Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

19 diciembre 2010

Joaquín Villatoro Medina. Compromiso político y cultural (1931-36)



    La única aproximación biográfica a la vida y obra del músico castreño Joaquín Villatoro Medina es la realizada y publicada por Francisco Cañasveras Garrido en 1998. Hay en este trabajo un lógico vacío informativo sobre su militancia política en los años treinta. Ya puse, en su día, a disposición del autor algunas de las escasas informaciones de las que disponía sobre él de este periodo. Como las hemerotecas digitales nos brindan hoy la posibilidad de completarla, le he dedicado unas cuantas horas de mi ocio a tal empeño. Os dejo con el resultado:

   Durante el año de 1931 el joven músico Joaquín Villatoro,  pensionado por la Diputación Provincial de Córdoba, reside en Madrid donde prosigue con su formación musical en el conservatorio madrileño. Con la proclamación de la II Republica  inicia su compromiso con el mundo de la cultura. Participa en la gestación de la denominada Casa de los Poetas, donde un grupo de jóvenes procedentes de diferentes disciplinas artísticas (literatura, pintura, escultura, música…), con una concepción multidisciplinar del arte y la cultura, convergen en esta iniciativa:

Casa de los Poetas

Heraldo de Madrid 12-09-1931

  El proyecto, que llego a ponerse en marcha, lo tiene que abandonar para concurrir a las oposiciones de ingreso en la Normal de Música de Paris. Tras hacerse con una plaza,  progresará considerablemente en la composición de la mano del maestro Paul Dukas, y en el piano junto al celebre pianista Alfred Cortot. La prensa provincial se hace eco de su éxito:

Diario de Córdoba  05-01-1932

   Sigue disfrutando de la pensión de la Diputación, a la que habría que sumar la que le renueva el Ayuntamiento de su  pueblo natal, Castro del Río. La instancia presentada al pleno por D. Misael López Díaz (Administrador de Correos) solicitando su renovación es estimada, asignándosele una partida de 1200 pesetas.
   Es durante este periodo parisino, del que poco conocemos, cuando se le supone su iniciación en el Marxismo.
   Para las navidades de 1932 regresa a su tierra. Recala en Córdoba acompañado de un nutrido grupo de jóvenes artistas latinoamericanos que procedentes de Paris y Londres, visitan su Mezquita, otros monumentos y museos. Como anfitrión hace las veces de guía turístico.

   Durante la segunda quincena de Enero de 1933, posiblemente coincidiendo con su primera visita a su pueblo natal tras su período parisino, es objeto de un Homenaje en el Teatro Cervantes promovido por amigos y simpatizantes:

 El Sur 26-1-1933

   Durante aquel año de 1933 le tocará cumplir con sus obligaciones militares. Tuvo la suerte de ser destinado en la capital cordobesa. La cercanía a su pueblo, le permitirá, durante sus permisos, estructurar una pequeña agrupación local de jóvenes comunistas. Durante aquel verano colabora con la Agrupación Teatral Benito Pérez Galdós por él impulsada. Sus miras seguían puestas en su formación musical, pues solicita a la Diputación le sea prorrogado el plazo de la pensión de la que disfrutaba para continuar sus estudios en el extranjero al término del servicio militar. 
   A pesar de su condición de soldado, durante este periodo, laborando en la sombra, contribuyó con su esfuerzo a que la naciente agrupación comunista local se consolidara, a pesar de la fuerte resistencia encontrada entre las filas anarcosindicalistas (de la tensa relación entre comunistas y anarcosindicalistas en Castro del Río me ocupare en una entrada aparte).

   A finales de 1933, principios de 1934 descubrimos ya a un Villatoro plenamente implicado en la propaganda comunista. Publica en la prensa cordobesa (con pseudónimo: Genauro) un extenso trabajo por entregas bajo el título de “Los comunistas ante los acontecimientos actuales” donde aboga por la tesis oficial de "frente único antifascista" que sostiene la Internacional Comunista en aquella coyuntura:

El Sur 5-1-1934
   En Febrero de 1934 Joaquín Villatoro, ya a cara descubierta,  publica en El Sur también por entregas un artículo de contenido político bajo el título "Posición de los comunistas ante los preparativos de guerra de los estados capitalistas” volviendo a hacer hincapié en las tesis anteriores:

El Sur 2-2-1934

   El viraje a la derecha que se produce en las diferentes instituciones tras la derrota de la izquierda en las elecciones de 1933 y su manifiesta defensa de los postulados comunistas, tendría algo que ver en que la Diputación no le renovara la pensión.
   Se instalará nuevamente en Madrid donde busca la manera de compaginar la música con la militancia política. En la primavera de aquel año de 1934, siguiendo el modelo sovietico, encontramos su firma en un manifiesto lanzado a la prensa, como promotor de la  Unión de Músicos y Compositores Proletarios. Llegan a constituirse como tales y se instalan en el Fomento de las Artes (antigua institución cultural y proletaria).
   Entre sus proyectos figura la creación de una Orquesta Proletaria, que pronto se pone en marcha. Para pertenecer a la misma se requería ser músico, y militar en algún partido proletario o ser simpatizantes con su actuación cultural.
   Los miembros de esta entidad se dividen en profesionales, que actúan, y músicos en formación que asisten a cursos sintéticos para obtener el titulo, para luego actuar en la orquesta, o en las filiales que tienen propósito de crear.


   Se hace cargo de su dirección Ataulfo Argenta, muchacho de 23 años que ha estudiado piano y composición en Lieja.
   Joaquín Villatoro se encargará de la dirección de las enseñanzas musicales y de los Coros Proletarios, compuestos primordialmente por obreros ferroviarios y trabajadores/as de las bibliotecas circulantes.

 Villatoro impartiendo clases de canto al piano.

   Las clases eran totalmente gratis para aquellos que demostrasen aptitudes careciendo de medios. Éstas funcionaban dentro de un engranaje de relojería intelectual: los camaradas aprenden y enseñan simultáneamente. En pequeños grupos, van adquiriendo la cultura musical, dirigida y guiada por un profesor responsable, que cuando se cerciora del correcto aprendizaje, delega en ellos para que lo trasmitan a otros grupos. De este modo, a la vez que enseña, se practica lo aprendido.

   La orquesta se presenta oficialmente en público el sábado 30 de junio en un Festival a beneficio de la creación oficial de la Asociación de Escritores y Artistas Proletarios celebrado en el Teatro Maria Guerrero. Comparte protagonismo con una jovencísima Maria Teresa León que diserta sobre la significación revolucionaria del Guiñol y  el “Guiñol Octubre” de Miguel Prieto que pone en escena la farsa “El Usurero” de Rafael Dieste y “El bazar de la providencia” de Rafael Alberti.
   Interpretan un repertorio mixto compuesto de música popular española (“Danzas españolas” de Granados, “La Revoltosa” de Chapí, “La Verbena de la Paloma” de Bretón…) y canciones e himnos proletarios. Entre estos últimos, una marcha soviética dedicada a los campesinos españoles, instrumentada por el  maestro Villatoro. El momento cumbre de la noche, el estreno de “Canción a Thaelmann” interpretada conjuntamente por la orquesta y coros: 

 Orquesta y Coros Proletarios dirigidos por Villatoro

  “Bajo la dirección de Villatoro, su autor, que lo hizo de manera insuperable, siendo clamorosamente ovacionados los artistas y obligados a visar. El público entusiasmado se puso en pie, y con el puño en alto vitoreó a autores y ejecutantes y se dieron vivas a Thaelmann”.

   Esta canción proletaria, para orquesta y coros, con letra del poeta Rafael Alberti y musicada conjuntamente por Joaquín Villatoro y P.Olaya, está considerada como la primera canción social española del siglo XX.
   Thaelmann era el secretario del Partido Comunista Alemán cuando llegaron los nazis al poder. Lo encarcelaron, pero era tal su fama a nivel mundial, que no se atrevieron a matarlo. Thaelmann murió finalmente en un campo de concentración en 1943.

   La orquesta y coros terminarán convirtiéndose en un instrumento más de la propaganda comunista. Su presencia era obligada en cuantos actos de carácter político y social se celebraban en Madrid durante aquel verano de 1934.

  Joaquín Villatoro, en alguna de sus visitas a su pueblo natal y en su correspondencia, debió animar a sus amigos y camaradas, que ya venían desarrollando cierta actividad cultural a través del grupo artístico Benito Pérez Galdós, a poner en marcha otras iniciativas de cultura proletaria. Los hermanos Mendoza, jóvenes militantes comunistas, tomando como modelo el “Guiñol Octubre” se adentraron en el mundo de la marioneta y el títere. De ahí que se les terminaría conociendo popularmente como "Los Polichinelas".

   Podemos constatar su presencia el domingo 1 de julio en el festival campestre celebrado en los viveros de la villa organizada por la F.C.D.O (Federación Cultural Deportivo Obrera) en colaboración con el Grupo Deportivo de el Fomento de las Artes. Entre carreras pedestres, de velocidad, tablas de gimnasia y partidos de baloncesto, allí estaba Joaquín Villatoro que se presentó con su coro uniformado para amenizar la jornada deportiva.
   Esta entidad político-deportiva tenía por objetivo acabar con el carácter clasista de la práctica deportiva y extender ésta entre los jóvenes trabajadores (un nuevo instrumento propagandístico).


    Unas semanas después estarán presentes también en el I Congreso Nacional de la FDCO. Los Coros Proletarios interpretaron la Internacional acompañados al piano por el maestro Villatoro y la Canción a Thaelmann.



   Nueva actuación en julio en el Festival celebrado en la plaza de toros de Madrid a beneficio de los campesinos presos por las últimas huelgas:

“Al entrar en el redondel los Coros Proletarios, los 15.000 espectadores allí reunidos puestos en pie les tributaron una ovación formidable, al tiempo que desde un palco caía y se extendía, como una cortina, el gigantesco retrato de Thaelmann, que el público, enardecido, saludo con vivas ensordecedores”.


   El éxito alcanzado por las iniciativas de carácter cultural y deportivo que desde el Fomento de las Artes eran patrocinadas por activos elementos cercanos al PCE, despertó el rápido recelo de la extrema derecha madrileña. Dicha institución empezaría a ser señalada desde la prensa de derechas como “nido de comunistas”. Ya en mayo de 1934 había sido objeto de un asalto perpetrado por elementos fascistas. En la noche del 12 de Agosto de ese mismo año, en el salón de actos de dicha sociedad, un grupo de los habituales y varios desconocidos mantenían una reunión. Por motivos que desconocemos, al ruido de una detonación le siguió una bala que terminaría aloja dándose  en la pierna de uno de los asistentes evacuado con urgencia al hospital. Interviene la policía que procede a realizar un registro. Fueron encontradas cuatro pistolas, varios cargadores y cachiporras de hierro, y tras tomar declaración a varios testigos, se procedió a la detención y puesta a disposición judicial de los allí presentes, entre ellos el músico Joaquín Villatoro y 10 más. El juez encargado decretó el ingreso en prisión de siete de ellos, mientras que Villatoro y otros quedaron en libertad.
   La Sociedad Fomento de las Artes mandó la siguiente carta a la prensa:



   Todo este entramado sociocultural, que emanaba  desde la Sociedad Fomento de las Artes, seguiría funcionando con normalidad, a pesar de las amenazas de la extrema derecha, hasta que la fracasada huelga revolucionaria de octubre de 1934 y la posterior represión  mandó a la izquierda revolucionaria a la clandestinidad.
   No tenemos noticia alguna de Joaquín Villatoro  durante estos años. Seguiría relacionándose con el mundo del arte y la cultura. En la muestra que presenta el escultor Santiago Almela en el Círculo de Bellas Artes (Abril 1935) se  expone un busto suyo lleno de serenidad.
   Las siguientes noticias son ya posteriores al 18 de julio. Como firmante del Manifiesto de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura (30 de julio) y un poco después como integrante de la sección de música del Altavoz del Frente.

El Sol 5-9-1936


16 diciembre 2010

HISTORIA PARA TIEMPOS DE CRISIS

   
   Recientemente, en un establecimiento de una conocida cadena de supermercados, he sido testigo presencial de un hecho insólito y doloroso. Guardando la cola, un señor que me precedía en el turno, llegado el momento de efectuar el pago, se excuso ante la cajera por no disponer de dinero. Estaba a la espera que le ingresaran el subsidio, de un día para otro, y le ofrecía el DNI como garantía para volver cuando tuviera liquidez.
   La señorita le hizo saber de que no se les permitía fiar, pero se topó con el firme propósito de éste de llevarse el genero, so pretexto de que sus hijos necesitaban alimentarse y no estaba dispuesto a delinquir ni a ejercer de pedigüeño en la vía pública.
   En la cesta llevaba unos cartones de leche, pan, pasta, tomate frito, salchichas, arroz y legumbres. La cajera requirió la presencia del encargado. La mayoría de los allí presentes empezamos a sentirnos incómodos, pero ninguno tuvimos el arrojo suficiente para sacar nuestras carteras. Este hombre se retiro a la oficina con el encargado y desconozco el desenlace final de la historia.
   Este hecho me trae a la memoria aquellas antiguas tiendas de comestibles, más directas y humanizadas, en las que la clientela habitual tenía asegurado el crédito alimenticio, a cuenta de jornales, lo que les permitía superar situaciones de paro y penuria económica. 



   La reciente supresión del PRODI (426 euros) no deja de ser una medida arbitraria y antisocial, ya que los realmente necesitados, los que no dispongan de ahorros ni de respaldo familiar, se verán tristemente condenados a situaciones de exclusión social.
   La palabra hambre, que hoy asociamos a países del tercer mundo o a tiempos pretéritos, la tenemos al acecho.
   Es al pasado al que recurro para denunciar el abuso de aquellos que se han instalado fraudulentamente en el subsidio como ayuda complementaria, frente a la injusticia de quienes necesitándolo verdaderamente se pueden ver privados de él.

   La acción trascurre en la villa cordobesa de Espejo, en el corazón de la campiña cordobesa, durante una coyuntura socioeconómica difícil. En febrero de 1933, los trabajadores agrícolas se verán abocados a una más de las muchas crisis de trabajo que se reprodujeron en el marco de aquella república democrática de trabajadores. La famosa coletilla “que os de de comer la república” ya la venían poniendo en practica los elementos mas reaccionarios de la patronal agraria, que se retraen en la contratación de personal, en un momento en que la desunión entre las diferentes fuerzas que habían traído la república era ya manifiesta.

 Castillo feudal de Espejo

HAMBRE

   Es verdaderamente angustiosa la situación por la que atraviesa la clase trabajadora de este pueblo austero y luchador.
   Bajo su cielo límpido, de un azul purísimo, la tragedia del hambre se hace tangible, amenazando hogares y destruyendo ilusiones. De día en día el número de los parados aumenta considerablemente. Por doquier llegan a nosotros manos implorantes que confían en la caridad ajena para acallar las voces temblorosas de sus hijos hambrientos.
   Niños lívidos, macilentos, luciendo entre harapos la acusación inapelable de sus miembros escuálidos; mujeres jóvenes envejecidas prematuramente; hombres honrados que sufren en silencio la vergüenza ignominiosa de un “ perdóname hermano”, son escenas que vemos todos los días.
   Estallan odios contenidos, se recuerdan injurias y ruge la fiera hambrienta en el cubil de su impotencia. El grito “pan y trabajo” ya no se oye, cansadas las gargantas de repetirlo en vano. Y la crisis obrera culmina en nuestros días.



   Para remediarla se ha establecido un comedor de caridad, pero es insuficiente. Los parados engrosan las listas de manera alarmante y todos no pueden participar de sus beneficios.
   De seguir así, será necesario condimentar alimento para el pueblo entero.
   ¿Es que todos en Espejo gimen bajo las garras fatídicas del hambre?
   ¿Por qué entonces centenares de personas retornan del comedor a sus hogares, con el estomago vacío y el rencor en sus pechos?
   ¿Acaso la tacañería y el abuso pretenden pescar en el rió revuelto del desconcierto actual?

   A mis oídos han llegado dos relatos, opuestos en un todo, que refleja fielmente la situación tristísima de nuestro pueblo.
   Uno de ellos trágico y doloroso, cual la humanidad misma. El otro, cínico como la realidad imperante:

Relato primero:

   Una casa humilde de obrero. Un matrimonio y cinco hijos que piden pan. El marido ha implorado vanamente la caridad de sus semejantes y regresa dolorido, abrumado por el peso de aquel desvió. Las criaturas claman inútilmente, desgarrando con sus gritos las entrañas de su madre que llora. El hombre cavila. En estas circunstancias se dibuja en el dintel de la puerta la silueta de otro trabajador que con su bestia cansina, transporta el hato de un cortijo cercano. Y con él el pan tan ansiado. Corre el padre infeliz. Lo detiene, le pide dos panes y ante la negativa del hatero, los toma por su propia cuenta. A la hora escasa, la guardia civil en cumplimiento de un deber como consecuencia de una denuncia, presentada legalmente, procede a la detención del ladrón, entre los gimoteos de la esposa y los ojos asombrados de los muchachos que se preguntan llorando, que delito ha podido cometer su padre.

Relato segundo:

   Otro hogar humilde. Pero aquí los hijos no lloran, ni piden acuciados por la necesidad. Un matrimonio con idénticas características que el anterior; mas éste ha comido bien y la satisfacción brilla en sus semblantes. ¿La causa? Hace pocos días mataron su marranito y su despensa no está vacía. Además, aún le quedan unas gallinas en el corral para casos extremos. Eso es todo…Llega una vecina. Viene desolada. Se ha terminado la comida en el comedor de caridad y solo dan pan para remediar el hambre. El marido sonríe. Sale y al momento vuelve con dos panes bajo el brazo. A la noche se ahorrarán una peseta con cuarenta céntimos que tanta falta hacen en estos tiempos de penuria. Su mujer le felicita. Ha tenido un buen acuerdo. La guardia civil no va a buscarle como el del anterior relato…

Y los verdaderamente necesitados sufriendo en silencio tanta injusticia.

José de Aris
Espejo. Febrero de 1933.


   No faltará quien, tras leer estos párrafos los tilde de caducos, trasnochados, sensibleros o demagógicos. Pero desde mi punto de vista, con un lenguaje claro y conciso, su autor, intenta y consigue poner en evidencia la condición humana, propensa a la insolidaridad en situaciones de crisis.



   Me apetece terminar la entrada volviendo a la situación actual en la que mandatarios, mandarines y aspirantes a serlo, no terminan de ponerse de acuerdo sobre el como afrontar la crítica situación reinante. Es mas, su acción parece limitarse a  hipócritas y torticeras luchas electoralistas. Parece lo normal, entre una clase política cada vez mas desprestigiada y alejada de la problemática real de la ciudadanía. Su presunta vocación de servicio a la sociedad hace ya bastante tiempo que derivó en una actividad profesional reglada. Señores profesionales de la política,  rentabilicen sus jornales, sean productivos. No vaya a ser, que cualquier día, el empleador ( PUEBLO) por hartazgo o por rebeldía les mande al paro sin subsidio.

12 diciembre 2010

Loterías con Historia.



   Ante la incertidumbre generada por la crisis, el paro, la devaluación salarial, las subidas impositivas y los mensajes catastrofistas con los que nos machacan a diario determinados medios de comunicación, la lotería de navidad se convierte un año mas, en ese impuesto voluntario con el que tradicionalmente contribuimos a generar ingresos para el erario publico a cambio de un porcentaje de ilusión.
   Según los economistas,  la salida de la crisis pasa por un aumento del consumo. Insto, por solidaridad, a los ciudadanos con buen nivel de ingresos y remanentes bancarios que hagan un esfuerzo y se lancen al voraz consumismo navideño. Aunque la mayoría de los españoles tendremos que dejar a un lado el “Mon Cheri” y el “Ferrero Rocher” (a los que estábamos acostumbrados) y retomar el tradicional polvorón navideño (a no ser que nos toque la lotería).

   Fue el año de 1892, el primero en que se utilizó la denominación oficial de “Sorteo de Navidad” en la lista de premios, pero hasta 1897 no se incluyó su nombre en los décimos de lotería. Tuvo gran acogida entre la población y se convirtió pronto en la gran esperanza de los españoles para enriquecerse o salir de situaciones difíciles.
   En 1904 Doña Manolita de Pablo, una bella y carismática mujer de 25 años, abre junto a sus hermanas una administración de loterías en la calle San Bernardo de Madrid. Sus primeros clientes fueron principalmente estudiantes, que antes de partir de vacaciones para sus respectivos domicilios de origen se pasaban por su establecimiento a comprar lotería y de paso reparar en su espectacular belleza.




   En ese mismo sorteo de 1904 el Gordo recayó en el número 15.162 premiado con 5.000.000 millones de pesetas al billete y 500.000 al décimo. Muy repartido entre obreros marítimos y portuarios del Grao de Valencia.



   El Cuarto Premio, 22. 954, también marinero, fue vendido íntegramente en la administración nº 6 establecida en la Cortina del Muelle de Málaga, comprado por los Hermanos Gómez, dueños de un antiguo e importante establecimiento de tejidos de la capital malagueña. Siguiendo la costumbre de la casa se quedaron con dos decimos, otro lo jugaron entre los empleados, otro lo adquirió un representante de la casa Salvatierra de Barcelona, enviando el resto a sus corresponsales. Las provincias de Córdoba y Jaén se iban a beneficiar de las relaciones comerciales de esta casa malagueña: Fernando Ruiz Cano de Martos, Leocadio Santaella de Puente Genil, Gabriel Benítez de la colonia agrícola de San Martín del Tesorillo (Cádiz), Pedro Galán de Adamuz, Francisco S. Ruiz de Castro del Río y Bernabé Galán de Valenzuela fueron los depositarios de los seis décimos restantes premiados respectivamente con veinte mil durazos del ala.


   Aunque he indagado sobre el agraciado castreño no tenemos noticia alguna sobre él. 
   Optaría por la prudencia y el anonimato, no trascendiendo detalles a la prensa provincial.
   Si, de las 100 pesetas jugadas en Valenzuela (Córdoba). Su depositario Bernabé Galán Barcia no era comerciante, sino un joven de 26 años de edad, natural de Adamuz, Doctor en Teología, que acababa de hacerse cargo de la parroquia de esta villa cordobesa. El décimo le llegó a través de su hermano Pedro que trabajaba como dependiente en el susodicho comercio malagueño. Las participaciones se distribuyeron entre parroquianos:
  • Sr. Cura párroco 20 pesetas.
  • Don Manuel Mancilla Arroyo, cura coadjutor, 35 pesetas.
  • Don Juan José Ruiz Cámara, sacristán 1º, 3,75 pesetas.
  • Don Antonio Horcas Montilla, sacristán 2º, 5 pesetas.
  • Don Juan Barcia Serrano (tío del cura), organista ciego, 5 pesetas.
  • Don Juan García Porcuna, ayudante del organista y también ciego, 5 pesetas.
  • Monaguillo 1º 2 pesetas.
  • Monaguillo 2º 1,50 pesetas.
  • Doña Maria Isabel Porcuna Olivan (devota), 5 pesetas.
  • Doña Maria Providencia Susín López (devota), 5 pesetas.
  • Doña Isabel María Montilla Gordillo (devota), 2,50 pesetas.
  • Don Juan Serrano Gallardo, amigo del párroco, 2,50 pesetas.
  • Don Ildefonso Sánchez García, amigo del sacristán 1º, 1,25 pesetas.
  • Asociación de Hijas de María (recién constituida), 6,50 pesetas, procedentes de las limosnas obtenidas por las niñas.

Antigua Iglesia Parroquial de Valenzuela
Demolida a mediados de los años 70

   En la misa del gallo de aquel año en Valenzuela “se cantaron los maitines con alegría inusitada y el Niño Jesús fue mas vitoreado que otros muchos años”.
  
   Para hacernos una idea de la magnitud del premio, el monaguillo segundo que jugaba 1,50 pesetas le correspondieron 1500 (equivalentes a 600 jornales de siega, casi 4000 panes familiares de a kilo o 160 arrobas de aceite fresco).
   El sacristán segundo con sus 5000 pesetas hubiera podido comprar 20 ruchos o 4 yuntas de mulos.

   El sacerdote Bernabé Galán pertenecía a una familia de acaudalados propietarios de Adamuz. Su padre había sido alcalde y jefe local de los conservadores. Al menos, hasta 1919 siguió ejerciendo el sacerdocio y era propietario en su pueblo de un caserío conocido por “Rojano”. En la década de los veinte se desprende de la sotana y contrae matrimonio.
   Ya en la década de los treinta en un contexto de guerra civil le volvería  a tocar la lotería. Detenido en Adamuz por derechista, es conducido junto a un numeroso contingente de paisanos a la Catedral de Jaén, convertida en cárcel.



   El 11 de agosto de 1936 fue incluido en la segunda expedición de “Trenes de la muerte” que partió de Jaén con destino a la prisión de Alcalá de Henares. Dicha expedición fue asaltada en la estación de Santa Catalina (Madrid). La Causa General incluye el testimonio Antonio Galán Pastor, su hijo, superviviente de aquella matanza:
 
   “El que suscribe estuvo formado con su padre Bernabé Galán Barcia el cual al llegar al sitio donde había de ser fusilado dijo: donde me coloco, y le pusieron a mi derecha; fueron montados los fusiles y estando apuntados para matarnos un camarada de los que habían salvado destacándose del tren dijo: ¡Que vais a hacer, si son compañeros nuestros, todos trabajadores! Y entonces dispusieron dejarnos salvos, y a partir de ese instante ya no continuaron la matanza”.


   La historia se presta a la moraleja, pero como no soy demasiado propenso a moralizar, bastante tengo ya con intentar desprenderme de mis propias miserias, me limitaré a recomendar a los supersticiosos aficionados al juego de la lotería, que todavía están a tiempo de hacerse con el 22.954 con el que fueron agraciados, hace ya mas de un siglo, este grupo de vinagorros clericales, coetáneos de aquellos otros que buscaban riqueza y tesoros en el patio del castillo de Torreparedones. Es por si le da la pita al palo. Yo mañana mismo empiezo a buscarlo.

08 diciembre 2010

Fonda "La Esperanza" (1924-1957).



C/ Ramón y Cajal (Porcuna).
Dibujo de Manuel Bueno Carpio sacado de una fotografía de 1942

Fernando Delgado (1930-2009)

   Las entradas dedicadas a la familia del actor Fernando (Martínez) Delgado nacido en mayo, como las flores, del año 1930 en la habitación nº 2 de la Fonda la Esperanza, calle Ramón y Cajál nº 13 de Porcuna (Jaén),  han conformado un exagerado preámbulo utilizado como simple pretexto para ocuparme de la historia de mi familia, que, aunque no subieron nunca a un escenario, han pasado a la memoria colectiva de Porcuna por su arte y gracejo.
   La verdad sea dicha, he disfrutado bastante adentrándome en los entresijos de aquel mundo del teatro para mí desconocido. La curiosidad se suele saldar con aprendizaje. Creo que ha merecido la pena.
   Si para la elaboración de las trayectorias profesionales de este linaje de cómicos españoles he podido disponer de las informaciones teatrales recogidas en los diarios y revistas de la época, para la mía dispongo casi exclusivamente de un álbum de fotografías, de testimonios orales y de las noticias grabadas en mi memoria que me trasmitieron mis padres, a pesar de su prematura desaparición. También en  las hemerotecas digitales y en publicaciones locales he encontrado alguna información, que iré derramando en estas páginas que les dedico.

   El alma mater de este negocio fue mi abuela Ana Espinosa Párraga. Me cuentan que era una mujer dinámica y emprendedora, que con el concurso de su esposo Felipe Heredia Santiago a) Birón y carpintero de profesión, hacia mediados de la década de los 20 se embarcan en esta empresa ante la carencia de alojamientos de hospedaje medianamente dignos. 

 Ana Espinosa Párraga

 Felipe Heredia Santiago "Birón"

   Fue mi abuelo reputado maestro en su oficio fue el encargado de fabricar el mobiliario necesario (camas, mesitas de noche, armarios, palanganeros, perchas, sillas, mesas, cuadros...). Para decorar el comedor enmarcó unas litografías alusivas al descubrimiento de América.
   Hace algunos años, con motivo de cierta restauración casera, descubrimos en el interior de uno de los cuadros una pequeña nota escrita con lápiz de carpintero sobre papel de estraza que decía: “Estos marcos fueron fabricados por el maestro Felipe Heredia y su aprendiz ? el año 1924”.


 

   Reintegrada a su lugar original y  olvidado el cuadro que la alojaba, por pereza manual, hemos desistido de su búsqueda que hubiera quedado bien para ilustrar la entrada y certificar el arranque del negocio hostelero.
   Las riendas del establecimiento, por carácter, las llevara mi abuela. Era una persona afable y cariñosa, que trataba a sus huéspedes como si fueran miembros de su familia. Sus habilidades como costurera las utilizó para proveerse de lo preciso para poner en marcha el hostal.
   La plantilla de personal estaba compuesta por una cocinera, una mujer encargada del servicio de habitaciones y de un botones, que además de hacerse cargo del equipaje de los huéspedes, ayudaba en el comedor.
   Tuvieron tres hijos Manuel, Felipe y Encarnación (mi progenitora).
  
  
   Ésta, heredó de su abuelo materno el apodo Mazantini. Con motivo de un viaje que realizó a la Feria de Málaga tuvo la oportunidad de ver torear al mítico e ilustrado torero. En reuniones de amigos, tabernas y barberías, ante sus reiteradas referencias y alusiones a la grandeza y arte de aquel torero terminaría siendo bautizado con tal remoquete, que al heredarlo mi madre se transformó en Mazantina (“Encarnita la Mazantina”).

    

   Sus hermanos varones, Manuel y Felipe, nacidos en 1912 y 1919 respectivamente, por aquello, del acostumbrado trato con los artistas que se albergaban en la fonda, desarrollaron por contagio cierta faceta cómica:

 Manuel Heredia Espinosa (1912-1992)

    Felipe en alguna que otra ocasión participaría en funciones teatrales de aficionados presentado como el célebre excéntrico "Jaimito Birón":



   Manuel, a la temprana edad de doce años ingresó en el Seminario Conciliar de Baeza, pasando con posterioridad al de Jaén donde obtiene el título de Bachiller Eclesiástico. Abandona la vocación sacerdotal y regresa a Porcuna donde colabora con el negocio familiar, mientras prepara oposiciones al Cuerpo de Investigación y Vigilancia de la República, al que consigue acceder en 1935 siendo su primer destino Córdoba. Por fuentes orales conocemos que durante ese periodo militó y mitineó en el seno de la agrupación local de la Juventud Socialista.
   Su posterior carrera profesional es sobradamente conocida en Porcuna, jubilándose como Comisario Jefe del Cuerpo Superior de Policía en Córdoba. Gran aficionado a las antigüedades, a la historia y costumbres de su pueblo, publicó numerosos artículos en la revista de feria, trabajos más extensos en el Boletín de la Real Academia de Córdoba y en el Instituto de Estudios Jiennenses, y recopiló cuanta información pudo para su Historia de Porcuna, publicada después de su muerte.

Felipe Heredia Espinosa (1919-1941)

   Felipe, compaginaba el aprendizaje del oficio de su padre con la siempre imprescindible ayuda en el hostal. Adquiere cierta celebridad a nivel local por sus ocurrencias. 

  En cierta ocasión, se hospedaba en la fonda un artista de circo que portaba en el hombro un mono de compañía. Trabó amistad con el simio, ganándose pronto la confianza de su dueño,  que delegó en él para su cuidado y custodia, mientras en unión de otros artistas peregrinaba por las tabernas del pueblo (desconozco si en aquella época los animales tenían vedado el acceso a los establecimientos públicos). En un ambiente de compenetración y camaradería compartió con el monito copitas de aguardiente dulce, de su misma marca, alcanzando éste un estado de excitación incontrolable. Visitó a una velocidad endiablada, todas y cada una de las habitaciones y dependencias de la fonda, provocando la lógica alarma entre los alojados que descansaban en sus habitaciones. Ni el propio dueño del animal, a su regreso, pudo controlarlo, perdiéndose por los tejados. Al día siguiente, tras pelar la mona, regreso mansamente junto a su amo.
   De mozuelo, tenia por costumbre reunir en una casa almacén que tenia su padre en “La Riverilla” una autentica rehala de perros abandonados, que cuidaba y alimentaba con un propósito jocoso y jaranero. Llegada la temporada de las bodas, aquellos cortejos nupciales de a pie compuestos por novios, familiares y vecinos invitados al convite, convenientemente pertrechados con sus mejores galas, solían pasar por la calle Ramón y Cajal en dirección o de vuelta de la Iglesia Parroquial. Era el momento elegido para arengar a los perros, que con su correspondiente lata atada en el rabo sembraban el desconcierto entre los transeúntes. La broma llego a alcanzar tal fama, que los días de boda los vecinos se apostaban en las esquinas de la calle esperando el momento de la cencerrada perruna.

Carrera de Jesús. Años 30.

   Con la guerra civil se interrumpirá la explotación del negocio familiar. Mi abuela y mi madre, una niña de 8 años que acababa de hacer la primera comunión, ante el peligro de los bombardeos con que era hostigada Porcuna durante el periodo de dominación republicana, y el miedo al moro mercenario, tan propagado entre la población, se refugiaron en Jaén donde pasaron el resto de la guerra. Mi abuelo, optó por permanecer en la casa custodiando sus propiedades y enseres.

   Mis tíos, sin embargo, se implicaron con el bando nacional. El mayor, Manuel, al triunfar el golpe en la capital cordobesa se pondrá al servicio del nuevo régimen. Su hermano Felipe, un mozuelo de espíritu alegre y jovial, que pasaba unos días en Córdoba cuando se inició la guerra, se enroló como voluntario en las milicias de Falange y la pasó peregrinando por diferentes frentes de batalla.
   Mi abuelo, que no era político, a pesar de tener dos hijos en el otro bando, fue respetado por las milicias republicanas. Sin embargo, tras la toma de Porcuna tuvo que poner su casa a disposición de los ocupantes. Todos y cada uno de los relojes despertadores, ubicados sobre sus respectivas mesitas de noche, de las 10 habitaciones con las que contaba el hostal desaparecieron entre chilabas y macutos de la fuerza ocupante.


   Con el fin de la guerra, se reencuentra la familia y se vuelve a poner en marcha el alojamiento. Serán necesarias nuevas inversiones para paliar el pillaje cometido por requetés y beréberes: sabanas, mantas, colchas, toallas, mantelerías y otros enseres. La abuela, volverá a encargarse de su reposición. Su  proveedor oficial de telas y gran amigo, el popular comerciante de tejidos Jesús Gonzalez a) Pistolica, instalado con un establecimiento del ramo en la calle Torrubia.
   Su afán renovador no quedó ahí, y para que el establecimiento ganara en relumbrón y empaque, vistió a las mujeres del servicio con unos grandes mandilones blancos. Con una tela de paño azul marino confeccionó un primoroso traje con botones dorados y gorra de plato con las iniciales H.E. grabadas en oro en el frontal de la misma, para el mozo encargado del cometido de recoger a los viajeros. Si ya de por si, el traje era suficiente reclamo para hacerse de las maletas de artistas y viajantes, cuando estos bajaban en la Carrera, donde tenia su parada el autobús de línea, este pregonaba estribillos publicitarios del tipo: “La Esperanza, fonda la Esperanza, donde por poco dinero se llena la panza”.
   Con mucho esfuerzo el negocio volvería a ser rentable. A cuenta de las arcas municipales se alojaron  en la fonda varios oficiales de los designados para formar parte del Tribunal  Militar encargado de enjuiciar mediante sumarísimos de urgencia a los porcunenses derrotados.



   El maestro carpintero aquejado de una cruel y larga dolencia dejaba de existir en el mes de marzo de 1940:

Azul de Córdoba (12 de marzo de 1940)


   Ocho meses más le duró la vida al menor de los varones del carpintero fallecido. Felipe, hallándose reunido en el cuartel de falange ubicado en el nº 14 de la calle Castillo muere como consecuencia de los daños causados por un disparo de arma de fuego el 3 de noviembre de 1941. Despedido con honores, su entierro fue todo un acontecimiento en aquella Porcuna de posguerra. Recuerdo perfectamente esa pistola y el traje de falangista guardado en un viejo arcón en la habitación más recóndita del ya desaparecido hostal, a la que mi hermano y yo subíamos a los amigos para mostrarles el arma, a pesar de tenerlo terminantemente prohibido por nuestra madre. La versión de los hechos que circuló entre la familia, fue la de una traicionera bala ubicada en la recamara que se escapó mientras limpiaba el arma. Después, han llegado hasta mis oídos diferentes versiones: suicidio, ajuste de cuentas…  Aunque todo apunta a una imprudencia temeraria.
   
   Ana Espinosa supo sobreponerse y continuó con el negocio.




   De esta segunda etapa, si disponemos de testimonios de primera generación aportados por mi vecina Amelia que vivió de primera mano cuanto allí acontecía.
   Había dos clases de huéspedes: los estables y los transeúntes.
   Entre los primeros a destacar al joven fotógrafo Cesar Cruz,  recién instalado en Porcuna y que estuvo alojándose en la fonda hasta contraer matrimonio. Muchas de las fotografías de mi álbum familiar salieron de su objetivo. Trabó una gran amistad con mi familia que se perpetuó con el tiempo. Una muestra de su arte, un retrato a contraluz de mi madre aún soltera:

 Encarnación Heredia Espinosa (1928-1970) "La Mazantina"

   También fueron huéspedes, el médico y posterior alcalde durante los últimos años del franquismo, don Juan Zofío López-Mezquita, don Pedro el del Silo, y dos químicos empleados de la Cibasa.


   Entre los transeúntes predominaban los viajantes de comercio que llegaban con grandes maletas muestrario, los cobradores de la contribución y los artistas. Tras la crisis de subsistencias del 45, la lana llego a alcanzar un precio elevadísimo. No faltó quien, alojándose con maletas llenas de jirones de ropa vieja, aprovechándose de la nocturnidad, sustituía éstos por la lana de los mullidos colchones.
  Entre la amplia nómina de profesionales de la farándula que se alojaron en ella podemos citar a la Niña de la Puebla, Juanito Valderrama, el Príncipe Gitano, Florita Bautista (con el tiempo Conchita), las Hermanas Guerrero y un sin fin de compañías de revista y variedades.
   Para los cabezas de cartel se reservaba la habitación nº 2 que disponía de un amplio armario, era más grande, más fresca y mejor ventilada.
   Estas actuaciones coincidían normalmente con la temporada de verano. Como mi abuela Ana, a su pesar, no podía asistir a las representaciones, por la noche en un amplio patio enlosado de piedra, refrescado con agua del pozo, invitaba a los artistas a un refrigerio, organizándose veladas improvisadas a las que solo tenían acceso un reducido elenco del vecindario y que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada.




   Lógicamente aquellas tiples despertaban la curiosidad de todo el pueblo. Como en aquellos tiempos no se estilaba aun el secador de pelo, estas mujeres para tal menester cruzaban al patio de la vecina casa de Juana Heredia “Pinorra”, donde daba el sol durante todo el día. El trafico de curiosos en la calle Ramón y Cajal aumentaba considerablemente, para captar la fugaz instantánea del cruce de calle de estas despampanantes mujeres.
   Se tenía por costumbre celebrar fraternalmente la Nochevieja,  reuniéndose propietarios, trabajadores, huéspedes y la vecina Juana (viuda de guerra) con su numerosa prole, que era como de la familia. En cierta ocasión uno de los huéspedes hipnotizó a Amelia Millán Heredia ante el asombro de los presentes.

El relevo generacional

Mis padres y la última plantilla de trabajadores del Hostal
Jacinta (cocinera), Salvador (botones) y Manuela (limpieza)

   Tras contraer matrimonio, mis padres intentaron en vano darle continuidad al negocio. Las instalaciones con el tiempo habían quedado un tanto obsoletas y  requerían de urgentes reformas. La competencia ya venia ejerciendo como tal desde hace algunos años (Hostal Videla). La progresiva proliferación de vehículos automóviles repercutirá negativamente sobre su futuro.



   Sus principales clientes, agentes comerciales y artistas, se apuntaron a la nueva moda, lo que terminaría por hacer inviable el negocio. Se estuvo utilizando un tiempo para la celebración de bodas y banquetes, hasta su cierre definitivo a finales de la década de los 50.

   La habitación nº 2, en la que naciera Fernando Delgado, todavía durante algún tiempo sería solicitada, y cedida generosamente, a parejas de recién casados de origen humilde para su noche de bodas, antes de partir para la emigración donde fijaban sus domicilios definitivos.
   A la postre, terminaría convirtiéndose en una espaciosa casa de familia en la que me crié junto a mis padres y hermanos, y una chacha teresiana sorda (Sacramento Espinosa Párraga) que pasaba temporadas con nosotros. La habitación nº 1 se convirtió en el despacho comercial y administrativo de mi padre, la nº 2 mas fresca y mejor ventilada la idónea para sobrellevar las calurosas noches del verano, la nº 3 reservada para las visitas que con el tiempo transformaría en  mi dominio particular, la nº 4 ropero y cuarto de la plancha; las 5 y 6 ,en una especie de entreplanta, se utilizaron como trasteros; el resto de las habitaciones, en la segunda planta, desde la 7 a la 10 quedaron diáfanas y sólo se usaban para tender la ropa los días de humedad, menos está última donde su ubicaba “el arca prohibida” que contenía la ropa, los correajes y la pistola del desaparecido falangista.
  Hace un año, descubrí en la página de L.M Sánchez Tostado sobre la “Guerra Civil en Jaén” el nombre de Felipe Heredia Espinosa relacionado como víctima del franquismo. Llegué a elucubrar que pudiera haber sido asesinado por valerosos afines a sus ideas. Con la partida de su defunción en la mano, me percaté de que todo obedecía al error apriorístico cometido por algún investigador, que al asomarse a los datos suministrados por el registro civil relacionó la fecha con la causa de la muerte y se la endonó a los vencedores.


   Hasta hace poco ha permanecido inscrito su nombre en el monumento que se erigió en memoria de las víctimas de la represión franquista en el cementerio municipal de Porcuna. Puestos sobre aviso los promotores del mismo, lo cubrieron con una disimulada plaquita de mármol blanco. Aunque sigue infiltrado en otro de carácter comarcal que existe en Martos.
¡Paradojas de la Historia!