Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

23 agosto 2012

PORCUNA: EL TREN QUE NUNCA LLEGÓ (1ª parte)



     A lo largo de la primera década del siglo XX, por dos veces, aparecería el nombre de Porcuna incluido dentro de los planes de ferrocarriles secundarios elaborados por el Ministerio de Fomento. Nos estamos refiriendo a los 65 kilómetros de vía que hipotéticamente deberían haber unido las poblaciones de Pedro Abad (Córdoba) y Martos (Jaén), con estaciones intermedias en Bujalance, Cañete de las Torres, Porcuna, Santiago, Higuera de Calatrava y Valenzuela.

     La expectativa, lógicamente es bien acogida entre autoridades y fuerzas pudientes de las respectivas localidades, ya que posibilitaría romper con el tradicional aislamiento de la comarca, facilitaría el tránsito y abarataría considerablemente el transporte de sus producciones agrícolas (cereales, aceite y legumbres).


     Una primera intentona, la del año 1904, no fue mucho más allá de una reunión inicial preparatoria en la que participaron delegados de todos los pueblos. Se celebró en  Porcuna el 12 de septiembre de 1904. Los comisionados de Bujalance y Porcuna, con mayor peso numérico en aquel conclave, son quienes parecen mostrar mayor interés en la consecución del fin propuesto. La Asamblea, celebrada en el salón de sesiones del Ayuntamiento, estuvo presidida por el veterano político liberal de Porcuna, ex presidente de la Diputación de Jaén y ex gobernador civil de Gerona, Juan de Mata Dacosta Ollero:

     “El señor Dacosta, con fácil y correcta palabra, explico el objeto de la reunión, que consistía en discutir y acordar los medios más conducentes para que la línea de ferrocarril secundario, que tantos beneficios ha de reportar a estos pueblos, forme parte del plan general y sea un hecho su construcción. Acordaron, en principio, para proponerlo a las respectivas corporaciones municipales, que por estas entidades se ofrezca al Estado contribuir con una participación para ayudar al pago, en su caso, del cuatro por ciento que como subvención señala a las empresas que se hagan cargo de la obra.
     El presidente de la mesa hizo un minucioso examen de la riqueza de nuestra región y por los datos estadísticos del trafico en ella, puede deducirse y tenerse la seguridad de que ni al Estado ni a los Ayuntamientos les sería gravosa esta línea, que producirá con exceso el interés del capital que en ella se invirtiera.
     Fundándose en tales cálculos y estimando que la suma que se presupueste para subvención será nominal, los allí reunidos ofrecieron gestionar también la concesión de cantidades y terrenos con el fin de estimular a las compañías en el remate de este trayecto”.

     Aquella comunión de intereses, como no podía ser de otra manera, se remató con el hospitalario y protocolario banquete, quedando emplazados para una nueva junta a celebrar en la villa de Cañete de las Torres para el 22 de ese mismo mes. El cronista (el agrarista Antonio Zurita Vera, corresponsal del diario de Córdoba en Bujalance) en el apartado de agradecimientos, refiere las atenciones dispensadas por parte de “nuestro querido amigo el rico propietario de aquella villa Don Luis Aguilera y Coca” (era bursavolense por línea materna).
     Pese a la campaña periodística orquestada por Juan de Mata Dacosta en pro del proyecto, la predisposición colectiva se derrumbó casi de inmediato. La planificada reunión de Cañete no me consta que llegara a celebrarse. Discrepancias en cuanto a su trazado definitivo y especialmente la pertinaz sequia, que por esas fechas ya había arruinando prácticamente la cosecha de aceituna, aparece como principal responsable de que aquella justa ilusión se difuminara.

     Superadas las crisis agrícolas y de trabajo de los años de 1905 y 1906, un nuevo plan general vuelve a incluir el trazado. Otra vez, Porcuna y Bujalance serán quienes crucen cartas para ponerse de acuerdo a la hora de emprender la campaña en pro de tan beneficiosa obra.

     Una primera asamblea de delegados locales se desarrolla en Bujalance el 16 de julio de 1908 “al objeto de cambiar impresiones sobre las facilidades y sacrificios a los que están dispuestos los respectivos municipios, con el fin de estimular a las empresas y que sea un hecho la construcción del proyectado ferrocarril”. El informante (Zurita) se hace eco de “que fue estimada por todos la conveniencia de que los delegados con poder en sus municipios celebrasen una sesión al fin de que los acuerdos fuesen definitivos y obligatorios, dándose terminada la asamblea con la promesa solemne de robustecer estos vínculos de amistad, nacidos al calor de una idea tan santa como es la de redimir a estos pueblos del aislamiento en que se hallan. Desde las clases más acomodadas hasta el proletariado, que será el primero en recibir los beneficios, ven en esta mejora una transformación completa de todos los órdenes de la vida”.
     Se adopta una estrategia similar a la ya emprendida en 1904: “Después de una discusión inspirada en el buen deseo de conciliar todos los intereses se acordó como definitivo suministrar inmediatamente, en la proporción convenida, los fondos necesarios para que empiecen los trabajos técnicos de estudio, y ofrecer, para en su día y con las condiciones necesarias, pagar todos los gastos a que asciendan las expropiaciones de terrenos que ocupe referido ferrocarril”.

      Se acordó igualmente remitir telegramas a los representes en las Cortes de ambas provincias comunicándoles el resultado de la reunión y solicitando su valiosos concurso.
      Durante el reglamentario banquete, “en el que reinó la general satisfacción y alegría”, los comisionados volvieron a ratificarse en su propósito de no retroceder hasta ver realizadas sus justas aspiraciones.

Casa Consistorial de Bujalance
     El 11 de agosto de 1908 tiene lugar en Porcuna una nueva reunión de delegados de los pueblos mancomunados en torno a aquel proyecto. Para entonces, ya se había constituido una junta rectora bajo la presidencia del delegado de Porcuna Juan de Mata Dacosta, actuando de tesorero el de Bujalance, el cronista-corresponsal y acaudalado labrador Antonio Zurita Vera. Asistió a la reunión el ingeniero de caminos Diego Lanzas Gámez, con el que se ultima un contrato en virtud del cual quedaba encargado de realizar los estudios del indicado ferrocarril y obligado a entregarlos terminados al día 30 de noviembre.
     La noticia, que nos la proporciona el diario "La Regeneración de Jaén", adjudica un especial empuje y tesón en la materialización del proyecto al diputado a Cortes por Martos, Miguel del Prado y Lisboa “Marqués de Acapulco”, quien ostentara la representatividad del distrito durante tres legislaturas consecutivas (entre 1903 y 1910).  
     El tesorero de la junta mancomunada (Zurita), desde las columnas del Diario de Córdoba, ratifica y reincide en los desvelos del aristocrático diputado:

     “La conferencia que hace pocos días celebramos en Madrid sobre el asunto con el Marques de Acapulco nos produjo impresiones agradabilísimas. Todas sus influencias, todos sus entusiasmos y toda su actividad están al servicio de nuestro deseado ferrocarril. El señor Acapulco, que es un aristócrata a la moderna, puesto que estudia y trabaja, tiene todos los cálculos hechos y bien meditado el plan que ha de seguirse para ver satisfechas nuestras aspiraciones”.
    
     Todo indica que el diputado marteño tenia ya comprometido a un ingeniero francés dispuesto a crear una empresa constructora para acometer varios trayectos de ferrocarril secundario, dentro un ambicioso plan general que afectaba a las provincias Córdoba, Jaén y Granada, que permitiría la salida al mar por el puerto de Motril de los productos del interior de Andalucía y viceversa.


     Al poco, el ingeniero Lanzas al frente de una brigada de trabajadores iniciaba los trabajos sobre el terreno. La cosa parecía marchar bien encauzada y a buen ritmo, y se daba prácticamente por hecho el concurso final de la empresa francesa patrocinada por Acapulco.

     En julio de 1909 se celebra en Cañete de las Torres una nueva reunión a efectos de coordinación. Se le comunica a los concurrentes la terminación del estudio y su presentación en el Ministerio para su tramitación. Se entrega al ingeniero, autor del proyecto, la cantidad convenida a la terminación de los trabajos, y se insta a los asistentes a continuar, con el mayor entusiasmo, los trabajos y gestiones necesarias para la que ya consideran casi inminente construcción:

     “Según todos los indicios está a punto de formarse una sociedad en París, a donde ya se ha remitido copia literal del proyecto para su estudio”.

     A mediados de agosto de 1909, el señor Marques de Acapulco, acompañado por José del Prado y Palacio, el sempiterno diputado por la circunscripción electoral de Jaén capital (entre 1899 y 1914), y de los famosos y esperados ingenieros franceses, recorren en una fugaz visita aquellas poblaciones de la campiña de Jaén y Córdoba tan deseosas de llevar a buen puerto aquel proyecto. Sobre su paso por Porcuna y de los agasajos y atenciones de que fueran objeto no disponemos de información. Una vez más, es Zurita Vera quien nos informa con todo lujo de detalles sobre el recibimiento que les tributaron sus vecinos de Bujalance. Sus ansiosas autoridades, llegaron incluso a desplazarse hasta Cañete de las Torres para recibir a la comitiva procedente de Porcuna:

     Entramos en 1910 con el ferrocarril aun en fase de tramitación. Lo extraño es que la solicitud consta a nombre de un señor llamado Juan de la Cruz Pérez Ortega, a quien suponemos representante de la gestante o ya gestada compañía francesa.

    En el mes de mayo de se celebran nuevas elecciones. El Marqués de Acapulco que en un principio iba a volver a encabezar la candidatura dinástica conservadora por el distrito de Martos, fue finalmente desbancado por el liberal Virgilio Anguita, que sería quien si hiciera finalmente con el acta de diputado en dura pugna con el republicano-socialista Eduardo Barriobero (véase enlace sobre aquel proceso).
     Casi inmediatamente después de aquellas elecciones ganadas por los liberales tenemos noticias de que se opera un sorprendente cambio de planes con respecto al proyecto inicial: “Nuevos estudios parecen haber resuelto a la Empresa la adopción de la tracción eléctrica”.

     Sera el propio ex diputado conservador, condecorado con la Gran Cruz del Mérito Agrícola para premiar pasados servicios (había inventado una deshuesadora de aceitunas), quien comunica a Zurita desde Paris los nuevos detalles sobre el estado de las negociaciones con los franceses:


     Durante el verano de 1910 dos brigadas de trabajadores dirigidas por ingenieros franceses estudiaron sobre el terreno el trazado en base al nuevo planteamiento (tracción eléctrica).

     Después de aquello el más absoluto silencio. El propio Zurita, de cuyas crónicas nos hemos servido principalmente para hacer el seguimiento del proyecto, excluye definitivamente de las mismas el tema del tan cacareado ferrocarril. Me da la impresión como si se tapara premeditadamente el desencanto y tal vez algo más. Dejémoslo en elucubraciones: posibles traiciones, irregularidades o desarreglos que pudieran haber surgido en un postrero momento, con los franceses y el marqués como telón de fondo.
    La última noticia de la que disponemos se remonta a noviembre de 1913 en que el ya referido Juan de la Cruz Pérez Ortega, presunto representante de la empresa francesa, se le acepta la renuncia a la concesión de la línea que tenia formulada desde 1909:

Gaceta de los Caminos de Hierro (8 de diciembre de 1913)
     Permítanme que introduzca una hipótesis de sustento guasón para terminar. En el verano de 1911, cuando el Marques de Acapulco pasaba unos placidos días de vacaciones en San Sebastián, su lujoso automóvil sería arrollado por un ferrocarril eléctrico, resultando milagrosamente ileso del choque, mientras que su vehículo lamentablemente sufría importantes daños en la “carroserie”. Cabe la posibilidad, ante el susto, de que a partir de entonces se despertara en él cierta inquina contra los caminos de hierro, que le hicieran desistir repentinamente de aquella entente emprendedora con los franceses. Retomando la seriedad, y con la suspicacia como único argumento, todo este tejemaneje se asemeja bastante a los usuales tráficos de influencias puestos en práctica por los políticos de la Restauración. Todo indica que nos encontramos ante un fallido intento empresarial, que no sabemos hasta que punto afectaría a la para nada maltrecha economía del Marqués de Acapulco. Lo único cierto es que las justas aspiraciones de muchos políticos pueblerinos y de sus administrados quedarían frustradas una vez más (ninguno de los tramos desde Pedro Abad a Motril, llegarían a ejecutarse).

Fuentes utilizadas: fundamnetalmente los artículos de corresponsalía remitidos por Antonio Zurita Vera al Diario de Córdoba durante la primera década del siglo XX.

    El publicista agrario y propietario Antonio Zurita Vera, que formó parte de las sociedades suministradoras de aguas surgidas en Bujalance y Castro del Río, promovidas por los hermanos Gallo García de Linares (José Julián y José María) de Porcuna. Era amigo personal del notario e historiador Juan Díaz del Moral.


Nota: Este mismo tema ya ha sido abordado por el cronista oficial de la ciudad de Porcuna en un trabajo publicado en 1997 (véase enlace a su blog personal), valiéndose de documentos localizados en el Archivo Histórico Municipal de Porcuna. En un principio mi intención pasaba por limitarme a estudiar un ilusorio proyecto de tranvía aéreo-eléctrico entre Porcuna y Andújar que emerge en 1917. Al meterme en antecedentes, es cuando me he percatado de la profusión informativa de las crónicas remitidas por Zurita, que como hemos podido comprobar participó con un papel protagonista en la gestión y promoción de aquellos proyectos, por lo que he considerado conveniente introducir estos nuevos aportes de hemeroteca, complementarios de aquellos de archivo.

(continuará)

02 agosto 2012

LA NIÑA MARÍA



     Inverosímil pero cierto. Quien se nos muestra en la fotografía es la precoz cantaora castreña María Cordobés Quintana “Niña de Castro”, recogiendo de manos de José Tejada Martín “Niño de Marchena” el trofeo de plata que la acredita como ganadora del concurso de cante jondo celebrado en la localidad cordobesa de Baena, aquel mismo que le sirviera de estímulo y apoyo para iniciarse en el difícil mundo del profesionalismo artístico. La fotografía, sacada de prensa gráfica, está fechada en mayo de 1926, por lo que tengo que desechar que fuera durante la feria de octubre como sostenía en la entrada que ya le dediqué en su día, complementaria del extenso e ilustrado trabajo sobre su trayectoria artística publicado por Juan Luis Navajas Carvajal en el libro de feria de Castro del Río del año 2010.
     Le acompaña una corta reseña de prensa:
     “Tan resistente como la forma poética es el “cante jondo”. En Baena premian a la precoz y simpática cantaora María Cordobés que viene a defender los fueros del arte de Juan Breva. El premio consistió en una valiosa copa de plata”.

     De la misma fuente procede una segunda muestra gráfica:



     Es ligeramente anterior en el tiempo, tomada durante el Carnaval de ese mismo año 1926, cuando aprovechando las exitosas actuaciones del “Cojo de Málaga” en el Teatro Cervantes de Castro del Río, el empresario Miguel Porcel Redondo organizara un concurso para cantaores locales con un total de diez aspirantes. La ganadora de las cincuenta pesetas de premio, una precoz niña de 12 años, María Cordobés Quintana que se presentaba como “La Niña María”.
    Tiene toda la apariencia de un posado de estudio. Intuyo, pues no consta pie de foto con marca de autor, que detrás de ambas muestras pudiera estar su tío Benito Cordobés, instalado con estudio y taller de ampliaciones fotográficas en la vecina Fernán Núñez, implicado desde un principio en tareas de promoción artística y como encargado de remitirlas a la redacción de la revista gráfica malagueña La Unión Ilustrada, donde vieron la luz.
Benito Cordobés Herencia (1884-1936)
     Se aprecia una ligera y premeditada mengua en la edad real de la Niña María, por aquello del valor promocional de la precocidad. Nacida en el año 1912, tendría ya sus 14 años o estaría a punto de cumplirlos.

     Al mismo año de su nacimiento pertenece esta curiosa foto de conjunto del gremio de dependientes de comercio de Castro del Río, que salta hasta las páginas de la prensa por la postulación que realizaron en favor de los hijos del pueblo, heridos en la Guerra de Melilla.

     En la fila inferior, impecablemente vestidos y acicalados, se nos muestra toda una retahíla de precoces y vivaces comerciales. Quién sabe si con el tiempo, no fuera alguno de ellos el encargado de suministrar a la Niña María de las telas y abalorios necesarios con los que confeccionar el vestuario para su primera gira como profesional, la realizada durante el año 1927, ya como “Niña de Castro”, precisamente al lado del Niño de Marchena, su descubridor y mentor.
     La fuente de origen de estas fotografías (La Unión Ilustrada de Málaga) se encuentra alojada dentro de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. Es posible de que se trate de una copia digital de baja resolución. Familiares o interesados en obtener copias con mejor calidad deberían de dirigirse a dicha institución. Adjunto referencias para facilitar de camino la labor de aquellos castreños avezados en el uso de programas de retoque fotográfico, por si pudieran obrar algún milagro.

     Concurso de Castro: 5 de marzo de 1926, página 17.
     Concurso de Baena: 21 de mayo de 1926, página 26.
     Dependientes de comercio: 23 de junio de 1912, página 27.


25 julio 2012

Un paseo por la historia del Paseo de Jesús (1845-1936).




     Tenemos noticias de que en el año 1845, siendo alcalde el antiguo comandante del cuerpo de Voluntarios Realistas de la villa de Porcuna, don Cristino Aguilera, fueron emprendidas obras por el municipio con el objeto de construir un “Paseo Nuevo”. Trasciende porque durante las mismas afloraron restos arqueológicos, pudiéndose desarrollar a posteriori una “excavación sistemática” una vez recabada la pertinente ayuda y permisos por parte de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos.
     Aunque en la información, tomada de la prensa histórica, no se especifica ubicación exacta, debe de tratarse del Paseo de Jesús, que ya debía de estar provisto de arbolado, al que se irían incorporando nuevas plantaciones hasta convertirlo en uno de los lugares de recreo más atractivos para aquellos villanos de Porcuna de la segunda mitad del siglo XIX.


     El único testimonio gráfico del que disponemos sobre ese primitivo paseo nos lo proporciona la famosa xilografía del Torreón de Boabdil, publicada en la revista La Ilustración Española y Americana en el año 1884, sacada a su vez de una fotografía original tomada desde el extremo S. del mismo. Podemos reconocer en ella lo que sería su entrada N. en la que se constata la existencia de arbolado joven y la instalación de varios bancos de piedra delimitando los espacios. Algunas previsiones de cosecha y comentarios de toda índole debieron surgir de estas bancadas populares convertidas en auténticos noticieros locales de obligada concurrencia para los vecinos.

     M. Heredia Espinosa en su Historia de Porcuna le dedica un pequeño capítulo a la historia del Paseo de Jesús del que nos vamos a servir para contextualizar una serie de detalles extraídos de la fotografía que mostramos a continuación.

Paseo Jesús (1914-1915) - Porfolio fotográfico de Andalucía
     En 1894, siendo alcalde el liberal Don Luis Aguilera y Coca, se procede al  derribo de los muros y traslado del antiguo cementerio ubicado junto a la Iglesia de Jesús. Con esta medida el paseo ganaría considerablemente en extensión, salubridad y tranquilidad para los paseantes/as afectados/as  por la necrofobia.
     En 1899, bajo el mandato del conservador Ricardo Dacosta Ortega, se trazaron nuevas calles y se instalaron nuevos bancos de piedra.

     En 1901, coincidiendo con la llegada de la electricidad, en sustitución de los primitivos faroles de petróleo se colocaron en el Paseo y en la Plaza Mayor candelabros de fundición sobre pedestales de piedra de Porcuna, labrados por el cantero local Luis del Castillo Navas (Niño Luis).

Farola con espadaña de la ermita al fondo
     En estas otras instantáneas, de fecha aproximada o ligeramente posterior, se puede apreciar la disposición de esas farolas distribuidas a lo largo de su calzada principal de piso terrizo, así como los bancos que delimitaban ese espacio rectangular. 
 


     En 1909 se empezaron a instalar quioscos de quita y pon, confeccionados con maderas blanqueadas, que suministraban al vecindario de refrescos y bebidas espirituosas durante la temporada de primavera-verano. Heredia Espinosa recoge hasta los nombres de las personas encargadas de su explotación: Benito Casado García, Manuel Peláez Ramírez  y  Francisco Molina Santiago.



     Más concurrido parece este segundo. Un grupo de personas, acomodadas en sillas de enea, departen en torno a una pequeña mesa de velador protegidos por una frondosa sombra. A la izquierda se puede apreciar la participación de la pareja de la guardia civil delatada por el característico brillo de sus tricornios.


     Otro detalle, nos permite también conocer la fisonomía original de un primitivo andamio de los músicos, ubicado en el mismo lugar en el que estuvo hasta su definitiva demolición a finales de la década de los sesenta. Su altura y aspecto no se corresponde con el que muchos hemos conocido. Parece ligeramente más bajo. Posiblemente se viera sometido a nuevas reformas a lo largo de los tiempos.


     Ese señor que aparece a la derecha, tocado de manera “garrampona” con un sobrero y su marrillo de apoyo, porta a la altura de la barriga, como en bandolera, una navajilla que no se parece en nada a las de pelar las castañas.


     Otra de las funcionalidades históricas del paseo ha sido la de espacio público de juego y esparcimiento para la chiquillería. Los niños más granados que aparecen en esta instantánea, cuya diferente extracción social la delata el vestuario, parecen haber dejado aparcada una partida del tradicional y arcaico juego de "La Pita" a requerimiento del fotógrafo. Obsérvese en primer plano, marro y pita tendidos sobre el terrado. 
    
     Dejando ya de lado esta fotografía, de excepcional resolución, de la que hemos ido extrayendo todos estos detalles, mencionar, que según Heredia Espinosa, los quioscos de madera serían reemplazados con el tiempo por otros de mampostería de mejor gusto estético (no concreta fecha) y que en 1922, siendo Alcalde Don José Santiago Quero, se plantaron pinos, acacias y pimenteros traídos ex profeso desde Granada.
     En torno a 1927, en plena Dictadura de Primo de Rivera, el Coronel retirado Adolfo Barrachina Mancheño, a la sazón alcalde, emprende nuevas reformas en el Paseo de Jesús. Se acondiciona una glorieta en la parte anterior del ejido de San Sebastián (posterior Redonda) donde se instala una pequeña fuente con cuatro ranas que hacían las veces de surtidores (“Glorieta de las Ranas”) y una Biblioteca Pública al aire libre junto a los que terminarían siendo nominados y conocidos con el tiempo como “Pinos Bonitos”, decorados con unos artísticos y artesanos azulejos alusivos al Quijote similares a los existentes en el sevillano Parque de María Luisa. No dispongo de material gráfico para ilustrar estas transformaciones. Nota aclaratoria: en Porcuna un pino es un banco para sentarse.    

     En ausencia de ellas echo mano de esta otra fotografía correspondiente con ese mismo periodo. Se trata de una nueva vista de la Torre Nueva tomada desde el Paseo. Parece proceder de prensa gráfica o alguna publicación local de la época. Colgada y compartida generosamente por la paisana y amiga Manoli Moreno en el muro de Porcunenses por el Mundo, donde últimamente se están mostrando algunos tesoros fotográficos relacionados con la antigua y desaparecida fisonomía urbana de nuestra localidad.
      De los años de la II Republica no dispongo de noticias sobre la realización de obras o transformaciones de envergadura en el mismo. Creo que ni tan siquiera se vio afectado en su denominación original con los típicos cambios operados en el nomenclátor y callejero al inicio del periodo.

     Esta última fotografía procedente del AGA (Archivo General de la Administración), de la que no conocemos su fecha exacta, creo que pudiera corresponderse con esos años anteriores al inicio de la Guerra Civil.

     Se sigue apreciando la incorporación de arbolado. Como novedoso con respecto a las ya mostradas, el hecho de que nos permita apreciar el arranque del pronunciado terraplén del ejido, debajo del cual se distingue el pequeño grupo de viviendas humildes surgidas en torno al pozo del Horcón. Mis incursiones aventureras infantiles en estas casas, ya en su mayoría abandonadas, me permiten certificar la existencia de algunas con estructura de casa-cueva.
     Con el caserío al fondo, a la derecha de una escondida torre de la iglesia parroquial se puede diferenciar el edificio y la torre-campanario del desaparecido convento de monjas dominicas del que apenas si nos ha llegado testimonio gráfico.
     Un nuevo acopio de material fotográfico y documental nos permitirá en un futuro seguir ocupándonos de los aconteceres históricos en torno a este emblemático espacio urbano de la ciudad de Porcuna.
     Esa fotografía de excepcional resolución, de la que he podido extraer toda esa cantidad de detalles mostrados, procede del Fondo de la Casa Editorial Alberto Martín de Barcelona depositado en la Biblioteca de Cataluña.

Véanse comentarios 1 y 2

17 julio 2012

Castro del Río. Julio festivo del año 1915.


Calle Corredera (Joaquín Costa)
     En mi alargado propósito de seguir sacándole partido y contextualizar, de camino, esa colección de fotografías de Castro del Río del año 1915, he tomado una serie de referencias de la prensa histórica, que acompañadas del pertinente aparato gráfico, nos permitirán desentrañar algunos pormenores sobre las tradicionales celebraciones religiosas y festivas que durante el mes de Julio, de ese mismo año, tuvieron lugar en la villa del Guadajoz.


La Virgen del Carmen
En retablo Altar Mayor iglesia parroquial del Carmen
     Se iniciaban el día 9 con la novena en honor de Ntra. Sra. del Carmen, en la parroquia del mismo nombre: “A las seis de la tarde rezo diario del Santo Rosario, letanías, coplas, lectura y sermón”.
     “En estos cultos han ocupado la cátedra sagrada el M.R. padre Patricio Mediavilla, misionero del Sagrado Corazón de María y superior de la residencia de Córdoba, acompañado del coadjutor de la expresada parroquia don Tadeo Millán Moreno, los que han interpretado preciosos temas de la letanía y han ensalzado las virtudes de Nuestra Señora”.
     Se remataban actos y cultos el día 18 con la fiesta grande y procesión:
     “El día dieciocho a las ocho de la mañana fue la comunión de los cofrades siendo muy numerosa y a las diez se celebró la fiesta grande propia de la cofradía en la que expuso las gracias del Santo Escapulario el presbítero don Tadeo Millán Moreno. En la referida fiesta se cantó la misa del Santísimo Sacramento del maestro Rivera, magistralmente ejecutada por el inteligente profesor organista de la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de esta villa y un nutrido coro de voces de varios jóvenes de esta localidad. El templo resultó muy hermoso, pues lucía sus mejores galas y los altares que adornaban la espaciosa nave, ricamente engalanados por varias personas de esta feligresía, respiraba el celo de nuestro apreciable párroco, que con su asiduo trabajo y su amor a la Virgen vela por el esplendor de los cultos católicos.
     Terminada la novena salió en procesión la preciosa imagen de Nuestra Señora del Carmen, la que llevada por las más respetables personas de esta localidad recorrió varias calles de la misma.- Un devoto de la Virgen”.              
     Como el devoto cronista hace referencia a la condición de “personas respetables”, conviene aclarar que esa respetabilidad vendría impuesta por su preeminencia desde el punto de vista social y económico, así como por su habitual e imprescindible concurso en las manifestaciones externas de culto, en contraposición al pueblo llano, que cuando participaba, lo hacía siempre relegado a un papel secundario. 
   
La procesión de la Virgen de la Salud

     El día 25 se verificaría el tradicional traslado de la patrona de la villa, Nuestra Señora de la Salud, desde su ermita extramuros, hasta la parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción, donde permanece anualmente por espacio de tres meses.


     Cuando Castellá realiza sus trabajos fotográficos en Castro del Río para la Casa Editorial Alberto Martín de Barcelona, durante aquel verano del año 1915, la imagen de la Virgen de la Salud ya se encuentra en la parroquial de la Asunción, por lo que forzosamente tuvo que ejecutarse durante esos tres meses de morada en la iglesia de la villa, aunque por el vestuario de quienes aparecen en esas fotos y otros detalles me inclino a pensar de que no iría mucho más allá del mes de septiembre.


Velada de Santiago
    
     El mismo día 25, festividad de Santiago Apóstol, se inicia la tradicional feria, que por coincidir con el final de las labores relacionadas con la recolección del cereal, son numerosas las personas las que se dan cita al reclamo del divertimiento.
     La del año 1915 iba a estar revestida por la polémica en cuanto al lugar elegido para su instalación. Según reza la tradición, ésta se había venido desarrollando en la calle Alta (Marqués de la Vega y Armijo), pero por voluntad expresa de la mayoría republicana, al frente de la Alcaldía, se determinará su traslado a la calle Corredera, recientemente rotulada y dedicada a la memoria del prócer del republicanismo Joaquín Costa.
     El corresponsal local del diario ultraconservador El Defensor, no parece comulgar con la decisión y son varios los argumentos que esgrime en contra del nuevo emplazamiento:

     Primero: “La proximidad de la Plaza de Abastos, donde no es posible desterrar (a pesar de ser mucha limpieza que en ella se observa) cierto mal olor, peculiar y corriente en estos sitios”.     
      Segundo: “El acentuadísimo declive del suelo, que aumenta considerablemente por las malas condiciones del empiedro”.
      Tercero: “Existen en dicha vía este año algunas respetables familias que la desgracia de haber perdido seres queridos las tiene alejadas de todo bullicio y a las que no habrá agradado mucho la alegría original que reina en esta clase de fiestas”.




    
     “Sin los inconvenientes reseñados, la velada hubiera resultado más lucida, por la extraordinaria iluminación, música y la enorme cantidad de caras bonitas que en ella se han visto.Tampoco han faltado los indispensables circos, norias y barcas, con algunas rifas, puestos de juguetes, buñolerías y otras chucherías que constituyen la delicia de la gente nueva”.


     Otra cosa que ha llamado poderosamente la atención en esta velada y que no puedo echar en  olvido: ¡El nuevo uniforme color kaki de la guardia municipal!

Fuentes utilizadas:


  • Crónicas remitidas desde Castro del Río al diario el Defensor de Córdoba publicadas los días 26 y 30 de julio de 1915.
  • Fotografías Fondo Alberto Martín de la Biblioteca de Cataluña (menos la de la noria, ya utilizada para ilustrar otra entrada festiva, y cuya procedencia no recuerdo).

15 julio 2012

Jumentos, jamelgos y otras bestias de carga. Castro del Río (1915).


     Hasta hace relativamente poco tiempo este tipo de ganado era indisoluble e imprescindible para la mayoría de las actividades humanas desarrolladas en las zonas rurales. Mientras que en las cortijadas prevalecían los bueyes de sangre y seleccionadas razas de mulos/as para la labranza, dentro del casco urbano, para el diario en las labores de huerta, de ruedo o suministro de agua, entre otras, eran estas otras caballerías menores las ocupaban un lugar preferente en las pequeñas cuadras de las que solían estar dotadas la mayoría de las viviendas populares.

     La colección de fotografías de Castellá, procedente de la Biblioteca de Catalunya, nos permite extraer algunas muestras significativas e ilustrativas sobre este tipo de ganadería ya prácticamente en extinción.

Extrayendo arena en el Puente Viejo

 Otros areneros en una isleta del Guadajoz

Abrevando

Descansando

     En primer plano, mujer de rostro curtido con su borrico, aguaderas y cantaros en dirección a la Fuente de San Roque. Detrás aparece una mula cargada con sacos de paja.
                                                                            

    Bestia amarrada a una ventana a la espera de sus cántaros, custodiada por un zagalillo, con la mollera a buen recaudo, para quien no pasa desapercibida la presencia del fotógrafo.
A la puerta de su casa (Cuesta de los Mesones nº 31)

Arriero con una carga de grano

Carretón de madera


    Esta forma de montar, que en equitación clásica se denomina “a la jineta”, y en el agro “a la mulera”, es la única compatible con la carga de arreos y pertrechos agrícolas necesarios.
Caballería con serones al inicio de la calle Corredera

El burro del hortelano


     He querido dejar para el final este detalle de la fotografía mostrada en la cabecera, que desde mi punto de vista tiene un especial valor estético y etnográfico. A ese jamelgo quijotesco, de paso cansino y cabeza gacha a consecuencia de su discurrir por la pronunciada cuesta de Santo Cristo, cuyo trayecto final es por fin alcanzado, se une la figura erguida de su guía, que luce el peculiar sombrero de ala ancha de estos lares y el característico capotillo o blusa abotonada al cuello, prenda de notable arcaísmo y abolengo entre los trabajadores agrícolas de la región andaluza.