Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

20 enero 2011

Futbol Castreño: Epílogo "Años 30".

(Continuación del artículo publicado en la Revista de Feria del año 2010)


   En el artículo publicado en la última revista de feria de Castro del Río y en este blog sobre la historia del fútbol local en los años 30, de alguna manera anticipo su final, con el recorte de prensa en el que un modesto aficionado lanzaba un SOS futbolístico en el que augura la desaparición “del mas bello y viril de los deportes” si no se acometía un pronta unificación de los dos club locales (Unión y Sporting). 

   En la vecina ciudad de Cabra, a finales de 1932, la Agrupación Deportiva Egabrense (los del potaje) y el Nacional F.C. (los del bistec) llegan a fusionarse bajo la vieja denominación de C.D. Egabrense, acogiéndose al reglamento del desaparecido club de los años 20, con la pretensión de reverdecer viejos laureles. El exjugador Luís Pallarés Moreno se hará cargo de la presidencia, y un británico, Rolf Rosley, actuaría como jefe de campo y entrenador. Acometen la reconstrucción del viejo estadio de Villa Lourdes con vistas a entrar en competición federada.
   


   En Castro del Río esta fusión nunca llegó a llevarse a cabo y ambos club seguirían con sus respectivas trayectorias individuales. A pesar de que, parece ser, que se cruzaron innumerables cartas, prevaleciendo siempre la testarudez de unos y otros. Dejando de lado, incluso, argumentos tan convincentes como los aportados por un reporter en la prensa provincial:

   “Es lastima que no se fusionen pues, Castro del Río, cuenta con jugadores que, unidos y formando un solo club, serían capaces de darle un disgusto a muchos de la Región”.
También iría esto en beneficio de la afición castreña, pues federando a dicho club, participaría en el campeonato de segunda categoría preferente y harían en taquilla cantidades fabulosas.
¿Saben los dirigentes de ambos club lo que deberían de hacer? Abrir un plesbicito entre sus respectivos socios, y que estos con sus sufragios fueran los que decidieran sobre el si o no de la fusión.
Sirva mi modesta opinión de base para ello, si la creen justa sportinistas y unionistas y quedaría con ello satisfecho de haber coadyuvado a la ejecución de una buena obra”.

Castro del Río Sporting Club

   En 1933, donde habíamos dejado el corte, en Castro del Río, el fútbol parece languidecer poco a poco; aflora cierto hartazgo entre los aficionados, ante el cúmulo de insulsos partidos amistosos. El retraimiento de la afición, repercute en sus respectivas economías, por lo que se prescinde paulatinamente de los fichajes foráneos y se resiente la contratación de rivales de cierta entidad.
   Proliferan equipos de pícaros capitalinos que aprovechándose de esta coyuntura de crisis generalizada: “no dejan de formar selecciones, las cuales, como es sabido, son integradas la mayoría de las veces por “zulúes” que de lo que menos entienden es de fútbol, y que perjudican notablemente al club que los contrata y al propio tiempo envenenan a la afición”.



   Esas sensaciones eran compartidas por un aficionado de Fernán Núñez (Antonio Naranjo), que ante la crisis por la que el fútbol atraviesa en los pueblos, recomienda la creación de un torneo organizado por la Agrupación Sur Cordobesa de equipos no federados, que podría ayudar a levantar la decaída afición.     Propone como equipos participantes, además del de sus colores, al C.D Baenense, el Iberia F.C de Puente Genil, la Cultural Deportiva España de Montilla, el Recreativo F.C de Montoro, el Egabrense, los tres equipos de Bujalance (Betis, Cultural y San Alonso) y los dos de Castro del Río (Unión y Sporting). Su idea pasa por la creación de dos grupos y una fase final entre los respectivos campeones y subcampeones.
Se llega a insertar en las paginas de Córdoba Deportiva el boletín de participación, haciéndolo extensivo a la vecina provincia de Jaén. 



   A la postre esta buena idea no pasaría del loable proyecto.

   Por lo que respecta al calendario de amistosos de 1933, disponemos de cortas reseñas, que carecen de la riqueza informativa del periodo anterior.

MARZO

  • Unión Deportiva (que mantiene el título de campeón local conseguido en 1932)-Selección Cordobesa. No consta el resultado. La alineación la acostumbrada, con un solo forastero, el guardameta Tomasín, también conocido como “El Canario”.
  • Sporting- Unión Deportiva Esperanza de Córdoba (4-2). Ganaron los de Castro gracias a la ayuda arbitral, pues dominaron los cordobeses que desarrollaron un juego muy vistoso y aplaudido. Gustaron tanto, que fueron contratados para el domingo siguiente por el eterno rival. Destacaron: Ayala, Aparicio, Maestre y Rojano.
  • Unión Deportiva de Castro-Unión Deportiva Esperanza de Córdoba (4-0). A destacar la actuación del portero visitante Correos “que con sus enormes estiradas emocionó al público durante toda la tarde”.

ABRIL

  • Sporting- Athletic “Selección Cordobesa” (2-1). Un gol ilegal, anotado fuera del tiempo reglamentario, le otorgaría la victoria a los de casa. El propio corresponsal castreño defiende el juego limpio: “¿O es que hemos de ganar a la fuerza? Para lo futuro que demos ejemplo. A concluir a su tiempo y a pitar lo que se haga. ¿Estamos? Este encuentro debería repetirse. La afición de Castro lo vería con simpatía. Nuestro Sporting tiene la última palabra”.
  • Unión Deportiva-Aguilar F.C. (6-0). Con González y Chirri como nuevas incorporaciones locales.

MAYO

  • Sporting-CD Europa de Córdoba (2-0).
  • Sporting- Iberia F.C. de Córdoba (1-0). Destacaron Manolo Aparicio, J. Alba “el peoncillo”, y el guardameta Font (un cordobés que sustituye a Antoñuelo, posiblemente en el servicio militar).
  • UD Egabrense- Sporting (reforzado por jugadores cordobeses) (4-0).

JUNIO

  • Unión Deportiva- Español de Santiago (Córdoba) (1-2).
  • Sporting- Reserva del Córdoba Sporting Club (1-3). Se alinean jugadores que no figuraron en las alineaciones hasta entonces: Aranda, Moreno y Miguelillo. El cronista califica al visitante como de los mejores equipos que han desfilado últimamente por Castro. 
  • Para el 29 y 30 de junio se proyecta un doble enfrentamiento, con un trofeo en juego, entre la Unión Deportiva de Castro contra el club federado Unión Deportiva de Andujar, "que se presentará con sus once profesionales". Para el día 28 el sindicato afecto a la CNT de Castro del Río tiene convocada una huelga, ante la tardanza del Jurado Mixto en resolver cierta deuda de los patronos con los zagales acomodados en los cortijos, y demandando a su vez la colocación de todos los trabajadores cabeza de familia durante la recolección de cereales. Esta sería declarada ilegal por el Gobernador Civil, lo que generará cierta tensión social que afectaría a los proyectados partidos de fútbol que no llegaron a celebrarse.

JULIO

  •  Para Feria de Santiago un doble enfrentamiento del Sporting ante el potente y prestigioso equipo del Regimiento de Artillería de Córdoba, entrenado por el distinguido sporman y teniente de Artillería Enrique Fernández Castillejo (hijo del exdiputado por el distrito de Montilla Don José Fernández Jiménez). Un hermano suyo. el abogado republicano progresista José Luís Fernández Castillejo estuvo casado con la única hija del abogado y músico Don Francisco Algaba Luque (fallecida en 1929). Este equipo ya se había enfrentado al  Sporting con anterioridad resultando derrotado por 4 a 1. No conocemos alineaciones ni resultados. Los dos enfrentamientos, con un trofeo en juego, los ganó el equipo militar que se nutria de jugadores de reemplazo conformando un once a la altura de los mejores de la región.

Racing Club de Córdoba 
(Primer equipo de la provincia durante la década de los 30)


   El joven portero del reserva del Sporting de Córdoba, Manuel Puertas Luque, que se había ganado la simpatía de la afición castreña, por sus brillantes actuaciones, bien con el reserva o formando parte de esas selecciones que se conformaban para contender en los pueblos, en una entrevista para Córdoba Deportiva nos relata una anécdota que nos sirve para hacernos una idea del carácter aventurero que se requería para practicar este deporte:

   “Fue un domingo, hace poco, que fui con una selección a Castro del Río. Cuando regresábamos se changó la camioneta en Espejo. Como existe una cuesta muy pronunciada a la salida de este pueblo, entre todos los que íbamos empujamos el vehículo, que escapó a gran tren, pero pasada la pendiente, dijo, de aquí no paso y tuvimos que ir andando hasta el pueblo de Santa Crucita, donde pedimos albergue. Figúrate, veinticinco tíos que íbamos lo menos. El posadero nos ofreció el pajar, en el que había dormitado una legión de gañanes que trashumaban un olorcillo de válgame dios. Por fin vimos las primeras luces del albor y comenzamos a salir a la puerta de la posada, donde todos, con cara de cadáveres, nos echábamos mano a la cabeza con bastantes ganas, pues al parecer, los habíamos pescado de Miura, Veragua, Sotomayor, etcétera".


   El delegado del Sporting, José Aparicio Aparicio, en el mes de mayo, en una entrevista realizada para Córdoba Deportiva, se mostraba orgulloso de que el equipo de sus colores estuviera integrado única y exclusivamente por jugadores de la localidad, entre los que destaca como principales valores a Alba (J), Aparicio (M), Maestre, Ayala, Cubero(A) y Daniel Rodríguez. Manifiesta, también, la intención de federarse muy pronto.
   Un par de meses después, dejamos de tener noticias del fútbol en Castro. Todo parece apuntar a que el vaticinio de aquel aficionado había surtido efecto.
   El Sporting, que prácticamente desde su fundación, se había publicitado en el semanario Córdoba Deportiva, apareciendo puntualmente en su guía de equipos, domiciliado en la calle Jurado 5, desaparece de la misma.
   Ya en 1934, exjugadores del Sporting como Antoñuelo y Alba, los encontramos en las crónicas formando parte del equipo de la vecina localidad de Nueva Carteya. Tomasín, acreditado portero de la Unión, recalaría en las filas de la UD. Egabrense.

   Para concluir con el fútbol castreño anterior a la guerra civil, recurro al testimonio de un protagonista directo del posterior devenir de este deporte, tras la desaparición de los eternos e irreconciliables rivales. Se trata de un artículo publicado por, el ya desaparecido, Antonio Salido Bravo en la Revista de Feria de 1998. Jóvenes practicantes, algunos procedentes del juvenil del Sporting, terminarían conformando en 1936 dos nuevos equipos, el Castro F.C. y el Club Deportivo.



  Para no recaer en pasadas rivalidades organizan un partido pro fusión, con la condición de que el equipo ganador, sería el que mantendría el nombre y la representación del futbol local. La fecha fijada, el 19 de julio de 1936.


   Obviamente este encuentro jamás llegaría a celebrarse, como tampoco la Olimpiada Popular que debería haberse iniciado en Barcelona ese mismo día.

 Selección cordobesa que debería haber participado en la
Olimpiada Popular de Barcelona


    


   El Reglamento del Sporting, los escudos, la viñeta y el cartel anunciador del partido para el 19 de Julio de 1936, que he utilizado para ilustrar esta entrada, salieron del establecimiento tipográfico “La Gutemberg” de Castro del Río regentado por Miguel Morales Alcaide, un montillano que terminaría echando raíces en esta población. Su descendencia ha sabido preservar celosamente parte de ese patrimonio documental. De su ya obsoleta maquinaria, puesta a punto por maestras manos artesanas, siguen saliendo aún cuidadas ediciones sin ánimo de lucro.
   Para muestra basta un botón: Edición de los Haikus de Mameluco

15 enero 2011

Miguel Gallo: "Huida y exilio tras la sublevación de Jaca".


Columna republicana rebelde en su marcha hacia Cillas
(Dibujo de la época)


   El último capitulo, de la serie de los dedicados al capitán de Infantería Miguel Gallo Martínez, lo terminábamos con el control por parte de las fuerzas gubernamentales comandadas por el general Ángel Dolla de la sublevación republicana de Jaca tras el encuentro en las proximidades de la Ermita de Cillas. Varias ráfagas de ametralladora y unos cuantos cañonazos de la artillería fueron suficientes para sembrar el desconcierto  entre los rebeldes que se replegaron en desbandada.
   Dejemos que sea el propio Miguel Gallo quien nos de su versión de lo allí acontecido:

   “En la esperanza de Galán brilla el último destello. Parte primero un emisario, que no vuelve. Van después los capitanes García Hernández y Salinas para parlamentar. Ambos son detenidos igualmente. Los oficiales queremos disparar. Galán se opone, duda; por lo visto aún no ha perdido por completo la esperanza.
   De improviso un fuego inmenso de ametralladoras y cañón nos sorprende agrupados. Nuestras fuerzas comienzan a responder, pero Galán les ordena a gritos que no tiren. ¿Aún confía? En unos segundos nos hacen sesenta bajas. Cesa el fuego; intentamos retirarnos, pero se reanuda el fuego de cañón que nos sigue. La gente retrocede, se impone organizarse a retaguardia. Galán comprende por fin que todo está fracasado. Se encamina hacia un coche y monta en él. Le grito que espere, pero me hace una señal negativa con la mano y parte. A Galán ya sólo le guía la idea del sacrificio. Va a entregarse a las autoridades creyendo que al inmolarse el salvará a los demás. Puede ponerse a salvo, pero no quiere. Secundado por varios sargentos intento organizar la retirada, pero todo es inútil. Se inicia la desbandada. Instantes después la claridad brumosa de aquel amanecer alumbraba varios muertos y descubría a algunos hombres fugitivos”.

(De una entrevista publicada por el Liberal de Bilbao el 13 de Febrero de 1931)

 Soldados y oficiales de la columna Galán conducidos a Huesca prisioneros

   Antonio Gascón Ricao, en el libro que le dedica a Antonio Beltrán Casaña “El Esquinazau”, uno de los integrantes del triunvirato civil del Comité Revolucionario de Jaca,  acusa al capitán Gallo de haber abandonado a la tropa a su suerte y de un comportamiento cobarde por buscar el exilio (ciertos prejuicios, como el catolicismo practicante de Gallo, posteriores desavenencias y  el desigual comportamiento de Gallo y Beltrán durante la ofensiva nacionalista al frente de Aragón en 1938, parecen condicionar este juicio).
   No voy a entrar en disquisiciones sobre el valor y el honor que se le supone a un militar. Lo que si tengo claro es, que si el capitán Gallo hubiera secundado la actitud heroica de Fermín Galán, por su condición de auxiliar inmediato de éste, los mártires de la republica hubieran sido tres. Tal vez, adentrándonos en el terreno de la historia ficción, bien  pudiera haber ocupado éste el puesto del también católico García Hernández.
   Por su participación en el arresto de los jefes militares de la guarnición de Jaca y en el despliegue de hombres que se hizo en los alrededores del cuartel de la Guardia Civil, que se saldó con la muerte del jefe de línea, en aquel urgente y ejemplar Consejo de Guerra Sumarísimo difícilmente se hubiera librado de la pena de muerte.
   De los oficiales implicados mas directamente en el alzamiento, a excepción del teniente Mendoza y del alférez Manzanares que se entregaron junto a Galán, la mayoría intentarían evitar la captura.
   El capitán Sediles y los tenientes Marín y López Mejias, se internaron en el monte. Allí, en un pajar, pasaron la primera noche. Al día siguiente se dirigieron hasta Anzánigo, alojándose en una casa de campo durante cinco días, de la que solo salían sigilosamente para intentar recabar noticias de los acontecimientos. Denunciados por un paisano fueron capturados por la guardia civil.
   Los capitanes Ignacio Anitua y José María Piaya contaron con la colaboración de familiares del primero que los mantuvieron ocultos en una finca. Con la ayuda de un anarcosindicalista de Ayerbe consiguieron llegar hasta Barcelona, donde provistos de documentación falsa, atraviesan la frontera el 25 de Diciembre.
   Los capitanes Miguel Gallo Martínez y Salvador Arboledas Soriano, junto a Lorenzo Arellano Villarejo, un joven estudiante madrileño de la FUE, de los que se personaron en Jaca para sumarse al levantamiento, corrieron parecida suerte. Aunque su huida fue pródiga en las ocurrencias propias de una novela.

HUIDA

   Con una marcha errante y sin rumbo consiguen adentrarse en el bosque. Su primera preocupación, despojarse del uniforme que les delataba:

   “Al acercarnos a un pueblecito, el estudiante entro a buscarnos ropa de paisano. Tardaba, pasaron dos horas y empezamos a sentirnos inquietos. ¿Se habría perdido? ¿Lo habrían cogido? Por fin apareció con unos trajecillos de verano muy remendados”.
   “Había oscurecido ya, y en medio de las tinieblas íbamos a campo traviesa, tropezando con los pedruscos, hundiéndonos en charcos y barrizales, tiritando de frió bajo aquellos tristes trapos que nos habíamos puesto…De vez en cuando veíamos una luz y nos dirigíamos hacia ella, pero cuando estábamos cerca empezábamos a desconfiar. ¿Y si caíamos en manos de alguien que nos denunciara?...Entonces nos desviábamos y seguíamos vagando por aquellos campos”.

   Extenuados y rendidos por aquella huida errática, la primera noche la pasaron al raso:

“Nos tumbamos en el suelo, nos echamos encima, a modo de cobertores un abrigo de cuero que yo llevaba, una trinchera del estudiante y unos puñados de matojos. Abrazados los tres, para darnos un poco de calor, nos quedamos dormidos. Estaba nevando.
Cuando nos despertamos había dejado de nevar y nos iluminaba la luna. Nos levantamos trabajosamente con el cuerpo dolorido y echamos a andar de nuevo”.

   Pasan desconfiados entre granjas, cabañas de pastores y ventas a las que no se atreven a llamar:

   “¡Estábamos desfallecidos! Yo en dos días, el viernes y el sábado, no había comido más que un bocadillo que tomé en Ayerbe, cuando marchábamos sobre Huesca.
   ¡Y ya era domingo! Mis compañeros estaban, sobre poco mas o menos, en el mismo estado”.

   El lunes día 15 se topan en el carrascal de Aniés con un leñador ante el que deciden sincerarse:

   “Mire usted, somos sublevados de Jaca y andamos huyendo. Uno de nosotros es paisano y los otros capitanes, si nos cogen nos fusilaran… ¿No haría usted la caridad de salvarnos? A usted no le pasará nada por ocultarnos en su casa. En caso de que nos descubran usted dice que no sabia quienes éramos…Le pagaríamos bien…Tenemos dinero y amigos poderosos…Se le dará lo que pida…
El campesino dudaba, pero por fin se decidió. Bueno voy a casa a avisar a la mujer para que prepare las cosas. Ustedes se quedan por aquí hasta que vaya oscureciendo y entonces se acercan al pueblo…Es por ahí, ese camino, a la izquierda…Yo estaré esperándoles a la entrada”.

 Población oscense de Aníes

   Les vuelve a asaltar la duda y el temor de que aquel hombre les traicionara y se presentase junto a la guardia civil. Pero no fue así, les  proporcionó  refugio y alimentos en su casa tal como habían convenido:

   ¡Con que ansia nos acercamos a aquella lumbre y nos arrojamos sobre los humildes manjares que nos habían preparado!...lo que cenamos lo recuerdo muy bien, lo recordaré mientras viva…De primer plato, judías; de segundo, patatas fritas y pedazos de sebo de borrego; vino serrano, ese vinillo espeso y agrio, y una taza de te silvestre…
 ¡Que bueno estaba todo! Y que fuertes, resueltos y animosos nos sentimos después de la comida, fumando unos cigarrillos junto al hogar. Se nos olvido que nos perseguían y estábamos en peligro de muerte. Parecía como si ya estuviésemos salvados…

Lorenzo Arellano

   Pasan varios días escondidos en casa del leñador durmiendo en el pajar, incomunicados, sin poder recabar información alguna de lo acaecido, pues hasta aquella recóndita aldea de pastores y leñadores del Pirineo no llegaba periódico alguno ni había aparatos de radio.
   Una vez repuestos, conciertan con su casero la manera de salir de allí. Este les provee de unos trajes de mecánico, botas y boina…A la madrugada, guiados por él, y tras unas cuantas horas de camino fueron a  parar a una estación de ferrocarril. Tomaron billetes de tercera y montaron en el tren con destino a Zaragoza:

    “El vagón iba lleno se gente que hablaba a voces “de lo de Jaca”. Escuchábamos ansiosamente sin atrevernos a mirarnos los unos a los otros por miedo a que nuestras miradas nos delataran”.

   Llegaron a Zaragoza a media mañana. Entraron en un bar, donde permanecieron en su estancia más recóndita hasta la hora de comer. Comieron en el reservado del un restaurante y prolongaron todo lo que pudieron la sobremesa. Sus pretensiones pasaban por coger un tren por la noche para Madrid:

   “Cuando ya no fue posible seguir en el reservado, nos aventuramos a andar un poco por algunas calles extraviadas. Afortunadamente el 23 de diciembre es de los días mas cortos del año, enseguida anocheció y pudimos movernos con menos riesgo. Hasta nos acercamos al centro de la ciudad”.



   Parte de la noche la pasaron cenando en el restaurante de la estación esperando la hora de tomar el tren. Deciden hacer el viaje por separado para no levantar sospechas. Afortunadamente éste transcurrió sin incidentes y el día 24 llegaban a la estación del Mediodía. El hecho de ser víspera de Navidad y haber numeroso trasiego de viajeros que salían y llegaban para pasar las fiestas con sus familias, contribuyó a que su presencia en la corte no fuese advertida por la policía.
   Una vez en Madrid contactó con las personas que podían ayudarle. Le buscaron alojamiento y le proporcionaron vestuario y medios:

   “No crea usted que hacia una vida muy escondida. Me parece que cometí algunas imprudencias. Durante el día salía poco, pero en cambio cuando oscurecía me echaba a la calle y paseaba por todo Madrid. Algún día que otro entraba con mis amigos a céntricos cafés como el de la Granja de Henar o el Miami. Una noche hasta fuimos al teatro”.

EXILIO

   Sus amigos le facilitaron documentación falsa y buscaron la manera más segura para que cruzara la frontera francesa (15 de Enero). En Hendaya residiría durante algún tiempo, trabando amistad con un grupo de expatriados españoles. La policía francesa, que los vigilaba mucho, los obligó a trasladarse a trescientos kilómetros más al interior. Se instalaría finalmente en París donde fue muy bien acogido por el grupo de exiliados españoles, en especial por Indalecio Prieto.

   Lo compañeros de huida de Miguel Gallo corrieron desigual suerte. Mientras que Arboledas permaneció oculto en Madrid hasta la proclamación de la Republica, el joven estudiante Arellano seria sorprendido y detenido por la policía, y conducido a la cárcel de Jaca, en donde ya se instruía sumario a los paisanos acusados de participar en la rebelión.
   Casi a la par que se instalaba en Paris, en el “Diario Oficial del Ministerio del Ejercito” se publicaba una R.O. por la que causaban baja en el ejercito teniente coronel de infantería don José Puig García y los comandantes Ramón Franco Bahamonde e Ignacio Hidalgo de Cisneros (levantamiento de Cuatrovientos) y los capitanes Miguel Gallo Martínez, Salvador Arboledas Soriano, José Piaya Rebollido (de los sublevados en Jaca), con arreglo al párrafo tercero del artículo 285 del código de justicia militar, sin perjuicio de la causa que se les sigue.

 Heraldo de Madrid (25 de febrero de 1931)


   El 13  de marzo de 1931 se iniciaron las deliberaciones del Consejo de Guerra en el Cuartel de la Victoria de Jaca. Son 63 los encausados. Los capitanes Gallo, Arboledas, Piaya y Anitua, en paradero desconocido, son declarados en rebeldía. El fiscal solicita pena de muerte para los oficiales: capitán Sediles, teniente Mendoza, alférezes Manzanares y González, y el sargento Burgos.
   En los días previos, cundió cierta alarma en la ciudad de Jaca ante un infundado rumor de fuga de los encausados. Cierta prensa informó de un fantástico complot abortado organizado desde Paris:

   “Habían dispuesto cruzar la frontera varios elementos de los expatriados a raíz de los sucesos de diciembre, con la misión de sorprender a la guardia de la cárcel y apelando a la violencia, si fuese preciso, liberar a los detenidos. Luego se incautarían de las causas y harían con ellas una hoguera”.

   Ese alarmismo, parece ser, que vino motivado por un  anónimo enviado al Capitán General de Zaragoza. Por cautela fueron presos algunos vecinos significados por sus ideas izquierdistas, puestos en libertad a los cuatro días, por no encontrarse cargos contra ellos.
   Se trataba simplemente, de un intento a la desesperada de los partidarios de la Corona, de predisponer a la opinión pública en contra de los encausados, en un momento en que, con elecciones convocadas en el horizonte, la movilización republicana y las progresiva simpatía hacia los hombres que habían intentado traer la República iba en aumento.

 El Consejo de Guerra celebrado en Jaca

   Entre el numeroso grupo de expatriados españoles en París por los sucesos de Diciembre se encontraban políticos republicanos (Marcelino Domingo, Indalecio Prieto…), militares de los que participaron en el levantamiento de Cuatrovientos (Queipo de Llano, Ramón FrancoHidalgo de Cisneros, Joaquín Collar, el mecánico Pablo Rada, José Martínez de Aragón) y de los sublevados en Jaca, los militares Miguel Gallo, José Piaya y los civiles Graco Marsá, Ramón Acín, Fernando Cárdenas... 
   La prensa afín se interesará por su situación y actividades. El periodista de la redacción del semanario gráfico “Ahora” Vicente Sánchez Ocaña desplazado hasta París, elabora para su revista una serie de entrevistas (a Prieto, a Marcelino Domingo, al general Queipo de Llano, a Ramón Franco, a Graco Marsá, al capitán Gallo, a Ramón Acín…). La realizada al capitán Gallo es la que nos ha servido para conocer la manera en que éste consiguió escapar de España.
   Estos, lejos de aventurarse en complot rocambolescos de liberación como el antes mencionado, siguen con interés a través de la prensa el proceso y se solidarizan desde la distancia con los encausados.
   El 28 de marzo de 1931 los refugiados políticos españoles en el café restaurant Napolitain del Barrio Latino ofrecieron un banquete homenaje al periodista Carlos Esplá, un viejo exiliado  benefactor y protector de la colonia republicana española en Paris. A los postres y a propuesta de Indalecio Prieto, se envió un telegrama de apoyo al capitán Salvador Sediles que se hallaba preso en el Cuartel de los Estudios de Jaca, ya condenado a pena de muerte en el Consejo de Guerra celebrado en el Cuartel de la Victoria (entre el 13 y el 17 de marzo):

   Heraldo de Madrid  (30 de marzo de 1931)

Homenaje a Carlos Esplá en el Café Napolitain de París
 (Miguel Gallo el cuarto por la izquierda)


   Los emigrados y desterrados españoles en París estuvieron siempre estrechamente vigilados. Agentes, gentilmente puestos por Monsieur Chiape, prefecto de la policía, en connivencia con el embajador español Sr. Quiñones de León, actuaban al servicio de su majestad Alfonso XII siguiéndoles de día y de noche. Algún que otro confidente enviado desde España consiguió en vano infiltrarse entre ellos.



   La mayoría residían en el modesto Hotel Malherbe. Tenían su cuartel general en la Casa de Cataluña en el Boulevard Saint-Michel y como santuarios de actividad republicana los cafés Napolitain, La Rotonde y La Coupole. Se sentían especialmente atraídos por este último, ubicado en Montparnasse, por su variopinta clientela, entre la que, menos franceses, había de todo: estudiantes indochinos, confidentes fascistas, rusos de Stalin, rusos de Trotsky, poetas americanos, judíos de profesión confusa, espiritistas, muchachitas afectuosas, condes polacos…


   Desde Paris se seguirían con expectación las elecciones municipales convocadas para el 12 de Abril.

Miguel Gallo (gabardina blanca y sombrero)

Otra instantanea fotográfica del mismo día

   Las noticias que les van llegando desde España son esperanzadoras, aunque la evidencia de la victoria les hacía desconfiar. Conforme se va acercando la fecha, en sus paseos y animadas tertulias de café no se habla de otra cosa.
   En la noche de la jornada electoral  en el Hotel Malherbe se habían concertado conferencias telefónicas con las principales ciudades de España. Además se había publicado en la prensa republicana una nota pidiendo a los correligionarios de todo el país que enviaran informaciones del modo que pudieran. Todas las noticias que le llegan son favorables. Confluyen telegramas enviados desde los más recónditos lugares del país informando sobre la victoria de la coalición republicana:




   Tras un eufórico compás de espera durante la jornada del 13, por fin a las cuatro de la tarde del día 14 les llega telefónicamente la confirmación la proclamación de la República. Un unánime ¡Vámonos a España! y ¡Viva la República! es coreado entre lagrimas y abrazos por los allí congregados.
   Indalecio Prieto y Marcelino Domingo designados para integrar el primer gobierno provisional de la naciente República parten esa misma noche para Madrid. El resto se dirigen precipitadamente a sus respectivos alojamientos para preparar su equipaje.

1. Indalecio Prieto.
2. Marcelino Domingo.
3. Miguel Gallo Martínez.

   A las nueve de la noche del día 15 un tren rapido procedente de Paris entraba en  la Estacion del Norte. En el andén y alrededores esperaban unas 2000 personas con banderas, estandartes, gorros frigios, brazaletes rojos y otros distintivos republicanos. Al llegar el convoy el público asaltó los coches y se subió encima de sus techumbres, se canto la Marsellesa y se lanzaron calurosas aclamaciones.

 Ramón Franco, un sonriente Miguel Gallo y Ramón Acín
 a su llegada a la Estación del Norte.

   Por fin, abriéndose paso entre la multitud enardecida, fueron distribuidos en varios coches.


   La comitiva avanzando lentamente por el Paseo de San Vicente se dirigió hasta la Puerta del Sol, con un público que los aclamaba desde las aceras. Desde el balcón del Ministerio de la Guerra fueron Ramón Franco y el mecánico Pablo Rada (los intrépidos aviadores del Plus Ultra) los encargados de trasmitir el agradecimiento de los recién llegados al pueblo de Madrid por el recibimiento tributado.


   Miguel Gallo a renglón seguido tomaría un tren con destino a Andalucía. Se apearía en la estación de Villa del Río, donde su padre y numerosos familiares y amigos de Porcuna acudieron a recibirlo.

   Adornado de la aureola de “Héroe de la República” a Miguel Gallo le esperaban nuevos honores y reconocimientos. Pero de ello nos ocuparemos ya en el siguiente capitulo de su vida



12 enero 2011

Motril :"El día de los terremotos".



   Así es conocida la fiesta marcada en rojo en el calendario laboral de la ciudad de Motril que se viene celebrando cada 13 de Enero. Se rememora el voto de acción de gracias realizado por los vecinos de esta ciudad a Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Cabeza, por su intercesión durante sendas oleadas de terremotos que sacudieron a esta población durante el siglo XIX. Se toma la fecha el 13 de Enero, que se corresponde con el inicio de las sacudidas que tuvieron lugar durante el año de 1804. Este voto con el tiempo se iría relajando, pero como consecuencia de una nueva y destructiva oleada durante los meses de Diciembre y Enero de 1884 y 1885 respectivamente, se renovaría con más fuerza.

   En la actualidad, la fiesta en si, se limita a un acto de carácter religioso rematado con el desfile procesional de las sagradas imágenes, conocido popularmente como “la procesión de los terremotos”.



   Su carácter de día no laborable, propicia un éxodo masivo de población a ciudades como Granada o Málaga aprovechando la temporada de rebajas. De ahí, que también sea conocida entre el vulgo como “el día de las rebajas”.

   Fue reinstaurada hace algunos años por voluntad expresa de coalición gubernamental de centro derecha que rige los destinos de esta población, después de haber sido relegada por anteriores corporaciones.

   Hecha esta pequeña introducción sobre el origen y esencia de este día, intentaré aportar algunos datos históricos sobre aquellos fenómenos naturales y sus repercusiones sobre la ciudad.

Motril Enero de 1804

   “El día 13 de este mes a las 5 y 53 minutos de la tarde, hallándose el viento al S.O. bonancible, el cielo toldado, y despidiendo las nubes una ligera llovizna, señalando 15 grados el termómetro de Reaumur, se sintió en esta ciudad un fuerte temblor de tierra, cuya dirección era de E. a O. El movimiento fue al principio perpendicular, y a los 14 o 16 segundos se observó de trepidación, lo que duró otros 4 o 5 segundos; y empezando un fuerte movimiento de undulación, continuó por más de 20 segundos, siendo la total duración de 40 a 42 segundos, con ruido subterráneo, al principio violento, y después sordo. Los vecinos abandonaron sus casas, y salieron a la plaza mayor pidiendo misericordia. A las 9 y 5 minutos de la misma noche repitió el temblor con bastante fuerza y algún ruido por espacio de 4 segundos. Iguales repeticiones hubo a las 12 y 15 minutos y a las 3 y 20 minutos de la noche; y a las 6 y 8 minutos de la mañana del día siguiente, como también a las 9 y 14 minutos; a las 12 y 3 minutos, a las 4 y 6 minutos, a las 7, a las 11, a las 12 y 5 minutos, a las 3 de la madrugada del otro día, y a las 6 y 15 minutos; las cuales fueron de 4 segundos de duración cada una, siempre con ruido subterráneo mas o menos confuso, notándose la particularidad de guardar un periodo de 3 horas. La ciudad ha quedado, por decirlo así, asolada; pues no hay una casa que no se halla quarteado, y muchas enteramente arruinadas, en términos de poderse habitar; por lo que la primera noche tuvieron todos que pasarla a la inclemencia, y ahora hay y se van haciendo barracas donde acogerse en la estación más rigurosa. Los templos han quedado arruinados; y en las personas no ha habido mas desgracias que una mujer y un hombre que quedaron sepultados en las ruinas. El Gobernador tomó inmediatamente todas las providencias oportunas para el alivio de aquel vecindario, y se halla alojado en una barraca de palos y eneas situada en la plaza del centro de la población para poder desde allí dar las providencias convenientes”.

(Gaceta de Madrid nº 8 de 27 de Enero de 1804)




Motril 6 de Febrero de 1804

   "En esta ciudad han continuado los terremotos, sintiéndose cada día uno o dos de ellos, acompañados de ruido sordo, subterráneo con movimiento perpendicular, el que no causa nuevos estragos, y de duración de 2 o 3 segundos. A la una de la noche pasada, se sintió otro terremoto al que precedió mayor ruido que en los anteriores; pero fue menor el movimiento; y luego repitió con más fuerza a los 2 o 3 minutos, y duró de 10 a 12 segundos, con movimiento perpendicular. Tampoco cesan los golpes subterráneos que se oyen a bastante distancia, los que se perciben con mayor fuerza en la playa, aunque en el mar no se advierte novedad alguna. Los patrones de los barcos que han llegado estos días aseguran haber sentido en el mar los terremotos. Estos parece que vienen de la parte de O hacia el E, y se cree que sea de hacia el estrecho o en esta dirección desde África".

(Gaceta de Madrid nº 15 de 21 de Febrero de 1804)


   Aquel terremoto de 1804 se saldó con la destrucción parcial de la ciudad y con sólo dos víctimas. Tuvo una intensidad de 6.7 grados. Su epicentro estuvo localizado en el Mediterráneo en las proximidades del Estrecho, resultando afectadas poblaciones importantes del norte de Áfica como Fez, donde también ocasionó importantes daños.
   Se sintió en la corte, y en dirección sur en poblaciones como la Carolina (Jaén) y en Granada donde los vaivenes fueron ya de más rigor. Aunque con consecuencias destructivas importantes en Málaga y especialmente Motril.
   La comarca de la Alpujarra también sufrió su virulencia.
   Durante el mes de Agosto un nuevo terremoto afectaría a poblaciones de la costa almeriense como la propia capital, Adra y Roquetas.

   La Corona y el Gobierno, para paliar los daños y aliviar en lo posible la difícil situación de aquellas poblaciones mas afectadas, adoptaron algunas medidas: perdón de los impuestos, distribución gratuita de granos procedentes de las tercias reales, disposición de los diezmos y novenos pertenecientes a la corona, así como de los caudales procedentes del sobrante de Propios y Arbitrios en la extensión de sus respectivos partidos.



   La segunda oleada de temblores de tierra que vamos a referir es la conocida como “El Terremoto de Andalucía” que se inicia con una fuerte sacudida en la noche del 25 de Diciembre de 1884, con réplicas de diferente intensidad que se prolongan hasta mediados de febrero de 1885. Resultaron afectados unos cien núcleos urbanos de las provincias de Granada y Málaga. Especialmente trágico en localidades granadinas como Alhama y Albuñuelas.

 Alhama de Granada

   La ciudad de Motril, no fue tan castigada, pero sufrió importantes daños en sus edificios. La angustia y el pánico cundieron entre sus ciudadanos.

   Transcribo literalmente el primer telegrama emitido por el Alcalde de la ciudad dirigido al Gobernador Civil de la provincia:

   “A las nueve menos cuarto de la noche se ha sentido en esta población un temblor y horroroso terremoto cuya duración se calcula de 18 a 20 segundos. La mayoría de las casas están resentidas y la población entera consternada, toda en la calle por si se repitiera. Hasta ahora solo tengo noticia de la muerte de un anciano, producida por el pavor. Se tienen noticias de haber muchos heridos leves”.

   La ciudad quedó incomunicada con la capital, ya que el puente de Tablate a la altura de Durcal, resultó cuarteado.

 Puente de Tablate: carretera de Motril a Granada
Fotografía de José Martínez Sánchez. 1867

   Muchos edificios, incluidos los de nueva construcción, se resquebrajaron y agrietaron como consecuencia de esta primera trepidación. Motril entero se lanzó fuera de sus casas.

   El primer recurso, para mitigar el miedo, fue de carácter espiritual y religioso:

   “Instintivamente este religioso pueblo pedía a grandes voces que salieran en procesión sus queridos patronos, Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Cabeza. No había pasado media hora, cuando ya en andas apareció en el cancel de la Iglesia Parroquial, situada en la plaza de la Constitución, la imagen venerada de Jesús Nazareno. La inmensa plaza estaba llena de gente de todas las edades, sexos y condiciones, y en el momento un grito inmenso de dolor y de confianza, seguido de otras aclamaciones se perdieron en el espacio.
   Organizada tan sublime procesión y rezando todos con verdadera devoción el Santo Rosario, fuimos por nuestra patrona que estaba en su santuario, extramuros de la ciudad, en una pequeña elevación. Cuando la sacaron a la puerta, desde la que se domina perfectamente una planicie capaz de contener a todo este pueblo y algo mas, otros gritos de dolor y alegría salieron también de los corazones.


    La noche estaba fresca, no obstante, todos (inclusos algunos de la cáscara amarga, que por desgracia también los hay) permanecieron acompañando a nuestros Patronos queridos con la cabeza descubierta, hasta las cuatro de la mañana, recorriendo todo el pueblo, rezando el Santo Rosario, el Trisagio y otros cánticos religiosos. En esta memorable noche hubo hasta ocho terremotos más, aunque ni con mucho de la intensidad del primero, pero a cada repetición un grito de angustia indefinible salía de todos los corazones”.

   Durante el día 26 se siguieron produciendo pequeñas réplicas y a la noche se desencadenó una fuerte tormenta, acompañada de aguas torrenciales, relámpagos y truenos que duró hasta el amanecer del día 27.

   A otras advocaciones religiosas, como la Divina Pastora, también se acudió para que intercediera por su pueblo, siendo sacada en procesión en la tarde del día 27.
   La iniciativa partió de un grupo de vecinos de etnia gitana, que se dedicaron a pedir durante toda la mañana. De dos en dos céntimos, recogieron más de 100 pesetas con las que mandaron decir una solemne misa: “durante la procesión llamaban la atención los gitanos, por su compostura y por la fe de sus infinitos vivas a la Divina Pastora”.

   Aquellos primeros días se saldaron con algunos heridos leves por desprendimiento de tejas y el desplome de algunas paredes. Al anciano fallecido por espanto durante la primera noche, habría que sumar en los días siguientes la muerte del Secretario del Ayuntamiento don Joaquín Sánchez Galiano, de resultas de una pulmonía fulminante, ocasionada por aquellas noches de frío e intemperie. Fueron numerosos los vecinos afectados por esta enfermedad.
   Entre los días 27 y 30 hubo pequeñas oscilaciones que apenas si se notaron. Cuando los ánimos iban recobrando la confianza, y había ya algunos dispuestos a volver a dormir a sus casas, otro bien sensible terremoto en la tarde del 30 les hizo desistir.
   Desde entonces la gente optaría por improvisar habitáculos (barracas de madera cubiertas con enea y chozos) fuera de la ciudad. El día 31 no se encontraba un carpintero por menos de 40 reales de jornal. Esa misma noche casi nadie durmió ya en la ciudad. Quienes no pudieron conseguir maderas o carpinteros que fabricaran esas barracas, pasaron la noche en las cuadras que las azucareras disponían para encerrar a las infinitas bestias que albergaban durante la recolección de la caña: “Damas muy escopetadas se creyeron dichosas con poder dormir en un pesebre”.


   Pasaron los días sin novedad y cuando nuevamente algunos pensaban ya en abandonar las incomodidades del campo, el día 5 de Enero a las seis y cuarto de la noche otro nuevo terremoto volvía a sembrar el pánico y la aflicción.
   Muchos de los edificios quebrantados por anteriores terremotos se hundieron y otros amenazaban ruina. Mas de cincuenta casas quedaron inutilizadas por completo e innumerables las que se tuvieron que apuntalar: “todos los operarios no se ocupan de otra cosa, dejando para mejores días la reparación de los numerosos daños sufridos, que se calculan en muchos miles de duros”.
   Resultarían seriamente afectados los edificios del Hospital, Cárcel, Casas Capitulares, Casa de Correos y Telégrafos, Iglesia Parroquial, Convento de las Madres Nazarenas, otras iglesias y la casa del Registro de la Propiedad.


   Los enfermos del Hospital fueron alojados en unas barracas que el alcalde mandó construir en el campo de Capuchinos; los presos en el convento de este mismo nombre; Correos en una barraca improvisada en e la plaza de la Constitución; las dependencias del Ayuntamiento en los bajos del edificio, a pesar de que éste también amenazaba ruina; y la Monjas Nazarenas en una barraca en el huerto de su convento.
   Por estar resentida la parroquia y demás iglesias, el culto religioso se tendría que celebrar al aire libre.

 Iglesia de campaña (Jatar)

   La ciudad terminaría por paralizarse casi por completo. El comercio tuvo que cerrar, y solo se expendían los artículos más indispensables, con sólo dos o tres horas de apertura por la mañana, marchándose después al campo, en donde se encontraba diseminado todo el vecindario alojado en casas de madera y chozas: “Puede asegurarse que en la ciudad no quedan a dormir mas de 40 se sus habitantes”, incluidos el Alcalde, la Guardia Civil y los serenos.
   Circunstancia agravante fueron las inusuales bajas temperaturas de aquel invierno en la costa. Como consecuencia de un rescoldo de fuego, se prendieron varias cabañas de las ubicadas en la Esparraguera, perdiendo sus ocupantes las camas, las prendas de vestir y el escaso ajuar del que disponían. Se reclamaron tiendas de campaña para albergar al inmenso gentío que no se atrevía a internarse en la ciudad.
   Se tienen noticias de un accidente que había permanecido ignorado desde el 25. Cinco marineros, procedentes de Albuñol, que tripulaban una barcaza llena de vino, se vieron sorprendidos al pasar cerca de Almunecar por el terremoto, que hizo zozobrar la embarcación pereciendo ahogados los cinco tripulantes.

   Poco a poco iría normalizándose la situación y la población se reencontraría con sus viviendas semidestruidas. Fueron más de 900 las que fueron finalmente denunciadas como ruinosas por el arquitecto municipal. Todavía en febrero, se producirían algunas leves oscilaciones y algún derrumbe que otro de aquellos edificios más afectados.

   La climatología adversa traería aparejada también una importante crisis de trabajo. Las heladas habían afectado considerablemente a cultivos, como la vid y la caña, con un peso específico importante para la economía de la comarca.

   Leemos en la Crónica Meridional de Andalucía:

   “De Motril nos escriben lamentándose de la miseria que hay en la comarca, efecto de los terremotos y de los hielos espantosos que ha habido en el presente año no conocidos desde hace ya mucho tiempo. Se solicitan medidas para aliviar el pauperismo. Se propone la continuación de las obras de Almería a Málaga, en cuyo trabajo se ocuparían muchos braceros, pudiendo así llevar el sustento a su hogar domestico”.


   Estas demandas no debieron ser atendidas, pues la prensa sigue recogiendo informaciones sobre la delicada situación que viven los jornaleros:

Crisis motrileña:

   “La situación en Motril es tristísima e insostenible. La clase jornalera carece de trabajo y los labradores no pueden atender a los muchos gastos que sobre ellos pesan. Urge que los fabricantes de azúcar empiecen la campaña, abriendo las fábricas, pues en ellas encontraran trabajo los que de él carecen y los productores de caña empezaran a recibir medios y recursos para atender a sus múltiples necesidades. Este es el único remedio para resolver la crisis motrileña, en beneficio no solo de los productores, sino de los fabricantes y jornaleros”.



   “Sin caminos, destruidos los viñedos y heladas todas las cañas de azúcar de su costa, desde Adra hasta Motril, sólo falta a esta desdichada zona el cólera y la langosta”.

   Para elaborar esta especie de crónica sobre sendas angustiosas oleadas de terremotos que sufrió la ciudad de Motril durante el siglo XIX, me he valido exclusivamente de las informaciones recogidas en las colecciones de prensa, tanto provincial como nacional, alojadas en las hemerotecas digitales.

   Quiero aprovechar la ocasión, para hacer público mi reconocimiento al Ministerio de Cultura (Hemeroteca Digital de la BNE, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica) y a la Consejería del ramo de la Junta de Andalucía (Biblioteca Virtual de Andalucía) por favorecer con estas iniciativas, a quienes, como el que suscribe, sentimos la curiosidad y la necesidad de adentrarnos en el pasado.