Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

21 octubre 2013

PATALEO CHASCARRILLERO LABORAL




     “El trabajo es el único medio a través del cual el hombre, ser inteligente y capaz, puede realizarse a plenitud como persona, como miembro de una familia y como participante de una sociedad. Su importancia tiene una dimensión solo superada por el derecho a la vida”.
      Esta cuestionable definición teórica, llevada al terreno práctico y especialmente en el momento actual, se queda en una simple declaración de intenciones.
      Hoy por hoy, nos quieren o nos tenemos que conformar, con la cada vez más extendida concepción de que trabajar se ha convertido en un privilegio. No hay más que asomarse a las escandalosas cifras de parados o pasarse por una oficina de empleo.
      Otro mito que se está derrumbando es la asociación que se establece con el privilegio entre quienes venden su fuerza y capacidad laboral a una administración pública. Las políticas de tirios y troyanos, más los que meten la mano, han llevado a este sector del mundo laboral a vivir situaciones lesivas hasta ahora desconocidas.
      El que esto suscribe se está viendo especialmente afectado por las políticas de ahorro y recortes impuestas por las administraciones. Después de 24 años de servicio responsable y eficaz como Ordenanza para la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, se entretiene ésta en aprovecharse del fallecimiento de quien era mi compañero de trabajo para unilateralmente optar por la no cobertura de la vacante producida, invitándoseme, de camino. a desplegar doble actividad por un jornal cada vez más menguado.
      Por mi naturaleza rebelde me está costando trabajo aceptar que esto tenga que ser así, máxime cuando la plaza sigue estando dotada presupuestariamente.

      El sobresfuerzo que tengo que desplegar a diario me está empezando a pasar factura física y psíquica. Hemos invocado soluciones tanto a la administración como al comité de empresa. Llegué incluso a proponer medidas de racionalización de los recursos humanos. Algo tan fácil como que donde sobra se quita y donde falta se pone. Resulta que ni unos ni otros se muestran receptivos, alegando que tal racionalización no está contemplada normativamente. Parece mentira, cuando desde mi larga experiencia he sido testigo de arreglos y chanchullos bajo cuerda para arreglar situaciones de compañeros, especialmente entre quienes tenían carnet o simpatizaban con determinadas siglas políticas. Se ve que ahora nos quieren hacer tontos.
     Agotada la vía razonable no me queda más remedio que recurrir al derecho al pataleo, lanzando un primer grito de guerra chascarrillero: “La cajera folla”.
      Para quien no conozca el contexto en el que se acuña tal expresión reivindicativa, paso a relatarles un hecho que por lo visto es rigurosamente exacto y verídico:
      Finales de los años 60, un humilde trabajador del campo de mi pueblo natal (Porcuna), fue seducido por un primo suyo para que se trasladara hasta Palma de Mallorca a trabajar en la construcción, en la que por entonces se ganaban muy buenos dineros en comparación con los jornales del agro.
     Quedaron en que cuando el primo terminara su faena se pasaría por el Puerto a recogerle. Benito, que había tomado un Ferris en Valencia, llegó a Palma con tiempo suficiente para pasearse por las inmediaciones del Puerto, ya que no se atrevía a irse más lejos por miedo a perderse. Ante el asfixiante calor, fruto de la humedad de las ciudades costeras, sintió la necesidad imperiosa de tomarse una cerveza fresca. Estaba casi anocheciendo y en el primer establecimiento con el que se topó se adentró con la intención de saciar su sed. Acostumbrado a los tercios de  Alcázar, que se tomaba en el bar de la esquina de su casa en Porcuna, pidió una botella de la misma marca. Una señorita alemana, que atendía la barra y con la que a duras penas podía entenderse,  le hizo saber la inexistencia de tal marca entre la carta de cervezas de aquel establecimiento, colocándole, después de un buen rato de aclaraciones, una cerveza alemana de esas de medio litro. 


    Pasado un rato, otra señorita, ligera de ropa, se acercó a Benito haciéndole proposiciones libidinosas. La pobre criatura no se había dado cuenta de que se había metido en un local de alterne. Indignado, echó mano de su monedero y pidió la cuenta. El importe de la consumición ascendía hasta los cinco duros, cantidad desproporcionada en comparación a las 4 pesetas, con aperitivo, que le costaba tomarse un tercio en el Bar de Pacharca. Sentado sobre un taburete metálico de sillón acolchado empezaron a rondar por su cabeza fórmulas para resarcirse del sablazo. Lo intentó primero con el taburete pretendiendo romper el reposapiés a base de zapatazos. Cuando empezaron a dolerle los pies desistió y quiso entonces rallar la barra con unas llaves, siendo apercibido de inmediato por la señorita que le había atendido y puesto de patitas en la calle por un señor de complexión fuerte que salió de la rebotica. Indignado y viendo que no había manera alguna de causar daños optó por despedirse a la torera lanzando al viento con entonación elevada  un “La cajera folla”. Se quedó descansando la criaturica.
      Un servidor no tiene motivos de desagravio contra cajera alguna, aunque si contra aquellos que han metido la mano en la caja pública en beneficio propio, de amigos, clientes o familiares. Ojala todos esos procesos judiciales abiertos se vayan resolviendo pronto con condenas ejemplares para aquellos a los que se les demuestre culpabilidad.  Aquellos otros, que echaron la cara a otro lado sin querer saber lo que ocurría a su alrededor, muy posiblemente por su condición de aforados podrán escurrir el bulto, aunque ojala quedasen defenestrados para los restos para cualquier actividad pública.
      Después de este primer desahogo narrativo vamos por otro relacionado con la sobrecarga de trabajo.
     Mi centro de trabajo viene a ser como una diócesis episcopal, en la que más o menos puntualmente a lo largo de toda una mañana se van sucediendo oficios en las diferentes parroquias (así como 23 misas por hora) que las tiene que atender un único monaguillo. Como comprenderán resulta materialmente imposible limpiar patenas y copones, llenar todas las jarricas de vino eucarístico, encender y apagar velas, preparar las ostias, tocar las campanas, abrir la puerta a los feligreses que llegan tarde,  dirigirles a la parroquia correspondiente, atender a las familias que vienen a encargar misas o a concertar cita con el obispo, y otras muchas funciones, propias o asimiladas por la costumbre, de la categoría de  monaguillo mayor. 


    Al hilo del famoso dicho que alude a la imposibilidad de estar en misa y repicando, viene una nueva historia de la que fue protagonista una hermosa joven de apenas 18 años.
    La acción trascurre en el medio rural andaluz durante la segunda década del siglo XX.
    Una gitana llamada Manolita Fernández “La Gorriona” había estado trabajando durante buena parte de su juventud en casa de don Gumersindo Aguilera, un abogado y acaudalado propietario con fama de mujeriego. Las malas lenguas decían que la mayor de sus hijas, Micaela, era fruto de ciertas relaciones ilícitas con su señorito, encaprichado de su belleza morena.


    Micaela había heredado los rasgos faciales de su madre y su belleza, aunque su color de su piel era ligeramente algo más claro. Se había criado en un cortijo hasta donde su madre y su supuesto padre adoptivo se trasladaron como caseros. Tuvo una infancia feliz en compañía de los suyos y desde muy niña colaboraba con su madre en las labores propias de su sexo. La madre la tenía especialmente protegida y no quería que participara en las labores agrícolas, como lo hacían la mayoría de las niñas de la cortijada, que maliciosamente le llamaban “la señorita”.
     Abreviemos, que la narración empieza a parecerse a una de aquellas novelas de corte sociológico y moralizante publicadas por la familia Montseny en Barcelona con el título de “La Novela Ideal”.


     Con el tiempo Micaela entraría a servir en casa de un sobrino de Don Gumersindo, casado por interés con una señorita de la buena sociedad, aunque más bien parca en dones de esos que otorga la naturaleza. Le dedicaba su privilegiada ociosidad a la presidencia de la Adoración Nocturna y a la Junta de Damas de la Cruz Roja, por lo que eran muchas las horas que pasaba fuera de su domicilio en merendonas de chocolate y pastas, de las que era asiduo el señor cura párroco implicado de lleno en su labor pastoral.
      Don Emilio Morente, que así se llamaba el sobrino de Don Gumersindo, terminó encaprichándose de Micaela. Aprovechaba las ausencias de su señora para insinuársele, rechazando ésta, una y otra vez, las cada día más asiduas proposiciones deshonestas que le llegaban.
      La pobre de Micaela, a pesar de que casi no había pasado por la escuela, tenía la inteligencia, gracia y desparpajo propios de aquellas mujeres educadas en la escuela de la vida. Las propuestas de Don Emilio llegaron a tal extremo de machaconería, que viendo peligrar el trabajo que le servía de sustento terminaría accediendo, aunque con condiciones. La aceptación de las mismas se tradujo en la inmediata ampliación del servicio.

     Su iluminación y razonamientos los hago míos en el momento actual: “Si hay que barrer se barre, y si hay que f----r se f---a, pero barrer y f----r al mismo tiempo, como que no”.

     Para rematar esta especie de manifiesto reivindicativo y narrativo, habida cuenta de la inminente convocatoria de huelga a la que estamos llamados los trabajadores de la Educación Pública en contra de la LOMCE y de la política en materia de educación del gobierno central, había pensado insertar un himno proletario acorde a la situación (“A la huelga compañeros”). Pero como en la actual coyuntura socio laboral ya no sabe uno contra quién dirigir los dardos envenenados haremos como el grande de “Pedrito Villar”, consultarlo con la almohada y fumarnos un Paxtón mentolado.
     Mientras llega la hora de reposar la cabeza, casi que mejor una maravillosa canción del gran José Luis Ozores: “El Niño Berrendo”.


7 comentarios:

  1. un consejo
    primero limpias las patenas y copones,cunado acabes llenas todas las jarricas de vino eucarístico, ( Ojo con el vino) luego enciendes y apagas las velas, a continiacioón preparas las ostias, luego tocas las campanas, abres las puertas a los feligreses que llegan tarde, .......etc así cuando acabe la jornada te vas, no lo dudes y lo que se quede ....para mañana

    Bendito estres, ya quisieran algunos tener trabajo

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  2. Gracias por tu anónimo y compresivo consejo compañero.

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  3. con este comentario se demuestra que hoy los trbajadores han perdido la dignidad.
    compañero alberto habria quien haria lo que micaela se estarian dispuestos a hacer el doble por el mismo sueldo o incluso menos hasta se dejarian follar...
    y podran decir "tengo trabajo", con una diferencia clarisima con micaela que ella mantuvo la dignidad hasta el final........

    en lugar de luchar por invertir la situacion social preferimos poner el culo...comprate un bote de vaselina "anonimo" vas a trabajar recogiendo mierda por dos duros, pero tendras trabajo...increible .pero cierto


    niñodelanoche

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  4. Siento que te anulen por aceleración y sobreesfuerzo que es una forma de anular y vaciar de sentido el trabajo como cualquier otra, lo que demuestra no sólo cuán poco les importa el trabajador, sino cuán poco les importa la función, el producto de ese trabajo.

    A la Historia le está pasando lo mismo, se vacía y se convierte en entretenimiento, en curiosidad o en legitimación de las ideas o las personas que sean, que tanto da, pero ese es un tema muy largo de hablar.

    Con la intención de que aumentes tu caudal al respecto de la Servidumbre, que es en realidad en lo que están convirtiendo el trabajo (antes un derecho y una función social, ahora una caridad y un beneficio) te quiero contar otras dos pequeñas historias de tu querida Porcuna, una verdadera y la otra ficción.

    La verdadera atañe a Fernando "el barbero", que iba a afeitar cada mañana en sus casas a algunos "señoritos". Una mañana de los años 50 en su barbería de la Carrera, que estaba en un cuarto separado de la casa de la taberna de Antonio "el de los mulos tordos", pelaba a un cliente y hablaba al mismo tiempo con los otros clientes y algunos habituales del "casinillo" que se formaba en la barbería, comentando el servicio que hacía a estos señoritos y sus peculiares formas. Le inturrumpió Miguel "Mascarratones", uno de los habituales, dicéndole: "Lo estás haciendo mal, maestro... tienes que estar pelando con una pata levantá", a lo que el barbero le respondió "¿y eso por qué Miguel?", y Miguel le dijo "Porque cuando venga a avisarte la criada tienes que salir corriendo y así con la pierna levantá estás preparao pa arrancar y te ahorras un paso, porque cada segundo que tardes quedas mal con el señorito".

    La otra es un chiste que cuenta que un peonero pasaba por un camino de regreso al pueblo después de dar su jornal y vio a otro que aún no había "dado de mano", agachado trabajando bajo un olivo. Llevaba un "azaón" a un costado con el que iba cavando y arropando los pies del olivo, por delante una "hachuela" y un "hocino" para ir cortando las varetas y echarlas afuera, al otro costado una espuerta para ir recogiendo las piedras que salieran en la cava y también echarlas en los majanos de la linde y fuera del olivo una cubeta con cal y una brocha para encalar las patas de cada olivo cuando terminara las otras tres tareas. Estaba doblado con la cabeza gacha, frenético y muy atento a sus múltiples labores. El caminante sorprendido, le dijo: "Joer macho... sólo te falta atarte una manoyerro en la presilla del pantalón y le vas haciendo también los suelos". El otro levantó un momento la vista y le dijo suplicante: "No se lo digas al manijero..."

    Espero que te resulten interesantes. Saludos y ánimo.
    FESH
    fesh@obvlco.org

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    1. Auténtica y genial esa conversación entre tu abuelo y Mascarratones, que desconocía. Son personajes populares que a base de ironía y socarronería supieron solventar las injusticias propias de aquella sociedad clasista en la que les tocó vivir. Con respecto a la segunda, te digo como el otro, no de ideas a manigeros, sotas y aperadores, que son capaces de ponerme una escoba en el culo y se ahorran una plaza de limpiadora. Gracias por tu inteligente apoyo moral amigo FESH.

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  5. Alberto tienes que aprender a ser menos responsable. Te aconsejo que cambies de ritmo. Ese “No pares sigue, sigue del Tiburón” lo tienes que sustituir por algo más melódico. Prueba con la popular Tarara de Federico García Lorca y ya verás como el estrés desaparece de inmediato.
    Lo más probable es que se resienta seriamente la calidad del servicio y te lleguen quejas de los usuarios. Las reclamaciones, procura derivárselas al maestro armero. Estos nuevos señoritos andaluces del siglo XXI no se merecen otra cosa.
    Animo y suerte.
    JLCS

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    1. Muchas gracias por tu interés y recomendaciones. Mañana mismo, si finalmente opto por no secundar la convocatoria de huelga para evitar que se lucre la administración a costa del pertinente descuento salarial (no están las economías para tirar cohetes), introduzco el ritmo Tarara en mi quehacer diario, aunque con la particular adaptación chuminera original de mi amigo “El Fer” (El gran Amando): “Tiene la tarara un vestido negro que cuando se agacha se le ve el …., la tarara si, la tarara no, la tarara madre que la bailo yo”.

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