Espacio abierto dedicado al estudio de las historias locales de los municipios de Castro del Río (Córdoba), Porcuna (Jaén) y Motril (Granada), así como sus adyacentes. Recomiendo la utilización del apartado de comentarios para aportaciones, consideraciones, críticas o rectificaciones. De igual manera, está disponible para quienes deseen colaborar con la publicación de artículos o aportando documentos, sobre cualquier tema de carácter histórico relacionado con dichas poblaciones.

26 noviembre 2011

Cocina para tiempo de ajustes: Maimones.


    La ansiedad que durante los últimos tiempos embarga a la mayoría de la población en torno a la puñetera crisis económica, su ya tangible realidad  y sus imprevisibles consecuencias futuras, asoman inevitablemente a diario en los medios de comunicación.
   Espeluznante cifras de parados, rescates financieros, posibles ajustes en forma de copago sanitario, sueldos y pensiones ultra congeladas o en peligro de extinción, posible supresión de la tradicional y  esperada paga extra, pérdida de históricos derechos sindicales, importantes reducciones en el consumo, que indirectamente afectan negativamente al comercio, y un sinfín de variables siempre negativas.
    Por mucho que uno intente  abstraerte del tema, en la rutina laboral diaria (afortunados quienes la tenemos) no faltan los compañeros que, directa o indirectamente, sacan a relucir tan preocupante situación: “Dicen que los del Ayuntamiento  han tardado bastante en cobrar el mes de octubre, y el de noviembre ya veremos, y la extra ni te digo…”; “Las arcas de la Junta también huelen a mojama, pero hasta las elecciones estamos salvados. Por lo menos la extra de navidad la cobramos”…



    Para quitar trascendencia al asunto y con la idea de sobrellevar de la manera más jocosa posible el día a día, estoy elaborando un recetario por entregas de “Cocina para tiempo de ajustes” que distribuyo gratuitamente entre el personal capaz de encajar mis frivolidades y desvaríos gastronómico-guasones.
    La primera entrega no ha visto la luz hasta esta pasada semana, con la idea de no interferir en la reciente consulta electoral. Mientras que el nuevo gobierno de la nación no sea capaz de enderezar la nave, como tiene prometido (no sabemos cómo, porque aun no lo han dicho), seguiré aportando nuevas recetas cada 15 días, por si hicieran falta, dependiendo de cómo evolucione el cotarro.

Sopa de Maimones

   Los maimones son una sencilla sopa perteneciente a la familia de las del ajo, cuyos ingredientes básicos son rebanadas o mendrugos de pan duro, agua, ajo, aceite de oliva, vinagre y sal. Digamos que son la versión invernal de gazpachuelos o salmorejos típicos de las zonas rurales de nuestra Andalucía. Con este nombre su presencia está atestiguada mayormente en las provincias de Córdoba, Jaén, Málaga, Granada y Almería. Presenta variedades enriquecidas según los lugares y posibles de los hogares. En algunos sitios se alegran con huevo batido, taquitos de jamón y con el pan frito, o se le añaden especias como matalahúva, pimienta, pimentón dulce o azafrán.

El Imparcial 14 de agosto de 1886
    La que yo estoy poniendo en práctica para mi particular mesa, días alternos durante la cena, parte de esos ingredientes básicos con un ligero toque de “nouvelle cuisine” consistente en incorporarle una porción de lomo de merluza congelada, hervida en la propia agua que luego se reutiliza para la sopa, y una pastilla de caldo de pescado.
     El resultado viene a ser un mixto entre la sopa de ajo y de pescado, pero que yo sigo denominando como maimones pues le incorporo finas rebanadas de pan tostado para trabarla y darle mayor consistencia. Muy recomendable para la temporada invernal, ya que no sólo alimenta sino que además calienta. Hace un maridaje perfecto con dos o tres vasos de vino tinto (Ribera o Rioja de 2 euros botella). Se recomienda servir en un plato o cuenco hondo de color blanco, donde esas pequeñas perlas doradas de aceite de oliva con sabor a ajo que se conforman en su superficie, le dan un maravilloso aspecto de plato de restaurante de copete. Se deben comer muy calientes y sin prisa. El coste medio por persona de este rico y nutritivo plato, vino incluido, no supera los 60 céntimos.
   Los maimones tienen un plácido y soporífero efecto secundario: piden cama. Tal vez sea por ello que en algunos sitios fueron plato típico de los recién casados para su noche de bodas. También fueron utilizados en otro tiempo para destetar a los niños.

    La pluma literaria del egabrense Juan Varela repara y conjetura, creo que chistosamente, en los orígenes del término maimón/ones:

  “Sin duda, así como en vista del aserto irrefragable de Dozy, la alboronía viene de la sultana Borán, la torta maimón y los maimones, que son unas a modo de sopas, deben provenir del califa, marido de la susodicha Borán, el cual se llamaba Maimón, ya que no provengan del gran filósofo judío Maimonides, cordobés que era, y compatriota por lo tanto, de los maimones sopa, torta y bollo”.

(Obras de Don Juan Varela: Cuentos, diálogos y fantasías. M.Tello, 1887)

Moises ben Maimón - Maimonides

    El bollo maimón en un producto de repostería que nada tiene que ver con los maimones de nuestra tierra.


    Los maimones también estuvieron presentes en las pugnas electorales dentro del sistema caciquil de la Restauración. “Magras o maimones” llegaban hasta los estómagos agradecidos de un dócil y maleable electorado, dependiendo de su comportamiento.



   Su salto es inevitable también al cancionero popular durante los carnavales:

       Entre usted que son maimones
       y están puestos a enfriar;
       Por ser cosillas calientes,
       tomaré una cuchará.

 (Cancionero popular de Priego. Página de Enrique Alcalá Ortiz)


    En Porcuna, mi pueblo, se cuenta una especie de chiste o chascarrillo ubicado temporalmente en aquel difícil año del hambre de 1945, cuando una familia compuesta por un viudo y sus cinco hijos, hallándose en torno a la mesa prestos a compartir una abundante fuente de maimones, llamaron a la puerta. El mayor de los hijos fue requerido por el padre para que atendiera su apertura, a lo que este accedió con la promesa previa de que nadie hincaría cuchara hasta su regreso. ¡Papa es un pobre pidiendo! comunicó este desde la puerta del patio que daba acceso a la cocina-hogar donde la familia hacía vida durante el invierno. ¡Pues dile que pase, que donde comen seis comen siete! Los argumentos del padre no debieron de convencer al zagalón, que de regreso a la puerta donde esperaba pacientemente el pobre hambriento pensó en una fulminante manera de deshacerse de aquella potencial competencia de cuchara: ¡Que dice mi padre que entre, que le va a dar por c…! Ante la tardanza el padre salió hasta la puerta y pudo ver al pobre como corría precipitadamente calle abajo: ¡Hay que ver, vaya criatura desagradecía! ¡No alimentan mucho, pero calientan! gritó. Desde la distancia el pobre respondía acordándose de la madre de quien tan generoso gesto había tenido para con él.

21 noviembre 2011

MI TAUROMAQUIA



    Estoy preparando una futura entrada sobre otro castreño aspirante a la torería, éste más antiguo que "El Feo" y supongo que menos conocido para los naturales de esa, cuyo periodo en activo se sitúa entre los años 1916 y 1930. Iniciado desde muy joven como becerrista, tras varios años intentando abrirse paso como novillero, terminaría desistiendo de sus aspiraciones, consagrándose finalmente como un eficaz subalterno y banderillero en cuadrillas de toreros cordobeses como Antonio de la Haba Zurito o el prometedor novillero Rafael Sánchez Camará II. Su nombre Manuel García Villatoro “Esparterito”. Próximamente nos ocuparemos de él.
    Así mismo están anunciadas y proyectas nuevas entradas dedicadas a Paco Villalba “El Feo” (aún en fase de recopilación). Además de otras que ya se publicaron también con los toros de protagonistas.
    Todo esto viene a colación, de que esta presunta afición por temas taurinos pudiera parecer contradictoria con otras vocaciones y devociones de las muchas que profeso, lo que obliga a la oportuna explicación razonada.
    A un servidor, creo que ya lo he contado, cuando apenas si tenía cinco añitos le regalaron un juego completo de trastos taurinos: capote, muleta, espada de madera, banderillas y montera.
    Mi señora madre, muy dada al jaraneo, cuando prácticamente todo el vecindario de la calle Ramón y Cajal se daba cita en el salón comedor de la antigua Fonda la Esperanza para ver aquellas primeras corridas de toros televisadas, para ayudarme a superar cierta timidez innata, me obligaba a hacer el paseíllo delante del televisor al son del correspondiente pasodoble interpretado por la banda de música. En los descansos toreaba de salón, siendo fervientemente aplaudido por un vecindario agradecido por la hospitalidad que mi madre les ofrecía (merienda incluida). 
    El género cinematográfico de temática taurina apto para todos los públicos, muy en boga en la época ya que aseguraba auténticos llenazos en las salas y del que fui fiel seguidor, también dejaría su huella.



    Aquella iniciación favorecida por mi progenitora y el cine, se iría acrecentando ante la sorprendente irrupción en mi barrio (calle del Albercón como corazón y centro neurálgico de andanzas y travesuras infantiles) de un joven, que imbuido por esas ilusiones y quimeras compartidas con otros muchachos de la época, aspiraba a convertirse en torero.
    No recuerdo exactamente su nombre (creo que emigró a Alemania), aunque si su oficio, hoy perdido. Trabajaba con su padre, Jacinto el Herrero, en el establecimiento que tenían instalado en la calle Sevilla dedicado al herraje de las caballerías. Creo que no se había puesto en su vida ante vaquilla o becerro alguno. Su aprendizaje era de salón, que ponía en práctica en las propias dependencias de la herrería durante los descansos. Para tal menester, había confeccionado un carrito con ruedas, que a falta de astas de toro, llevaba las de un carnero. Llegue a convertirme en uno de los asiduos concurrentes a la hora de embestir con el carro. Como recompensa recibíamos gratis las púas de acero para los trompos. La verdad sea dicha, el joven aspirante percha tenia y apuntaba cierta maestría en el toreo de salón.



    Por fin le llegaría la soñada oportunidad en un  6 para 6 celebrado en la Plaza de Toros de la ciudad de Martos el día del Corpus (1966-67?). He buscado ese cartel o noticia sobre la novillada en hemerotecas sin resultado alguno. Quiero recordar que se le anunció como “Herrerito”. Insistí tanto en asistir a aquel festejo que mis padres terminarían accediendo.
    Después de pasar el día del Corpus en Villardompardo (Jaén) y colaborar con mis primos y hermanos en la confección de un artístico altar que se instalaba a la puerta de la casa de mi abuela paterna, por la tarde en una furgoneta Citroën dos caballos tomabamos rumbo para la ciudad de la Peña.
   Medio Porcuna se había dado cita allí, lo que motivó que lo dejaran para cerrar el espectáculo.
    El fracaso fue estrepitoso, especialmente en la suerte suprema. Después de infinidad de pinchazos y agotar los avisos reglamentarios, le sería devuelto el toro a los corrales. A falta de cabestros, de dicho cometido se encargaría la guardia civil pistola en mano. Mis padres quisieron evitarme aquel desagradable final, y ya prácticamente anocheciendo cuando abandonábamos aquel recinto taurino sentimos los disparos efectuados por la benemérita. Los ramos de flores portados por señoritas, preparados expresamente para ser arrojados durante la triunfal vuelta al ruedo, volvieron intactos hasta Porcuna.

    Ahí se acabo la corta carrera de Herrerito y casi a la par mi afición infantil por los toros. A partir de entonces me negué en rotundo a seguir haciendo el paseíllo delante del televisor.
    Después de aquello volvería a ver parcialmente, pues era medio ruedo el que se divisaba desde el tejado del comedor de los Grupos Escolares, hasta donde temerariamente nos habíamos encaramado un numeroso grupo de curiosos y aficionado, un festival taurino dado en Porcuna en el año 1974 en una portátil instalada al efecto.

   Jamás he vuelto a ver un festejo taurino en vivo durante mi ya dilatada existencia. Retomé algo la afición o curiosidad a raíz de aquellas primeras y espectaculares retrasmisiones de Canal Plus y más recientemente con el programa Toros para Todos del Canal Sur.
   Actualmente no me alineo con ninguna de las posturas enfrentadas surgidas a raíz de la reciente supresión de las corridas en Cataluña.
    La pervivencia en nuestros días de numerosos festejos populares que tienen al toro como protagonista, pese a la tradición que esgrimen sus defensores, desde mi punto de vista no justifican ni legitiman el maltrato del que son objeto estos bellos animales. Fiestas con claras reminiscencias medievales (vivimos en el siglo XXI) como el Toro de la Vega en Tordesillas, el Toro Júbilo de Medinaceli (Soria) o los Sanjuanes de Coria (Cáceres), por mentar solo algunas de las que despiertan la justificada repulsa de ecologistas y asociaciones protectoras de animales, deberían regularse cuando no hacerlas desaparecer por ley.

Tauromaquia (Francisco de Goya)


    Harina de otro costal son las Corridas de Toros, en las que obviamente también se somete a maltrato a un animal destinado a ese fin desde el momento de su nacimiento. No me sirven las comparaciones, fuera de lugar, con pavos, pollos, corderos u otros animales destinados también al matarile.
    Resulta más que evidente que en las corridas de toros el maltrato realmente existe, al igual que resulta indiscutible, que históricamente en torno a esta fiesta se ha creado un ritual estético y hasta artístico. No es preciso enumerar a los afamados artistas plásticos que se han ocupado de ella, y tampoco están faltos de razón aquellos que consideran la fiesta de los toros como parte indisoluble de la historia de la cultura española (nos guste más o menos).

Tauromaquia Pablo Picasso (1957)


    Prefiero no entrar en más profundidades (no me pringo) y que sean las autoridades las que se calienten la cabeza en busca de formulas que puedan hacer compatibles las justas demandas de unos y otros. Si es que son capaces de encontrarlas.
   De momento, por los motivos esgrimidos anteriormente, alguna que otra entrada de las que se publiquen en este blog seguirán llevando la etiqueta de tauromaquia.
    

19 noviembre 2011

AMORES QUE MATAN (EL DESENLACE)

    Habíamos dejado a nuestros protagonistas dando un plácido paseo por la carretera del Brillante, después de haber almorzado juntos en la soleada terraza de la Venta de Vargas.
    Pasaron justo por delante de la cancela de la finca de Santa Inés, donde un individuo les ofreció unas naranjas que compraron. Continuaron con su paseo y sentaron se a descansar en una peña al lado derecho de la carretera, como a unos doscientos metros más allá de la citada finca. Varios individuos que les vieron testificaron que aparentaban estar contentos, pues jugaban como chiquillos arrojándose las naranjas en plan de broma.
    Serían las cuatro y cuarto aproximadamente cuando quienes se encontraban o vivían en los alrededores de aquel paraje oyeron varias detonaciones. Fueron dos piconeros que casualmente pasaban por allí los primeros en percatarse del macabro cuadro que ofrecía la pareja tendida sobre un charco de sangre.
    El siguiente en acudir fue el sacerdote-capellán de la Casa de Expósitos don José Guzmán Ajenjo (uno de los “Curas Mellizos”; el otro se llamaba Antonio, y  fueron íntimos amigos del canónigo lectoral de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, el castreño Andrés Caravaca Millán).
    Este que pasaba unos días de descanso en una finca de su propiedad, denominada la Ascensión, próxima al lugar de los hechos, pudo comprobar que Mercedes estaba muerta, mientras que Rafael, que empuñaba en su mano una pistola marca Star nº 9, aun daba señales de vida, por lo que pudo administrarle los últimos auxilios espirituales antes de ser conducido con urgencia en un automóvil de servicio público a la Casa de Socorro y colocado sobre la mesa de operaciones, donde los médicos no pudieron hacer nada por su vida.

Rafael Juarez en el momento de fallecer en la Casa de Socorro

    Poco después se personaría el Juzgado en el lugar de los hechos para levantar el cadáver de la infortunada Mercedes. Allí había quedado también la pistola cargada con la que se efectuaron los disparos. Todo indica que el propósito suicida era idea exclusiva de aquel y que ella terminaría convirtiéndose en una víctima de los problemas económicos que Rafael venía arrastrando por su desordenada vida, como posible causa de tan fatal resolución.



    El testimonio del camarero que les atendió en la Venta de Vargas parece ratificar la inocencia de Mercedes, que ante la propuesta de Rafael de llevarse una botella de Champagne para tomarla allá arriba, pudo convencerle para dejar la celebración espumosa para la vuelta. Ninguno de los dos volvería a sentarse ya en la terraza de aquella venta de la que fueron asiduos clientes.

Cadaver de Mercedes Roldan en el lugar de los hechos

    “El cuadro que se presentó ante el Juzgado era imponente. La desventurada Mercedes Roldan se hallaba en el suelo en posición de cúbito supino. Las piernas las tenía cruzadas sin violencia, como si la muerte le hubiese sorprendido en dicha posición.
    Vestía una blusa de seda azul, una falda negra también de seda y un elegante abrigo de Astrakán de color marrón claro. Calzaba finos zapatos de color y llevaba puestos unos guantes claros de gamasa. Un sombrero de terciopelo negro se hallaba junto al cadáver y cerca de la mano izquierda un bolso también negro.
    En lo alto de la peña en la que se verificó la tragedia estaban las naranjas que Rafael había regalado a su víctima”.



    Prescindo de los escabrosos detalles de las autopsias y me limito a describir las pertenencias que llevaban encima cada uno de ellos:
    Mercedes Roldán, llevaba puestos unos zarcillos de oro y diamantes, uno de los cuales estaba roto a consecuencia de los disparos. En el bolso se le encontraron varias llaves, un espejo y un pañuelo de seda.
    A Rafael Juárez se le hallaron dos carnet, uno de conducir y otro de somatenista, expedidos a su nombre; un paquete de tabaco, una suma de dinero que no sobrepasaba los veinte céntimos  y tres cartas. Sus destinatarios el Sr. Juez de Córdoba, don Benito Barrionuevo de Porcuna (su socio) y doña Espiritusanto Pérez Moreno (su esposa).
    Sólo de la carta dirigida al Sr. Juez trascienden algunos detalles:

    “Señor Juez, los dos tenemos el gusto de ir a la misma sepultura; le agradeceré que sea en el cementerio de San Rafael. A nadie se culpe de nuestra muerte. Es capricho morir juntos, suplicando justicia”.
   P.D. “Y a la vez suplico que esas cartas se entreguen a sus destinatarios”.

Cementerio de San Rafael 

   La lectura de esas letras causó su lógico impacto en el sentimiento popular, que no tardaría en interpretar el caso como si se tratase de un autentico drama de amor.
   Al periodista del Diario la Voz, responsable de informar sobre este doble suicidio o asesinato, le corresponderá también colocar las cosas dentro de los cauces normales por los que debía transcurrir la moral pública durante aquellos años:

   “Este trágico suceso ha impresionado hondamente el espíritu romántico del pueblo, que en su imaginación pretende darle caracteres novelescos, cuando verdaderamente es una derivación de una vida licenciosa y de crápula en la que el vicio triunfador quiere idealizarse como el poema del amor”.

    El encargado de reconocer en un primer momento el cadáver de Rafael Juárez, fue otro porcunense llamado Salvador Quero López, adscrito a la plantilla del Cuerpo de Vigilancia de la Policía en Córdoba. Finalizada la diligencia de la autopsia se hizo cargo del mismo un hermano político del criminal/suicida venido ex profeso desde Porcuna.
    Mientras tanto en la parroquia de San Miguel se celebró un funeral por el alma de la infortunada joven Mercedes Roldan, a cuyo término el clero de dicha parroquia se trasladó al Camposanto para recoger su cadáver que recibió momentos después cristiana sepultura.
   Numerosos coches y automóviles ocupados por compañeras y amigas de la víctima se arremolinaron durante todo el día en la puerta del cementerio con el propósito de ver su cadáver. Antes de dársele sepultura, a algunas de las que fueron sus amigas más intimas se les permitiría finalmente verla, desarrollándose escenas muy dolorosas.
   De estas últimas informaciones se deduce que obviamente no fueron atendidas las peticiones recogidas por Rafael en su carta en lo referente a yacer junto a su amada.

   P. D. Mercedes dejó un hijo de ocho meses de edad. 


   

17 noviembre 2011

AMORES QUE MATAN



    La historia aparece revestida muchas veces de sangre. Episodios como guerras, batallas, genocidios, asesinatos, etc., condicionan o determinan el rumbo de las sociedades.
    La historia de la que nos vamos a ocupar, también está manchada de sangre, aunque en esta ocasión apenas si traspasa el ámbito familiar, local o provincial, pues pertenece al denominado “capítulo de sucesos” o “crónica negra”, que históricamente también ha tenido reservado su exitoso hueco en las cabeceras de diarios y revistas, por aquello del morbo sensacionalista o curiosidad innata que estos hechos despiertan entre los humanos. Cuando algún caso sonado terminaba saltando a las páginas de los periódicos llevaba aparejado tiradas especiales con el lógico reflejo favorable en caja.
     Desde la perspectiva actual, un caso como el que vamos a abordar, sin prescindir de la superficialidad  y sin entrar en exhaustivos análisis sociológicos, nos puede servir mayormente para captar la evolución en positivo operada en el seno de la sociedad con el transcurso de los años, en cuestiones como la moral, costumbres, papel de la mujer, fiestas, celebraciones, etc.
     Nos enfrentamos a una supuesta historia de amor con un final trágico. Sus protagonistas, Rafael Juárez Gómez (a) "Tartaja", natural y residente en Porcuna (Jaén), de profesión transportista y Mercedes Roldán Ruz, una señorita de vida alegra, natural de Cabra, con la que éste llegó a cuajar una especial, determinante y fatal, como veremos, relación de amistad.
     El caso aparece recogido en el libro “Crónica negra de la historia de Córdoba” (Antología del crimen), del que son coautores José Cruz Gutiérrez  y Antonio Puebla Povedano, vinculados a Porcuna y Castro del Río respectivamente. Me limitaré, valiéndome de la prensa histórica cordobesa, a ilustrar y profundizar un poco más en el mismo.



     Antes de entrar en detalles sobre tan luctuoso suceso, centrémonos en conocer algo sobre la vida de sus protagonistas.
     Rafael, se había iniciado desde muy joven en el mundo laboral al lado de su padre que ejercía el oficio de cosario en Porcuna.  Fue éste, durante las primeras décadas del siglo XX, el encargado de comunicar la ciudad con la estación de ferrocarril de Villa del Río, de traer y llevar mercancías y otros encargos a base de rueda y tiro animal.
    Cuando Rafael se queda definitivamente con la tarea del padre, el progreso y unos ahorros le permitirán hacerse de una moderna flota de vehículos y ampliar el negocio con nuevos itinerarios. Asociado con un paisano llamado Benito Barrionuevo (a) “Tronchao” montarían un servicio público de viajeros en automóvil y camiones de transporte a Torredonjimeno y Jaén. Con posterioridad incorporarían un servicio regular Porcuna- Córdoba (dos días por semana).




    Parece que no le iba mal desde el punto de vista económico, pero su éxito empresarial, de alguna manera, le condujo a relacionarse con personas de buena posición económica de Porcuna, con los cuales alternaba en reuniones y juergas, empezando pronto sus gastos a situarse por encima de los ingresos que le proporcionaban sus negocios.
    Durante sus frecuentes viajes a Córdoba se fue acrecentando su afición a la francachela, hasta el extremo de que no tardaría en hacerse muy conocido en los locales de esparcimiento, por su carácter alegre, y sobre todo, por su generosidad y acostumbrada soltura de bolsillo.
    En un célebre establecimiento dedicado a la prostitución ubicado en la calle Morería nº 8, conocido como “El Quo Vadis” es donde trabajaba como pupila Mercedes Roldan, de la que Rafael pareció quedarse prendado, encaprichado o enamorado desde el momento en que la conoció.
   Rafael de 35 años de edad, estaba casado y tenía tres hijos pequeños.
   No voy a ponerle graduación, ni a entrar en calificativos ni atenuantes sobre pecado alguno. Sólo recordar que la costumbre de visitar las casas de lenocinio entre la población masculina (solteros, viudos o casados) estaba otrora bastante más extendida que en nuestros días y se hacía apenas sin tapujos. De hecho, las casas para tal menester estaban ubicadas dentro del casco urbano, y permanecían abiertas tanto de día como de noche. En Porcuna, en concreto, existieron varias de estas casas en la prolongación de la calle de Alharilla.
    Era harto frecuente que los padres costeasen a los hijos la iniciación sexual en estos “antros de perversión” o “casas de pecado” (como eran conocidos entre los acérrimos defensores de la moral; vulgo: casas de putas).



    El caso es que, desde poco después de la Feria de la Salud del año 1924, la relación entre Rafael y Mercedes fue consolidándose e hicieron se cada día más frecuentes las escapadas y viajes de ambos. En cierta ocasión pasaron unos días juntos en Sevilla, incluso la llevó hasta Porcuna, su pueblo.
    El tradicional grado de sumisión de la mujer al hombre, permitía que devaneos de este tipo por parte de los maridos tuvieran que ser acatados con resignación por las esposas. De manera que, nuestro protagonista jaranero no tendría reparo alguno a la hora de traer a su joven amiga cordobesa, presentarla como trofeo y correrse las pertinentes juergas con sus amigotes.




    Rafael debió de adquirir cierta fama y celebridad en determinados círculos cordobeses, hasta el punto de que su presencia en Córdoba en alguna ocasión hasta fue anunciada por la prensa:

   “Han llegado de Porcuna don Rafael Juárez, don Benito y don José Barrionuevo, don V.L., don Juan Adame y don Juan Ramos, queridos amigos nuestros”.

   Suponemos que la comparecencia de los susodichos porcuneros en la ciudad califal estaría relacionada con visitas programadas a sus famosos monumentos.



CARNAVAL SANGRIENTO

    En vísperas de tan esperada fiesta, a cuyo término se se iniciaba la Cuaresma, que condenaba a las trabajadoras del amor a un obligado periodo vacacional carente de ingresos, Rafael Juárez retiró del Quo Vadis a su amiga Mercedes con el propósito de pasar juntos esos bulliciosos días. Se les vio por diferentes ventas de las que se diseminaban a lo largo de la carretera del Brillante y por diferentes locales de alterne de la ciudad.
    Aquel Carnaval del año 1925 pese a las restricciones impuestas por la Dictadura del General Primo de Rivera, se siguió celebrando en Córdoba con su tradicional pujanza, lo que permitió a nuestra pareja asistir durante el segundo día al Baile de Mascarás que tuvo lugar en la famosa Venta de Vargas. Allí mismo hizo efectiva una factura por importe de setecientas y pico de pesetas que adeudaba al dueño de dicho establecimiento.



    Al día siguiente, Rafael requirió el auxilio de un paisano que le prestó cincuenta pesetas para poder continuar con la fiesta. Tomaron un taxi y volvieron a dirigirse a la Venta de Vargas:

   “La pareja almorzó aparentando estar contenta y satisfecha de la vida. Luego después de comer, andando llegaron hasta las proximidades de la finca de “Santa Inés”, situada en la misma carretera”.



    El fatídico desenlace final de esta “relación amorosa” lo despejaremos en una próxima entrada.

12 noviembre 2011

Francisco Villalba "El Feo" de Castro del Río (Aprendiendo a ser torero).


    A modo de necesaria introducción:

    A principios de la década de los sesenta irrumpía en el mundillo taurino un chaval de origen humilde casi analfabeto, nacido en Palma del Río (Córdoba) en 1936, que pese a carecer de esa técnica depurada que tanto demandaban y le reprochaban los puristas, supo pronto hacerse con su merecido hueco a base de valor y arrojo, pese a sus maneras, formas y suertes de nuevo cuño un tanto frívolas o revolucionarias.
     Su nombre Manuel Benítez El Cordobés, que no tardaría en convertirse en un autentico fenómeno de masas. Hasta llegaría a ser galardonado en 1967 con la Medalla de Oro al Merito Turístico, por levantar tal expectación y servir de reclamo entre aquellos primeros guiris que se dejaban caer por la piel de toro.
     Pronto su fama y su ejemplo de tenacidad y superación traspasaría nuestras fronteras, elevado a la categoría de héroe popular. Fueron Dominique Lapierre y Larry Collins los primeros en acercarse a este fenómeno, de una manera científica, con su ya famoso reportaje de investigación que vio la luz en 1968 con el título “O llevarás luto por mi”, tomado de esa famosa promesa que el aspirante a torero le hizo a su hermana al abandonar su pueblo: “Te compraré una casa o llevaras luto por mí”. El libro se publicó, pero después de aplicársele la tijera a instancias de Don Manuel Fraga Iribarne, porque quedaba demasiado patente el hambre y los fuertes desequilibrios sociales que persistían en aquella Andalucía profunda, pese al pretendido y tan cacareado desarrollismo del franquismo.


     El vertiginoso éxito alcanzado por El Cordobés y la lógica ostentación de los logros materiales de alguien que había sabido elevarse desde una pobreza casi indigente (automóviles de lujo, fincas, caballos, mujeres etc.), era constantemente reproducida y reflejada en  los medios de comunicación. 

     Sus éxitos y su ejemplo animan a toda una pléyade de maletillas a lanzarse a la aventura taurina en busca de rodaje y oportunidades.
     Se vuelven a poner de moda viejas expresiones, como aquella de El Espartero “mas cornás da el hambre”. Otra del mismo corte, aunque de una fecha algo más tardía, recuerdo haber leído en los carteles con los que se publicitaba un joven novillero sevillano: “Prefiero morir de un toro que de viejo en este pueblo” (Curro Puya “El Cateto” - Plaza de toros portátil de Porcuna año de 1974).





    
    Aquí es donde entroncamos por fin con Francisco Villalba Gutierrez “El Feo” de Castro del Río.
     De origen humilde,  vivió en Castro hasta que fallece la madre, que es cuando en unión de un hermano mayor y a lomos de una vieja motocicleta, ponen rumbo a Barcelona para iniciar una nueva vida. Tenía apenas 14 años, encontrando su primer trabajo como mozo en una tienda de comestibles.
     Todos estos datos y otros que iremos derramando, nos los proporciona José Luis Gran Gallego (Romito) en un libro autobiográfico titulado “Ilusiones y quimeras: ser torero en las capeas”. Copio literalmente lo que cuenta sobre como se despierta en El Feo esa temprana vocación por el "Arte de Cuchares":

    “En la casa donde vivía eran conserjes los padres de Rafael Plaza, entonces novillero, que en compañía de Enrique Patón, también novillero, entrenaban en una terraza del ático de la casa (hoy Enrique es un destacado empresario y apoderado). Allí cogió un capote y una muleta por primera vez, así como los pitones para hacer de toro, que era lo más que le permitían hacer.
    Posteriormente vio una novillada sin picadores en la Plaza de las Arenas, y convencido de que él podía hacerlo mejor y que podía ser torero, se apunto a la escuela de la Monumental. Allí conoció a Pedro Monte “El Canijo”, como a los aragoneses Jesús Gómez “El Alba” (después matador de toros) y a Raimundo Entrena”.


     En la escuela taurina de La Monumental se forjaría una estrecha amistad entre Pedro Monte “El Canijo”, natural de Pozuelo, un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca, apodado así por lo flaco que era, y Francisco Villalba “El Feo” porque, según parece, efectivamente lo era.
      Empiezan haciendo “rachas” (torear de noche aprovechando la luna llena en las ganaderías bravas) y van también de la mano en las temporadas de capeas. Se prodigaron primero por la zona levantina, para posteriormente dar el salto a la provincia de Guadalajara donde estaban muy arraigados este tipo de festejos (Fontanar, Lupiana, Romanones, Yunquera, Azuqueca…).

      El libro de Romito, quien fuera compañero de andanzas de la pareja de intrépidos aspirantes, incluye infinidad de anécdotas sobre sus discurrir por los pueblos.
     Cuando finalizaba la temporada de capeas, les tocaba transitar por Andalucía o Salamanca, en busca de ganaderos que les dejaran participar en los tentaderos. Cuando no tenían acogida, se veían avocados a otro sistema de rodaje, tan arriesgado como las rachas nocturnas, el denominado toreo de “extranjis”, que consistía en apartar una vaca o novillo a pleno día para poder darle unos capotazos o muletazos. Temeridad extrema, pues se exponían a una dolorosa cogida o revolcón, a ser multados, y lo más trágico, la retirada del carnet de novillero que acompañaba a la multa.
    La fotografía que encabeza la entrada, es del Feo toreando de “extranjis” en una finca de Extremadura, captada por otro furtivo y remitida a su compañero Romito para que pudiera comprobar sus hazañas y progresos (está sacada del libro Ilusiones y quimeras).
    A falta de mentores y apoderados, hartos de rodar por capeas y tentaderos, para seguir progresando, nos les queda otro remedio que invocar la ansiada oportunidad. En cierta ocasión Romito (“El Maño”) coincide con Canijo,  Feo y Miejita en San Fernando (Cádiz), pueblo marinero con gran tradición taurina, donde el empresario que regentaba su plaza de toros se prodigaba en la organización de novilladas sin picadores. Buscaban afanosamente el momento de vestir por primera vez el ansiado traje de luces:



    Para evitarme la reproducción de pasajes varios, sobre la manera de sobrellevar aquellas quiméricas ilusiones y alguna que otra anécdota relacionada con nuestro protagonista, recurro nuevamente al recorte de página del libro de Romito:

Un toro de 500 kilos



Pollos de pelea




    Todas estas peripecias relacionadas con esa apuesta personal por ser torero, que conocemos gracias al libro de Romito, se sitúan cronológicamente entre los años 1964 y 1967.
    Al año siguiente, durante una de aquellas giras por Andalucía en busca de oportunidades, se acerca por su pueblo de origen, donde al calor que le prestan sus paisanos, podrá vestirse de luces en un serie de festejos medianamente serios organizados ex profeso para ayudarle a proyectarse.



    Las autoridades locales de la época, sensibilizadas  por las simpatías que despierta entre el pueblo de Castro el firme propósito de Francisco Villalba “El Feo” por convertirse en torero, coadyuvaron a su causa. Sera durante la Feria de Santiago de ese mismo año de 1968, cuando un conocido empresario taurino instala una coqueta plaza portátil en la localidad y conforma un programa con dos novilladas con El Feo de protagonista.
    De momento me limito a incluir como ilustración la cabecera del cartel anunciador de aquel primer ciclo de novilladas durante el mes de julio, obtenido gracias a la gentileza de uno de aquellos valientes aspirantes a la torería, el rambleño Juan Hidalgo. La excelente respuesta del público de la comarca y el éxito obtenido en taquilla propiciaría una nueva entrega para la Feria Real.
    En la Revista de Feria de ese mismo año, el célebre Carrasquilla, cuya calidad de pluma me ha sorprendido gratamente, se ocupó de ensalzar y publicitar las virtudes y cualidades de aquel castreño dispuesto a consagrarse como torero. Creo que merece la pena insertar el artículo completo:



    Más información sobre esta doble programación de festejos taurinos en Castro, carteles, algunas fotografías que me han proporcionado, así como su el resto de su trayectoria, hasta llegar a situarse entre los mejores del escalafón novilleril, lo dejamos ya para una nueva entrada.
   Antes de terminar, quiero hacer público mi agradecimiento a los Herederos de Miguel Morales Alcaide (no se trata de una ganadería brava, sino de una ya rara casta de impresores artesanos de Castro del Río) que me han proporcionado la revista de feria de 1968, de la que extraigo el artículo de Carrasquilla y otras informaciones que quedan en reserva.
   Otros agradecimientos quedan también pospuestos.


07 noviembre 2011

Desterrado de tránsito: Bartolomé José Gallardo en la villa de Lopera.


Castillo de Lopera
    No es mi intención ponerme demasiado pesado con la figura de Bartolomé José Gallardo, pero antes de que se ausente provisionalmente de mi cabeza (siempre se puede retomar cuando emerjan nuevas fuentes), quisiera aprovechar la reciente incursión centrada en su destierro cordobés, para divulgar episodios relacionados con un corto, aunque no exento de intrigas, periodo de residencia en tierras jiennenses, en concreto en la vecina villa de Lopera.
     A finales de 1830, Bartolomé José Gallardo harto ya de su residencia forzada en Castro del Río (Córdoba), debió de mover alguna influencia para que se le concediera el traslado que tenia solicitado hasta la localidad toledana de Talavera de la Reina.



     Al pasar por la villa de Lopera, so pretexto de daños causados por una accidental caída de la caballería que lo transportaba, solicitó permanecer en la misma. Fueron varios los meses que permaneció en situación de convaleciente.
     Rafael M. Ramírez de las Casas-Deza (su buen amigo cordobés y primer biógrafo) cree que se trataba de una treta urdida por el propio Gallardo, que apostó por permanecer a toda costa en aquella villa jiennense por el tiempo posible,  a la espera de que prosperará una inmediata conspiración liberal que se estaba fraguando en Andalucía (1).
     Efectivamente, por esas fechas hubo cierto movimiento insurreccional entre las filas  liberales. A finales de enero de 1831 se produce un frustrado intento de desembarco del General Torrijos en las costas de Algeciras (operaba e intrigaba desde Gibraltar donde había encontrado refugio).

José María de Torrijos y Uriarte (1791-1831)


     A principios de marzo se produce una nueva intentona de sublevar Cádiz y San Fernando, en la que vuelve a estar implicado Torrijos. El movimiento seria atajado enérgicamente por el gobernador y subdelegado de policía en Cádiz, Brigadier don Antonio del Hierro y Oliver, que a los pocos días resultaría asesinado. Como respuesta, una feroz represión y cerca de cuatrocientos insurgentes hechos prisioneros, quienes “gracias al sentimiento de humanidad y clemencia de S.M. el Rey no fueron todos fusilados sino diezmados” (2).

Fusilamiento de Torrijos

     Cuando todo esto acontecía en Cádiz, Gallardo ya se hallaba de regreso en Castro del Río, hasta donde fue devuelto por las autoridades loperanas. Gallardo cuando aquella caída, “para dar mayor apariencia de verdad a su indisposición,  mando llamar a un médico muy dado a las letras, por cuyo motivo le había conocido en Sevilla y que se hallaba establecido en Bujalance”. Ni aun a éste le desvelaría el asunto del complot antimonárquico. Después de aquel primer reconocimiento a la carta, debió despertar las sospechas e incredulidad  de las autoridades realistas loperanas que lo restiruyeron a Castro del Río, entre cuyos “garamantas fieros” permanecería aún por espacio de un año aproximadamente (3).

      En diciembre de 1831, cuando ya le quedaba poco para abandonar definitivamente la villa del Guadajoz, en una carta dirigida a don Joaquín Rubio, aflora más que resignación, cierto cansancio:

     «Amigo querido: el de siempre, lo de siempre y como siempre. Yo no me mudo, me mudan, sí, de cuando en cuando, para que sepa mas de toda mala ventura. Del año pasado acá, poco hay que de contar sea; porque año más o menos de desdichas  ¿qué es todo ello comparado con la eternidad?» (4)

     Esa corta estancia de Gallardo entre loperanos, unida a su pasión bibliográfica, quizá sean las responsables de unas anotaciones relacionadas con la localidad, que quedaron reflejadas en sus célebres papeletas, que terminarían conformando el grueso de los tomos de su más reconocida obra, su “Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos”.

    Es en su tomo IV donde se menciona un opúsculo titulado “Satisfacciones Médicas físicas. Donde se declara que un mixto perfecto puede haber coexistencia de cualidades contrarias excedentes, no en cuanto es uno simpliciter, sino en cuanto a compuesto de diferentes sustancias” del que es autor el médico de la villa de Lopera, Licenciado Don J.B. Saura y Arriola, fechado en el año 1674. Incluye los parabienes del Muy Ilustre Sr. Don Pedro de Toledo y Osorio, Deán y canónigo de la Santa iglesia de León, y Comendador de Lopera.
    Consta de 32 páginas en 4º, más 11 de principios, en las que se recogen los juicios críticos de otros eminentes doctores:

    

      Ya de camino, he rastreado los IV tomos del Ensayo bibliográfico de Gallardo en busca de obras de autores naturales de Porcuna. Sólo se consigna al Licenciado Pedro Palomino, poeta de segunda o tercera fila, que participa en una especie de fiesta o certamen poético, con estructura teatral, convocado y organizado por la Universidad de Baeza en honor de La Inmaculada Concepción: 


    Relacion de la Fiesta que la insigne Vniversidad de Baeça celebrò à la inmaculada Concepcion de la Virgen Nuestra Señora. Con la Carta qve la dicha Vniversidad escribiò à su Santidad, y el singular Estatuto hecho en fabor de la Concepcion. Dispuesta por el Maestro Don Antonio Calderon Catedratico de Artes. Dirigida a la muy Noble y Antigua Ciudad de Baeça. (Baeza: Pedro de la Cuesta, 1618).



     Entre la amplia nómina de bates que allí se dieron cita, y cuya poesía está incluida dentro de este impreso, estaba el Licenciado Pedro Palomino, natural de Porcuna. Se conserva un ejemplar del mismo en la BNE.




     Como de alguna manera, el legado de B.J.Gallardo, comúnmente aceptado como padre de la bibliografía española, ha acentuado mi pasión buscadora via google, la calcografia de la Inmaculada que se inserta pertenece al grabador-ilustrador  Fr. Ignacio de Cárdenas (O.F.M) y aparece en el frontis de un opúsculo titulado:


NOTAS

(1)    Luís María Ramírez de las Casas Deza en Semanario Pintoresco Español (mayo-junio de 1853) se convirtió en su primer biógrafo, al publicar por entregas, varios artículos sobre la trayectoria vital del  polifacético Bartolomé José Gallardo. 

(2)   Diario de Avisos de Madrid (15 de marzo de 1831)

(3)   Ramirez de las Casas Deza op. cit; Marques Merchán J.  Don Bartolomé José  Gallardo. Noticias de su vida y escritos. Madrid, 1921.

(4)   Marques Merchán J.  Don Bartolomé José  Gallardo. Noticias de su vida y escritos. Madrid, 1921.