparcimiento, por su carácter alegre, y sobre todo, por su generosidad y acostumbrada soltura de bolsillo.
    En un célebre establecimiento dedicado a la prostitución ubicado en la calle Morería nº 8, conocido como “El Quo Vadis” es donde trabajaba como pupila Mercedes Roldan, de la que Rafael pareció quedarse prendado, encaprichado o enamorado desde el momento en que la conoció.
   Rafael de 35 años de edad, estaba casado y tenía tres hijos pequeños.
   No voy a ponerle graduación, ni a entrar en calificativos ni atenuantes sobre pecado alguno. Sólo recordar que la costumbre de visitar las casas de lenocinio entre la población masculina (solteros, viudos o casados) estaba otrora bastante más extendida que en nuestros días y se hacía apenas sin tapujos. De hecho, las casas para tal menester estaban ubicadas dentro del casco urbano, y permanecían abiertas tanto de día como de noche. En Porcuna, en concreto, existieron varias de estas casas en la prolongación de la calle de Alharilla.
    Era harto frecuente que los padres costeasen a los hijos la iniciación sexual en estos “antros de perversión” o “casas de pecado” (como eran conocidos entre los acérrimos defensores de la moral; vulgo: casas de putas).



    El caso es que, desde poco después de la Feria de la Salud del año 1924, la relación entre Rafael y Mercedes fue consolidándose e hicieron se cada día más frecuentes las escapadas y viajes de ambos. En cierta ocasión pasaron unos días juntos en Sevilla, incluso la llevó hasta Porcuna, su pueblo.
    El tradicional grado de sumisión de la mujer al hombre, permitía que devaneos de este tipo por parte de los maridos tuvieran que ser acatados con resignación por las esposas. De manera que, nuestro protagonista jaranero no tendría reparo alguno a la hora de traer a su joven amiga cordobesa, presentarla como trofeo y correrse las pertinentes juergas con sus amigotes.




    Rafael debió de adquirir cierta fama y celebridad en determinados círculos cordobeses, hasta el punto de que su presencia en Córdoba en alguna ocasión hasta fue anunciada por la prensa:

   “Han llegado de Porcuna don Rafael Juárez, don Benito y don José Barrionuevo, don V.L., don Juan Adame y don Juan Ramos, queridos amigos nuestros”.

   Suponemos que la comparecencia de los susodichos porcuneros en la ciudad califal estaría relacionada con visitas programadas a sus famosos monumentos.



CARNAVAL SANGRIENTO

    En vísperas de tan esperada fiesta, a cuyo término se se iniciaba la Cuaresma, que condenaba a las trabajadoras del amor a un obligado periodo vacacional carente de ingresos, Rafael Juárez retiró del Quo Vadis a su amiga Mercedes con el propósito de pasar juntos esos bulliciosos días. Se les vio por diferentes ventas de las que se diseminaban a lo largo de la carretera del Brillante y por diferentes locales de alterne de la ciudad.
    Aquel Carnaval del año 1925 pese a las restricciones impuestas por la Dictadura del General Primo de Rivera, se siguió celebrando en Córdoba con su tradicional pujanza, lo que permitió a nuestra pareja asistir durante el segundo día al Baile de Mascarás que tuvo lugar en la famosa Venta de Vargas. Allí mismo hizo efectiva una factura por importe de setecientas y pico de pesetas que adeudaba al dueño de dicho establecimiento.



    Al día siguiente, Rafael requirió el auxilio de un paisano que le prestó cincuenta pesetas para poder continuar con la fiesta. Tomaron un taxi y volvieron a dirigirse a la Venta de Vargas:

   “La pareja almorzó aparentando estar contenta y satisfecha de la vida. Luego después de comer, andando llegaron hasta las proximidades de la finca de “Santa Inés”, situada en la misma carretera”.



    El fatídico desenlace final de esta “relación amorosa” lo despejaremos en una próxima entrada.