El Dr. Alfonso, finalmente, no pasó consulta aquel
verano debajo del albaricoquero de la huerta de Antonio Pérez, como se había
anunciado. En noviembre de 1922 arranca con una nueva gira de conferencias de
divulgación, que le sirven, de camino, para promocionar su libro “Como os curala medicina natural”, editado por primera vez en 1921. Su primera escala fue la
provincia de Córdoba, pasando por Málaga y rematando la gira en Bilbao.
Aquella
gira la resume en un artículo titulado “Andanzas Naturistas” que apareció
publicado en Acción Naturista. Aunque extenso, trascribiremos su periplo
completo por aquellas localidades cordobesas en las que tenía adeptos al
Naturismo y clientes de su medicina natural:
El primer punto de parada en nuestra ruta fue Córdoba,
esa mística y alegre ciudad, capital de la provincia andaluza de más fondo, en
la que nos acogió el fraternal afecto de la familia Luque, y donde el naturismo
se mantiene merced a la única labor de dichos amigos. Aquí no fue posible dar
ninguna conferencia.
Seguidamente pasé
a Espejo,
donde una crisis de trabajo mantenía dispersos a gran parte de los consecuentes
naturistas de este sano pueblo. Es Espejo un pueblo notable por su grado
elevado de sanidad y los frecuentes casos de longevidad que se dan en él. Situado
sobre un cerro, en cuyo espejo se mira toda la provincia, sus mujeres se ven
obligadas a subir empinadas cuestas con su cántaro de agua cogido en las fuentes
de la ladera, y semejan la gallardía, derechura y fortaleza de las pescadoras
vascas con sus cestos en la cabeza, o de las mujeres de Guisando o Candeleda en
la sierra de Gredos, que como los hombres y niños, han andado y aun andan completamente
descalzos, a pesar de que la mal entendida civilización va violando esta sana,
natural y fortificante costumbre. En Espejo tuve la ocasión de hablar con una
anciana de 101 años, que conservaba íntegras las facultades intelectuales y casi
todo el poder de los sentidos, y que subía las cuestas haciendo competencia a
sus incontables nietas y aun biznietas. Conservo su retrato y datos
biográficos, deduciendo de ellos que el motivo de su longevidad ha sido su vida
metódica y laboriosa, haciendo buena la frase de Rousseau, de que la temperancia y la laboriosidad son los dos
verdaderos médicos del hombre. Su temperamento sanguíneo (el más vital de
todos) y su buena constitución fueron las bases de su dilatada vida.
Otros casos me
citaron de personas de más de 100 años, entre ellas un anciano con 104 que
viaja sólo. De la admirable salud y vigor del pueblo espejeño da también buena
muestra el noble matrimonio propietario de la fonda que me albergó, ella de
setenta y tantos años y de ochenta él, que después de haber tenido veinticuatro
hijos, aun les queda vigor, a ella para atender a las necesidades de los huéspedes,
y a él para trabajar en su oficio de sastre (al cual se dedica desde los nueve
años), a más de bajar por mañana y tarde , haga buen o mal tiempo, a buscar a
los viajeros al automóvil, aprovechando las ocasiones para su acostumbrado
paseo. Esta buena señora me dijo, hablando de cómo había criado a sus hijos,
esta frase clarividente en su misma ingenuidad: “Yo creo que la limpieza es
superior a la medicina”. Es la medicina
misma, hube de contestarle apresuradamente.
Uno de los hijos
de este buen matrimonio es el consecuente, puro naturista y buen amigo Demófilo Villatoro,
que nos hubo de acompañar en nuestra visita a Fernán Núñez, y que fue ganador
en Espejo de un concurso de levantamiento de pesos, y por cuya atlética y
armónica musculatura es un verdadero caso práctico de crédito para el
Naturismo, tanto más cuanto que, gracias a la higiene naturista integral, no se
ha hecho esta exuberancia física con detrimento de la inteligencia y el
espíritu.
De Espejo, donde
tampoco fue posible dar conferencia, pasé a Castro del Río, la perla
del Naturismo cordobés, en donde los amigos de siempre me demostraron su
invariable amistad y su firme convencimiento en nuestras ideas de salud, paz y
tolerancia.
Apenas entre en el
pueblo, adonde llegué andando desde Espejo, con el buen amigo Bello, me encontré
a su actual alcalde D. Antonio Pérez, a quien tantas atenciones debe el
Naturismo de este pueblo, y ya en su seno, quien me notificó tener un local a
mi disposición para dar una conferencia naturista e indicándome su deseo de que
hablase del árbol frutal, ya que, en
colaboración con los naturistas de este pueblo, proyecta una fiesta del árbol que desentumezca la
opinión del vecindario en este punto.
En el local de las
escuelas públicas - cuyas clases hubieron de suspenderse para hacer mi
disertación - nos reunimos, presididos
por el alcalde y los naturistas de Castro, todas las personas que permitió uno
de los salones, y tuve el gusto de hablarles de la utilidad de los árboles
frutales y de sombra, y como propina, de los errores de la terapéutica por
drogas, vacunas y sueros, cuyo punto motivó la indignación de un profesor
veterinario, quien con nuestra venia refuto mis argumentos y me dio motivo para
que en mi rectificación explanase a mis anchas (aunque no del todo) los
argumentos en contra de tan funestos procederes. Dicho señor veterinario, al
terminar la conferencia, me invitó a ser vacunado para convencerme de la
utilidad de esta práctica, y yo, ni que decir tiene, me dejé … no vacunar.
De Castro, donde
siempre recibí inmerecidas atenciones de aquel grupo naturista, pasé a Baena,
donde ahora he estado por primera vez.
Realmente en Baena
no hay Naturismo propiamente dicho, sino unos cuantos hombres y alguna mujer de
buena voluntad, curados con nuestros tratamientos, agradecidos al método
natural, que ahora empiezan a estudiar nuestras ideas en todas sus
ramificaciones. Son ingresados por el dolor, que han sabido aprovechar las
lecciones del mal, y que empiezan a vislumbrar las puertas del paraíso perdido. Entre ellos, Félix
Ortega, la familia Galisteo y algunos otros, cuyos nombres no tengo ahora en la
memoria, sobresalen por su fe, su rectitud y su sinceridad. Son personas modestas
dignas de nuestro apoyo. Haciendo un sacrificio pecuniario y de tiempo
organizaron a maravilla una conferencia en el teatro grande, en la que les
hable de alimentación vegetariana,
tema con el que acostumbro a iniciar la exposición de ideas naturistas en todos
sitios, por considerar fundamental para el resto de la evolución humana el
vencer al vientre. La concurrencia fue realmente extraordinaria, no faltando,
según me dijeron, los cinco médicos del pueblo; es el primer caso en que me
ocurre semejante cosa, lo cual habla muy en favor de la propaganda hecha por
los naturistas baeneros, y de mis cinco colegas, que, al contrario que la
mayoría de los demás pueblos, han demostrado interés por saber algo más, algo
nuevo.
De Baena salí para
Montilla
en compañía del buen amigo y convencido naturista de Priego D. Juan Luque. En
Montilla, donde otras veces estuve y dí conferencias, sólo encontré la buena
amistad de los incondicionales de siempre y especialmente D. Antonio Martínez,
que con la inteligente ayuda de su esposa, mantiene una troupe de pequeños
naturistas que da gloria verla. En Montilla se conoce que la fuerza del vino ha
vencido a la del Naturismo, pues aparte algún nuevo ingresado por el dolor, no
hay ni un nuevo naturista por convicción. ¡Lástima grande que esto suceda en un
pueblo de salud tan diferente, y donde, por causa del alcohol, tanto abundan
los enfermos del hígado y del corazón! Aun no han conocido los avisos del mal.
Después de
Montilla tocó mi suerte en Fernán Núñez, pueblo más culto y de
más interés por el estudio y las cosas elevadas, como lo prueba su centro
filarmónico, que dio una nota fuertemente simpática, allí en el teatro di una
conferencia sobre las verdades tradicionales de la medicina naturista, que fue
escuchada con singular interés. Los amigos de aquel grupo siguen con toda
su fe la propaganda naturista,
predicando con su ejemplo.

Al día siguiente nos despertó la ventura de una deliciosa
excursión a una huerta de Montemayor, donde en compañía de los naturistas de Fernán
Núñez y los entusiastas amigos de aquel pueblo pasé uno de los mejores días de
mi vida. Allí, en contacto con nuestra Eterna Madre, tomamos un gratísimo baño
de sol y nos dimos un soberbio baño de natación en un poético estanque rodeado
de naranjos. Todo un poema de naranjas, agua y sol, en pleno noviembre, que
terminó con un ágape de honor a la Vida, en el que se turnaron las deliciosas
uvas, el melón sano y refrescante de aquellos terrenos, y las insuperables
granadas del suelo cordobés. Al ver a aquel grupo de hombres unidos por el
color moreno de su cuerpo, por esa mota de profunda igualdad que da la ausencia
de esa cáscara hipócrita y endiosada que se llama vestido, por su comunión de
ideas sanas y sencillas, tomando por todo alimento algunas frutas y bañando su
cuerpo en el agua fina del mes penúltimo del año, algo dulcificada por el
majestuoso sol andaluz, cualquiera hubiese juzgado serenamente de nuestra
positiva locura , de la cual no hemos
ni de justificarnos siquiera , si es cierto el refrán de que sólo los niños y locos saben decir las
verdades, pues si fuésemos como niños, no olvidemos que Cristo nos
prometiera el Reino de Dios, y si como locos se nos tildase, nos consolaríamos con
poder decir la Verdad.
Con esto terminé
mis andanzas cordobesas después de haber tendido nuevos lazos y fortificado los
antiguos.
CONTINUARÁ